«Yo soy el Dios todopoderoso, camina en mi presencia y sé perfecto».
No sólo Dios le dijo esto a Abrahán, sino que nos lo dice siempre a nosotros mismos, pues con nosotros selló una Alianza mucho más plena y perfecta que con Abrahán, pues con nosotros la selló con la sangre del Hijo en la Cruz, una Alianza eterna e imborrable.
Una Alianza que, a pesar de que, muchas veces, no hemos tomado conciencia porque no nos lo han enseñado, es una alianza entre Él y nosotros. Digo que no nos lo han enseñado porque, muchas veces, nos han bautizado y no nos han dicho qué significaba ese bautismo, sino que nos han llevado a la Pila Bautismal y ¡listo! ahí ha quedado todo.
Sin embargo, para Dios Padre, desde el día de nuestro bautismo somos sus hijos, hemos sido consagrados a Él y Él ha sellado una Alianza de Amor con nosotros, una Alianza de Amor para que alcancemos la santidad que Él pensó desde antes de la creación del mundo para mí, para tí.
Clara es que si no conocemos o no nos han hecho conocer el significado y la responsabilidad de esa Alianza, no somos culpables por no vivirla, pero si sabemos qué es lo que implica ser hijo de Dios y no lo vivimos, entonces sí somos responsables de no querer vivir lo que el Padre quiere de nosotros.
Y es cierto, también, que nos puede pasar como a Abrahán, cuando Dios, a los 99 años de él y de Sara, le dice que va a ser padre: no sonreímos para adentro y no creemos que nosotros, siendo lo que somos, podemos llegar a ser santos. Y es cierto, no podemos ser santos, no podemos serlo sin la Gracia que Él nos da, pues "sin Mí no podéis hacer nada". Sin Él, sin Dios, no podemos llegar a vivir la Voluntad del Padre y alcanzar el Ideal de Vida que Él nos ha propuesto, por eso necesitamos, cada día, volver a Él, como el enfermo del evangelio, ponernos de rodillas frente a Él y pedirle que cure nuestra ceguera, nuestra enfermedad, que nos de la Vida que necesitamos para alcanzar la perfección que El Padre quiere para nosotros, pues ahí está la felicidad que anhela nuestra alma.
viernes, 30 de junio de 2023
Una Alianza de santidad
jueves, 29 de junio de 2023
Dieron testimonio de lo que vieron
De los Sermones de san Agustín, obispo
El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos, ciertamente, a unos mártires desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban testimonio de lo que habían visto y, con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta morir por ella.
San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Y yo te digo que tú eres Pedro. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Cristo le replicó: «Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres Pedro.» «Pedro» es una palabra que se deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene de «piedra», del mismo modo que «cristiano» viene de «Cristo».
El Señor Jesús, antes de su pasión, como sabéis, eligió a sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos, Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, en cuanto que él solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Yo te daré las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibió no un hombre único, sino la Iglesia única. De ahí la excelencia de la persona de Pedro, en cuanto que él representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego, tratándose de algo que ha sido entregado a todos. Pues, para que sepáis que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Señor dice en otro lugar a todos sus apóstoles: Recibid el Espíritu Santo. Y a continuación: Quedan perdonados los pecados a quienes los perdonéis; quedan retenidos a quienes los retengáis.
En este mismo sentido, el Señor, después de su resurrección, encomendó también a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que él fuera el único de los discípulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Señor; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los demás, es porque Pedro es el primero entre los apóstoles.
No te entristezcas, apóstol; responde una vez, responde dos, responde tres. Venza por tres veces tu profesión de amor, ya que por tres veces el temor venció tu presunción. Tres veces ha de ser desatado lo que por tres veces habías ligado. Desata por el amor lo que habías ligado por el temor.
A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro.
En un solo día celebramos el martirio de los dos apóstoles. Es que ambos eran en realidad una sola cosa, aunque fueran martirizados en días diversos. Primero lo fue Pedro, luego Pablo. Celebramos la fiesta del día de hoy, sagrado para nosotros, por la sangre de los apóstoles. Procuremos imitar su fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina.
miércoles, 28 de junio de 2023
Falsos profetas
"Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces".
¿Cómo saber cuándo alguien es un falso profeta? Cuando se la pasa hablando pero no haciendo, sobre todo, pero, más aún, cuando quiere modificar todo en la Iglesia y en el Evangelio, sin haber vivido ni la mitad de lo que Jesús propone, y, busca de ese modo seguidores de sus propuestas.
