Del prólogo al comentario de san Jerónimo, presbítero, sobre el libro del profeta Isaías.
Cumplo con mi deber, obedeciendo los preceptos de Cristo, que dice: Ocupaos en examinar las Escrituras, y también: Buscad y hallaréis, para que no tenga que decirme, como a los judíos: Estáis en un error; no entendéis las Escrituras ni el poder de Dios. Pues si, como dice el apóstol Pablo, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios, y el que no conoce las Escrituras no conoce el poder de Dios ni su sabiduría, de ahí se sigue que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo.
Por esto quiero imitar al amo de casa, que de su provisión saca lo nuevo y lo antiguo, y a la esposa que dice en el Cantar de los cantares: He guardado para ti, mi amado, lo nuevo y lo antiguo; y, así, expondré el libro de Isaías, haciendo ver en él no sólo al profeta, sino también al evangelista y apóstol. Él, en efecto, refiriéndose a sí mismo y a los demás evangelistas, dice: ¡Qué hermosos son los pies de los que anuncian el bien, de los que anuncian la paz! Y Dios le habla como a un apóstol, cuando dice: ¿A quién mandaré? ¿Quién irá a ese pueblo? Y él responde: Aquí estoy, mándame.
Nadie piense que yo quiero resumir en pocas palabras el contenido de este libro, ya que él abarca todos los misterios del Señor: predice, en efecto, al Emmanuel que nacerá de la Virgen, que realizará obras y signos admirables, que morirá, será sepultado y resucitará del país de los muertos, y será el Salvador de todos los hombres.
¿Para qué voy a hablar de física, de ética, de lógica? Este libro es como un compendio de todas las Escrituras y encierra en sí cuanto es capaz de pronunciar la lengua humana y sentir el hombre mortal. El mismo libro contiene unas palabras que atestiguan su carácter misterioso y profundo: Cualquier visión se os volverá —dice— como el texto de un libro sellado: se lo dan a uno que sabe leer, diciéndole: «Por favor, lee esto». Y él responde: «No puedo, porque está sellado». Y se lo dan a uno que no sabe leer, diciéndole: «Por favor, lee esto». Y el responde: «No sé leer».
Y si a alguno le parece débil esta argumentación, que oiga lo que dice el Apóstol: Cuanto a los dotados del carisma de profecía, que hablen dos o tres, y que los demás den su dictamen; y, si algún otro que está sentado recibiera una revelación, que calle el que está hablando. ¿Qué razón tienen los profetas para silenciar su boca, para callar o hablar, si el Espíritu es quien habla por boca de ellos? Por consiguiente, si recibían del Espíritu lo que decían, las cosas que comunicaban estaban llenas de sabiduría y de sentido. Lo que llegaba a oídos de los profetas no era el sonido de una voz material, sino que era Dios quien hablaba en su interior, como dice uno de ellos: El ángel que hablaba en mí, y también: Que clama en nuestros corazones: «¡Padre!», y asimismo: Voy a escuchar lo que dice el Señor.
sábado, 30 de septiembre de 2023
Ignorar las Escrituras
viernes, 29 de septiembre de 2023
Santos Arcángeles
De las Homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los Evangelios
Hay que saber que el nombre de «ángel» designa la función, no el ser, del que lo lleva. En efecto, aquellos santos espíritus de la patria celestial son siempre espíritus, pero no siempre pueden ser llamados ángeles, ya que solamente lo son cuando ejercen su oficio de mensajeros. Los que transmiten mensajes de menor importancia se llaman ángeles, los que anuncian cosas de gran trascendencia se llaman arcángeles.
Por esto a la Virgen María no le fue enviado un ángel cualquiera, sino el arcángel Gabriel, ya que un mensaje de tal trascendencia requería que fuese transmitido por un ángel de la máxima categoría.
Por la misma razón se les atribuyen también nombres personales, que designan cuál es su actuación propia. Porque en aquella ciudad santa, allí donde la visión del Dios omnipotente da un conocimiento perfecto de todo, no son necesarios estos nombres propios para conocer a las personas, pero sí lo son para nosotros, ya que a través de estos nombres conocemos cuál es la misión específica para la cual nos son enviados. Y, así, «Miguel» significa: «¿Quién como Dios?», «Gabriel» significa: «Fortaleza de Dios» y «Rafael» significa: «Medicina de Dios».
Por esto, cuando se trata de alguna misión que requiera un poder especial, es enviado Miguel, dando a entender por su actuación y por su nombre que nadie puede hacer lo que sólo Dios puede hacer. De ahí que aquel antiguo enemigo, que por su soberbia pretendió igualarse a Dios, diciendo: Escalaré los cielos, por encima de los astros divinos levantaré mi trono, me igualaré al Altísimo, nos es mostrado luchando contra el arcángel Miguel, cuando al fin del mundo será desposeído de su poder y destinado al extremo suplicio, como nos lo presenta Juan: Se entabló una batalla con el arcángel Miguel.
A María le fue enviado Gabriel, cuyo nombre significa: «Fortaleza de Dios», porque venía a anunciar a aquel que, a pesar de su apariencia humilde, había de reducir a los Principados y Potestades. Era, pues, natural que aquel que es la fortaleza de Dios anunciara la venida del que es el Señor de los ejércitos y héroe en las batallas.
«Rafael» significa, como dijimos: «Medicina de Dios»; este nombre le viene del hecho de haber curado a Tobías, cuando, tocándole los ojos con sus manos, lo libró de las tinieblas de su ceguera. Si, pues, había sido enviado a curar, con razón es llamado «Medicina de Dios».
jueves, 28 de septiembre de 2023
Constructores sin demora
«Esto dice el Señor del universo: Este pueblo anda diciendo:
“No es momento de ponerse a construir la casa del Señor”».
La palabra del Señor vino por medio del profeta Ageo:
«¿Y es momento de vivir en casas lujosas mientras el templo es una ruina?".
En aquél entonces, como ahora, siempre anteponemos nuestros deseos al querer de Dios, nuestros argumentos, muchas veces vacíos de contenido, nos hacen pensar que la construcción del Reino de los Cielos es algo que puede esperar, o que otros lo pueden hacer.
Sin embargo es a mí a quién el Señor llama para construir, para edificar, para seguir formándome en el espíritu, fortaleciendo mi espíritu para poder construir aquí en la tierra el Reino de los Cielos.
Todos, como dice san Pablo, somos piedras vivas del Templo Santo de Dios, que es la Iglesia, y por eso, formándonos y madurando en la fe, en el compromiso misionero y evangelizador, vamos, día a día, construyendo el Reino de los Cielos en la Tierra.
Pero ¿cuándo es el tiempo de la construcción? A partir de nuestro bautismo, o mejor dicho, desde el momento en que tomamos consciencia de que somos cristianos, desde ese momento debemos comenzar a construir. Desde el momento en que aprendemos y decimos: venga a nosotros tu Reino, ¡ese es el momento! pues no decimos que otros hagan de constructores, sino que lo pedimos nosotros, cada uno al rezar, y seguimos diciendo: hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo.
Así, nos convertimos en constructores del Reino de los Cielos. Sí, cada uno de nosotros, los cristianos que rezamos el Padre nuestro, somos y debemos ser (por que una cosa es decir que somos y otra cosa es ser, cada día) constructores de este Reino que el Señor inauguró con su vida, pasión, muerte y resurrección, y, de manera particular, con la Venida de Su Espíritu sobre los apóstoles dando origen a nuestra Iglesia.
miércoles, 27 de septiembre de 2023
Preferencia por los pobres
De los Escritos de san Vicente de Paúl, presbítero.
Nosotros no debemos estimar a los pobres por su apariencia externa o su modo de vestir, ni tampoco por sus cualidades personales, ya que con frecuencia son rudos e incultos. Por el contrario, si consideráis a los pobres a la luz de la fe, os daréis cuenta de que representan el papel del Hijo de Dios, ya que él quiso también ser pobre. Y así, aun cuando en su pasión perdió casi la apariencia humana, haciéndose necio para los gentiles y escándalo para los judíos, sin embargo, se presentó a éstos como evangelizador de los pobres: Me envió a evangelizar a los pobres. También nosotros debemos estar imbuidos de estos sentimientos e imitar lo que Cristo hizo, cuidando de los pobres, consolándolos, ayudándolos y apoyándolos.
