martes, 14 de mayo de 2019

Para que nuestra alegría sea plena

"Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud".
Permanecer en el amor de Cristo no es un simple estado estático, no es sólo quedarme sentado disfrutando de su amor, sino que es una tarea constante de todos los días, porque para permanecer en su amor tengo que ser Fiel a los mandamientos, y, principalmente a Su Mandamiento: el Mandamiento del Amor.
Para muchos ser cristianos es dar a conocer el nombre de cristianos, "cumplir" con alguna actividad religiosa y, casi que nada más después. Y con eso se conforman, porque después aceptan todos los criterios y mandamientos del mundo, haciendo lo que a cada uno le da en gana, y viviendo fuera de los mandamientos de Dios.
Hoy no somos pocos los que tenemos que hacer una gran revisión de nuestra vida para saber si, verdaderamente, permanecemos en Cristo. Sí, porque hay cosas que vivimos como a escondidas y eso es lo que nos impide permanecer en el amor de Cristo, eso es lo que no impide alcanzar, como Él dice, una alegría plena.
"Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud".
Ése es el fin de la exigencia evangélica: la alegría verdadera y plena, porque en recorrer el Camino en Fidelidad encontramos la plenitud de nuestro ser cristianos, porque el Camino es Cristo, y si vivimos como Cristo entonces alcanzaremos al alegría plena que Él alcanzó. Pero esi en el camino vamos aceptando otras directrices, nos vamos dejando conducir por nuestros instintos y gustos, vicios y pecados, entonces nunca alcanzaremos la verdadera alegría, porque de un modo u otro estaremos fuera de Cristo, fuera del Camino a la Verdadera Alegría.
Por eso es que permanecer en Cristo no es sentarme a disfrutar de llamarme cristiano, sino que es una tarea constante de fidelidad y conversión. Sí, fidelidad y conversión, porque día a día se nos van "metiendo" en nuestro modo de vivir experiencias que pueden ser "buenas" pero que no son Voluntad de Dios, y son esas las que tenemos que quitar de nuestra vida para que habite el Espíritu Santo, para que nuestras obras sean realmente de Dios.
"Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando".