Cuando a Jesús lo acusaron de falso profeta es porque creían que quería suprimir o reformar la Ley y los Profetas, y Él respondió: "no he venido a abolir a Ley y los Profetas, sino a darle plenitud", y le dio plenitud con la Ley del Amor. Y es ahí donde descubriremos, primeramente, quién es un falso profeta, pues quiere, ahora, abolir la Ley del Evangelio y los Mandamientos, haciendo una Iglesia a imagen y semejanza del mundo.
Y, por otro lado, podremos descubrirlos por los frutos:
"Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis".
¿Sabemos cuáles son los verdaderos frutos de alguien que vive el Evangelio? ¿Sabemos cuáles son los frutos de alguien que está lleno del Espíritu Santo y sigue en fidelidad la Voluntad de Dios?
Nos dice san Pablo en la carta a los gálatas:
"En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí. Contra estas cosas no hay ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con las pasiones y los deseos. 25Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu".
En cambio, aquellos falsos profetas que quieren saber más que el Papa y Dios mismo, no ayudan a la fraternidad y la concordia, sino que por su propia vanidad y orgullo generan todo lo contrario:
"No seamos vanidosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros".
martes, 27 de junio de 2023
Manifestemos a Cristo en nuestra vida
Del Tratado de san Gregorio de Nisa, obispo, Sobre el perfecto modelo del cristiano
Hay tres cosas que manifiestan y distinguen la vida del cristiano: la acción, la manera de hablar y el pensamiento. De ellas, ocupa el primer lugar el pensamiento; viene en segundo lugar la manera de hablar, que descubre y expresa con palabras el interior de nuestro pensamiento; en este orden de cosas, al pensamiento y a la manera de hablar sigue la acción, con la cual se pone por obra lo que antes se ha pensado. Siempre, pues, que nos sintamos impulsados a obrar, a pensar o a hablar, debemos procurar que todas nuestras palabras, obras y pensamientos tiendan a conformarse con la norma divina del conocimiento de Cristo, de manera que no pensemos, digamos ni hagamos cosa alguna que se aparte de esta regla suprema.
Todo aquel que tiene el honor de llevar el nombre de Cristo debe necesariamente examinar con diligencia sus pensamientos, palabras y obras, y ver si tienden hacia Cristo o se apartan de él. Este discernimiento puede hacerse de muchas maneras. Por ejemplo, toda obra, pensamiento o palabra que vayan mezclados con alguna perturbación no están, de ningún modo, de acuerdo con Cristo, sino que llevan la impronta del adversario, el cual se esfuerza en mezclar con las perlas el cieno de la perturbación, con el fin de afear y destruir el brillo de la piedra preciosa.
Por el contrario, todo aquello que está limpio y libre de toda turbia afección tiene por objeto al autor y príncipe de la tranquilidad, que es Cristo; él es la fuente pura e incorrupta, de manera que el que bebe y recibe de él sus impulsos y afectos internos ofrece una semejanza con su principio y origen, como la que tiene el agua nítida del ánfora con la fuente de la que procede.
En efecto, es la misma y única nitidez la que hay en Cristo y en nuestras almas. Pero con la diferencia de que Cristo es la fuente de donde nace esta nitidez, y nosotros la tenemos derivada de esta fuente. Es Cristo quien nos comunica el adorable conocimiento de sí mismo, para que el hombre, tanto en lo interno como en lo externo, se ajuste y adapte, por la moderación y rectitud de su vida, a este conocimiento que proviene del Señor, dejándose guiar y mover por él. En esto consiste (a mi parecer) la perfección de la vida cristiana: en que, hechos partícipes del nombre de Cristo por nuestro apelativo de cristianos, pongamos de manifiesto, con nuestros sentimientos, con la oración y con nuestro género de vida, la virtualidad de este nombre.
lunes, 26 de junio de 2023
Sal de tu hipocresía
"Sal de tu tierra", le dijo el Señor a Abrán y él salió y fue, sencillamente, siguiendo la Voz del Señor. Así, también, nos lo dice a nosotros: ¡sal de tu tierra! ¡sal de tu comodidad! y lleva la Buena Noticia a todo el mundo. Es el envío que nos hizo Jesús antes de ascender a los Cielos. Es el envío que nos hace a cada uno de nosotros el Señor, que no nos quedemos cómodos en nuestro sillón mirando cómo pasa la vida por delante, sino que nos levantemos de nuestra comodidad de simples espectadores y nos pongamos a hacer algo por este hombre que está perdiendo su dignidad de cristiano, y, más aún, está perdiendo su identidad de hombre.
No somos pocos los que nos vamos quejando, de aquí para allá, de las cosas que suceden, del país, de los gobernantes, de los adultos, de los jóvenes, de esto y de aquello, pero son muy pocos los que se mueven de su lugar para ser parte de la transformación de la vida del mundo. Somos luz pero preferimos quedarnos a oscuras para que no nos vean y no nos señales con el dedo.