Cristo, en efecto, quiso nacer pobre, llamó junto a sí a unos discípulos pobres, se hizo él mismo servidor de los pobres, y de tal modo se identificó con ellos, que dijo que consideraría como hecho a él mismo todo el bien o el mal que se hiciera a los pobres. Porque Dios ama a los pobres y, por lo mismo, ama también a los que aman a los pobres, ya que, cuando alguien tiene un afecto especial a una persona, extiende este afecto a los que dan a aquella persona muestras de amistad o de servicio. Por esto nosotros tenemos la esperanza de que Dios nos ame, en atención a los pobres. Por esto, al visitarlos, esforcémonos en cuidar del pobre y desvalido, compartiendo sus sentimientos, de manera que podamos decir como el Apóstol: Me he hecho todo para todos. Por lo cual todo nuestro esfuerzo ha de tender a que, conmovidos por las inquietudes y miserias del prójimo, roguemos a Dios que infunda en nosotros sentimientos de misericordia y compasión, de manera que nuestros corazones estén siempre llenos de estos sentimientos.
El servicio a los pobres ha de ser preferido a todo, y hay que prestarlo sin demora. Por esto, si en el momento de la oración hay que llevar a algún pobre un medicamento o un auxilio cualquiera, id a él con el ánimo bien tranquilo y haced lo que convenga, ofreciéndolo a Dios como una prolongación de la oración. Y no tengáis ningún escrúpulo ni remordimiento de conciencia si, por prestar algún servicio a los pobres, habéis dejado la oración; salir de la presencia de Dios por alguna de las causas enumeradas no es ningún desprecio a Dios, ya que es por él por quien lo hacemos.
Así pues, si dejáis la oración para acudir con presteza en ayuda de algún pobre, recordad que aquel servicio lo prestáis al mismo Dios. La caridad, en efecto, es la máxima norma, a la que todo debe tender: ella es una ilustre señora, y hay que cumplir lo que ordena. Renovemos, pues, nuestro espíritu de servicio a los pobres, principalmente para con los abandonados y desamparados, ya que ellos nos han sido dados para que los sirvamos como a señores.
martes, 26 de septiembre de 2023
Somos cristianos?
"En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.
Entonces le avisaron:
«Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte».
Él respondió diciéndoles:
«Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
En el mundo en el que nos movemos, quizás, para muchas cosas o actividades, creemos que los cargos, las riquezas, los títulos o no sé cuántas cosas más, nos abrirán todas las puertas. Y en realidad, el famoso "acomodo", suele ser así. Tengo que ser amigo de o hijo de o tener tal título o no se qué para poder conseguir lo que quiero.
Pero no es así en el Cielo. No alcanzamos al vida eterna por ser el hijo de o tener el título de o haber rezado tal o cual cosa, sino por el hecho de "escuchar la palabra de Dios y cumplirla". No hay otro modo de alcanzar la Gracia del Cielo, sino viviendo el Cielo en la tierra, y, para vivirlo, tengo que "hacer la Voluntad de Dios en la tierra como en el Cielo".
Por eso Jesús le respondió de ese modo a la gente, pues por ser su madre o sus parientes Él no iba a ser tal o cual cosa, sino que todos los que hagan la Voluntad del Padre tienen el privilegio de ser Su Familia y estar junto a Él.
Así ser Familia de Jesús es un gran privilegio para nosotros, pero un privilegio que conlleva una gran responsabilidad y obligación, pues no todos pueden serlo, pues aquellos que no vivan la Voluntad de Dios ya no son parte de su familia, aunque lleven su mismo apellido.
Sí, muchos nos llamamos o decimos que somos cristianos, y, otros muchos dicen que son los mejores cristianos, pero si no se los ve hacer la Voluntad de Dios como lo hizo Jesús y María, entonces, por más que pongan grandes carteles de que son cristianos y se lo pasen a los demás por la cara... perdoname, pero no sos familia de Cristo.
Son apropiamos del título de cristianos pero no vivimos como tales, sino que lo usamos como quien se cuelga una cruz al cuello o un rosario por collar, pero que no saben ni para qué son ni lo que significa, pero como queda bien, entonces lo uso.
Por eso tenemos que tener cuidado ¿por qué? Porque si decimos que somos cristianos se nos pedirán cuentas, el día que nos encontremos con el Señor, de cómo hemos vivido, si hicimos lo que debíamos hacer o hicimos lo que queríamos y lo que el mundo mandaba, pero la Voluntad de Dios no tuvo lugar en mi vida.
lunes, 25 de septiembre de 2023
Insiste con oportunidad o sin ella
Del Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastores
No recogéis las descarriadas ni buscáis a las perdidas. En cierta manera puede decirse que vivimos en este mundo rodeados de ladrones y de lobos rapaces; por ello os exhortamos a que, ante tales peligros, no dejéis de orar. Además las ovejas son rebeldes; si, cuando se descarrían, vamos tras ellas, ellas, para engaño y perdición suya, huyen de nosotros, diciendo: «¿Qué queréis de nosotras? ¿Por qué nos buscáis?» Como si no fuera un mismo y único motivo el que nos hace desear tenerlas cercanas y el que nos obliga a buscarlas cuando las vemos lejos; las deseamos, en efecto, cerca, porque cuando se alejan se descarrían y se pierden. «Si vivo en el error —dicen—, si camino hacia la perdición, ¿por qué me buscas?, ¿por qué me deseas?» Precisamente porque vives en el error quiero llevarte de nuevo al buen camino; porque te estás perdiendo deseo encontrarte de nuevo.
«Pero yo —dice la oveja— deseo vivir en el error, quiero perecer.» Así pues, ¿quieres vivir en el error y caminar a la perdición? Pues si tú deseas esto, yo, con mayor ahínco, deseo lo contrario. Y además no dejaré de írtelo repitiendo, aunque con ello llegue a importunarte, pues escucho al Apóstol que me dice: Proclama la palabra, insiste con oportunidad o sin ella. ¿A quiénes se anuncia la buena nueva con oportunidad? ¿A quiénes se les anuncia sin ella? Con oportunidad se anuncia a quienes desean escucharla, sin oportunidad a quienes no lo desean. Por tanto, aunque sea importuno, me atreveré a decirte: «Tú deseas andar por el camino del error, tú deseas perecer, pero yo deseo todo lo contrario.» Aquel que puede hacerme temer en el último día no me permite abandonarte; si te abandonara en tu error, él me increparía, diciéndome: No recogéis las descarriadas ni buscáis a las perdidas. ¿Acaso piensas que te temeré más a ti que a él? Pues, todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo.
Iré, por tanto, tras la descarriada, buscaré a la perdida. Lo haré tanto si lo deseas como si no lo deseas. Y aunque, mientras voy tras ella, las zarzas de las selvas desgarraren mi carne, estoy dispuesto a pasar por los más difíciles y estrechos caminos y a penetrar en todos los cercados. Mientras el Señor, el único a quien temo, me dé fuerzas haré cuanto esté en mi mano. Forzaré a la descarriada al retorno, buscaré a la perdida. Si quieres que no sufra, no te descarríes, no te apartes del buen camino. Y aun es poco el dolor que siento al ver que vas descarriada y en camino de perdición; temo, además, que si a ti te abandonara daría incluso muerte a las ovejas sanas. Mira, si no, lo que se dice en el texto a continuación. Maltratáis brutalmente a las fuertes. Si descuido, pues, a la que se descarría y se pierde, la que está fuerte deseará también andar por los caminos del error y de la perdición.
domingo, 24 de septiembre de 2023
La envidia
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”"
¿Cuántas veces miramos lo que tiene mi vecino para ver si es mejor que lo que yo tengo? ¿Cuántas veces nos comparamos con los demás para ver qué es lo que hacen, cómo lo hacen? ¿Cuántas veces nos sucede que al mirar envidiamos lo que los demás tiene o reciben? ¿Cuántas veces al compararnos nos viene esa envidia que no nos deja en paz y buscamos lo que el otro tiene y al no lograrlo nos desesperamos?
