"Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:
«¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida».
Se reían de él.
Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se levantó".
Son nuestros ojos o nuestros sentimientos los que, muchas veces, nos engañan porque nos hacen ver sólo lo exterior pero nunca nos ayudan a ver lo interior, el valor verdadero de las cosas o las personas. Pero así es nuestra especie, sólo puede juzgar por lo que ve, siente o escucha. Aunque eso no sea toda la verdad de nuestra existencia, porque se nos han dado otros sentidos y otras virtudes para poder ver más allá de la realidad.
"En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo:
«Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».
El amor del padre le hizo ver que más allá de la que sus ojos le dijeran que su hija estaba muerta, había algo que lo hacía dirigirse a quien podía devolverle la vida.
Jesús no vio a una niña muerta, sino dormida.
Y eso nos sucede muchas veces, tenemos que tener la mirada de Dios para descubrir que, aunque nos parezca real lo que vemos, tenemos que mirar con ojos de esperanza y esperar lo imposible, aunque creamos que eso no llegue nunca.
Es cierto que los milagros de resurrección, como el de este evangelio, ya no son tan frecuentes, pero sí son frecuentes los de resucitar la fe y la bondad en los corazones endurecidos, de mostrar el camino para alcanzar la paz a un corazón maltratado, de dar esperanzas a un alma desesperada, y así, son muchos los milagros que se pueden ir haciendo cuando no nos dejamos vencer por lo que nuestros ojos nos hacen ver, sino que miramos desde el Corazón de Jesús, y donde no hay vida podemos devolver la vida.
La desesperación que nos prudece, muchas veces, creer que ya nada tiene sentido, que nuestras luchas y nuestros esfuerzos han caído en saco roto, no es propio de aquellos que creemos en Nuestro Señor Jesucristo, porque es Él quien tiene el Poder y la Gracia para hacer que la muerte sólo sea un sueño pasajero, y que lo que aprentaba estar muerto sea sólo un sueño que hay que despertar con una mano tendida hacia la Vida que Él nos da.
Hoy el Señor nos llama a tener esperanzas, que no todo lo que es negro es real, sino que todo depende con la mirada con que analizamos la vida y nuestra propia realidad.
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