viernes, 13 de noviembre de 2020

Nos basta con el Evangeliio

Es muy difícil quedarse sólo con un párrafo de la carta de san Juan, pero intentaré hablar de cada uno de ellos.
Primero de lo primero, y es la alegría que demuestras san Juan al ver que la comunidad camina en "la verdad" del Evangelio, en la verdad de los mandamientos.
"Me alegré mucho al enterarme de que tus hijos caminan en la verdad, según el mandamiento que el Padre nos dio".
Está seguro que el caminar en los mandamientos no es algo fácil para el hombre, pero para Dios no hay imposible, por eso siempre es bueno reconocer cuando alguien camina en el Verdadero Camino y no sin esfuerzo, pero lograr encontrar la fuerza en lo alto para poder hacerlo.
Pero, frente a esa realidad del caminar, no hay que olvidar que se está en el mundo, aunque no somos del mundo, como nos lo decía el Señor, pero en el mundo no todos quieren caminar en la Verdad, por eso, siempre es bueno volver a repetir (como hacen las madres) aquello que tenemos que vivir.
"Ahora tengo algo que pedirte, Señora -y no es que os escriba para un mandamiento nuevo, sino el que tenemos desde el principio-: que nos amemos unos a otros. Y en esto consiste el amor: en que caminemos según sus mandamientos. Y este es su mandamiento, según oísteis desde el principio, para que caminéis según él".
Recordar lo que debemos vivir y lo que debemos hacer, no quiere decir que no lo hagamos, sino que no perdamos de vista. Si lo hacemos no tenemos por qué preocuparnos, sino seguir ocupándonos de hacerlo. En cambio, si vemos que no lo estamos viviendo, entonces sí nos tenemos que ocupar de poner todo lo que podamos de nuestra parte para poder alcanzar la meta.
Y, por qué lo vuelve a recordar san Juan, por que, en aquella época, como en la nuestra:
"Pues han salido en el mundo muchos embusteros, que no reconocen que Jesucristo vino en carne. El que diga eso es el embustero y el anticristo.
Estad en guardia, para que no perdáis vuestro trabajo y recibáis el pleno salario. Todo el que se propasa y no se mantiene en la doctrina de Cristo, no posee a Dios; quien permanece en la doctrina, este posee al Padre y al Hijo".
Hoy no tenemos gente que no reconoce que Jesús vino en cuerpo al mundo, pues es un dato histórico, pero sí tenemos los negadores de Dios y los que quieren destruir a la Iglesia, y aquellos que, desde dentro de la iglesia, se creen los nuevos Mesías y predican nuevos mandamientos que no son los que Dios y Jesús nos han pedido vivir. Al igual que aquellos cristianos que van "metiendo" dentro de la vida cristianas métodos y doctrinas que nada tienen que ver con lo que nos mandó a vivir Jesús.
Como decía un amigo: si con intentar vivir lo que dice el Evangelio ya tenemos demasiado ¿para qué querer integrar metodos y doctrinas de otras religiones? No busquemos el camino fácil, sino intentamos, con la Gracia de Dios, ser fieles al Evangelio que el Señor nos dio como Camino, Verdad y Vida.

 