Las comparaciones siempre son malas, tanto las comparaciones que hacemos de nosotros mismos con otros, como las que, muchas veces, hacen los padres con sus propios hijos, o los profesores entre sus alumnos, etc.
Muchas veces creemos que al compararnos o al compararlos podemos hacer que nuestros ideales o propósitos puedan ser mejores, que nos esforzaremos más por llegar a ser como los otros, pero… la mayor parte de las veces no es así. Aunque nos esforcemos por querer alcanzar esos objetivos nunca los logramos, y al no poder llegar nos entre la ansiedad, la desesperación, o la desesperanza.
¿Qué nos enseña este Evangelio? Que Dios nos da a cada uno lo que Él cree que nos hará bien, y nos dará mucho más de lo que pedimos, porque desde que nos ha dado la Vida y nos ha llamado a la vida, nada es nuestro, sino que todo nos ha sido dado por Su Amor y Su Gracia. Claro es que, por eso mismo, debemos mirarnos en Él, buscar en Él el sentido de nuestra vida y el cómo poder hacer que lo recibido alcance su mayor plenitud.
A cada uno de nosotros nos ha creado únicos e individuales, no hay nadie igual a mí, ni nadie tiene los mismos talentos, ni la misma carga histórica que yo. Yo soy yo y Dios me ha creado así, y tengo que descubrir mis propios talentos y encontrar mi vocación y el sentido de mi vida en Dios, para que todo lo que haga sea porque es fruto de mi discernimiento y de la Voluntad de Dios para mi vida, y no que lo haga por ser mejor que tal o que cual, sino que lo hago para llegar a ser YO, aquél que Dios pensó desde toda la eternidad.
Si pudiera hacer una comparación: soy un diamante en bruto que sólo buscando la perfección en Dios, y aceptando lo que Dios me pide vivir, así, y solamente así alcanzaré el esplendor de un verdadero diamante, pero para eso tendré que dejarme moldear por el alfarero divino y no por lo que otros digan o por parecerme a tal o cual.
sábado, 23 de septiembre de 2023
Cómo ha caído al semilla en mí?
Toma las palabras de Dios por medio de san Pablo:
"Querido hermano:
Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo".
Claro que para saber cómo vivimos nuestra profesión de fe, pues la hemos realizado, seguramente, algún domingo, o cuando nos bautizaron, o cuando tomamos la primera comunión, o cuando nos casamos, o cuando dijimos que éramos cristianos, o por llevar una cruz al cuello... ¡hay tantos momentos en los que (sin darnos cuenta) hacemos profesión de nuestra fe en Cristo!
Pero sin desviarme mucho. Para saber cómo está mi fe en Cristo y qué me falta para madurarla más tengo que hacerme esta pregunta (y el evangelio de hoy nos sirve):
¿Dónde ha caído la semilla de la Palabra de Dios en mí?
"Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven".
¿Solamente la escucho y digo ¡ya he cumplido! y me dedico a hacer lo que me plazca sin pensar en lo que Dios quiere?
"Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan".
¿Me gusta mucho escuchar su Palabra porque me ayuda en la vida, me da esperanza, alegría... pero digo ¡qué difícil es vivirla! y por eso me dura lo que una flor?
"Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes y riquezas y placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro".
¡Es que no tengo mucho tiempo para ponerme a reflexionar la Palabra de Dios! ¡Con todo el trabajo, la casa, los chicos! ¡Hay tantas cosas que tengo que hacer en la vida! No puedo perder el tiempo con esas cosas...
"Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia".
Poder hacer lugar en mi día a día para escuchar y meditar la Palabra de Dios, es lo que hace que mi corazón pueda ser tierra fértil donde eche buenas raíces y así pueda dar mucho fruto.
viernes, 22 de septiembre de 2023
Para qué tanto?
"Esto es lo que tienes que enseñar y recomendar.
Si alguno enseña otra doctrina y no se aviene a las palabras sanas de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad, es un orgulloso y un ignorante, que padece la enfermedad de plantear cuestiones y discusiones sobre palabras; de ahí salen envidias, polémicas, blasfemias, malévolas suspicacias, altercado interminables de hombres corrompidos en la mente y privados de la verdad, que piensan que la piedad es un medio de lucro".
No sé si a vosotros os suenan estas palabras de san Pablo, pero a mí sí. Veo muchas veces discusiones vanas sobre temas que algunos no tienen ni idea, y, en otros casos, otros que se hacen los sabios y tampoco han tenido una relación con el Señor para poder hablar sobre Él. Y en otros tantos hablar de la Palabra de Dios como si fuera palabra humana y buscar, siempre, cómo poder modificarla a gusto del consumidor o del la ideología mundana. Llegando así a distorsionar el mensaje del Evangelio, y, los más importante, a sembrar divisiones entre los miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.
"Los que quieren enriquecerse sucumben a la tentación, se enredan en un lazo y son presa de muchos deseos absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque el amor al dinero la codicia es la raíz de todos los males, y algunos, arrastrados por él, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos".
Hoy que vivimos en un mundo tan materialista no nos damos cuenta de lo que perdemos por conseguir lo que queremos: no tenemos tiempo para estar con quienes queremos, no tenemos tiempo para estar con los hijos, no tenemos tiempo para... Pero sí tenemos tiempo para seguir acumulando riquezas materiales que no podremos llevarnos cuando el Señor nos llame a Su Reino.
Hay tantas cosas que podríamos hacer si no nos centráramos en acumular bienes materiales o bienes intelectuales, porque también los títulos que acumulamos, muchas veces, nos quitan tiempo de vivir para los demás. Y ¿para qué nos sirven? Es cierto que en esta batalla del mundo hay que tener muchos "puntos" para conseguir el mejor empleo, pero ¿a costa de qué?
"Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas. Busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, a la que fuiste llamado, y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos".
jueves, 21 de septiembre de 2023
Lo amó y lo llamó
De las Homilías de san Beda el Venerable, presbítero
Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme. «Sígueme», que quiere decir: «imítame.» Le dijo: «Sígueme», más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que está siempre en Cristo debe andar de continuo como él anduvo.
Él —continúa el texto sagrado— se levantó y lo siguió. No hay que extrañarse del hecho de que aquel recaudador de impuestos, a la primera indicación imperativa del Señor, abandonase su preocupación por las ganancias terrenas y, dejando de lado todas sus riquezas, se adhiriese al grupo que acompañaba a aquel que él veía carecer en absoluto de bienes. Es que el Señor, que lo llamaba por fuera con su voz, lo iluminaba de un modo interior e invisible para que lo siguiera, infundiendo en su mente la luz de la gracia espiritual, para que comprendiese que aquel que aquí en la tierra lo invitaba a dejar sus negocios temporales era capaz de darle en el cielo un tesoro incorruptible.
Y sucedió que, estando Jesús a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores vinieron a colocarse junto a él y a sus discípulos. La conversión de un solo publicano fue una muestra de penitencia y de perdón para muchos otros publicanos y pecadores. Ello fue un hermoso y verdadero presagio, ya que Mateo, que estaba destinado a ser apóstol y maestro de los gentiles, en su primer trato con el Señor arrastró en pos de sí por el camino de la salvación a un considerable grupo de pecadores. De este modo, ya en los inicios de su fe, comienza su ministerio de evangelizador que luego, llegado a la madurez en la virtud, había de desempeñar. Pero, si deseamos penetrar más profundamente el significado de estos hechos, debemos observar que Mateo no sólo ofreció al Señor un banquete corporal en su casa terrena, sino que le preparó, por su fe y por su amor, otro banquete mucho más grato en la casa de su interior, según aquellas palabras del Apocalipsis: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y me abre la puerta entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo.
Nosotros escuchamos su voz, le abrimos la puerta y lo recibimos en nuestra casa, cuando de buen grado prestamos nuestra asentimiento a sus advertencias, ya vengan desde fuera, ya desde dentro, y ponemos por obra lo que conocemos que es voluntad suya. Él entra para cenar con nosotros y nosotros con él, porque por el don de su amor habita en el corazón de los elegidos para saciarlos con la luz de su continua presencia, haciendo que sus deseos tiendan cada vez más hacia las cosas celestiales y deleitándose él mismo en estos deseos como en un manjar sabrosísimo.
miércoles, 20 de septiembre de 2023
Incorformistas
"En aquel tiempo, dijo el Señor:
«¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes?
Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de:
“Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones y no habéis llorado”
Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís:
“Tiene un demonio; vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”.
Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».
Quise repetir el Evangelio completo porque es algo que, también, hoy, nos diría Jesús: somos una generación inconforme. Y no sólo con la religión sino con todo: con nuestro cuerpo, nuestra sexualidad, con nuestros padres, con lo que toca vivir, con esto, con aquello... ¿Por qué? Porque, creo, que en realidad hemos perdido el sentido de la vida, hemos perdido el norte de la vida y no sabemos para dónde ir, pues nada es lo que parece y todo es lo que yo quiero que parezca.
Hoy cualquier cosa y cualquier personas puede ser lo que quiere y puedo pensar lo que quiera sobre cualquier cosa, y, para colmo, ¡todo vale! Y así van sucediendo todo lo que sucede en esta generación: depresiones, suicidios, pero no sólo en personas que ya han vivido o que han tenido realmente problemas extraordinarios, sino que en adolescentes es la tasa más grande (cosa que no se anuncia ni publicita porque no es del interés que se conozca no vaya a ser que se conviertan y vivan)
Por eso el Señor nos llama la atención, así como le llamaba la atención a aquella generación: volvamos a buscar el sentido de nuestra vida, démosle un sentido a nuestra generación, pero un verdadero sentido, no el sentido que nos da el mundo, pues el mundo vive en la tiniebla del pecado y no sabe hacia dónde está el horizonte, sino que va probando de todo para ver qués el mejor para no darle vida verdadera al Hombre.
Incluso, cuando a los cristianos nos parece que todo está bien, es cuando nos vamos perdiendo, también, nosotros porque no somos lo que Jesús quiere: luz para iluminar. Dejamos que las tinieblas del error sigan oscureciendo el camino y nos vamos adentrando en el mismo error del mundo, y así no cumplimos nuestra misión de salvar al Hombre del pecado y sacarlos de las garras del Príncipe de este mundo.
No es fácil el camino, ni la misión, pero es lo que tenemos que elegir o no, de nosotros depende que el mundo comience a ver una Luz que lo guíe por el buen camino, por el camino de la salvación, por el camino de la dignidad, por el camino de la felicidad.
martes, 19 de septiembre de 2023
El ejemplo de Pablo
Del Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastores
Hallándose Pablo en cierta ocasión en suma indigencia, encarcelado a causa de la predicación de la verdad, recibió, de parte de los hermanos, bienes con qué subvenir a su pobreza y a sus propias necesidades. Y contestó a los que así lo habían ayudado y les dio las gracias, diciendo: Al socorrer mis necesidades, habéis obrado bien. En cuanto a mí he aprendido ya a tener hartura y a pasar hambre, a abundar y a tener escasez. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, muchas gracias por haberme socorrido con vuestros bienes en mi apurada situación.
Pero para mostrar qué era lo que él buscaba en el bien que habían realizado y con el fin de evitar que se introdujeran entre ellos algunos que se apacentaran a sí mismos, no a las ovejas, les da a entender que no se alegra tanto de la ayuda que ha recibido cuanto se felicita por el bien que ellos han realizado. ¿Qué es, pues, lo que él buscaba en la acción de ellos? «No busco regalos —dice—, sino rentas que se vayan multiplicando a cuenta vuestra. No persigo saciarme yo, sino que deseo que vosotros no quedéis sin dar fruto.»
Aquellos, pues, que no llegan a realizar lo que hizo Pablo, trabajando con sus manos para procurar su propio alimento, reciban la leche de sus ovejas y sustenten con ella sus necesidades, pero no olviden tampoco las necesidades de sus rebaños. Que al anunciar el Evangelio no busquen en ello su propio interés, como si trabajaran movidos por el deseo de remediar sus propias necesidades, antes procuren hacerlo pensando en que deben iluminar a los hombres con la luz de la verdad, tal como está escrito: Estén ceñidos vuestros lomos, y encendidas vuestras lámparas; y también aquello otro: No se enciende una lámpara para meterla bajo el celemín, sino para ponerla sobre el candelero, así alumbra a todos los que están en la casa. Alumbre vuestra luz a los hombres para que, viendo vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre celestial.
Si, pues, enciendes una lámpara en tu casa, ¿no irás añadiendo aceite para que no se apague? Y si la lámpara en la que has vertido ya aceite no ilumina, ¿acaso no la tendrás como indigna de estar colocada sobre el candelero y no la romperás inmediatamente? Por tanto, en aquello mismo de donde sacamos nuestro alimento para vivir nosotros, en aquello mismo debemos encontrar el amor con que saciar a los demás. No como si el Evangelio fuera un bien rentable con cuyo precio se pagara el alimento de los que lo anuncian. Si el Evangelio se vendiera por este precio, se vendería, sin duda, una cosa de gran valor por un precio vil y exiguo. El sustento para la propia vida se recibe del pueblo, el don del Evangelio lo da el Señor. El pueblo no es, por tanto, capaz de pagar debidamente a quienes, por amor, anuncian el Evangelio; y los predicadores no deben esperar, como paga, otra cosa sino la salvación de quienes los escuchan.
¿Por qué, pues, son increpados los pastores y de qué se les reprende? Sin duda de haber ido tras la leche de las ovejas y de haberse cubierto con su lana, olvidando el bien de las ovejas. Buscaban, por tanto, sus intereses personales, no los de Cristo Jesús.
domingo, 17 de septiembre de 2023
Tanto hay que perdonar?
Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete…”
Una vez alguien me dijo: nunca preguntas aquello de lo que no quieres saber la respuesta. Pero, a veces, nuestra lengua va más a prisa que nuestro cerebro. Así le pasó a Pedro, varias veces. Pero las veces que le pasó a Pedro el Señor nos enseñó a nosotros, y, así, hemos aprendido muchas cosas.
Claro está que aprender del Señor es aprender un camino más difícil de lo que imaginamos.
Este ejemplo que le puso Jesús a Pedro lo usé muchas veces, para mí mismo primero, y después para muchos que preguntaban o contaban situaciones acerca del Perdón. Así fue como una vez alguien me contaba que no pensaba ir a la boda de su hermano pues había tenido una disputa y no pensaba perdonarlo, pues siempre le tocaba a él acercarse y perdonar. Por eso le dijo: ¿cuántas veces te ha negado el perdón Jesús cuando se lo has pedido? ¿Alguna vez el Señor te ha dicho "no te perdono”?
Es cierto, perdonar siempre es muy difícil, más cuando son situaciones que, humanamente, podríamos decir “no tiene perdón de Dios”. Y es cierto, hay situaciones que no tienen perdón, pero ¿sabes cuáles son? Las situaciones en las que el pecador no se arrepiente y no pide el perdón. Pero, sin embargo, Dios siempre estará esperando que ese corazón se arrepienta y vuelva a Él.
Y ese es, también, nuestro camino: no podemos renunciar a dar el perdón a quien se arrepiente, sino que tenemos que prepararnos para que cuando se dé el día en que quien me ofendió venga a pedirme perdón pueda yo perdonar.
Por eso necesitamos estar siempre con el corazón lleno de la misericordia del Señor, y, por supuesto, no olvidarnos de cuántas veces el Señor me ha perdonado a mí. Porque cuando nos olvidamos de todas las veces que hemos tenido que ser perdonados, caemos en la soberbia de no querer perdonar, es ahí cuando dejamos de tener el Amor de Dios en nuestros corazones.
También es cierto que el Camino que nos pide recorrer el Señor siempre será cuesta arriba, pues no habrá nada que nos sea fácil, pues nunca ha utilizado el Padre y Su Hijo esa palabra, pero sí nos han dicho que todo lo podremos vivir y hacer si estamos sujetos de Sus Manos. Necesitamos siempre del Señor, necesitamos siempre de Su Gracia, pues sin Su Gracia no podemos hacer nada de lo que nos pida hacer, pues Él cuenta con Su Gracia para que nosotros podamos ser Fieles a Su Voluntad.
sábado, 16 de septiembre de 2023
La Misericordia de la Roca
"Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero; pero por esto precisamente se compadeció de mí: para que yo fuese el primero en el que Cristo Jesús mostrase toda su paciencia y para que me convirtiera en un modelo de los que han de creer en él y tener vida eterna".