Somos aquellos hipócritas que se pasan el día señalando los errores de los demás, el pecado de los otros, pero que no se "meten" en la historia para ayudar, para consolar, para mostrar el verdadero camino de la salvación. Son los mismos hipócritas que no se ponen a disposición del Señor para que sea Él quien los envíe y los lleve a darle solución a este mundo que está en decadencia.
Pero no son sólo hipócritas los que viven una doble vida, sino, también, aquellos que dicen o creen que viven lo que dicen vivir, y aquellos que ni siquiera son capaces de hacer frente a los que les toca vivir. Y hay otros que se consideran tan buenos y tan nobles que se jactan de llamar hipócritas a aquellos que, desde la Palabra, buscan llevar luz sobre el error del mundo.
Es que estamos viviendo entre tanta tiniebla que nos confundimos, muchas veces, y creemos que sólo son hipócritas aquellos a quienes nosotros mismos le hemos puesto el cartelito de hipócritas porque no viven como yo creo que deben vivir, ni dicen lo que a mí me gustaría escuchar.
Es tanta la niebla que cubre la Verdad de Cristo que nos devuelve el reflejo de nuestra visión y produce un espejismo que nos hace ver en los demás lo que somos nosotros mismos. Por eso necesitamos volver a encontrarnos con Cristo para que despeje la niebla de nuestros ojos y nos de la claridad para poder volver a descubrir la Verdad del Evangelio, y no sólo vivir en la verdad que, junto al mundo, nos hemos ido inventando.
domingo, 25 de junio de 2023
Sacerdote eterno
Del Tratado de Faustino Luciferano, presbítero, Sobre la Trinidad.
Nuestro Salvador fue verdaderamente ungido, en su condición humana, ya que fue verdadero rey y verdadero sacerdote, las dos cosas a la vez, tal y como convenía a su excelsa condición. El salmo nos atestigua su condición de rey, cuando dice: Yo mismo he establecido a mi Rey en Sión, mi monte santo. Y el mismo Padre atestigua su condición de sacerdote, cuando dice: Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Aarón fue el primero en la ley antigua que fue constituido sacerdote por la unción del crisma y, sin embargo, no se dice: «Según el rito de Aarón», para que nadie crea que el Salvador posee el sacerdocio por sucesión. Porque el sacerdocio de Aarón se transmitía por sucesión, pero el sacerdocio del Salvador no pasa a los otros por sucesión, ya que él permanece sacerdote para siempre, tal como está escrito: Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.
El Salvador es, por lo tanto, rey y sacerdote según su humanidad, pero su unción no es material, sino espiritual. Entre los israelitas, los reyes y sacerdotes lo eran por una unción material de aceite; no que fuesen ambas cosas a la vez, sino que unos eran reyes y otros eran sacerdotes; sólo a Cristo pertenece la perfección y la plenitud en todo, él, que vino a dar plenitud a la ley.
Los israelitas, aunque no eran las dos cosas a la vez, eran, sin embargo, llamados cristos (ungidos), por la unción material del aceite que los constituía reyes o sacerdotes. Pero el Salvador, que es el verdadero Cristo, fue ungido por el Espíritu Santo, para que se cumpliera lo que de él estaba escrito: Por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros. Su unción supera a la de sus compañeros, ungidos como él, porque es una unción de júbilo, lo cual significa el Espíritu Santo.
Sabemos que esto es verdad por las palabras del mismo Salvador. En efecto, habiendo tomado el libro de Isaías, lo abrió y leyó: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido; y dijo a continuación que entonces se cumplía aquella profecía que acababan de oír. Y, además, Pedro, el príncipe de los apóstoles, enseñó que el crisma con que había sido ungido el Salvador es el Espíritu Santo y el poder de Dios, cuando, en los Hechos de los apóstoles, hablando con el centurión, aquel hombre lleno de piedad y de misericordia, dijo entre otras cosas: Jesús de Nazaret empezó su actividad por Galilea después del bautismo predicado por Juan; Dios lo ungió con poder del Espíritu Santo y pasó haciendo el bien y devolviendo la salud a todos los que estaban esclavizados por el demonio.
Vemos, pues, cómo Pedro afirma de Jesús que fue ungido, según su condición humana, con poder del Espíritu Santo. Por esto Jesús, en su condición humana, fue con toda verdad Cristo o ungido, ya que por la unción del Espíritu Santo fue constituido rey y sacerdote eterno.
viernes, 23 de junio de 2023
Permanezcamos en la paz de Dios
Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor.
