«Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.
Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles".
"Os envío como ovejas entre lobos"
"Sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas"
"¡Cuidado con la gente!"
No son sólo tres sugerencias de Jesús para la vida, sino que es una forma de vivir que nos pide Jesús. Él sabe, como lo dijo alguna vez: "si esto hacen con la leña verde ¡qué no harán con la seca!". Y por eso nos exhorta a que vivamos de una manera tal, claro que no es que haya que vivir con miedo por lo que nos pueda pasar, sino que sepamos que los que viven según el mundo siempre van a estar en contra del Espíritu de Dios y no van a querer encontrarse con la Verdad de la Vida. Por eso, el camino más fácil es quitar la Luz de la Verdad del camino de la oscuridad.
Por eso no nos pide que seamos lobos, sino ovejas; mansos, sencillos, confiados en el Buen Pastro que es quien nos lleva por distintos lugares y por verdes praderas y que, aunque caminemos por la oscuridad, Él siempre estará junto a nosotros y nos sacará el tiempo oportuno hacia la Luz y nos hará probar los mejores pastos. Pero siempre tendremos que escuchar su Voz, para no caer en la tentación de convertirnos en lobos con piel de cordero, sino ser verdaderamente corderos que se dejan guiar por Su Pastor.
Será el Espíritu quien nos conceda la sabiduría necesaria para ser astutos, para saber en qué momento hablar y en qué momento callar, en qué momento destruir y en qué momentos construir. Y será el mismo Espíritu, si se lo pedimos, quien nos de no sólo la sabiduría, sino también la prudencia para saber cómo actuar y cómo defender lo que creo y predicar los que vivo.
Pero también tendremos que cuidarnos de nosotros mismos, porque formamos parte de la gente del mundo, y, existe en nosotros, como nos dice muchas veces san Pablo, los deseos de la carne, los deseos del mundo que no nos dejan hacer lo que debemos sino que nos llevan a hacer lo que no queremos. Por eso no sólo tenemos que saber que los otros que no viven mi fe quieran tapar la Luz de Dios, sino que, yo también, con mis actitudes, palabras, gestos y omisiones seré capaz de oscurecer la Luz de Dios.
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