Hermoso párrafo de san Pablo: "Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero". Una gran verdad y una gratificante realidad, porque una y otra vez volvemos a pecar, una y otra vez volveremos a necesitar de su misericordia para poder levantarnos del fango e intentar seguir el camino y el combate para alcanzar la santidad.
"Pero por esto precisamente se compadeció de mí: para que yo fuese el primero en el que Cristo Jesús mostrase toda su paciencia". Precioso y esperanzador. La esperanza que nos da san Pablo es la que nos lleva a creer que es posible alcanzar la meta, que, a pesar de nuestra debilidad, podemos llegar si ponemos nuestra confianza en el Señor.
Una confianza que no sólo es para levantarnos sino que es para cimentar nuestra vida en Jesús, en el Señorío del Señor.
"El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa".
Seguramente, todos, hemos visto caer grandes casas y catedrales, que no estaban bien cimentadas en el Señor. Han habido en toda la historia, y aún más en nuestras vidas, cristianos, consagrados y laicos, que, por algún viento o vendaval de la vida, hay dejado su vida cristiana, han perdido su fe.
Cuando no ponemos buenos cimientos donde debemos, entonces los ponemos en nuestro yo, o en el mundo, o en las personas humanas, y todo lo humano es defectuoso. Por eso, sólo el Señor es nuestra Roca firme y su misericordia se despliega para poder ayudarnos a seguir insistiendo, una y otra vez. Él nos ayuda a cavar y se hace cimiento para que no destruyamos lo que el Padre quiere construir en nuestra vida.
viernes, 15 de septiembre de 2023
La Madre estaba al pie de la Cruz
De los Sermones de san Bernardo, abad
El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de la pasión del Señor. Éste —dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús— está predestinado por Dios para ser signo de contradicción; tu misma alma —añade, dirigiéndose a María— quedará atravesada por una espada.
En verdad, Madre santa, atravesó tu alma una espada. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. En efecto, después que aquel Jesús —que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo— hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar. Por tanto, la punzada del dolor atravesó tu alma, y por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal.
¿Por ventura no fueron peores que una espada aquellas palabras que atravesaron verdaderamente tu alma y penetraron hasta la separación del alma y del espíritu: Mujer, ahí tienes a tu hijo? ¡Vaya cambio! Se te entrega a Juan en sustitución de Jesús, al siervo en sustitución del Señor, al discípulo en lugar del Maestro, al hijo de Zebedeo en lugar del Hijo de Dios, a un simple hombre en sustitución del Dios verdadero. ¿Cómo no habían de atravesar tu alma, tan sensible, estas palabras, cuando aun nuestro pecho, duro como la piedra o el hierro, se parte con sólo recordarlas?
No os admiréis, hermanos, de que María sea llamada mártir en el alma. Que se admire el que no recuerde haber oído cómo Pablo pone entre las peores culpas de los gentiles el carecer de piedad. Nada más lejos de las entrañas de María, y nada más lejos debe estar de sus humildes servidores.
Pero quizá alguien dirá: «¿Es que María no sabía que su Hijo había de morir?» Sí, y con toda certeza. «¿Es que no sabía que había de resucitar al cabo de muy poco tiempo?» Sí, y con toda seguridad. «¿Y, a pesar de ello, sufría por el Crucificado?» Sí, y con toda vehemencia. Y si no, ¿qué clase de hombre eres tú, hermano, o de dónde te viene esta sabiduría, que te extrañas más de la compasión de María que de la pasión del Hijo de María? Éste murió en su cuerpo, ¿y ella no pudo morir en su corazón? Aquélla fue una muerte motivada por un amor superior al que pueda tener cualquier otro hombre; esta otra tuvo por motivo un amor que, después de aquél, no tiene semejante.
jueves, 14 de septiembre de 2023
Glorifica y exalta a Cristo
De las Disertaciones de san Andrés de Creta, obispo
Por la cruz, cuya fiesta celebramos, fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz. Celebramos hoy la fiesta de la cruz, y junto con el Crucificado nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el pecado, gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de la cruz. Quien posee la cruz posee un tesoro. Y, al decir un tesoro, quiero significar con esta expresión a aquel que es, de nombre y de hecho, el más excelente de todos los bienes, en el cual, por el cual y para el cual culmina nuestra salvación y se nos restituye a nuestro estado de justicia original.
Porque, sin la cruz, Cristo no hubiera sido crucificado. Sin la cruz, aquel que es la vida no hubiera sido clavado en el leño. Si no hubiese sido clavado, las fuentes de la inmortalidad no hubiesen manado de su costado la sangre y el agua que purifican el mundo, no hubiese sido rasgado el documento en que constaba la deuda contraída por nuestros pecados, no hubiéramos sido declarados libres, no disfrutaríamos del árbol de la vida, el paraíso continuaría cerrado. Sin la cruz, no hubiera sido derrotada la muerte, ni despojado el lugar de los muertos.
Por esto la cruz es cosa grande y preciosa. Grande, porque ella es el origen de innumerables bienes, tanto más numerosos, cuanto que los milagros y sufrimientos de Cristo juegan un papel decisivo en su obra de salvación. Preciosa, porque la cruz significa a la vez el sufrimiento y el trofeo del mismo Dios: el sufrimiento, porque en ella sufrió una muerte voluntaria; el trofeo, porque en ella quedó herido de muerte el demonio y, con él, fue vencida la muerte. En la cruz fueron demolidas las puertas de la región de los muertos, y la cruz se convirtió en salvación universal para todo el mundo.
La cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria, cuando dice: Ya ha entrado el Hijo del hombre en su gloria, y Dios ha recibido su glorificación por él, y Dios a su vez lo revestirá de su misma gloria. Y también: Glorifícame tú, Padre, con la gloria que tenía junto a ti antes que el mundo existiese. Y asimismo dice: «Padre, glorifica tu nombre.» Y, de improviso, se dejaron oír del cielo estas palabras: «Lo he glorificado y lo glorificaré de nuevo», palabras que se referían a la gloria que había de conseguir en la cruz.
También nos enseña Cristo que la cruz es su exaltación, cuando dice: Yo, cuando sea levantado en alto, atraeré a mí a todos los hombres. Está claro, pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo.
miércoles, 13 de septiembre de 2023
Qué buscamos?
Hay días en que las lecturas no llegan tanto como otros días. Y hoy es uno de esos días que habría que analizar y reflexionar renglón por renglón, o palabra por palabra, y, sobre todo, espejarlas con nuestra vida.
"Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra".
Fijaos que Pablo comienza esta oración en condicional: si habéis... es decir es casi una pregunta para nosotros, así que podríamos preguntarnos: ¿hemos resucitado con Cristo? Si respondemos que sí, que hemos resucitado con Cristo, entonces hay que seguir con el resto del párrafo, pues si la respuesta es sí lleva consigo una responsabilidad y una obligación, es decir, hay una consecuencia en todo lo que hacemos.
Si hemos dicho que sí que hemos resucitado con Cristo, entonces: buscar los bienes de allá arriba no a los de la tierra.
Y ahí surgiría otra pregunta ¿cuáles son los bienes de allá arriba? Son los bienes espirituales, las virtudes que nos llevan a vivir una vida santa, o, mejor dicho, un proceso de santidad para nuestra vida.
Podríamos ver cuáles son los bienes del cielo en comparación o en contraposición con los bienes terrenales, o, mejor dicho, con los males terrenales:
"En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría".
Esos males y otros de nuestro tiempo son los que nos alejan de los bienes celestiales y nos alejan del camino de la santidad que nos propone Jesús.
"Entre ellos andabais también vosotros, cuando vivíais de esa manera; ahora, en cambio, deshaceos también vosotros de todo eso: ira, coraje, maldad, calumnias y groserías, ¡fuera de vuestra boca!".