El Señor añade una condición necesaria e ineludible, que es a la vez un mandato y una promesa, esto es, que pidamos el perdón de nuestras ofensas en la medida en que nosotros perdonamos a los que nos ofenden, para que sepamos que es imposible alcanzar el perdón que pedimos de nuestros pecados si nosotros no actuamos de modo semejante con los que nos han hecho alguna ofensa. Por ello dice también en otro lugar: Con la medida con que midáis se os medirá a vosotros. Y aquel siervo del Evangelio, a quien su amo había perdonado toda la deuda y que no quiso luego perdonarla a su compañero, fue arrojado a la cárcel. Por no haber querido ser indulgente con su compañero, perdió la indulgencia que había conseguido de su amo.
Y vuelve Cristo a inculcarnos esto mismo, todavía con más fuerza y energía, cuando nos manda severamente: Cuando estéis rezando, si tenéis alguna cosa contra alguien, perdonadle primero, para que vuestro Padre celestial os perdone también vuestros pecados. Pero si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre celestial perdonará vuestros pecados. Ninguna excusa tendrás en el día del juicio, ya que serás juzgado según tu propia sentencia y serás tratado conforme a lo que tú hayas hecho.
Dios quiere que seamos pacíficos y concordes y que habitemos unánimes en su casa, y que perseveremos en nuestra condición de renacidos a una vida nueva, de tal modo que los que somos hijos de Dios permanezcamos en la paz de Dios y los que tenemos un solo espíritu tengamos también un solo pensar y sentir. Por esto Dios tampoco acepta el sacrificio del que no está en concordia con alguien, y le manda que se retire del altar y vaya primero a reconciliarse con su hermano; una vez que se haya puesto en paz con él, podrá también reconciliarse con Dios en sus plegarias. El sacrificio más importante a los ojos de Dios es nuestra paz y concordia fraterna y un pueblo cuya unión sea un reflejo de la unidad que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Además, en aquellos primeros sacrificios que ofrecieron Abel y Caín, lo que miraba Dios no era la ofrenda en sí, sino la intención del oferente, y por eso le agradó la ofrenda del que se la ofrecía con intención recta. Abel, el pacífico y justo, con su sacrificio irreprochable, enseñó a los demás que, cuando se acerquen al altar para hacer su ofrenda, deben hacerlo con temor de Dios, con rectitud de corazón, con sinceridad, con paz y concordia. En efecto, el justo Abel, cuyo sacrificio había reunido estas cualidades, se convirtió más tarde él mismo en sacrificio y así, con su sangre gloriosa, por haber obtenido la justicia y la paz del Señor, fue el primero en mostrar lo que había de ser el martirio, que culminaría en la pasión del Señor. Aquellos que lo imitan son los que serán coronados por el Señor, los que serán reivindicados el día del juicio.
Por lo demás, los discordes, los disidentes, los que no están en paz con sus hermanos no se librarán del pecado de su discordia, aunque sufran la muerte por el nombre de Cristo, como atestiguan el Apóstol y otros lugares de la sagrada Escritura, pues está escrito: Quien aborrece a su hermano es un homicida, y el homicida no puede alcanzar el reino de los cielos y vivir con Dios. No puede vivir con Cristo el que prefiere imitar a Judas y no a Cristo.
jueves, 22 de junio de 2023
La oración del Señor
Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor
Continuamos la oración y decimos: Danos hoy nuestro pan de cada día. Esto puede entenderse en sentido espiritual o literal, pues de ambas maneras aprovecha a nuestra salvación. En efecto, el pan de vida es Cristo, y este pan no es sólo de todos en general, sino también nuestro en particular. Porque, del mismo modo que decimos: Padre nuestro, en cuanto que es Padre de los que lo conocen y creen en él, de la misma manera decimos: Nuestro pan, ya que Cristo es el pan de los que entramos en contacto con su cuerpo.
Pedimos que se nos dé cada día este pan, a fin de que los que vivimos en Cristo y recibimos cada día su eucaristía como alimento saludable no nos veamos privados, por alguna falta grave, de la comunión del pan celestial y quedemos separados del cuerpo de Cristo, ya que él mismo nos enseña: Yo soy el pan vivo bajado del cielo; todo el que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo voy a dar es mi carne ofrecida por la vida del mundo.
Por lo tanto, si él afirma que los que coman de este pan vivirán eternamente, es evidente que los que entran en contacto con su cuerpo y participan rectamente de la eucaristía poseen la vida; por el contrario, es de temer, y hay que rogar que no suceda así, que aquellos que se privan de la unión con el cuerpo de Cristo queden también privados de la salvación, pues el mismo Señor nos conmina con estas palabras: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. Por eso pedimos que nos sea dado cada día nuestro pan, es decir, Cristo, para que todos los que vivimos y permanecemos en Cristo no nos apartemos de su cuerpo que nos santifica.
