martes, 9 de septiembre de 2025

Buscar nuestra plenitud

"Hermanos:
Ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded unidos a él, arraigados y edificados en él, afianzados en la fe que os enseñaron, y rebosando agradecimiento.
Cuidado con que nadie os envuelva con teorías y con vanas seducciones de tradición humana, fundadas en los elementos del mundo y no en Cristo.
Porque en él habita la plenitud de la divinidad corporalmente, y por él, que es cabeza de todo Principado y Potestad, habéis obtenido vuestra plenitud".
Creo que muchos no somos conscientes de lo que tenemos, de lo que llevamos en nuestro ser y por eso no nos esforzamos en madurar o en cultivar una sana y constante relación con Cristo.
La Vida que Él nos dio con su muerte y resurrección no es cualquier vida, no es una vida un poco más diferente que la humana, sino que es una Vida Divina que nace de la entrega generosa de Jesús en la Cruz, y que, por amor del Padre, la hizo Nueva con su Resurrección.
Esa Vida Nueva que nos obtuvimos por el Bautismo es la Vida que debemos seguir cultivando, pero no podemos cultivar algo que no conocemos, por eso es necesario que nos esforcemos en conocer qué significa ser cristiano, qué significa aquello de que "llevamos un tesoro en vasijas de barro", porque en la vasija (que somos nosotros) vamos "metiendo" otras cosas que no son propias del Tesoro que se nos ha dado. Y así, sin conocernos, vamos incorporando ideas o teorías humanas, o mensajes y adoctrinamientos de otras religiones o creencias que no son las que Jesús nos enseñó.
Aceptamos en nuestra vida toda tendencia o moda que va surgiendo y así ocultamos el brillo de la Vida Nueva que nos quiere dar el Espíritu, simplemente porque lo que el mundo nos muestra parece ser mejor e, incluso, más fácil para vivir que lo que nos da Cristo. Pues la dignidad que parece que nos da el mundo es una ficción pues no busca la plenitud de la vida del hombre, sino que busca su indignidad pues lo lleva por caminos oscuros e inciertos que desembocan en la muerte del ser. En cambio Jesús nos ha dado la plenitud de la vida en cuanto que la ha perfeccionado con los Dones de su Espíritu.
Pero claro, esa plenitud que hemos recibido por el Bautismo la tenemos que seguir cultivando y cuidando, y, en cambio, al no conocerla la ocultamos debajo de tantas y tantas capas de mundanidad que no nos permiten brillar como lumbreras en medio de la noche, sino que nos seguimos ocultando en medio del pecado del mundo. Y, así, seguimos, muchas veces, buscando la felicidad y la plenitud en lugares donde no existe, sin saber que todo lo que necesitamos lo encontramos junto a Aquél que nos lo ha conseguido con su Resurrección.

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