"Salía el sol sobre la tierra cuando Lot llegó a Soar.
El Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego desde el cielo. Arrasó aquellas ciudades y toda la vega; los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo.
La mujer de Lot miró atrás y se convirtió en estatua de sal".
Este pasaje del Génesis, cuando Dios salva a Lot y a su familia advirtiéndole que al salir de Sodoma no miren atrás, me recuerda lo que Jesús, también, nos invita: "el que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no es digno de mí". Un pasaje que, para muchos, es para los que se deciden a la vida consagrada o sacerdotal, pero, en realidad, Jesús no aclara, sino que se lo dice a todos sus discípulos sin distinción.
Pero ¿qué significa no poner la mano en el arado y mirar para atrás? Es simple, por lo menos para mí, sólo mirar al Señor, mirarlo a Él porque Él es el que da sentido a nuestra vida, a nuestro caminar. Si miramos hacia atrás mientras caminamos hacia adelante no podemos ver si vamos bien encaminados, y podemos desviarnos tanto del camino que nos perdamos o nos caigamos por algún precipicio.
Cuando ponemos la mirada en el Señor siempre iremos hacia donde Él nos conduzca y, seguramente, como dice San Pablo: alcanzaremos la meta sin perder la fe. Por eso es tan importante tener muy presente Sus Palabras, para no desviarnos sino seguir hacia adelante, hacia la meta final a pesar de que, muchas veces, nos de miedo, como nos lo cuenta en el Evangelio:
"En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole:
«¡Señor, sálvanos, que perecemos!».
Él les dice:
«¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?».
Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma".
Cuando mantenemos nuestra mirada puesta en Cristo podremos tener, también, nuestra confianza puesta en Él sabiendo que es capaz de detener cualquier tormenta y, en todo caso, darnos una mano para no hundirnos en las aguas tormentosas de la vida. Pero si sólo miramos nuestro ombligo y no confiamos en Él será cuando, desviándonos del camino nos hundamos en nuestro egoísmo, vanidad, soberbia y tantos otros males que no sólo nos alejarán de Dios, sino también de nuestros hermanos.
Por eso, aunque sea difícil seguir recorriendo el camino de la santidad que Jesús nos ha enseñado y mostrado Él mismo, no dejemos de mirarlo, de mirar hacia adelante donde está meta final.
martes, 1 de julio de 2025
No mirar hacia atrás
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