Después de esto, pedimos también por nuestros pecados, diciendo: Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Después del alimento, pedimos el perdón de los pecados.
Esta petición nos es muy conveniente y provechosa, porque ella nos recuerda que somos pecadores, ya que, al exhortarnos el Señor a pedir el perdón de los pecados, despierta con ello nuestra conciencia. Al mandarnos que pidamos cada día el perdón de nuestros pecados, nos enseña que cada día pecamos, y así nadie puede vanagloriarse de su inocencia ni sucumbir al orgullo.
Es lo mismo que nos advierte Juan en su carta, cuando dice: Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y bondadoso es el Señor para perdonarnos y purificarnos de toda iniquidad.
Dos cosas nos enseña en esta carta: que hemos de pedir el perdón de nuestros pecados, y que esta oración nos alcanza el perdón. Por esto dice que el Señor es fiel, porque él nos ha prometido el perdón de los pecados y no puede faltar a su palabra, ya que, al enseñarnos a pedir que sean perdonados nuestras ofensas y pecados, nos ha prometido su misericordia paternal y, en consecuencia, su perdón.
martes, 20 de junio de 2023
Cristiano sin Cristo...
Hoy podríamos decir que se unen de una manera perfecta la dos lecturas, el Evangelio y la carta de San Pablo, pues los dos nos hablan del amor, pero no del amor afectivo sino del efectivo, en el que se demuestra si lo que decimos es lo que hacemos, porque a las palabras se las lleva el viento, como se dice. Por eso, San Pablo le habla claramente a los corintios, lo mismo que hace Jesús al darle una vuelta más a los mandamientos: no sólo hay que ser bueno y amar a los que son buenos y a los que nos aman, sino también...
"Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
"Y lo mismo que sobresalís en todo - en fe, en la palabra, en conocimiento, en empeño y en el amor que os hemos comunicado - sobresalid también en esta obra de caridad.
No os lo digo como un mandato, sino que deseo comprobar, mediante el interés por los demás, la sinceridad de vuestro amor".
Y, muchos, seguramente, seguiremos pensando que eso es imposible. Y, sí, es imposible amar como Jesús nos ha amado, pues Él no sólo amó a los buenos sino que se anonadó a sí mismo tomando la condición humana cuando todavía estábamos todos en pecado, y nos amó hasta el extremo de entregar en la Cruz por nosotros. ¡Cuánto más podrá hacer por nosotros! ¿Cuánto podremos nosotros hacer en fidelidad al Amor que Él nos dio? ¿Seremos capaces de amar como Él nos amó? ¿Por lo menos lo intentamos o nos quedamos directamente con el "yo no puedo"?
El Ángel le dijo a María, y esa es una verdad como un pino: "para Dios nada hay imposible", y, hay que unirle lo que dijo Jesús: "sin Mí no podéis hacer nada", por lo tanto no intentemos vivir en cristiano sin Cristo, sin Dios. Si no nos alimentamos con el Pan de la Vida, si no rezamos lo suficiente, si no... entonces ¡claro! que no podrás. Pero si estás dispuesto a hacerlo, dedícale tiempo a las cosas de Dios, dedícale tiempo a la oración, a la reflexión, y, sobre todo, quítate de la cabeza los argumentos y excusas para no ir a Misa, porque para vivir como Dios te está pidiendo necesitas tener a Dios en el corazón, y ese Dios que te exige ese estilo de Vida se te da en la Eucaristía.
lunes, 19 de junio de 2023
Oración pública y común
Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor.
Ante todo, el Doctor de la paz y Maestro de la unidad no quiso que hiciéramos una oración individual y privada, de modo que cada cual rogara sólo por sí mismo. No decimos: «Padre mío, que estás en el cielo», ni: «Dame hoy mi pan de cada día», ni pedimos el perdón de las ofensas sólo para cada uno de nosotros, ni pedimos para cada uno en particular que no caigamos en tentación y que nos libre del mal. Nuestra oración es pública y común, y cuando oramos lo hacemos no por uno solo, sino por todo el pueblo, ya que todo el pueblo somos como uno solo.
El Dios de la paz y el Maestro de la concordia, que nos enseñó la unidad, quiso que orásemos cada uno por todos, del mismo modo que él incluyó a todos los hombres en su persona. Aquellos tres jóvenes encerrados en el horno de fuego observaron esta norma en su oración, pues oraron al unísono y en unidad de espíritu y de corazón; así lo atestigua la sagrada Escritura que, al enseñarnos cómo oraron ellos, nos los pone como ejemplo que debemos imitar en nuestra oración: Entonces —dice— los tres, a una sola voz, se pusieron a cantar, glorificando y bendiciendo a Dios. Oraban los tres a una sola voz, y eso que Cristo aún no les había enseñado a orar.
