"El ángel le contesto: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios”.
Aquel día, el día de la Anunciación fue cuando comenzó todo. Cuando María no sólo abrió los labios para responder al Ángel Gabriel, sino cuando abrió su corazón de par en par para ser colmado por el Espíritu del Señor. Así fue como ese día Dios no sólo penetró en el seno de María, sino que penetró en la Historia de la Humanidad y comenzó la hermosa transformación de hacer de una historia humana una Historia de Salvación.
En estos días que en familia de Dios celebramos el nacimiento del Unigénito de Dios, que, por obra del Espíritu Santo se encarnó en el seno de María Virgen, tenemos que remontarnos a aquel día y celebrar la disponibilidad total y absoluta de María a la Voluntad de Dios.
Gracias a su Sí el Hijo de Dios se hizo hombre y habitó, caminó y enseñó a ser hijos de Dios. Pero su enseñanza no se quedó en palabras, sino que nos dio todo lo mejor que tenía: Su Cuerpo y Sangre en la Eucaristía, Su Gracia en los Sacramentos, y, sobre todo Su Madre como Madre nuestra.
Sí, no sólo celebramos el nacimiento de Jesús en Belén, sino que celebramos nuestro propio nacimiento porque la Vida se hizo carne en María y se nos da a nosotros en cada Eucaristía, por eso, cada vez que recibimos la Eucaristía recibimos a Jesús, así como lo recibió y lo sintió María en su seno durante 9 meses, hasta que, en Belén, lo dio a luz para la salvación del mundo.
Así es como nosotros tenemos que recibir a Jesús Eucaristía: con un corazón abierto al infinito para ser colmado por la Voluntad de Dios, para que, con su Gracia y Su Espíritu, podamos hacer vida su Palabra y, como María, entregarla al mundo para que todos los que tengan un corazón necesitado se encuentren con Él, así como se encontraron con Él los pastores, los Magos y tantos que escucharon su Palabra y lo siguieron.
En este siglo y en este mundo tan desacralizado y vacío de Dios, somos los cristianos, los que hoy celebramos el Nacimiento de Jesús, quienes debemos concebir la Vida en nuestra vida para que cada día sea una Nueva Navidad para el Mundo, para que la Luz que Él ha puesto en nuestras vidas ilumine las oscuridades de las tinieblas que inundan el mundo, que equivocan el camino, no sólo de los paganos, sino, incluso, de aquellos que dicen creer en el Señor. Somos los pastores que dan la Buena Noticia, y los Magos que siguen la estrella y avisan de que quieren quitar del mundo a Dios.
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