viernes, 13 de noviembre de 2020
Nos basta con el Evangeliio
jueves, 12 de noviembre de 2020
Obediencia a la autoridad
miércoles, 11 de noviembre de 2020
Agradecer para valorar
martes, 10 de noviembre de 2020
El especial serivio del ministerio
De los Sermones de san León Magno, papa
Aunque toda la Iglesia está organizada en distintos grados de manera que la
integridad del sagrado cuerpo consta de una diversidad de miembros, sin embargo,
como dice el Apóstol, todos somos uno en Cristo Jesús; y esta diversidad de
funciones no es en modo alguno causa de división entre los miembros, ya que
todos, por humilde que sea su función, están unidos a la cabeza.
En efecto, nuestra unidad de fe y de bautismo hace de todos nosotros una
sociedad indiscriminada, en la que todos gozan de la misma dignidad, según
aquellas palabras de san Pedro, tan dignas de consideración: También Vosotros,
como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando
un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por
Jesucristo; y más adelante: Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio,
nación santa, pueblo adquirido por Dios.
La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción
del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial
servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos
deben saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal. ¿Qué
hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su propio cuerpo? ¿Y
qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia pura y las inmaculadas
víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón? Aunque esto, por gracia de
Dios, es común a todos, sin embargo, es también digno y laudable que os alegréis
del día de nuestra promoción como de un honor que os atañe también a vosotros;
para que sea celebrado así en todo el cuerpo de la Iglesia el único sacramento
del pontificado, cuya unción consecratoria se derrama ciertamente con más
profusión en la parte superior, pero desciende también con abundancia a las
partes inferiores.
Así pues, amadísimos hermanos, aunque todos tenemos razón para gozamos de
nuestra común participación en este oficio, nuestro motivo de alegría será más
auténtico y elevado si no detenéis vuestra atención en nuestra humilde persona,
ya que es mucho más provechoso y adecuado elevar nuestra mente a la
contemplación de la gloria del bienaventurado Pedro y celebrar este día solemne
con la veneración de aquel que fue inundado tan copiosamente por la misma fuente
de todos los carismas, de modo que, habiendo sido el único que recibió en su
persona tanta abundancia de dones, nada pasa a los demás si no es a través de
él. Así, el Verbo hecho carne habitaba ya entre nosotros, y Cristo se había
entregado totalmente a la salvación del género humano.
lunes, 9 de noviembre de 2020
Por el bautismos somos Templos de Dios
De los Sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo.
Hoy, hermanos muy amados, celebramos con gozo y alegría, por
la benignidad de Cristo, la dedicación de este templo; pero nosotros debemos ser
el templo vivo y verdadero de Dios. Con razón, sin embargo, celebran los pueblos
cristianos la solemnidad de la Iglesia madre, ya que son conscientes de que por
ella han renacido espiritualmente. En efecto, nosotros, que por nuestro primer
nacimiento fuimos objeto de la ira de Dios, por el segundo hemos llegado a ser
objeto de su misericordia. El primer nacimiento fue para muerte; el segundo nos
restituyó a la vida.
Todos nosotros, amadísimos, antes del bautismo fuimos lugar
en donde habitaba el demonio; después del bautismo nos convertimos en templos de
Cristo. Y, si pensamos con atención en lo que atañe a la salvación de nuestras
almas, tomamos conciencia de nuestra condición de templos verdaderos y vivos de
Dios. Dios habita no sólo en templos levantados por los hombres ni
en casas hechas de piedra y de madera, sino principalmente en el alma hecha a
imagen de Dios y construida por él mismo, que es su arquitecto. Por esto dice el
apóstol Pablo: El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
Y, ya que Cristo, con su venida, arrojó de nuestros corazones
al demonio para prepararse un templo en nosotros, esforcémonos al máximo, con su
ayuda, para que Cristo no sea deshonrado en nosotros por nuestras malas obras.
Porque todo el que obra mal deshonra a Cristo. Como antes he dicho, antes de que
Cristo nos redimiera éramos casa del demonio; después hemos llegado a ser casa
de Dios, ya que Dios se ha dignado hacer de nosotros una casa para sí.
Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar con
alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras
malas obras, el templo vivo de Dios. Lo diré de una manera inteligible para
todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar
dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.
¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu
alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea
también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el
Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel
que está en los cielos. Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, así quiere
Dios entrar en tu alma, como tiene prometido: Habitaré en medio de ellos y
andaré entre ellos.
domingo, 8 de noviembre de 2020
Las sabidurías...
sábado, 7 de noviembre de 2020
María, medianera
De las Disertaciones de san Sofronio, obispo
Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. ¿Y qué puede
haber más sublime que esta alegría, oh Virgen Madre? ¿O qué puede haber más
excelente que esta gracia, que tú sola has alcanzado de Dios? ¿ O qué puede
imaginarse más amable o espléndido que esta gracia? Nada puede equipararse a las
maravillas que en ti vemos realizadas, nada hay que iguale la gracia que tú
posees; todo lo demás, por excelente que sea, ocupa un lugar secundario y goza
de una excelencia claramente inferior.
El Señor es contigo; ¿quién, pues, se atreverá a competir
contigo? De ti nacerá Dios; ¿quién, por tanto, no se reconocerá al momento
inferior a ti y no admitirá de buen grado tu primacía y superioridad? Es por
esto que, al contemplar tus eminentes prerrogativas, que superan las de
cualquier otra creatura, te aclamo lleno de entusiasmo: Alégrate, llena de
gracia, el Señor es contigo. Por ti ha venido la alegría, no sólo a los hombres,
sino también a los mismos coros celestiales.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que has cambiado en bendición la maldición de Eva y has hecho que Adán, que
yacía postrado bajo el peso de la maldición, alcanzara, por ti, la bendición.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, por ti, la bendición del Padre ha brillado sobre los hombres, librándolos
de la antigua maldición.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, por ti, alcanzan la salvación tus progenitores; pues has de dar a luz a
aquel que les obtendrá la salvación divina.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, sin concurso de semilla, has producido aquel fruto que esparce la bendición
sobre el orbe de la tierra, redimiéndola de la maldición que le hacía producir
espinas y abrojos.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, siendo por condición natural una mujer como las demás, llegarás a ser en
verdad Madre de Dios. Efectivamente, si el que ha de nacer de ti es, con toda
verdad, el Dios hecho hombre, con toda razón eres llamada Madre de Dios, ya que
realmente das a luz a Dios.
Llevas en la intimidad de tu seno al mismo Dios, el cual mora
en ti según la carne, y sale de ti como un esposo, trayendo a todos la alegría y
comunicando a todos la luz divina.
Pues en ti, oh Virgen, como en un cielo nítido y purísimo, ha
puesto Dios su tienda; y saldrá de ti como el esposo de su alcoba; y, cual
gigante que emprende su carrera, recorrerá el camino de su vida, provechosa en
todo para todos, alcanzando con su giro del término del cielo hasta el opuesto
confín, llenándolo todo de su calor divino y de su resplandor vivificante.