Por eso fue eficaz su oración, porque agradó al Señor aquella plegaria hecha en paz y sencillez de espíritu. Del mismo modo vemos que oraron también los apóstoles, junto con los discípulos, después de la ascensión del Señor. Todos ellos —dice la Escritura— perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres y de María, la madre de Jesús, y de los hermanos de éste. Perseveraban unánimes en la oración, manifestando con esta asiduidad y concordia de su oración que Dios, que hace habitar unánimes en la casa, sólo admite en la casa divina y eterna a los que oran unidos en un mismo espíritu.
¡Cuán importantes, cuántos y cuán grandes son, hermanos muy amados, los misterios que encierra la oración del Señor, tan breve en palabras y tan rica en eficacia espiritual! Ella, a manera de compendio, nos ofrece una enseñanza completa de todo lo que hemos de pedir en nuestras oraciones. Vuestra oración —dice el Señor— ha de ser así: «Padre nuestro, que estás en el cielo.»
El hombre nuevo, nacido de nuevo y restituido a Dios por su gracia, dice en primer lugar: Padre, porque ya ha empezado a ser hijo. La Palabra vino a los suyos —dice el Evangelio— y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios. Por esto, el que ha creído en su nombre y ha llegado a ser hijo de Dios debe comenzar por hacer profesión, lleno de gratitud, de su condición de hijo de Dios, llamando Padre suyo al Dios que está en el cielo.
sábado, 17 de junio de 2023
Conservar las cosas en el corazón
"Su madre conservaba todo esto en su corazón".
María, conservaba todo esto en su corazón... Una hermosa enseñanza de nuestra Madre: conservar las cosas que no comprendemos en el corazón, pero no como una resignación, sino para que, en el silencio del corazón lo llevemos al silencio de la oración, y se lo entreguemos al Padre para que Él nos haga aceptar lo que no comprendemos, lo que no entendemos, lo que no queremos aceptar.
Conservar en el corazón y llevarlo a la oración nos ayuda a ir madurando en sabiduría, pues como el suelo guardo todo aquello que no sirve o se cae de los árboles y luego lo transforma en humus (tierra fértil) así también lo que llevamos en el corazón a la oración y dejamos que el Señor los transforme, se hará para nosotros sabiduría de Dios.
Vivimos en un tiempo en donde siempre necesitamos respuestas para todo, siempre necesitamos que nos diga el por qué y el para qué de todo, y no hacemos nada si no lo entendemos o si no nos dan las razones suficientes para hacerlo. Y, sobre todo, porque las respuestas las queremos para ayer y no para mañana. Y, en Dios, ese tiempo no es nuestro, el tiempo es del Padre y el Padre sabe cuándo es el tiempo para que lo sepa, para que lo entienda, para que lo comprenda, pero sí sabe que su Gracia estará para que lo acepte en cuanto me lo pida.
Así como María no dudó ni un instante en aceptar la Voluntad de Dios en el momento de la Anunciación, en el momento de Belén, en el momento de la Cruz, así nosotros, como hijos de María, debemos estar disponibles para aceptar la Voluntad del Padre, y, aunque no lo comprendamos, poder conservar todo en el corazón y dejar que Él con su Espíritu nos vaya enseñando cómo actuar, cómo vivir, cómo llevar adelante todo lo que nos pida y permita vivir.
Es decir, dejemos la ansiedad del mundo para otros, pues los hijos de María y de Dios, saben esperar en Dios, saben que el Padre, llegado el tiempo oportuno nos hará comprender y entender todo lo que hemos guardado en el silencio del corazón.
viernes, 16 de junio de 2023
Sagrado Corazón
En el día en que celebramos al Sagrado Corazón de Jesús, Dios, por medio del apóstol san Juan, nos vuelve a recordar:
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a "Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud".
Es cierto que somos nosotros, desde nuestra libertad y libre conciencia, quienes decidimos seguir a Cristo y amar a Dios, pero no porque haya sido nuestro primer impulso, sino porque antes hemos sentido el Amor de Quien nos dio la vida por Amor. Sólo hemos respondido a un primer momento de Amor en nuestras vidas, y eso, porque se nos ha dado la Gracia de conocerlo. Y, a partir de ese primer momento de amor, deben seguir más momentos de madurar en el Amor, pues no debemos quedarnos en un simple amor sensible y afectivo, porque el Amor de Dios que vive en nuestros corazones por el Espíritu que se nos ha dado, no es sólo un amor afectivo, sino que es un amor efectivo y activo, que ama sobre toda las cosas y ama de una manera especial y radical.