Y ¿cómo quitarlos de nuestra vida? Intentando, cada día, mirar hacia arriba donde está nuestra vida oculta en Cristo, y hacer que, desde una relación más constante con el Señor, podamos incorporarlos a nuestro día a día, buscando constantemente la virtud y la santidad.
martes, 12 de septiembre de 2023
A quien seguimos?
"Ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded unidos a él, arraigados y edificados en él, afianzados en la fe que os enseñaron, y rebosando agradecimiento.
Cuidado con que nadie os envuelva con teorías y con vanas seducciones de tradición humana, fundadas en los elementos del mundo y no en Cristo".
¡Qué actual que son las palabras de san Pablo a los colosenses!
Y no se dirige a cualquier persona, sino que se dirige a nosotros, los que hemos aceptado ser cristianos, los que nos llamamos cristianos, y los que somos cristianos (eso decimos)
Y ¿a qué nos invita? A hacer una revisión de lo que creemos. Como decía Jesús: hay que sacar del arcón lo nuevo y lo viejo. Es decir: hay que mirar en el corazón, en el alma y en la mente ¿qué es lo que hay? Están sólo las enseñanzas de Jesús y su Evangelio o hay otras enseñanzas y doctrinas e ideologías que no son propias del evangelio...
Claro que para saberlo antes tengo que volver a hacer una opción por el cristianismo o negarlo, pues es estos tiempos necesitamos ser más radical en la vivencia de nuestra fe. No sólo por nuestra salvación, sino porque, como nos dijo Jesús, somos la luz del mundo. ¿Qué tiene que ver? Mucho. Porque, ¿qué iluminamos? ¿El Camino de la Salvación o de la perdición? ¿La Vida que da vida al mundo o la vida que da muerte al mundo? ¿Ayudamos al hombre a dignificarse o lo ayudamos a que siga por el camino de la indignidad?
"Que tu sí sea sí, y que tu no sea no; se frío o caliente, pues a los tibios los vomitaré de mi boca", dice el Señor en el Apocalipsis. Y ahí tenemos nuestra respuesta ante nuestra tibieza espiritual, ante nuestro conformarnos con aceptar toda doctrina e ideología que no es propia del evangelio de Jesucristo y que no es propia, por lo tanto, de una verdadera vida cristiana.
Y, vuelvo a lo mismo ¿sabemos qué significa ser cristiano? ¿Sabemos cuáles son las verdades propias del cristianismo y del evangelio y cuáles no? ¿Hemos leído y meditado el evangelio de Jesús y reflexionado para ver si lo estoy viviendo o si estoy viviendo cualquier otra cosa?
Por eso debemos volver a la fuente de nuestra Fe: las Sagradas Escrituras que nos ayuden a entender cuál es nuestro llamado, cuál es la esperanza a la que hemos sido convocados, cuál es la misión que el Señor quiere que desempeñemos, y nos daremos cuenta que somos hijos de Dios llamados y elegidos para anunciar al mundo una Vida Nueva que nace de la Pascua del Señor.
"Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él, por la fe en la fuerza de Dios que lo resucitó de los muertos. Y a vosotros, que estabais muertos por vuestros pecados, y la incircuncisión de vuestra carne, os vivificó con él, y nos perdonó todos los pecados".
lunes, 11 de septiembre de 2023
Tienen paz
Del Sermón de san León Magno, papa, Sobre las bienaventuranzas
Con toda razón se promete a los limpios de corazón la bienaventuranza de la visión divina. Nunca una vida manchada podrá contemplar el esplendor de la luz verdadera, pues aquello mismo que constituirá el gozo de las almas limpias será el castigo de las que estén manchadas. Que huyan, pues, las tinieblas de la vanidad terrena y que los ojos del alma se purifiquen de las inmundicias del pecado, para que así puedan saciarse gozando en paz de la magnífica visión de Dios.
Pero para merecer este don es necesario lo que a continuación sigue: Dichosos los que obran la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Esta bienaventuranza, amadísimos, no puede referirse a cualquier clase de concordia o armonía humana, sino que debe entenderse precisamente de aquella a la que alude el Apóstol cuando dice: Estad en paz con Dios, o a la que se refiere el profeta al afirmar: Mucha paz tienen los que aman tus leyes, y nada los hace tropezar.
Esta paz no se logra ni con los lazos de la más íntima amistad ni con una profunda semejanza de carácter, si todo ello no está fundamentado en una total comunión de nuestra voluntad con la voluntad de Dios. Una amistad fundada en deseos pecaminosos, en pactos que arrancan de la injusticia y en el acuerdo que parte de los vicios nada tiene que ver con el logro de esta paz. El amor del mundo y el amor de Dios no concuerdan entre sí, ni puede uno tener su parte entre los hijos de Dios si no se ha separado antes del consorcio de los que viven según la carne. Mas los que sin cesar se esfuerzan por mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz, jamás se apartan de la ley divina, diciendo, por ello, fielmente en la oración: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Éstos son los que obran la paz, éstos los que viven santamente unánimes y concordes, y por ello merecen ser llamados con el nombre eterno de hijos de Dios y coherederos de Cristo; todo ello lo realiza el amor de Dios y el amor del prójimo, y de tal manera lo realiza que ya no sienten ninguna adversidad ni temen ningún tropiezo, sino que, superado el combate de todas las tentaciones, descansan tranquilamente en la paz de Dios, por nuestro Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
domingo, 10 de septiembre de 2023
Corrección fraterna...
"Si tu hermano peca, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad".
La corrección fraterna… un tema que siempre debemos tener presente en nuestras vidas. ¿Por qué? Porque como le dijo el Señor a Caís “somos responsables de la vida de nuestros hermanos”. Y ser responsables de la vida de nuestros hermanos no sólo implica reprenderlos, sino también ayudarlos a buscar una solución a sus problemas, un camino de salida para su vida de pecado, o rezar por ellos para que encuentren la Luz del Espíritu y su Fortaleza para que puedan aceptar la Voluntad de Dios en sus vidas.
Claro está que siempre será difícil hablar con el hermano y presentarles nuestra visión de su vida, pero también lo es para cada uno que nos hablen de nuestros errores. Por eso tenemos que hacerlo con prudencia y con amor, pues así como nos gusta que nos digan las cosas de buenas maneras también debemos hacerlo con los demás.
En la corrección fraterna no vale eso de decir “yo siempre digo la verdad”, porque está bien decir la verdad, pero es mi verdad, y por eso tengo que dialogar con mi hermano para saber si él ve lo que yo veo, e, incluso, abrir mi corazón para ver que puedo llegar a estar equivocado y que me he dejado llevar por prejuicios, comentarios, etc. Porque, muchas veces, hablamos “por boca de ganso”, es decir porque me dijeron; pero, también, hablamos sin ponernos a pensar o reflexionar acerca de cómo es la otra persona o si lo que voy a decirle es por su bien o, simplemente, porque no me gusta a mí lo que está haciendo.
Y, por otro lado, la corrección fraterna implica salvar el buen honor de mis hermanos. ¿Qué quiere decir esto? Que todos tenemos el derecho básico y esencial de la buena fama. Es decir, como lo hemos escuchado varias veces: todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Por eso, el Señor, nos advierte que primero tengo que hablar en privado con mi hermano, debo ir a la fuente de lo que ha sucedido para saber bien. No puedo ir primero a la comunidad, o, mejor dicho, no puedo lanzar al aire un comentario acerca de mi hermano y dejar que los demás hagan con él lo que quieran. Primero habla con tu hermano y si no tienes el valor de hacer, mejor cierra la boca y no divulgues algo que no sabes si es verdad o no, o por lo menos, no has sido capaz de hablarlo con tu hermano, por lo tanto, no lo hables con nadie. Lleva tus comentarios a la oración y pide la Luz para saber qué hacer.
sábado, 9 de septiembre de 2023
La felicidad del Reino
Del Sermón de san León Magno, papa, Sobre las bienaventuranzas
Después de haber encomiado el Señor la bienaventuranza de la pobreza, prosiguió diciendo: Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. El llanto al que aquí se promete el consuelo eterno nada tiene que ver con la tristeza de este mundo, ni hay que creer que las lágrimas que derraman los hijos de los hombres, cuando en su tristeza lloran, a nadie hagan feliz. Es muy distinta la razón de las lágrimas de las que aquí se habla, muy otra la causa de este llanto de los santos. La tristeza religiosa es la que llora los pecados propios o bien las faltas ajenas; esta tristeza no es ni tan sólo la que se lamenta ante el castigo con que Dios nos amenaza, sino que se duele simplemente ante la iniquidad que los hombres cometen, pues sabe que es mucho más digno de compasión el que hace el mal que quien lo sufre, porque el inicuo, con su pecado, se hace reo de castigo, en cambio, el justo, con su paciencia, merece la gloria.
