"Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea".
Los hijos del trueno como les llamaban a Juan y Santiago no tenían ese mote porque eran tranquilos, sino que les "salían", muchas veces, esos arranques, como el de este evangelio: ¿quieres que hagamos caer fuego del cielo que acabe con ellos? Arranques que, muchas veces, también nos dan a nosotros: ganas de que alguien desaparezca de nuestra vista para siempre porque nos ha hecho daño, porque esto o por lo otro.
Pero Jesús no les permite hacer eso, los calma y sigue de largo, como si no le importara que no los recibieran en ese pueblo, una actitud que también nos pide a nosotros que la vivamos: dejar pasar las cosas que no nos hacen bien, o dejar pasar a las personas que no nos quieren a su lado, pues hay algo más por delante y no debemos dejar que nuestra ira o dolor nos detenga en el camino.
Aunque lo que le esperaba a Jesús por delante no era lo más agradable porque subía a Jerusalén para ser condenado, pero tenía que seguir caminando, no tenía que detenerse ni siquiera para vengarse de un pueblo que no lo quería porque era judío.
En cambio, Zacarías, hablando de parte de Dios nos dice:
«Esto dice el Señor del universo: En aquellos días, diez hombres de lenguas distintas de entre las naciones se agarrarán al manto de un judío diciendo: “Queremos ir con vosotros, pues hemos oído que Dios está con vosotros”».
¡Qué hermoso sería que nos sucediera a nosotros! Que aquellos que no conocen a Dios siguieran nuestros pasos para poder conocerlo, porque en nuestra vida diaria han reconocido a Dios, han reconocido que somos de Dios y que vivimos según Dios y, por eso, quieren seguirnos para saber cómo es vivir en Dios.
Por eso no debemos dejar que las cosas del mundo o nuestra ira o defectos personales o el pecado mismo no permita a los demás ver el rostro de Dios en nuestras vidas.
martes, 30 de septiembre de 2025
Dejar ver a Dios
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