viernes, 19 de julio de 2019

Ley y misericordia

Creemos, muchas veces, que nuestro mirar y juzgar es el mejor, que somos objetivos y veraces cuando analizamos el hacer y obrar de los demás, pero lo que no nos damos cuenta es que todo lo que miramos o juzgamos lo hacemos desde nosotros mismos ¿cómo podemos ser objetivos si no reflexionamos lo que estamos juzgando o compartiendo? ¿Cómo saber que nuestro mirar es limpio si no lo revisamos o nos revisamos de acuerdo a lo que nos pide el Señor?
Cuando comparamos o cuando nos comparamos con otros no siempre somos justos, porque nuestro mirar siempre está "sucio" por el pecado original, por eso podemos llegar a ser muy justos y a la vez injustos, cuando en el mirar no miramos con misericordia como lo hace el Señor.
"¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa?
Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo.
Si comprendierais lo que significa "quiero misericordia y no sacrificio", no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado».
No es que Jesús no quiera que juzguemos y seamos críticos con las cosas que vivimos o cómo vive la sociedad, sino que aprendamos a mirar desde la misericordia del Padre, pues Él tuvo misericordia con nosotros. Vemos y debemos eliminar el pecado de nuestra vida y de nuestra sociedad, pero también es cierto que no tenemos que apartar al pecador de nuestro lado, sino ayudarlo a que encuentre el Camino para llegar al Señor. Pues sólo su misericordia nos ayudará a valorar y juzgar rectamente nuestro obrar y el obrar de los demás.
Porque a nosotros también nos gusta que Dios nos perdone y tenga misericordia con nosotros, por eso de la misma manera nosotros tenemos que actuar con los demás. La ley está siempre al servicio del hombre y no el hombre de la ley, pues la Ley que Dios nos ha dado es para ayudarnos a encontrar la Vida, pero si usamos la Ley sin misericordia, esa Ley nos quitará vida y no sólo nos la quitará, sino que seremos nosotros quienes no llevemos a los hombres a Dios para que alcancen la Vida.
Por eso Jesús se enfadaba tanto con los fariseos, porque ellos juzgaban con la letra de la Ley, pero no vivían la misericordia del Padre.

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