domingo, 3 de septiembre de 2023

Tus pensamientos no son los míos

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

No son pocas la veces que, si afinamos el oído en nuestra oración diaria, el Señor nos puede decir lo mismo que a Pedro: “tú piensas como los hombres, no como Dios”. Y tendrá toda la razón, como siempre.
Pero ¿por qué le dice eso a Pedro y a nosotros? En este caso se lo dice a Pedro porque no quiere que sufra Jesús, un sentimiento muy noble y humano, pero esa no es la Voluntad del Padre, y Jesús lo sabe muy bien.
A nosotros nos pasa, muchas veces, algo parecido, porque ante el dolor de la Cruz nos echamos para atrás o queremos, enseguida, pedir que nos la quiten de encima.
Pero, vayamos más allá de la Cruz. En nuestro día a día no solemos pensar como Dios, es decir, pensar, como se diría, en cristiano. ¿Todo lo que hacemos o pensamos o decidimos lo hacemos porque es Voluntad de Dios? Nos preguntamos como decimos a los niños de catequesis ¿esto que estoy pensando o diciendo o haciendo, lo haría Jesús? ¿Lo haría María?
Es ahí cuando Jesús nos dice: “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo”. Negarnos a nosotros mismos, no significa negar nuestro existir, ni nuestra libertad, ni nuestra dignidad, sino ser coherentes con el camino que hemos elegido: hemos elegido ser cristianos, vivir como Cristo… entonces ¿qué esperas para vivir como Cristo?
Y, claro, para vivir como Cristo tengo que conocerlo a Cristo, pero no sólo conocerlo intelectualmente, sino conocerlo vivencialmente: por medio de su Palabra, en la oración constante, en el diálogo constante. Y, fundamentalmente, saber que debo renunciar a todo aquello que no es de Dios, es decir: dejar de lado las modas modernas, posmodernas o como se llamen en la actualidad, porque lo único que me da Vida es Su Palabra, y en Su Palabra está el Camino, la Verdad y la Vida, pues Él es la Palabra de Dios que se hizo carne y habitó entre nosotros.
Por eso, no dudemos en hacernos la pregunta: ¿quiero ser verdaderamente cristiano? ¿Quiero seguir a Cristo en serio? O sólo me conformo con ponerme una máscara, como en carnaval, y parecer que soy otro Cristo, pero en el fondo reniego de sus exigencias como Pedro, y busco quedar bien con el mundo y sus ideologías…

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