"Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana".
A veces tenemos miedo o vergüenza de reconocer nuestros pecados frente a Dios, pero es el mejor camino para encontrar la liberación de todo lo que nos ata y nos quita la paz. El Sacramento de la Reconciliación o confesión que nos dejó el Señor como regalo, es el mejor camino para reconciliarnos con Dios, con nosotros mismos y con nuestros hermanos.
Claro que, también es cierto, hoy en día no sabemos hacer nuestros exámenes de conciencia porque nos quedamos solamente en la letra de los 10 mandamientos, o sólo ponemos la mirada en uno o dos de ellos, y no nos damos cuenta que hay mucho más en juego si nos examinamos a la luz del espíritu de los mandamientos.
Cuando realmente sentimos el dolor de nuestros pecados porque no hemos sido fieles a la Voluntad de Dios, porque nos hemos desviado radicalmente de Su Camino, entonces es cuando sentiremos y experimentaremos la alegría de la reconciliación. Pero si nos quedamos en la superficie de nuestra experiencia de pecado entonces la confesión será un mero trámite para "quedar bien", pero no será la experiencia de una reconciliación verdadera.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños.
¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?
Lo que el Señor nos reprocha es que a pesar de lo que intentamos vivir nuestro corazón sigue dañado por el pecado, por el dolor de no haber sabido reconciliarnos, por el dolor de no vivir en el Espíritu. Por eso necesitamos la Gracia de la reconciliación, pero antes necesitamos la Luz del Espíritu para poder mirar con claridad y con honestidad decir, como el hijo pródigo de la parábola: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco ser llamado hijo tuyo".
martes, 18 de marzo de 2025
La reconciliación
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