lunes, 13 de mayo de 2019

Se sacrificio y sacerdote para Dios

De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo

    Os exhorto por la misericordia de Dios. Pablo, o, mejor dicho, Dios por boca de Pablo, nos exhorta porque prefiere ser amado antes que temido. Nos exhorta porque prefiere ser padre antes que Señor. Nos exhorta Dios, por su misericordia, para que no tenga que castigarnos por su rigor.
    Oye lo que dice el Señor: «Ved, ved en mí vuestro propio cuerpo, vuestros miembros, vuestras entrañas, vuestros huesos, vuestra sangre. Y si teméis lo que es de Dios, ¿por qué no amáis lo que es también vuestro? Si rehuís al que es Señor, ¿por qué no recurrís al que es padre?
    Quizás os avergüence la magnitud de mis sufrimientos, de los que vosotros habéis sido la causa. No temáis. La cruz, más que herirme a mí, hirió a la muerte. Estos clavos, más que infligirme dolor, fijan en mí un amor más grande hacia vosotros. Estas heridas, más que hacerme gemir, os introducen más profundamente en mi interior. La extensión de mi cuerpo en la cruz, más que aumentar mi sufrimiento, sirve para prepararos un regazo 'más amplio. La efusión de mi sangre, más que una pérdida para mí, es el precio de vuestra redención.
    Venid, pues, volved a mí. y comprobaréis que soy padre, al ver cómo devuelvo bien por mal, amor por injurias, tan gran caridad por tan graves heridas.»
    Pero oigamos ya qué es lo que nos pide el Apóstol: Os exhorto -dice-, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos. Este ruego del Apóstol promueve a todos los hombres a la altísima dignidad del sacerdocio. A presentar vuestros cuerpos como hostia viva.
    Inaudito ministerio del sacerdocio cristiano: el hombre es a la vez víctima y sacerdote; el hombre no ha de buscar fuera de sí qué ofrecer a Dios, sino que aporta consigo, en su misma persona, lo que ha de sacrificar a Dios; la víctima y el sacerdote permanecen inalterados; la víctima es inmolada y continúa viva, y el sacerdote oficiante no puede matarla.
    Admirable sacrificio, en el que se ofrece el cuerpo sin que sea destruido, y la sangre sin que sea derramada. Os exhorto -dice-, por la misericordia de Dios, a pres6ntar vuestros cuerpos como hostia viva.
    Este sacrificio, hermanos, es semejante al de Cristo, quien inmoló su cuerpo vivo por la vida del mundo: él hizo realmente de su cuerpo una hostia viva, ya que fue muerto y ahora vive. Esta víctima admirable pagó su tributo a la muerte, pero permanece viva, después de haber castigado a la muerte. Por esta razón, los mártires nacen al morir, su fin significa el principio, al matarlos se les dio la vida, y ahora brillan en el cielo, cuando se pensaba) haberlos suprimido en la tierra.
    Os exhorto -dice-, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa. Es lo que había cantado el profeta: No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo.
Sé, pues, oh hombre, sacrificio y sacerdote para Dios; no I pierdas lo que te ha sido dado por el poder de Dios; revístete de la vestidura de santidad, cíñete el cíngulo de la castidad; sea Cristo el casco de protección para tu cabeza; que la cruz se mantenga en tu frente como una defensa; pon sobre tu pecho el misterio del conocimiento de Dios; haz que arda continuamente el incienso aromático de tu oración; empuña la espada del Espíritu; haz de tu corazón un altar; y así. puesta en Dios tu confianza, lleva tu cuerpo al sacrificio.
    Lo que pide Dios es la fe, no la muerte; tiene sed de tu buena intención, no de sangre; se satisface con la buena voluntad, no con matanzas.

domingo, 12 de mayo de 2019

Cordero y Pastor

El cuarto Domingo de Pascua es el Domingo del Buen Pastor, un domingo en que se nos invita a rezar por las vocaciones sacerdotales de todo el mundo, y, también, a rezar por nosotros, los pastores, para que podamos alcanzar a ser una imagen creíble del Buen Pastor.
Anoche cuando predicaba sobre esto pensaba en algo que, por lo menos a mí me gustó: que el Buen Pastor, que es Jesús, primero aprendió a ser Buen Cordero, el Cordero de Dios, y esa es la parte que, muchas veces, no nos gusta mirar, ni a los pastores ni a los corderos.
El pecado original que sigue su marcha en nuestros corazones, nos lleva, en algunos casos a creernos Pastores sin haber sido corderos. Nos gusta el "apetito de poder" y nos centramos en el poder de mando que tiene el pastor, pero antes, no hemos "aprendido por el sufrimiento a obedecer".
Y si no hemos aprendido a obedecer al Pastor Eterno, que es nuestro Padre Dios, ¿cómo podemos mostrar el Camino? Si el mismo Cordero de Dios nos enseñó que "no he venido a hacer mi voluntad sino la del que me envió", "mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre", y así, el escritor de los Hebreos nos dice: "siendo hijo aprendió por el sufrimiento a obedecer".
La obediencia, aunque no nos guste el vocablo ni lo que significa, es algo esencial que tenemos que aprender, aunque nos cueste lágrimas de sangre, pero es parte esencial en nuestra vida de cristianos, corderos y pastores. Y ¿qué es obedecer? Primero es saber escuchar. Saber escuchar para poder discernir, y sobre todo, poder discernir qué voces estoy escuchando para saber a quién obedecer.
En los hechos de los apóstoles veíamos cómo la gente escuchaba a Pablo y se unía a la Gracia de Dios, pero a otros les produjo envidia lo que veían y entonces comenzaron a sembrar cizaña en contra de Pablo y los apóstoles, y así comenzó una nueva persecución y los expulsaron de sus tierras. Pero los que aceptaron la Palabra de los apóstoles se quedaron llenos de alegría y Espíritu Santo.
Cuando aprendemos a escuchar, también aprendemos a reconocer la Voz y la Palabra de nuestro Buen Pastor, y así, si estamos dispuestos, podremos seguir su Voz, podremos ser obedientes a su Voz, a su Voluntad. Claro que para ser obedientes primero, debemos estar dispuestos a hacerlo, pues contamos de antemano que el Señor nos dará su Gracia para poder ser Fiel a Su Palabra, pero no nos dará su Gracia si no queremos obedecer.
Y el Cordero de Dios nos enseña con su vida que para ser Buen Pastor hay que vivir la obediencia al Padre, hasta la muerte y muerte en Cruz, dando la vida por Amor a la Voluntad del Padre. Así pastores y corderos tenemos el mismo y único camino de Salvación: ser fieles y obedientes como lo fue Jesús, quien es nuestro Camiino y Vida.

