«Levántate, mujer. Vamos a rezar pidiendo a nuestro Señor que se apiade de nosotros y nos proteja».
Ella se levantó, y comenzaron a suplicar la protección del Señor. Tobías oró así:
«Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por siempre. Que por siempre te alaben los cielos y todas tus criaturas. Tú creaste a Adán y le diste a Eva, su mujer, como ayuda y apoyo. De ellos nació la estirpe humana.
Tú dijiste: “No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él”.
Al casarme ahora con esta mujer, no lo hago por impuro deseo, sino con la mejor intención. Ten misericordia de nosotros y haz que lleguemos juntos a la vejez».
Los dos dijeron: «Amén, amén».
Es una bella oración que Tobías hace en la noche de bodas con su esposa Sara, una lectura que siempre está como propuesta para las Bodas pero que no se realiza porque no se encuentra el sentido de la oración. Tobías sabe y está enterado de lo que pasaba con los maridos de Sara, pero así y todo no teme lo que pasará, sino que pone su confianza en el Señor, porque lo que quiere no es satisfacer un deseo humano, sino poder servir al Señor junto a su esposa Sara.
Pero, si lo vemos desde otro lugar, también os puede servir para la vida diaria, con el fin de saber que no debemos "usar" a las personas para satisfacer nuestros deseos sino que debemos servir a nuestros hermanos para vivir la Voluntad de Dios. Como dijo Jesús: no he venido a ser servido sino a servir. Y así en todo momento de nuestra vida, porque, no son pocos, los momentos en que nos servimos de nuestros hermanos para nuestros deseos y placeres, buscando siempre nuestra comodidad y ver si podemos conseguir algo de ellos.
Ya desde pequeños "usamos" a nuestros padres y, muchas veces, ellos se dejan usar, haciendo siempre lo que los hijos quieren y no dándole a ellos lo que realmente necesitan para que puedan llegar a ser lo que Dios quiere. Y así, paulatinamente, nos vamos sentando en la comodidad de que, muchas cosas, las. hagan los demás por nosotros.
De este modo vemos cómo, muchas veces, en el orden espiritual, nos confiamos en que otros recen por nosotros y nosotros quedarnos quietos porque no creemos en la oración, ni en Dios, pero siempre andamos pidiendo que recen por nosotros porque nosotros no lo queremos hacer.
Como veis desde un punto netamente humano de comodidad llegamos a lo espiritual y vivimos lo mismo. Por eso es bueno poder tomar el ejemplo de Tobias y entender que los demás no están para satisfacernos a nosotros, sino que están para compartir con nosotros el Camino de la Vida a la santidad.
jueves, 8 de junio de 2023
Buscar el ser y no el placer
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