A continuación el Señor añadió: Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Aquí se promete la posesión de la tierra a los sufridos y mansos, a los humildes y modestos, y a los que están dispuestos a soportar toda clase de injurias. No se debe estimar pequeña o de baja calidad esta herencia, como si fuera algo diverso del reino de los cielos, pues, en realidad, aquí se trata de aquellos que van a entrar en el reino de Dios. En efecto, la tierra prometida a los sufridos, y cuya posesión se dará a los mansos, no es otra sino los propios cuerpos de los santos, los cuales, como premio de su humildad, serán transformados en la resurrección feliz y se verán revestidos de una gloriosa inmortalidad. Esta carne, revestida así de inmortalidad, en nada contrariará ya al espíritu, antes bien, vivirá siempre en unidad perfecta y en consentimiento pleno con el querer del alma. Entonces realmente el hombre exterior será la posesión pacífica e inmutable del hombre interior.
Esta tierra, pues, la poseerán los sufridos con una paz perfecta y sin que nada disminuya nunca el gozo de esta posesión, pues, entonces, esto corruptible se vestirá de incorrupción, y esto mortal se vestirá de inmortalidad; de este modo el castigo se habrá convertido en premio y lo que era carga se habrá tornado honor.
jueves, 7 de septiembre de 2023
Los frutos de la obediencia
"Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo:
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
Más de una y dos veces no vamos a entender lo que Dios nos pide, como le pasó a Pedro, pero debemos tener la confianza para, también como Pedro, obedecer o aceptar Su Voluntad. Los frutos de la obediencia no se ven al principio, sino que se ven después, pues cuando se obedece a Su Voluntad, entonces se consiguen frutos inesperados.
Y no sólo que, al obedecer, el Señor nos da su Gracia y los frutos son maravillosos, sino que nos cambia la vida el confiar en Su Voluntad, en Su Providencia. Quizás no lo experimentemos al momento, pues en la obediencia, quizás, nos pida algo que no queremos o que pensamos que no podemos hacer. Pero, como lo hizo Él en el Huerto de Getsemaní, quizás con lágrimas en los ojos, podamos decir "hágase Tu Voluntad y no la mía".
A partir de nuestro SÍ comienza el camino hacia lo nuevo, hacia la Vida Nueva que nos trajo la resurrección, aunque, también nosotros, tendremos que pasar por la Cruz. No será, seguramente, cruenta como la de Él, pero sí que nos producirá sufrimientos. Sufrimientos que no sólo son del cuerpo sino que, muchas veces, será el sufrimiento de renunciar a algo, a alguien, a un proyecto, a un deseo, a mis ganas, a mis gustos...
Cada uno sabemos a qué tenemos que renunciar y cuánto nos cuesta, aunque, seguramente, la mayor renuncia es a nosotros mismos, como le pasó a Pedro: "hemos estado bregando toda la noche y no hemos conseguido nada". Siempre he vivido así, siempre he querido esto y ahora me pides que renuncie... "si tú me lo pides lo haré"... y la pesca fue maravillosa y de pescador de peces se convirtió no sólo en pescador de hombres, sino en la piedra fundamental de la Iglesia naciente, desde hace más de 2000 años.
miércoles, 6 de septiembre de 2023
Se refería a Su Cuerpo
Del Comentario de Orígenes, presbítero, sobre el evangelio de san Juan
Destruid este templo y yo lo levantaré en tres días.
Creo que en esta frase los judíos representan a los hombres carnales, entregados a la vida de los sentidos. Indignados al ver que Jesús había arrojado a los que con sus actos convertían la casa del Padre en lugar de negocios, pedían al Hijo de Dios, a quien ellos no reconocían, un signo con el que probara su autoridad para obrar de esta forma. El Salvador les dio entonces una respuesta en la que se refería tanto a su cuerpo como al templo sobre el que ellos preguntaban. En efecto, al decir ellos: ¿Qué señal nos das que justifique lo que haces?, Jesús responde: Destruid este templo y yo lo levantaré en tres días.
Según mi parecer, tanto el templo como el cuerpo de Cristo pueden llamarse, con toda verdad, figura de la Iglesia, pues la Iglesia, construida de piedras vivas, edificada como templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, cimentada sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y teniendo al mismo Cristo Jesús como piedra angular, puede llamarse templo con toda razón. Por ello la Escritura afirma de los fieles: Vosotros sois cuerpo de Cristo, y sois miembros unos de otros. Por tanto, aunque el buen orden de las diversas piedras viniera a derribarse, aunque los huesos de Cristo fueran dispersados por las embestidas de la persecución, o los tormentos con que nos amenazan los perseguidores pretendieran destruir la unidad de este templo, el templo sería nuevamente reconstruido y el cuerpo resucitaría al tercer día, es decir, pasado el día del mal que se avecina y el de la consumación que lo seguirá.
Porque llegará ciertamente un tercer día y en él nacerá un cielo nuevo y una tierra nueva, cuando estos huesos, es decir, la casa toda de Israel, resucitarán en aquel solemne y gran domingo en el que la muerte será definitivamente aniquilada. Por ello podemos afirmar que la resurrección de Cristo, que pone fin a su cruz y a su muerte, contiene y encierra ya en sí la resurrección de todos los que formamos el cuerpo de Cristo. Pues de la misma forma que el cuerpo visible de Cristo, después de crucificado y sepultado, resucitó, así también acontecerá con el cuerpo total de Cristo formado por todos sus santos: crucificado y muerto con Cristo, resucitará también como él. Cada uno de los santos dice, pues, como Pablo: Líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por él el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Por ello de cada uno de los cristianos puede no sólo afirmarse que ha sido crucificado con Cristo para el mundo, sino también que con Cristo ha sido sepultado, pues, si por nuestro bautismo fuimos sepultados con Cristo, como dice san Pablo, con él también resucitaremos, añade, como para insinuarnos ya las arras de nuestra futura resurrección.
lunes, 4 de septiembre de 2023
Instrucciones
Del libro de la Imitación de Cristo
Escucha, hijo mío, mis palabras, palabras suavísimas, que trascienden toda la ciencia de los filósofos y letrados de este mundo. Mis palabras son espíritu y son vida, y no se pueden ponderar partiendo del criterio humano.
No deben usarse con miras a satisfacer la vana complacencia, sino oírse en silencio, y han de recibirse con humildad y gran afecto del corazón.
Y dije: Dichoso el hombre a quien tú educas, al que enseñas tu ley, dándole descanso tras los años duros, para que no viva desolado aquí en la tierra.
Yo —dice el Señor— instruí a los profetas desde antiguo, y no ceso de hablar a todos hasta hoy; pero muchos se hacen sordos a mi palabra y se endurecen en su corazón.
Los más oyen de mejor grado al mundo que a Dios, y más fácilmente siguen las apetencias de la carne que el beneplácito divino.
Ofrece el mundo cosas temporales y efímeras, y, con todo, se le sirve con ardor. Yo prometo lo sumo y eterno, y los corazones de los hombres languidecen presa de la inercia.
¿Quién me sirve y me obedece con tanto empeño y diligencia como se sirve al mundo y a sus dueños?
Sonrójate, pues, siervo indolente y quejumbroso, de que aquéllos sean más solícitos para la perdición que tú para la vida.
Más se gozan ellos en la vanidad que tú en la verdad. Y, ciertamente, a veces quedan fallidas sus esperanzas; en cambio, mi promesa a nadie engaña ni deja frustrado al que funda su confianza en mí.
Yo daré lo que tengo prometido, lo que he dicho lo cumpliré. Pero a condición de que mi siervo se mantenga fiel hasta el fin.