Sí, un amor diferente al amor humano, al amor mundano, porque el Amor que Dios quiere que vivamos es como el que vivió su Hijo que amó hasta el extremo, y no sólo amo a los buenos, sino que amó a los pecadores, porque entregó su vida por nosotros cuando aún no éramos buenos, se entregó por amor para salvarnos del pecado y darnos, así, una vida nueva en la Gracia y el Amor. Por eso mismo no dudó en la Última Cena de decirnos: amaos unos a otros como yo os he amado.
"En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.
Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él".
jueves, 15 de junio de 2023
La conquista de Jericó
De las Homilías de Orígenes, presbítero, sobre el libro de Josué.
Los israelitas ponen cerco a Jericó, porque ha llegado el momento de conquistarla. ¿Y cómo la conquistan? No sacan la espada contra ella, ni la acometen con el ariete, ni vibran los dardos; las únicas armas que emplean son las trompetas de los sacerdotes, y ellas hacen caer las murallas de Jericó.
Hallamos con frecuencia en las Escrituras que Jericó es figura del mundo. En efecto, aquel hombre de que nos habla el Evangelio, que bajaba de Jerusalén a Jericó y que cayó en manos de unos ladrones, sin duda era un símbolo de Adán, que fue arrojado del paraíso al destierro de este mundo. Y aquellos ciegos de Jericó, a los que vino Cristo para hacer que vieran, simbolizaban a todos aquellos que en este mundo estaban angustiados por la ceguera de la ignorancia, a los cuales vino el Hijo de Dios. Esta Jericó simbólica, esto es, el mundo, está destinada a caer. El fin del mundo es algo de que nos hablan ya desde antiguo y repetidamente los libros santos.
¿Cómo se pondrá fin al mundo? ¿Con qué medios? Con la voz —dice— de las trompetas. ¿De qué trompetas? El apóstol Pablo te descubrirá el sentido de estas palabras misteriosas. Oye lo que dice: Resonará la trompeta y los muertos en Cristo despertarán incorruptibles, y el Señor mismo, a una orden, a la voz del arcángel y al sonido de la trompeta divina, bajará del cielo. Será entonces cuando Jesús, nuestro Señor, vencerá y abatirá a Jericó, salvándose únicamente aquella prostituta de que nos habla el libro santo, con toda su familia. Vendrá —dice el texto sagrado— nuestro Señor Jesús, y vendrá al son de las trompetas.
Salvará únicamente a aquella mujer que acogió a sus exploradores, figura de todos los que acogieron con fe y obediencia a sus apóstoles y, como ella, los colocaron en la parte más alta, por lo que mereció ser asociada a la casa de Israel. Pero a esta mujer, con todo su simbolismo, no debemos ya recordarle ni tenerle en cuenta sus culpas pasadas. En otro tiempo fue una prostituta, mas ahora está unida a Cristo con un matrimonio virginal y casto. A ella pueden aplicarse las palabras del Apóstol: He hecho lo posible por desposaros con un solo Esposo, y por llevaros a Cristo con la pureza propia de una doncella inocente. El mismo Apóstol, en su estado anterior, puede compararse a ella, ya que dice: También nosotros fuimos en un tiempo insensatos, rebeldes a Dios, descarriados, esclavos de toda suerte de pasiones y placeres.
¿Quieres ver con más claridad aún cómo aquella prostituta ya no lo es? Escucha las palabras de Pablo: Y en verdad que eso erais algunos; pero fuisteis lavados, fuisteis santificados, fuisteis justificados en el nombre de Jesucristo, el Señor, por el Espíritu de nuestro Dios. Ella, para poder salvarse de la destrucción de Jericó, siguiendo la indicación de los exploradores, colgó de su ventana un cordón de hilo escarlata, como signo eficaz de salvación. Este cordón representaba la sangre de Cristo, por la cual es salvada actualmente toda la Iglesia, en el mismo Jesucristo nuestro Señor, al cual sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
miércoles, 14 de junio de 2023
El paso del Jordan
De las Homilías de Orígenes, presbítero, sobre el libro de Josué
En el paso del río Jordán, el arca de la alianza guiaba al pueblo de Dios. Los sacerdotes y levitas que la llevaban se pararon en el Jordán, y las aguas, como en señal de reverencia a los sacerdotes que la llevaban, detuvieron su curso y se amontonaron a distancia, para que el pueblo de Dios pudiera pasar impunemente. Y no te has de admirar cuando se te narran estas hazañas relativas al pueblo antiguo, porque a ti, cristiano, que por el sacramento del bautismo has atravesado la corriente del Jordán, la palabra divina te promete cosas mucho más grandes y excelsas, pues te promete que pasarás y atravesarás los mismos aires.
