domingo, 27 de julio de 2025

Enséñanos a orar

"Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos»

Un Evangelio que siempre me ha llevado a pensar no sólo en la oración del Padre nuestro, sino en el por qué Jesús les enseña el Padre nuestro a los discípulos. La razón es sencilla: cuando los discípulos veían a Jesús rezar seguramente veían un cambio en Él, algo que les llamaba la atención, algo diferente de la manera de rezar de ellos, de la manera de rezar de los fariseos y doctores de la Ley, y, por eso pidieron: enséñanos a orar.
Y eso lo que siempre me ha llamado la atención y me ha hecho pensar: ¿los demás me ven a mí rezar como rezaba Jesús? ¿Soy también, sin querer compararme con Él, alguien que invita a los demás a rezar o a preguntarse el por qué no rezan? Porque, en realidad, nuestra vida cristiana, nuestra vida de oración es una vida que tendría que ser contagiosa no por lo que digamos sino por lo que se vea de nosotros.
Y ahí está mi pregunta: ¿por qué rezo? ¿Cómo rezo? ¿Para qué rezo? Porque, en realidad, todo depende de esas respuestas. ¿Rezo por costumbre? ¿Rezo sin saber lo que rezo? ¿Qué es lo que me lleva a rezar?
Y por otro lado saber que cuando rezo estoy hablando con Alguien, no estoy hablando con la pared, sino que estoy dialogando con las Personas Divina, o con María o con los santos, e, incluso conmigo mismo, porque en el silencio de la oración es el Espíritu quien me hace ver o quiere mostrarme lo que el Padre quiere de mí, lo que necesito, lo que me hace falta para seguir el camino de la santidad.
Claro es que debemos diferenciar las oraciones personales de las oraciones públicas, pero que, en verdad, las dos llevan el mismo fundamento: un encuentro personal o comunitario con las Personas Divinas. Es así como ya sea en lo reservado de mi casa o en el silencio de mi oración personal, y, cuanto más, en las oraciones comunitarias, sean Horas Santas, Misas o cualquier otra forma comunitaria debo expresar mi devoción, mi encuentro con el Señor, con María, con el Padre, con el Espíritu Santo.
Sobre todo, saber que al estar en comunidad soy testimonio de lo que estoy haciendo, por eso, al entrar en el Templo debo saber que entro en un ámbito sagrado, y mi forma de estar tiene que ser diferente al estar en el bar o en casa. El silencio de mi oración personal lo tengo que transmitir, también, en la oración comunitaria de mi parroquia o a la que vaya, porque ese será mi testimonio ante los demás, es, también, un apostolado.

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