Realmente hay muchas cosas que se pueden "sacar" de este relato de Jesús a los fariseos acerca del Rico y el pobre Lázaro, pero no sólo hablando de las riquezas materiales de las que muestra el rico, porque eso ya nos lo dijo con aquella frase de tener a dos señores: a Dios y al dinero ¿a quién sirves?
Sabemos que vivimos en un sociedad muy materialista y que, muchos, lamentablemente, viven para trabajar y acumular bienes, quizás no riquezas, pero sí se van acumulando bienes que nunca se van a utilizar. Y, por otro lado, están aquellos que viven para "mostrarse" con esto y con aquello, lo que habla de una falsa riqueza que hace que también vivan aparentando riquezas que los llevan a vivir fuera de la realidad, y no muestran su propia realidad sino que viven de la apariencia social y así, en realidad, se muestran con una pobreza absoluta en su vida y, quizás, en sus cabezas y corazones.
Pero hablemos de la riqueza de nuestros corazones. Sí, los que estamos viviendo en Dios, los que hemos comenzado un camino de conversión y encuentro con el Señor, vamos llenando nuestros corazones de sus valores, de su Gracias y, por eso, vamos acumulando riquezas que no las roe la polilla sino que son dones que el Señor da a aquellos que se encuentran con Él.
Somos ricos porque hemos comprendido cuál es el Camino que nos da Vida, cuáles son los bienes que nos hacen falta para seguir combatiendo el combate de la fe, nos hemos encontrado y buscamos al Señor en la Eucaristía y, quizás, en el sacramento de la reconciliación.
Por otro lado el Señor en este caminar nos ha regalado con muchos hermanos que nos acompañan y que nos enseñan, que nos ayudan a seguir caminando y nos consuelan con sus palabras, que nos muestran el error cuando hace falta y nos corrigen fraternalmente en el amor.
Todas esas cosas son nuestras riquezas, y tantas otras más que no nos damos cuenta, muchas veces, que el Señor nos regala.
Pero ¿qué hacemos con todo eso? ¿Lo guardamos en nuestra vida y no lo compartimos? ¿Ayudamos a otros que están "metidos" en la pobreza del mundo para que encuentren el camino? ¿Nos damos cuenta que vamos acumulando riquezas y que no compartimos el gozo de sabernos hijos de Dios? ¿Hemos compartido con otros la alegría de recibir a Jesús en la Eucaristía?
También existe otra posibilidad en nuestras vidas: no saber escuchar a Dios que nos está hablando constantemente y no podemos, o no sabemos, o no queremos escucharlo. Y aunque nuestros hermanos nos van diciendo esto y aquello, o Dios nos va poniendo señales en el camino, siempre nos falta algo para decir: Sí, esto es Voluntad de Dios y tengo que hacerlo.
¡Déjate de tonterías que ya Dios te ha hablado claramente! Decídete a decirle que Sí al Señor y a dar todo lo que has recibido, para que cuando llegue el día, puedas decir como Santa Teresita de Lisieux: "en el atardecer de la vida me presentaré ante Ti con las manos vacías", porque todo lo que me has dado lo he dado en camino, y no me he quedado con nada para mí, porque así es el Amor de Dios para mí y ese amor es el que tengo que saber entregar a los demás.
domingo, 28 de septiembre de 2025
Nuestras riquezas
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