sábado, 11 de mayo de 2019

Este modo de habar es duro

"En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:
«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:
«¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, hay algunos de vosotros que no creen».
"Este modo de hablar es duro", decían los discípulos de Jesús, aquellos que lo seguían por los milagros que hacía y por todo lo que oían de él. Pero cuando la palabra de Jesús se puso más exigente y ya no era tan del agrado del que la escuchaba, entonces: tu modo de hablar es duro. Siempre queremos escuchar lo bueno y lo que no nos exige demasiado, pero cuando alguien nos exige un poco más, entonces, quizás, sucumbimos a nuestra pereza y no hacemos más esfuerzo, solamente dejamos de escuchar y nos retiramos.
Por eso Jesús les dice: "¿esto os escandaliza?". Es cierto aún hoy hay quien se escandaliza por las exigencias del evangelio, hay quienes nos asombramos que en "estos tiempos tan modernos el evangelio nos pida una vida tan dura y haya tantas porhibiciones para vivir". Sin embargo buscamos a Dios para que nos haga los favores que queremos, pero no queremos vivir con Dios, sólo lo buscamos cuando lo necesitamos y si no nos pide nada extraordinario.
Y así, hoy día, los consejos evangélicos y las exigencias del cristianismo nos parecen escandalosas, porque en "los tiempos modernos" no se pueden vivir ciertas cosas que dice la Biblia, porque eso era para otros tiempos y no para ahora.
"Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él".
Y así sigue pasando, cuando el evangelio nos "aprieta" para una entrega radical, nos apartamos, vamos en busca de algo más fácil para vivir.
Y, "entonces Jesús les dijo a los Doce:
«¿También vosotros queréis marcharos?».
Y nos lo repite cada día cuando nos entran dudas, cuando vemos que ya no podemos más, cuando creemos que Dios ha sido muy exigente con nosotros.
"Simón Pedro le contestó:
«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios».
Y esa es la verdad: ¿Quién nos va a dar una vida mejor que la que Cristo nos obtuvo con su muerte y resurrección? ¿Quién se ofreció o quién ofreció tanto para rescatar nuestra vida? Sólo Él, Jesús, nos entregó toda su vida y se nos sigue entregando en cada eucaristía.
¿No merece nuestra fidelidad?

