sábado, 16 de septiembre de 2023

La Misericordia de la Roca

"Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero; pero por esto precisamente se compadeció de mí: para que yo fuese el primero en el que Cristo Jesús mostrase toda su paciencia y para que me convirtiera en un modelo de los que han de creer en él y tener vida eterna".
Hermoso párrafo de san Pablo: "Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero". Una gran verdad y una gratificante realidad, porque una y otra vez volvemos a pecar, una y otra vez volveremos a necesitar de su misericordia para poder levantarnos del fango e intentar seguir el camino y el combate para alcanzar la santidad.
"Pero por esto precisamente se compadeció de mí: para que yo fuese el primero en el que Cristo Jesús mostrase toda su paciencia". Precioso y esperanzador. La esperanza que nos da san Pablo es la que nos lleva a creer que es posible alcanzar la meta, que, a pesar de nuestra debilidad, podemos llegar si ponemos nuestra confianza en el Señor.
Una confianza que no sólo es para levantarnos sino que es para cimentar nuestra vida en Jesús, en el Señorío del Señor.
"El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa".
Seguramente, todos, hemos visto caer grandes casas y catedrales, que no estaban bien cimentadas en el Señor. Han habido en toda la historia, y aún más en nuestras vidas, cristianos, consagrados y laicos, que, por algún viento o vendaval de la vida, hay dejado su vida cristiana, han perdido su fe.
Cuando no ponemos buenos cimientos donde debemos, entonces los ponemos en nuestro yo, o en el mundo, o en las personas humanas, y todo lo humano es defectuoso. Por eso, sólo el Señor es nuestra Roca firme y su misericordia se despliega para poder ayudarnos a seguir insistiendo, una y otra vez. Él nos ayuda a cavar y se hace cimiento para que no destruyamos lo que el Padre quiere construir en nuestra vida.

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