miércoles, 24 de septiembre de 2025

Salir a anunciar

"En aquel tiempo, habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.
Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles:
«No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno".
La misión de los Doce fue, realmente, una gran misión pues no sólo era una misión hacia afuera, sino también hacia adentro de los apóstoles. Es decir, ellos tenían que salir a predicar el Evangelio pero, también, y, primeramente, tenían que confiar en Quien les daba ese mandato, en Quien les pedía que hicieran algo que no estaban acostumbrados a hacer, sobre todo a hablar con la gente y anunciar algo que ellos, quizás, todavía no llegaban a comprender.
Además, les pedía a los apóstoles la confianza no sólo en Él sino en la Providencia del Padre, por eso el salir al mundo sin llevar nada consigo, solamente la confianza en que el Padre se encargaría de todo lo que necesitaran.
Y así, desde nuestro bautismo, el Señor nos pide a nosotros que, también como lo apóstoles, anunciemos el Reino de los Cielos en la Tierra confiando en su Providencia que nunca nos abandonará, pues sabemos en Quién hemos puesto nuestra confianza y esperanza.
También les advirtió de algo que siempre ha pasado y seguirá pasando:
"Y si algunos no os reciben, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos».
No todos tendrán el corazón abierto y dispuesto a creer en lo que anunciemos, porque la Verdad del Reino no es una verdad que podamos ver o tocar, sino que es una Verdad que se muestra con nuestra propia vida. Por eso, al anunciar el Reino tenemos que saber que no sólo lo anunciamos de palabra, sino que será nuestra vida el reflejo o no de esas palabras, y, será sobre todo lo que hará evidente que el Reino ya está en nosotros, y eso se verá por los frutos del Espíritu en nuestras vidas.
Así la confianza en la Providencia y la Fidelidad a la Palabra de Dios nos darán la fuerza para vivir y para predicar como lo hicieron los apóstoles.
"Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes".

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