"Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, de forma que ese día os sorprenda como un ladrón; porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.
Así, pues, no nos entreguemos al sueño como los demás, sino estemos en vela y vivamos sobriamente".
Somos hijos de la luz e hijos del día porque somos hijos de Dios, y hemos sido rescatados del pecado por la muerte y resurrección de Jesús, Quien nos dio su Espíritu el día de nuestro bautismo para que seamos luz, sal y fermento en medio del mundo. ¡Esa es nuestra realidad!
Pasa que, muchas veces, la belleza de las cosas del mundo nos encandila y nos dejamos atrapar por ellas como por el canto de las sirenas, y aquello que tenía que ser luz en nuestras vidas se convierte en tinieblas y, otras veces, en oscuridad.
"Por eso, animaos mutuamente y edificaos unos a otros, como ya lo hacéis".
¿Sabemos animarnos unos a otros? ¿Sabemos edificarnos unos a otros? A veces sí, a veces no. Animarnos o edificarnos unos a otros lleva consigo exhortarnos, mostrarnos o avisarnos de que nos equivocamos, de que hemos cogido el camino equivocado y por eso, dar a conocer a otro el error no es tan fácil. Y, sobre todo, aceptar que otros nos digan nuestros errores es menos fácil.
No estamos dispuestos, las más de las veces, a mostrarnos tal cual somos o a aceptar la corrección fraterna, y siempre, siempre tenemos una excusa para hacer lo que estamos haciendo y no querer cambiar o modificar el rumbo de nuestras vidas. Algunas veces nos decimos a nosotros mismos "soy así ¡qué le voy a hacer! no puedo cambiar" y me quedo tan ancho con una excusa tan simplista. Otras veces nos excusamos en que los demás nos "obligan" a ser así. Y las más de las veces "si todos lo hacen...".
Las excusas nos llevan a no responder al llamado del Padre a la santidad, nos dejan contentos con nuestra vida y dejamos pasar el tiempo sin alcanzar la Gracia de la Conversión. Y así seguimos siendo tibios ante el pecado y la oscuridad del mundo, pues en esa oscuridad pareciera que no se ve nuestro propio pecado y defecto, y nos vamos quedando sin la Gracia para alcanzar lo que Jesús nos prometió.
martes, 2 de septiembre de 2025
Animaos y edificaos unos a otros
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.