domingo, 6 de julio de 2025

Poneós en camino!

"Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos".

¡Cuántas cosas nos puede decir Jesús en pocas palabras! En esta pequeña frase hay varias afirmaciones, sugerencias y exhortaciones para todos nosotros. Es la primera gran misión de los discípulos de Jesús, que no son los apóstoles sino los que lo seguían que era gente de todos los pueblos, por eso no pensemos que el llamado de Jesús a la misión es sólo para los consagrados o sacerdotes, sino que es un llamado universal para todos los que decimos seguir a Jesús, es decir, para todos los que decimos ser cristianos.
Hoy más que nunca “la mies es abundante”, sí el campo de trabajo que tenemos los cristianos es abundante porque se ha descristianizado el Pueblo de Dios, ya no hay familias como las de nuestros abuelos que vivan tan intensa y diariamente la fe en Jesús. Las nuevas familias (desde hace unos años) no viven la fe en familia, no se educa en la fe, no se reza en familia, no se va a Misa en familia, y así se fue descristianizando el Pueblo de Dios.
Es cierto que hay bautismos, primeras comuniones, algunos se confirman, algunos menos se casan por iglesia, pero no se vive el cristianismo, sólo hay ritos cristianos que mantienen una religiosidad popular que se manifiesta en esos signos, por eso hay que seguir el consejo y la exhortación de Jesús: “rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”, pero esos obrero no son sólo los sacerdotes y los consagrados, sino todos los laicos que se tienen que sentir llamados por Cristo a llevar el mensaje de Salvación a todos. Y a ellos, y a todos, nos dice: ¡Poneos en camino!”. No es sólo una invitación, sino una exigencia evangélica que nos pongamos en camino de misión. ¿Cómo? Cada uno tiene que encontrar el camino en el Señor, por medio de la oración, con un asesor espiritual, con su confesor, pero todos necesitamos o, mejor dicho, el Señor nos exige que nos pongamos en camino. Que dejemos de pensar en nosotros mismos y salgamos al mundo para anunciar con nuestra vida la alegría del Evangelio.
Y, por supuesto, saber que no va a ser fácil transmitir el evangelio. Miremos al resto del mundo y veamos cómo tratan a los cristianos, los mártires que surgen en otras partes del mundo. Pero nosotros no tememos ese martirio, sino que tememos a los que hablen de nosotros, tememos las críticas no sólo de los otros sino de nosotros mismos, cuando miramos despectivamente a quien está a mi lado o a quien reza… ahí no somos evangelizadores…

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