"Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas de la alianza en la mano, no sabía que tenía radiante la piel de la cara, de haber hablado con el Señor. Pero Aarón y todos los israelitas vieron a Moisés con la piel de la cara radiante, y no se atrevieron a acercarse a él".
Cuando un encuentro con el Señor es muy personal nuestra vida cambia, no saldremos radiantes como Moisés, pero, seguramente, podremos ver el cambio en nosotros. Dialogar con el Señor en una oración personal y de corazón a corazón nos permite llenarnos de su Espíritu y renovar nuestras fuerzas, nuestra fe, nuestra esperanza, nuestro amor.
Claro que para ello tendremos que ir, día a día, profundizando en esa relación personal, sabiendo que no hablamos con una entidad espiritual sino que hablamos con una Persona real, Divina, pero real pues Jesús nos enseñó que hablamos con un Padre, y que nosotros creemos que es "todopoderoso, creador del cielo y de la tierra...", entonces no tenemos por qué pensar que no nos escucha, sino que al escucharnos Él quiere, también, hablarnos. Por eso necesitamos, siempre, hablar y escuchar, porque si sólo hablamos nunca escucharemos, y es escuchando como recibimos Su Gracia, Sus Dones y todo lo que necesitamos para poder discernir Su Voluntad.
Poder descubrir el poder de la oración es un camino que requiere paciencia y perseverancia, es el tesoro del que nos habla Jesús en las parábolas, pues es el lugar del Reino que nos pertenece y del cual somos parte:
«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra».
Encontrar ese tesoro o esa perla implica tener que vender mucho de lo que tenemos y de lo que no queremos desprendernos porque nos parece que nunca podremos encontrar lo que buscamos, pero si no lo intentamos nunca podremos saber si lo encontraremos, por eso el Señor nos pide despojarnos de todo lo que no nos deja llegar hasta Él, de todo lo que nos impide tener tiempo para estar con Él, pues si no dejamos tiempo para el diálogo con el Señor nunca podremos experimentar el gozo de haber conocido, verdaderamente, a Dios.
miércoles, 30 de julio de 2025
Con el rostro radiante
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