viernes, 10 de mayo de 2019

Es un instrumento elegido por mí

"El Señor le dijo:
«Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».
Esto que le dice el Señor a Ananías, acerca de San Pablo, es parecido a lo que nos dijo Mons. Castagna (fue el obispo que había en la Diócesis de San Nicolás cuando estaba en el Seminario) el día que (junto a otros seminaristas) nos dieron la Admisión a las Sagradas Órdenes del Presbiterado. Mons. Castagna, en realidad, les hablaba a nuestros padres y a nosotros, por supuesto, y nos decía que no nos admitía para que usáramos el sacerdocio como un trampolín para escalar más alto, no nos admitía para grandes honores, o para que los demás nos sirvan, sino que nos admitía para entregar la vida como Jesús lo hizo, en el servicio a la Iglesia y a los hombres. Que ese Camino iba a ser difícil pero que siempre contáramos con Jesús para que nos ayudara a caminar.
Hoy es, en España, el día del clero español (y soy parte de ellos) y por eso me vinieron a la cabeza aquellas palabras (que, si bien no son exactas, son similares) porque también fueron palabras similares las que usó el P. Efraín (mi padre y formador) el día de su toma de hábito: cuando me encuentren no me pregunten si soy feliz, sino si he sido fiel.
La Fidelidad a la Vocación recibida, y no sólo en el sacerdocio, es un Camino de contradicciones, de luchas, de entrega, y, por eso mismo es una Camino de Bienaventuranza, pero sólo la alcanzamos cuando somos Fieles a la Vida que el Señor nos pide vivir y a las promesas que hacemos el día de nuestra ordenación sacerdotal.
No son pocas las veces que te encuentras con gente que te dice: ¡Que bien que viven los curas! Y yo les respondo: sí, por eso somos tantos los que nos decidimos por el sacerdocio ¿te decides a ser cura? Pero, no pican en el llamado.
Todo llamado del Señor, y especialmente el llamado universal a la santidad, requiere de un corazón dispuesto a renunciar a sí mismo para hacer la Voluntad de Dios. Una renuncia que no siempre estamos dispuestos a hacer, porque el futuro incierto de lo que el Señor nos puede pedir, nos atemoriza. Preferimos quedarnos anclados en nuestro YO y nuestro pequeños proyectos que abrir nuestro corazón, vaciarlo de mí y dejar que el Señor lo colme con su Gracia y Bendición.
Hace más de 25 que soy sacerdote y si tuviese que elegirlo de nuevo lo elegiría, en realidad, cada día que amanece, lo vuelvo a elegir, porque no siempre tenemos los días de sol que parece que tenemos, no siempre recibimos alegrías y gozo, sino que, la debilidad del hombre siempre está latente y nuestra carne no siempre está al servicio del espíritu, por eso, cada día, hay que renovar el deseo de Fidelidad a Dios y a la vocación recibida.
Es cierto, el Camino que nos pide el Señor recorrer no es un valle de rosas, o sí, pero con espinas que, aunque nos hieren, muchas veces, está siempre el Señor, como buen Samaritano, que nos curas las heridas y nos consuela con su Amor.

