domingo, 3 de diciembre de 2023

Estad atentos

Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.

Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!».

Comenzamos un nuevo tiempo litúrgico, dentro de la liturgia católica, el Tiempo de Adviento, en preparación a la Celebración Solemne de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.

Sí, ya sabemos que llega la Navidad dentro de poco, y, como todos los años nos vamos preparando para ese momento, y, por eso mismo, no tenemos que acostumbrarnos a la rutina de volver a iniciar el Tiempo de Adviento, ni la celebración de la Navidad. No tenemos que acostumbrarnos porque si nos acostumbramos perdemos la alegría de celebrar algo que es tan importante para nuestra vida de fe.

Cuando la rutina se apodera de nuestra vida todo se vuelve igual, y así vamos perdiendo la capacidad de asombrarnos por los regalos de Dios. Por eso, como dice el Señor ¡Estad atentos! ¡Velad!

Hay que estar atentos para no volvernos muy adultos, sino que debemos conservar el espíritu de niños para dejarnos asombrarnos por los regalos del Señor. Si sólo buscamos los hechos extraordinarios, nunca podremos ver la Mano del Padre en los regalos pequeños de todos los días.

El tiempo de Adviento es, después del de Cuaresma, un tiempo de volver a mirarnos, no con intención de ver nuestros pecados, sino de disponernos a escuchar, es la Palabra la que se hace carne y viene a hablarnos de los misterios del Padre, del Amor del Padre por nosotros, y quiere hacer un lugar en nuestras vidas para que siempre estemos alegres de ese Infinito Amor por nosotros, por cada uno, por ti y por mí.

Escuchar a Dios, no sólo en la Palabra Divina, sino en los acontecimientos diarios, en los que sigue hablando constantemente y nos va dirigiendo Su Palabra de Esperanza, de Amor, que nos va sosteniendo, fortaleciendo y, sobre todo, nos va enseñando cómo llegar al final de la meta sin perder la fe, sino con el alma purificada por el Amor, vacía de tanto darnos a los demás, y como dice Santa Teresita, con las manos vacía porque todo lo que Él nos ha regalado lo hemos entregado con y por amor a los demás, así como Él se nos entregó desde el seno de María hasta la Cruz.

Por eso, Adviento es un tiempo de no dejarnos llevar por las prisas y los preparativos, sino dejarnos sorprender en el silencio por la Palabra que está dispuesta a iluminarnos y santificarnos.


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