"En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido:
«¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza".
Muchas veces no tenemos en cuenta todo lo que Dios ha hecho por nosotros, y por eso mismo seguimos, como en aquél tiempo, pidiendo signos y milagros. No nos damos cuenta de cuánto nos falta por crecer y, sobre todo, cuánto nos falta por pedir perdón. Nos creemos tan buenos y tan santos que sólo sabemos pedir, y no somos conscientes de lo que nos falta por convertir en nuestras vidas.
El pecado del mundo que es la vanidad, el egoísmo y la soberbia se van metiendo en nuestras vidas sin darnos cuenta, y así es que nos vamos convirtiendo no en lo que Dios quiere sino en lo que el mundo nos hace creer. Así surgen las divisiones, las desuniones, las peleas, las discordias... y poco a poco se va enfriando el amor fraterno. Un amor fraterno que tendría que ser el centro de toda comunidad: familia, trabajo, colegio, etc., se vuelve cada vez menos evidente para llegar a desaparecer por querer ser, cada uno, alguien importante y el mejor de todos.
Que no es malo crecer y mejorar, pero sin pasar por encima de los demás, sin pensarnos que los demás son peores o mediocres, sino que debemos ayudar a los demás a crecer, a mejorar, a convertir sus corazones según la Voluntad de Dios.
A veces nos creemos tan mejores que nos hacemos altares para nosotros mismos para que los demás vean cuán buenos somos, y desde ahí nos disponemos a juzgar y criticar a los demás, sin tener en cuenta por qué estamos y para qué el Señor nos ha dado los dones que tenemos, sabiendo que nada de lo que tenemos nos pertenece sino que nos ha sido dado para, no sólo mejorar nuestra vida, sino para ayudar a mejor el lugar en el que estamos puestos por el Señor.
Los milagros que el Señor ha hecho por nosotros son los milagros que debemos hacer por los demás, nada es nuestro porque nada nos llevaremos en el viaje final, sino que sólo nos llevaremos lo que hemos dado con amor a los demás.
martes, 15 de julio de 2025
Que no nos recrimine
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