jueves, 9 de mayo de 2019

Movidos por el Espíritu

En esta lectura de los Hechos de los apóstoles, donde vemos cómo Felipe se deja conducir por el Espíritu, podemos descubrir las maravillas que el mismo Espíritu podría hacer con nosotros si fuésemos más dóciles a sus impulsos. Si estuviésemos como los apóstoles disponibles para hacer la Voluntad de Dios, el Señor nos llevaría de un lado para otro porque el mundo necesita de testigos creíbles del evangelio, necesita de quines puedan iluminar con sus vivencia la oscuridad de otros que buscan la Luz.
El Espíritu llevó a Felipe hasta la carroza de ese hombre y sin conocerlo le hablá de Jesús, algo que no suele pasar habitualmente entre nosotros, porque no tenemos confianza con la gente, porque nos da vergüenza hablar, porque no sabemos demasiado... Siempre hay buenas excusas para callar la voz del Espíritu que quiere hablar por nosotros.
Felipe no sabía si ese hombre estaba interesado o no en lo que le decía, no sabría si podría explicarle y darle a conocer lo que él quería, sólo sabía que era el Espíritu quien lo llevaba de un lado para otro y lo que tenía que hacer era dejar que las palabras salieran de su boca. Pero, fundamentalmente, sabía que él sí creía en lo que había vivido y aún llevaba en su corazón la alegría del encuentro pascual con el Señor, llevaba en su corazón la alegría de ser enviado por Jesús, llevaba en su corazón la alegría de la salvación. Y es esa alegría la que no podemos dejar de compartir, no podemos dejarla encerrada en el corazón por miedo a qué no se comprenda, por miedo a que me digal tal o cual cosa...
A veces quisiéramos ver que lo que hacemos tiene fruto, o que pueda suceder como en la lectura, hablamos y el que escucha se convierte y pide le bautismo... Y no, eso no pasa porque el sembrador siembra la semilla y todo tiene su tiempo, y es Dios quien seguirá regando esa tierra, si es que estaba fértil, y cuando llegue el momento dará su fruto. Nuestro planes, en algunos momentos, siempre buscan los frutos, pero lo que tenemos que tener en cuenta es si nos dejamos conducir por el Espíritu, porque sólo Él sabe dónde tenemos que sembrar y cuándo. Cuando nuestros proyectos los hacemos sin contar con Dios, entonces no siempre dan frutos verdaderos, sino que, a veces, nos conformamos con nada, porque no hemos sabido contar con el Verdadero Viñador.
Y hay otra cosa que esta lectura nos enseña, que cuando estamos disponibles para el Espíritu, una vez que el Señor ve que nuestra tarea ha sido cumplida, nos lleva hacia otro lugar.
«Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».
Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría".
Dejarnos guiar por el Espíritu es saber que nuestras raíces están en Él y no en la tierra que pisamos o que sembramos.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Me veis y no creeis

"En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis".
En aquellos días era difícil a la gente creer que Jesús era el Pan de Vida, porque lo veían delante de ellos y no entendían cómo podía ser aquello, si él era un hombre como los demás ¿cómo podía ser que fuera el Pan de Vida? ¿Cómo haría Él para que no tuvieran más sed? Todas preguntas que fueron respondidas después de su Resurrección y gracias al Don de la Fe que hemos recibido.
Por eso mismo nos preparamos para poder recibir el Pan de la Vida, porque es difícil comprender y entender que en ese trocito de pan y en ese poco de vino, esté el Señor de la Vida, esté nuestro Dios y Señor en la Persona de Jesucristo, Vivo y Verdadero.
¿Crees esto? Sí, creo eso. Creo en Jesús Vivo y Presente en la Eucaristía y, entonces, ¿te alimentas de Él? ¿Te alimentas con Él? ¿Vas a encontrarte con Él en el Sagrario? ¿Pasas a la Iglesia y en silencio dejas que Él mire tu corazón y te hable como sólo Él puede hacerelo? ¿Vas a misa (y no importa cómo seamos los sacerdotes que la oficiamos) a encontrarte con Su Palabra y alimentarte con el Pan de la Vida?
Porque si crees y no vas, entonces... ¡eso es más difícil de entender! que teniendo el alimento más preciado para alimentar nuestra vida de fe y conociéndolo, no vayamos a Él. ¿Podría acaso un buscador de tesoros no ir a buscar el tesoro sabiendo dónde está escondido?
Anoche decía en la homilía en la parroquia, poniendo el ejemplo de estos días en los que se rezan las flores a María: me gustaría que todos los meses fueran mayo porque así muchos más podrían disponer de tiempo para ir a rezar a María y estar en misa para recibir a Jesús. ¿Por qué en los otros meses del año no podemos hacernos tiempo para hacer lo que hacemos en el mes de mayo? ¿Las horas de los otros once meses del año son diferentes a las horas de mayo?
Cuando quiero algo hago todo lo imposible por conseguirlo, pero cuando no quiero hasta una mosca es un gran estorbo para conseguirlo.
Es para pensarlo ¿verdad?
"Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».
¿Cómo vivir la Voluntad del Padre si no nos alimentamos con el Pan de la Vida?