domingo, 2 de febrero de 2025

Luz para las naciones

"Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».

“Luz para alumbrar a las naciones”, por eso, en este día, se bendicen las candelas (velas o cirios) y se lo denomina el día de la Candelaria. También es el día que se dedica a la Acción de Gracias y oración por la Vida Consagrada, pues hace referencia a la Presentación del Niño Jesús en el Templo, es decir, a la consagración del Niño a su Padre Dios.
Por eso, a este día en particular, podríamos añadirle varias cosas que nos ha dicho el Señor por su Palabra:
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
Somos nosotros, todos los bautizados, los que llevamos a Luz de Dios al mundo, la luz de la verdad, del amor, de la paz, y por medio de nuestras vidas iluminamos a todos los que nos rodean: nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra sociedad. Somos cada uno de nosotros misioneros de la Vida de Dios que hay en nosotros para que, también, pueda transformar otras vidas.
Por eso la misión no es sólo de unos pocos, sino que es de todos, pues todos hemos sido enviados, el día de nuestro bautismo, al mundo para llevar el mensaje de Jesús.
Y, también, todos los bautizados hemos sido consagrados a Dios por medio del Espíritu Santo, pues, después de que recibiéramos el agua bautismal se nos ungió con el Santo Crisma para consagrarnos a Dios como sacerdotes, profetas y reyes, y se nos dio la filiación divina gracias al Unigénito de Dios que se entregó por nosotros para darnos una Vida Nueva.
Aunque hoy rezamos por aquellos a quienes Dios ha llamado a una consagración especial como religiosos, también pedimos para que sean muchos los que puedan escuchar ese especial llamado de Dios y, sin miedo, puedan entregar su vida.
También pediremos por todos nosotros, para que, fieles a nuestra vocación a la santidad y a nuestra consagración bautismal, podamos llevar la Luz de la Fe a quienes necesiten, esperanza y amor, para tener un sentido en su vida y encuentren en el Señor la fortaleza para seguir viviendo en Fidelidad.

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