martes, 23 de septiembre de 2025

Ser familia de Cristo

"Él respondió diciéndoles:
«Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
No son pocos o no somos pocos los que no entendemos bien esta afirmación de Jesús: cumplir con la Palabra de Dios, cumplir con la Voluntad de Dios, vivir según la Voluntad de Dios. Ser familia de Jesús no es sólo llevar el título de bautizado, sino haber entendido que para ser verdadero discípulo de Él hemos de intentar, cada día, escuchar a Dios en Su Palabra y llevarla a la vida.
Pero llevar a la vida la Palabra de Dios no como a mi me gusta, sino como Dios quiere, porque, muchas veces, vemos que, cada uno, hace o interpreta la Palabra como quiere, o usa la Palabra a su propio gusto y antojo. Por eso mismo cuando Jesús nos invitó a seguirlo nos dijo: "quien quiera venir detrás de mí niéguese a sí mismo". Y es ese principio de negación a uno mismo el que nos permite aceptar la Palabra de Dios como lo que es: Palabra de Dios.
Como le decía san Pablo a los Tesalonicenses: "Por tanto, también nosotros damos gracias a Dios sin cesar, porque, al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra humana, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios que permanece operante en vosotros los creyentes".
Si realmente la Palabra de Dios para mi es Palabra de Dios y no palabra humana, entonces tengo que intentar, con la Gracia del Espíritu Santo, llevarla a la vida sin chistar, sin buscar excusas humanas para no vivir según lo que Dios me está diciendo y, por supuesto, me está pidiendo que viva.
Hoy en día hay muchos falsos profetas que quieren disuadirnos para no escuchar a Dios, para que no nos fijemos en lo que la Palabra nos dice y nos exhorta, sino que nos dejemos llevar por interpretaciones personales o lejos del Espíritu para que amoldemos la Palabra de Dios a las modas del mundo, dejando de lado los mandamientos de Dios.
Es cierto que no es fácil vivir la Voluntad de Dios, pero por eso mismo, Jesús, nos dejó los caminos justos y necesarios para poder recibir la fuerza de lo alto y los medios para poder, cada día, intentar desde el momento en que nos despertamos buscar y discernir qué es lo que el Padre quiere para mi día y cómo quiere que viva según Su Voluntad y no la mía.

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