domingo, 14 de julio de 2019

Los nuevos prójimos

"Porque este precepto que yo te mando hoy no excede tus fuerzas, ni es inalcanzable. No está en el cielo, para poder decir: "¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos? ". Ni está más allá del mar, para poder decir: "¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?".
El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que lo cumplas».
Creemos, muchas veces, que lo que Dios nos pide excede nuestras fuerzas, que nunca podremos llegar a vivir lo que Él quiere para nosotros o de nosotros. Incluso hoy día está tan escuchado que lo que la Iglesia predica está tan fuera de la vida del hombre, que hasta nos parece razonable los planteos que hace el mundo acerca de la vida del hombres y, también, de su muerte.
Sin embargo, el Padre Dios, ya nos había adelantado que nada de lo que Él nos proponía para vivir estaría tan lejos de nuestra vida, sino todo lo contrario: muy cerca de tí, en tu corazón y en tu boca. Está en nuestro corazón el deseo de alcanzar la plenitud, de alcanzar la felicidad, pero no como nos la presenta el mundo: una felicidad superfluz y vanal, sino la verdadera felicidad que da el sabernos realizados, el haber llegado a la meta y haber conservado los valores que el Padre Dios sembró en el corazón. La felicidad de haber hecho lo correcto y haber vivido, no como dictan los dioses de este mundo, sino como dicta nuestra Padre Dios, al que nos referimos en el Padre Nuestro y en el Credo.
Sí, porque muchas veces rezamos el Padre Nuestro o el Credo, pero no escuchamos ni al Padre ni creemos en el Padre todopoderoso, porque lo que vivimos y lo que escuchamos son las voces que vienen del príncipe de este mundo que nos quiere llevar muy lejos de la Voluntad del Padre Celestial.
Así no toca, hoy por hoy, ir levantando tantos desahuciados por el camino, tantos golpeados por la vida de este mundo, tantos que están desnudos de dignidad, de amor, de alegría. Nos toca ir mirando a lo largo del camino de la vida cuántos hay que tenemos que socorrer porque no tienen a dónde ir, no tienen a Quién recurrir, y, sobre todo, han perdido el Norte de sus vidas por dejarse guiar por la brújula sin sentido de los vicios de este mundo.
Puede haber, seguramente, muchos prójimos que estén siendo golpeados por bandidos, pero hay otros tantos que están siendo golpeados por una vida sinsentido, por una vida de vicios y vanalidad, a los que tendremos que ir recogiendo en el camino para ayudarlos a regresar a una vida con sentido, con esperanza, con alegría, a una vida con dignidad de verdaderos hijos de Dios.

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