jueves, 12 de noviembre de 2020

Obediencia a la autoridad

"...aunque tengo plena libertad en Cristo para indicarte lo que conviene hacer, prefiero apelar a tu caridad, yo, Pablo, anciano y ahora prisionero por Cristo Jesús".
Hermoso argumento que utiliza Pablo para ayudar a la obediencia. Sí, para ayudarnos a obedecer a nuestras autoridades o a aquellos a quienes le debemos, como el dice, nuestra propia persona. Claro que habla de persona en cuanto a nuestra realidad espiritual, pues, gracias a las palabras y la vida de Pablo, Filemón alcanzó la conversión y el perdón de los pecados, y, por el bautismo, comenzó a ser "persona" dentro de la comunidad cristiana, dentro de la Iglesia, y así comenzó una vida nueva. Por eso, en función de esa vida nueva que Pablo suscitó en Filemón, tiene autoridad como para decirlo lo que hay que hacer, y, por supuesto, cada uno tiene libertad para obedecer o no.
Pero no sólo pide obediencia irracional, sino que le da razones para obedecer. Por un lado "libertad en Cristo para indicarte lo que conviene hacer", pues Cristo lo llamó para ser apóstol, y, por eso, como apóstol, como enviado de Jesús tiene libertad para dar indicaciones de cómo vivier como "otro Cristo", como cristiano, pues la Gracia del Espíritu está sobre aquél a quien Él elige para ocupar un lugar de autoridad dentro de la comunidad (a buen entendedor pocas palabras bastan). Y, por otro lado, apela, también a la relación personal y de amor (fraterno) que tienen entre ellos y, también, "prefiero apelar a tu caridad", en el sentido de que, Pablo, estaba en prisión y necesitaba de alguien de confianza para hacer y enviar las cartas.
Por eso, fijaron que nos da dos argumentos para que podamos obedecer a nuestras propias autoridades dentro de la Iglesia: por el lugar que les ha pedido Jesús ocupar, pues sabemos que toda autoridad dentro de la Iglesia es un llamado de Jesús para el servicio de los hombres, y, por eso, se cuenta con la Gracia del Espíritu para poder ejercerla (aunque no nos guste quien la ejerce, pero es nuestra autoridad); y, por otro lado, la cercanía y la relación de amor fraterno que tiene que haber entre la autoridad y la comunidad, que se va gestando por la cercanía y el encuentro entre todos, sabiendo que todos formamos un sólo Cuerpo y Cristo es la Cabeza, por eso, autoridad y comunidad buscan, con la Gracia del Espíritu Santo, obedecer al Señor nuestro Dios, para vivir siempre según su Voluntad y ser así misioneros de Su Palabra de Vida.

 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Agradecer para valorar

"Jesús tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo:
«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».
Cuando estamos acostumbrados a que todo nos lo den servido en bandeja, o cuando nos acostumbramos a que tenemos derecho para todo y ninguna obligación, entonces, no valoramos lo que tenemos ni lo que nos dan aunque no lo merezcamos. Por esa razón hubo 9 curados que no vinieron a dar gracias al Señor, porque para ellos eso era lo que tenía que hacer aquél que tenía el poder de sanarlos. Y, seguramente, no pensaron que, como no sólo les dijo que "id a presentaros a los sacerdotes", eso bastaba pues eso sólo les había dicho.
En cambio, el extranjero, vino a dar gracias, porque lo que había recibido no estaba en él poder lograrlo, fue una gracia especial, y se dio cuenta que tenía que ser agradecido con quien le había dado semejante regalo.
Y así es, esta generación, en la que estamos viviendo y de la que nos estamos contagiando de tantas cosas, se está volviendo como aquellos 9 que no supieron dar gracias por lo recibido. ¿Por qué tengo que dar gracias por algo lo que tengo derecho a tener? ¿Por qué tengo que dar gracias por lo que me pertenece?
Y nos volvemos personas no-agradecidas, lo que no significa desagradecidas, pero está muy cerca, pues no sabemos agradecer lo que tenemos, ni la vida, ni el espíritu, ni lo material, y, por eso, seguimos pidiendo y si no recibimos nos enfadamos porque no nos dan todo lo que queremos. No sólo en lo humano, sino también en lo espiritual. Sobre todo porque conseguir algunas cosas implica un esfuerzo o un sacrificio, y para eso no estamos dispuestos.
En realidad, Dios no necesita de nuestro agradecimientos, al igual que nuestros padres, no necesitan que le agadezcamos todo lo que hacen por nosotros porque lo hacen por amor a nosotros; pero dar gracias y ser agradecidos es algo que nos hace bien a nosotros, porque nos hace descubrir que si ellos no nos hubieran dado la vida, y no nos hubieran cuidado como lo hacen y como lo siguen haciendo a pesar de ser ya mayores, no tendríamos lo que tenemos.
Y, como alguien dijo "en el amor no existen las matemáticas", pues no puedo devolver lo que me han dado por amor, pues es algo que no tiene límites, tengo que ser agradecido y saber agradecer por lo recibido, para que ese mismo amor, pueda dar frutos en mí, haciéndome una persona más sabia y que sabe valorar lo que va recibiendo. Y, aprendiendo a valorar lo que tengo podré valorar lo que tengo y descubrir que, muchas veces, no necesito más de lo que tengo y de lo que me han sabido dar, para así, alcanzar la paz y la serenidad.

