sábado, 22 de marzo de 2025

Qué nos dice el Espíritu?

La Parábola del hijo pródigo siempre nos llega en los momentos en los que tenemos que mirar hacia adentro y descubrir cómo hemos actuado: con nuestros padres, con nuestros hermanos, con nuestros bienes. A veces sólo nos quedamos con las actitudes de los tres y nos gusta, más o menos, reflexionar sobre la misericordia del padre, que es, también y fundamentalmente, a lo que se refiere Jesús. Pero también nos toca mirarnos en todas las direcciones de nuestra vida porque todo hace de nosotros quienes somos.
Esto me viene porque no sólo he mirado a los personajes de la parábola sino al por qué Jesús ha dicho esta parábola, y la ha dicho para mostrarles a los fariseos cómo era su conducta o reacción frente al hecho de que Jesús se juntaba con los pecadores y publicanos, gente que, para ellos, era dejada de lado y con la que no podían reunirse o estar cerca por miedo al "contagio" de vida de pecado.
Claro es que una mala formación en nuestra espiritualidad nos lleva querer estar "un escalón" más arriba de los demás, por eso nos permitimos, muchas veces, juzgar y condenar, discriminar y hablar de más de los demás, poner "carteles" que no ayudan a las buenas relaciones y, sobre todo, que dividen en la familia y en la sociedad.
Pero también es el uso de nuestros bienes los que nos llevan, otras veces, a la diferenciación con los demás; y, por eso, va creciendo, cada vez más, la ridiculización de aquellos que no usan las mejores marcas o que no tienen los mejores coches o las mejores casas, y, en otro aspecto nos llevan a tener que gastar mucho y a empeñarnos por tener lo mejor, por hacer la mejor fiesta o tener la mejor ropa o peinado. Todo ellos nos lleva a un materialismo desmedido que nos separa de mucha gente y, en más de un caso, nos divide en la familia y sociedad.
Y ¿hacia adónde apunta Jesús con esta Párabola? Primeramente a la misericordia del Padre que es lo principal en nuestra vida, pero es una misericordia que también tenemos que vivir, porque, muchas veces, lo que más nos gusta es la justicia divina y de eso sí que sabemos porque nos gusta mucho juzgar y condenar, pero no aceptar y recibir a aquellos que se han convertido y que piden perdón, porque, en otros casos, tampoco nos gusta pedir perdón.
Pero, creo, que si le pedimos al Espíritu Santo que nos ayude nos iluminará mejor y nos dirá, si abrimos el corazón sinceramente, en qué cosas, todavía, falta que nos miremos y que descubramos que no estamos actuando bien.

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