Yo soy el remunerador de todos los buenos, así como el fuerte que somete a prueba a todos los que llevan una vida de intimidad conmigo.
Graba mis palabras en tu corazón y medítalas una y otra vez con diligencia, porque tendrás gran necesidad de ellas en el momento de la tentación.
Lo que no entiendas cuando leas lo comprenderás el día de mi visita.
Porque de dos medios suelo usar para visitar a mis elegidos: la tentación y la consolación.
Y dos lecciones les doy todos los días: una consiste en reprender sus vicios, otra en exhortarles a progresar en la adquisición de las virtudes.
El que escucha mis palabras y las rechaza ya tiene quien lo condene en el último día.
domingo, 3 de septiembre de 2023
Tus pensamientos no son los míos
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
No son pocas la veces que, si afinamos el oído en nuestra oración diaria, el Señor nos puede decir lo mismo que a Pedro: “tú piensas como los hombres, no como Dios”. Y tendrá toda la razón, como siempre.
Pero ¿por qué le dice eso a Pedro y a nosotros? En este caso se lo dice a Pedro porque no quiere que sufra Jesús, un sentimiento muy noble y humano, pero esa no es la Voluntad del Padre, y Jesús lo sabe muy bien.
A nosotros nos pasa, muchas veces, algo parecido, porque ante el dolor de la Cruz nos echamos para atrás o queremos, enseguida, pedir que nos la quiten de encima.
Pero, vayamos más allá de la Cruz. En nuestro día a día no solemos pensar como Dios, es decir, pensar, como se diría, en cristiano. ¿Todo lo que hacemos o pensamos o decidimos lo hacemos porque es Voluntad de Dios? Nos preguntamos como decimos a los niños de catequesis ¿esto que estoy pensando o diciendo o haciendo, lo haría Jesús? ¿Lo haría María?
Es ahí cuando Jesús nos dice: “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo”. Negarnos a nosotros mismos, no significa negar nuestro existir, ni nuestra libertad, ni nuestra dignidad, sino ser coherentes con el camino que hemos elegido: hemos elegido ser cristianos, vivir como Cristo… entonces ¿qué esperas para vivir como Cristo?
Y, claro, para vivir como Cristo tengo que conocerlo a Cristo, pero no sólo conocerlo intelectualmente, sino conocerlo vivencialmente: por medio de su Palabra, en la oración constante, en el diálogo constante. Y, fundamentalmente, saber que debo renunciar a todo aquello que no es de Dios, es decir: dejar de lado las modas modernas, posmodernas o como se llamen en la actualidad, porque lo único que me da Vida es Su Palabra, y en Su Palabra está el Camino, la Verdad y la Vida, pues Él es la Palabra de Dios que se hizo carne y habitó entre nosotros.
Por eso, no dudemos en hacernos la pregunta: ¿quiero ser verdaderamente cristiano? ¿Quiero seguir a Cristo en serio? O sólo me conformo con ponerme una máscara, como en carnaval, y parecer que soy otro Cristo, pero en el fondo reniego de sus exigencias como Pedro, y busco quedar bien con el mundo y sus ideologías…
sábado, 2 de septiembre de 2023
No desprecies a tu hermano
De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el evangelio de san Mateo
¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo contemples desnudo en los pobres, ni lo honres aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: Esto es mi cuerpo, y con su palabra llevó a realidad lo que decía, afirmó también: Tuve hambre y no me disteis de comer, y más adelante: Siempre que dejasteis de hacerlo a uno de estos pequeñuelos, a mí en persona lo dejasteis de hacer. El templo no necesita vestidos y lienzos, sino pureza de alma; los pobres, en cambio, necesitan que con sumo cuidado nos preocupemos de ellos.
Reflexionemos, pues, y honremos a Cristo con aquel mismo honor con que él desea ser honrado; pues, cuando se quiere honrar a alguien, debemos pensar en el honor que a él le agrada, no en el que a nosotros nos place. También Pedro pretendió honrar al Señor cuando no quería dejarse lavar los pies, pero lo que él quería impedir no era el honor que el Señor deseaba, sino todo lo contrario. Así tú debes tributar al Señor el honor que él mismo te indicó, distribuyendo tus riquezas a los pobres. Pues Dios no tiene ciertamente necesidad de vasos de oro, pero sí, en cambio, desea almas semejantes al oro.
No digo esto con objeto de prohibir la entrega de dones preciosos para los templos, pero sí que quiero afirmar que, junto con estos dones y aun por encima de ellos, debe pensarse en la caridad para con los pobres. Porque si Dios acepta los dones para su templo, le agradan, con todo, mucho más las ofrendas que se dan a los pobres. En efecto, de la ofrenda hecha al templo sólo saca provecho quien la hizo; en cambio, de la limosna saca provecho tanto quien la hace como quien la recibe. El don dado para el templo puede ser motivo de vanagloria, la limosna, en cambio, sólo es signo de amor y de caridad.
¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento y luego, con lo que te sobre, adornarás la mesa de Cristo. ¿Quieres hacer ofrenda de vasos de oro y no eres capaz de dar un vaso de agua? Y, ¿de qué serviría recubrir el altar con lienzos bordados de oro, cuando niegas al mismo Señor el vestido necesario para cubrir su desnudez? ¿Qué ganas con ello? Dime si no: Si ves a un hambriento falto del alimento indispensable y, sin preocuparte de su hambre, lo llevas a contemplar una mesa adornada con vajilla de oro, ¿te dará las gracias de ello? ¿No se indignará más bien contigo? O si, viéndolo vestido de andrajos y muerto de frío, sin acordarte de su desnudez, levantas en su honor monumentos de oro, afirmando que con esto pretendes honrarlo, ¿no pensará él que quieres burlarte de su indigencia con la más sarcástica de tus ironías?
Piensa, pues, que es esto lo que haces con Cristo, cuando lo contemplas errante, peregrino y sin techo y, sin recibirlo, te dedicas a adornar el pavimento, las paredes y las columnas del templo. Con cadenas de plata sujetas lámparas, y te niegas a visitarlo cuando él está encadenado en la cárcel. Con esto que estoy diciendo, no pretendo prohibir el uso de tales adornos, pero sí que quiero afirmar que es del todo necesario hacer lo uno sin descuidar lo otro; es más: os exhorto a que sintáis mayor preocupación por el hermano necesitado que por el adorno del templo. Nadie, en efecto, resultará condenado por omitir esto segundo, en cambio, los castigos del infierno, el fuego inextinguible y la compañía de los demonios están destinados para quienes descuiden lo primero. Por tanto, al adornar el templo, procurad no despreciar al hermano necesitado, porque este templo es mucho más precioso que aquel otro.
viernes, 1 de septiembre de 2023
Santidad y cabeza
San Pablo le daba a los Tesalonicenses dos instrucciones:
- la primera hacia el propio interior, hacia la propia perfección: "Esto es la voluntad de Dios: vuestra santificación, que os apartéis de la impureza, que cada uno de vosotros trate su cuerpo con santidad y respeto, no dominado por la pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios".
- la segunda, como no puede ser de otro modo, está unida a nuestra relación con nuestros hermanos, con los demás, con el prójimo:
"Y que en este asunto nadie pase por encima de su hermano ni se aproveche con engaño, porque el Señor venga todo esto, como ya os dijimos y aseguramos: Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino santa. Por tanto, quien esto desprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios, que os ha dado su Espíritu Santo".
Las dos instrucciones, como lo había explicado Jesús, no pueden ir separadas, pues no se puede ser muy santo si desprecias a tu hermano; como tampoco se puede ser si no aprecias los Dones que el Señor te ha dado, y mantienes la pureza de corazón.
Es claro que no siempre sabremos cómo proceder ante situaciones que nos suceden día a día. Pero, como bien nos lo explica Jesús en la parábola de las 10 vírgenes, no sólo hay que ser casto y puro, sino que hay que ser prudente. No se puede vivir con la mirada puesta en el cielo, pues estamos caminando en la tierra, por ello la santidad siempre va unidad a la prudencia, y, sobre todo, a saber pensar y reflexionar en lo que Dios nos está pidiendo y qué signos nos está dando para hacer Su Voluntad.