 

martes, 10 de noviembre de 2020

El especial serivio del ministerio

De los Sermones de san León Magno, papa

    Aunque toda la Iglesia está organizada en distintos grados de manera que la integridad del sagrado cuerpo consta de una diversidad de miembros, sin embargo, como dice el Apóstol, todos somos uno en Cristo Jesús; y esta diversidad de funciones no es en modo alguno causa de división entre los miembros, ya que todos, por humilde que sea su función, están unidos a la cabeza.
    En efecto, nuestra unidad de fe y de bautismo hace de todos nosotros una sociedad indiscriminada, en la que todos gozan de la misma dignidad, según aquellas palabras de san Pedro, tan dignas de consideración: También Vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo; y más adelante: Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios.
    La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos deben saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal. ¿Qué hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su propio cuerpo? ¿Y qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia pura y las inmaculadas víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón? Aunque esto, por gracia de Dios, es común a todos, sin embargo, es también digno y laudable que os alegréis del día de nuestra promoción como de un honor que os atañe también a vosotros; para que sea celebrado así en todo el cuerpo de la Iglesia el único sacramento del pontificado, cuya unción consecratoria se derrama ciertamente con más profusión en la parte superior, pero desciende también con abundancia a las partes inferiores.
    Así pues, amadísimos hermanos, aunque todos tenemos razón para gozamos de nuestra común participación en este oficio, nuestro motivo de alegría será más auténtico y elevado si no detenéis vuestra atención en nuestra humilde persona, ya que es mucho más provechoso y adecuado elevar nuestra mente a la contemplación de la gloria del bienaventurado Pedro y celebrar este día solemne con la veneración de aquel que fue inundado tan copiosamente por la misma fuente de todos los carismas, de modo que, habiendo sido el único que recibió en su persona tanta abundancia de dones, nada pasa a los demás si no es a través de él. Así, el Verbo hecho carne habitaba ya entre nosotros, y Cristo se había entregado totalmente a la salvación del género humano.

 

lunes, 9 de noviembre de 2020

Por el bautismos somos Templos de Dios

De los Sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo.

    Hoy, hermanos muy amados, celebramos con gozo y alegría, por la benignidad de Cristo, la dedicación de este templo; pero nosotros debemos ser el templo vivo y verdadero de Dios. Con razón, sin embargo, celebran los pueblos cristianos la solemnidad de la Iglesia madre, ya que son conscientes de que por ella han renacido espiritualmente. En efecto, nosotros, que por nuestro primer nacimiento fuimos objeto de la ira de Dios, por el segundo hemos llegado a ser objeto de su misericordia. El primer nacimiento fue para muerte; el segundo nos restituyó a la vida.
    Todos nosotros, amadísimos, antes del bautismo fuimos lugar en donde habitaba el demonio; después del bautismo nos convertimos en templos de Cristo. Y, si pensamos con atención en lo que atañe a la salvación de nuestras almas, tomamos conciencia de nuestra condición de templos verdaderos y vivos de Dios. Dios habita no sólo en templos levantados por los hombres ni en casas hechas de piedra y de madera, sino principalmente en el alma hecha a imagen de Dios y construida por él mismo, que es su arquitecto. Por esto dice el apóstol Pablo: El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
    Y, ya que Cristo, con su venida, arrojó de nuestros corazones al demonio para prepararse un templo en nosotros, esforcémonos al máximo, con su ayuda, para que Cristo no sea deshonrado en nosotros por nuestras malas obras. Porque todo el que obra mal deshonra a Cristo. Como antes he dicho, antes de que Cristo nos redimiera éramos casa del demonio; después hemos llegado a ser casa de Dios, ya que Dios se ha dignado hacer de nosotros una casa para sí.
    Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo de Dios. Lo diré de una manera inteligible para todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.
    ¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel que está en los cielos. Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, así quiere Dios entrar en tu alma, como tiene prometido: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Las sabidurías...

