«Yo envío mi mensajero delante de ti, en cual preparará tu camino; voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos”»
Vivimos en un mundo tan acelerado que, a veces, no nos damos cuenta de los mensajeros que Dios nos envía. Sí, todos los días el Señor nos envía mensajes para que “acomodemos” nuestra vida a Su Voluntad, para que cuidemos nuestra vida espiritual, pues cuidando y madurando en nuestra vida espiritual podemos ver mejor nuestra vida terrenal.
No siempre estamos preparados para lo que vendrá: sea bueno o malo, pero si nos abrimos al Espíritu y vamos creciendo espiritualmente, podremos ver todo como lo ve el Padre, o, por lo menos intentarlo, para que las cosas que nos suceden no sean sólo por casualidad, sino porque el Padre así lo ha permitido o así lo ha querido.
Sí, no es fácil mirar desde Dios nuestra vida, por eso mismo necesitamos seguir creciendo, porque ya que no es fácil no lo hagamos más difícil, porque es más fácil aprender a mirar que lamentarnos por no haber sabido mirar como corresponde. Porque, cuando no sabemos mirar nos equivocamos en las apreciaciones, en los juicios, en los comentarios, e, incluso en la manera de vivir lo que nos sucede.
Por eso, el Señor, siempre nos está enviando señales porque no habla claramente, ni nos envía mensajes por el teléfono para avisarnos de lo que va a pasar o de lo que tenemos que hacer. Así fue como, cuando llegó el tiempo señalado, envió a Juan Bautista para preparar el corazón de la gente para la llegada del Mesías.
Aquellos que se abrieron a la reconciliación y a la purificación del corazón, pudieron ver a Jesús, y no sólo al hombre de los milagros, sino al Mesías Salvador, a Aquél que había sido prometido por Dios durante siglos, pero que sólo lo verían los de corazón puro, los de corazón necesitado del encuentro con Su Salvador.
Y es eso lo que el Señor quiere que preparemos para estas Navidades, pues no son cualquier Fiesta, sino que son las Fiestas de la Navidad del Señor, de la Natividad de nuestro Señor y Salvador, porque en Belén de Judá nos nació un Salvador, el Mesías, el Señor. Y así como aquel día se presentó como un niño recién nacido, hoy quiere que aprendamos a ver, en las pequeñas cosas de todos los días, su Amor por nosotros, por ti y por mí. Por eso no dejes de preparar, también, tu corazón para esta Navidad.
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