De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo
¿Te das cuenta, qué victoria tan admirable? ¿Te das cuenta de cuán esclarecidas
son las obras de la cruz? ¿Puedo decirte algo más maravilloso todavía? Entérate
cómo ha sido conseguida esta victoria, y te admirarás más aún. Pues Cristo
venció al diablo valiéndose de aquello mismo con que el diablo había vencido
antes, y lo derrotó con las mismas armas que él había antes utilizado. Escucha
de qué modo.
Una virgen, un madero y la muerte fueron el signo de nuestra derrota. Eva era
virgen, porque aún no había conocido varón; el madero era un árbol; la muerte,
el castigo de Adán. Mas he aquí que de nuevo una Virgen, un madero y la muerte,
antes signo de derrota, se convierten ahora en signo de victoria. En lugar de
Eva está María; en lugar del árbol de la ciencia del bien y del mal, el árbol
de la cruz; en lugar de la muerte de Adán, la muerte de Cristo.
¿Te das cuenta de cómo el diablo es vencido en aquello mismo en que antes había
triunfado? En un árbol el diablo hizo caer a Adán, en un árbol derrotó Cristo al
diablo. Aquel árbol hacía descender a la región de los muertos; éste, en cambio,
hace volver de este lugar a los que a él habían descendido. Otro árbol ocultó la
desnudez del hombre, después de su caída; éste, en cambio, mostró a todos,
elevado en alto, al vencedor, también desnudo. Aquella primera muerte condenó a
todos los que habían de nacer después de ella; esta segunda muerte resucitó
incluso a los nacidos anteriormente a ella. ¿Quién podrá contar las hazañas de
Dios? Una muerte se ha convertido en causa de nuestra inmortalidad: éstas son
las obras esclarecidas de la cruz,
¿Has entendido el modo y significado de esta victoria? Entérate ahora cómo esta
victoria fue lograda sin esfuerzo ni sudor por nuestra parte. Nosotros no
tuvimos que ensangrentar nuestras armas, ni resistir en la batalla, ni recibir
heridas, ni tan siquiera vimos la batalla, y, con todo, obtuvimos la victoria;
fue el Señor quien luchó, y nosotros quienes hemos sido coronados. Por tanto, ya
que la victoria es nuestra, imitando a los soldados, cantemos hoy, llenos de
alegría, las alabanzas de esta victoria, y alabemos al Señor, diciendo: La
muerte ha sido absorbida por la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria?
¿Dónde está, muerte, tu aguijón?
Éstos son los admirables beneficios de la cruz en favor nuestro: la cruz es el
trofeo eri¡:¡ido contra los demonios, la espada contra el pecado, la espada con
la que Cristo atravesó a la serpiente; la cruz es la voluntad del Padre, la
gloria de su Hijo único, el júbilo del Espíritu Santo, el ornato de los ángeles,
la seguridad de la Iglesia, el motivo de gloriarse de Pablo, la protección de
los santos, la luz de todo el orbe.
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