"Radiante e inmarcesible, es la sabiduría, la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran.
Se adelanta en manifestarse a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a la puerta.
Meditar sobre ella es prudencia consumada y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones.
Pues ella misma va de un lado a otro buscando a los que son dignos de ella; los aborda benigna por los caminos y les sale al encuentro en cada pensamiento".
No pude resistir la tentación de volver a copiar todo el texto del libro de la Sabiduría, pues es algo que, en estos tiempos que vivimos, hace falta que lo pidamos con mucha fuerza y constancia. ¡Sí! porque hay tanto tonto que se cree sabio, y tantos intelectuales que siguen la corriente de la tontería que, a veces (y no pocas veces), da vergüenza ajena escuchar semejantes cosas como si fueran grandes sabios.
Las "nuevas idologías" y las nuevas tendencias que surgen, las nuevas modas y las nuevas formas de hablar, nos dan muestra que los que "lanzan" al aire esas (como llamarlas) ¿formas de vida? no se han encontrado nunca con la sabiduría verdadera.
Y habla, en realidad de dos sabidurías verdaderas: una la sabiduría que da la vida, esa que tienen o tenían nuestros abuelos y padres, que se fueron formando, sin escuela, desde su trabajo, desde su sudor, desde su dolor y esperanza, que fueron forjando una vida, una familia, un futuro, no sólo para su familia sino para su comunidad, para su pueblo, para la nación entera.
Y, por otro lado, está la sabiduría que viene de Dios, como Don del Espíritu Santo, que nos ayuda a discernir cuál es la Voluntad de Dios para nuestra vida, qué hemos de hacer, cómo hacerlo, qué aceptar de lo que vemos y qué no aceptar, cómo defender lo que creemos y cómo ser astutos como serpientes y mansos como palomas frente a las ideolgía que tratan de "matar" nuestra fe.
Lamentablemente, dentro de nuestras comunidades, también se han infiltrado esos sabios del mundo que buscan una renovación, queriendo hacer de la fe cristiana un algo que no es Cristo, y, hacen que muchos otros caigan en la tentación de hacer de las idologías mundanas los nuevos mandamientos de nuestra fe.
Dejemos "que ella misma salga a nuestro encuentro y nos encuentre por el camino" de la Vida, para que aprendamos a ser sabios en Dios y vivir de acuerdo a Su Voluntad y no de la voluntad del mundo.

 

sábado, 7 de noviembre de 2020

María, medianera

 De las Disertaciones de san Sofronio, obispo

    Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. ¿Y qué puede haber más sublime que esta alegría, oh Virgen Madre? ¿O qué puede haber más excelente que esta gracia, que tú sola has alcanzado de Dios? ¿ O qué puede imaginarse más amable o espléndido que esta gracia? Nada puede equipararse a las maravillas que en ti vemos realizadas, nada hay que iguale la gracia que tú posees; todo lo demás, por excelente que sea, ocupa un lugar secundario y goza de una excelencia claramente inferior.
    El Señor es contigo; ¿quién, pues, se atreverá a competir contigo? De ti nacerá Dios; ¿quién, por tanto, no se reconocerá al momento inferior a ti y no admitirá de buen grado tu primacía y superioridad? Es por esto que, al contemplar tus eminentes prerrogativas, que superan las de cualquier otra creatura, te aclamo lleno de entusiasmo: Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. Por ti ha venido la alegría, no sólo a los hombres, sino también a los mismos coros celestiales.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que has cambiado en bendición la maldición de Eva y has hecho que Adán, que yacía postrado bajo el peso de la maldición, alcanzara, por ti, la bendición.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, por ti, la bendición del Padre ha brillado sobre los hombres, librándolos de la antigua maldición.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, por ti, alcanzan la salvación tus progenitores; pues has de dar a luz a aquel que les obtendrá la salvación divina.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, sin concurso de semilla, has producido aquel fruto que esparce la bendición sobre el orbe de la tierra, redimiéndola de la maldición que le hacía producir espinas y abrojos.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, siendo por condición natural una mujer como las demás, llegarás a ser en verdad Madre de Dios. Efectivamente, si el que ha de nacer de ti es, con toda verdad, el Dios hecho hombre, con toda razón eres llamada Madre de Dios, ya que realmente das a luz a Dios.
    Llevas en la intimidad de tu seno al mismo Dios, el cual mora en ti según la carne, y sale de ti como un esposo, trayendo a todos la alegría y comunicando a todos la luz divina.
    Pues en ti, oh Virgen, como en un cielo nítido y purísimo, ha puesto Dios su tienda; y saldrá de ti como el esposo de su alcoba; y, cual gigante que emprende su carrera, recorrerá el camino de su vida, provechosa en todo para todos, alcanzando con su giro del término del cielo hasta el opuesto confín, llenándolo todo de su calor divino y de su resplandor vivificante.