Oye lo que dice Pablo acerca de los justos: Seremos arrebatados entre nubes al encuentro del Señor por los aires, y así estaremos siempre con el Señor. Nada, pues, ha de temer el justo, ya que toda la creación está a su servicio.
Oye también lo que Dios promete al justo por boca del profeta: Cuando pases por el fuego, la llama no te abrasará, porque yo soy el Señor tu Dios. Vemos, por tanto, cómo el justo tiene acceso a cualquier lugar, y cómo toda la creación se muestra servidora del mismo. Y no pienses que aquellas hazañas son meros hechos pasados y que nada tienen que ver contigo, que los escuchas ahora: en ti se realiza su místico significado. En efecto, tú, que acabas de abandonar las tinieblas de la idolatría y deseas ser instruido en la ley divina, eres como si acabaras de salir de la esclavitud de Egipto.
Al ser agregado al número de los catecúmenos y al comenzar a someterte a las prescripciones de la Iglesia, has atravesado el mar Rojo y, como en aquellas etapas del desierto, te dedicas cada día a escuchar la ley de Dios y a contemplar la gloria del Señor, reflejada en el rostro de Moisés. Cuando llegues a la mística fuente del bautismo y seas iniciado en los venerables y magníficos sacramentos, por obra de los sacerdotes y levitas, parados como en el Jordán, los cuales conocen aquellos sacramentos en cuanto es posible conocerlos, entonces también tú, por ministerio de los sacerdotes, atravesarás el Jordán y entrarás en la tierra prometida, en la que te recibirá Jesús, el verdadero sucesor de Moisés, y será tu guía en el nuevo camino.
Entonces tú, consciente de tales maravillas de Dios, viendo cómo el mar se ha abierto para ti y cómo el río ha detenido sus aguas, exclamarás: ¿Qué te pasa, mar, que huyes, y a ti, Jordán, que te echas atrás? ¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros; colinas, que saltáis como corderos? Y te responderá el oráculo divino: En presencia del Señor se estremece la tierra, en presencia del Dios de Jacob; que transforma las peñas en estanques, el pedernal en manantiales de agua.
domingo, 11 de junio de 2023
Coprus Christi
"El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él".
La Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, no sólo en una celebración de la Eucaristía, o del Santísimo Sacramento del Altar, sino que, también, es una celebración donde nos unimos todos alrededor de Nuestro Dios y Señor para manifestar al mundo nuestra Fe como comunidad creyente.
¡Es el Misterio de nuestra fe! La Eucaristía es el misterio de nuestra fe, más grande y el más necesario para nuestra vida espiritual porque, como dijo Jesús: sin Mí no podéis hacer nada. Si no nos alimentamos con el mismo Dios ¿cómo podemos hacer Su Voluntad? ¿Cómo vivir como cristianos si no nos alimentamos de la Vida de Cristo? No podemos hacer nada, pero no nada del mundo, pues eso lo hace cualquiera, sino nada que sea vivir como Cristo.
Así, cuando nos acercamos al altar a recibir la Eucaristía no sólo vamos al altar, sino que llegamos como invitados al Banquete Celestial, por eso nos preparamos para celebrarlo: nos purificamos de nuestros pecados, en el primer momento de la misa; escuchamos Su Palabra para iluminar y ayudarnos a madurar en la Fe; compartimos la Última Cena, el memorial de nuestra Fe, en la consagración del Pan y del del Vino; nos unimos como hermanos para pedir al Padre que nos ayude a vivir como hijos suyos verdaderos; y nos alimentamos con el Cuerpo de Cristo, para fortalecer nuestra Fe, nuestra Esperanza y, sobre todo, nuestro Amor, para poder salir al mundo y vivir como otros cristos.
Por eso, ya no es cumplir con un rito establecido porque si no cometemos pecado mortal, sino que somos parte de un Banquete al que vamos porque necesitamos alimentarnos de Dios, porque necesitamos purificar nuestra alma, porque necesitamos re-encontrarnos con nuestros hermanos, para que, juntos como Cuerpo Místico de Cristo, podamos salir al mundo y mostrarles el camino que nos lleva a la Vida Verdadera, que es la Vida en Dios, que es la Vida en Cristo, que es la Vida que todos anhelan pero que pocos la aprecian.
sábado, 10 de junio de 2023
Darnos todo
Me han gustado los consejos del ángel Rafael a Tobit y Tobías, por eso lo transcribo para que los sigamos leyendo un poco más:
"Entonces Rafael llamó aparte a los dos y les dijo:
1. Alabad a Dios y dadle gracias ante todos los vivientes por los beneficios que os ha concedido; así todos cantarán y alabarán su nombre.
2. Proclamad a todo el mundo las gloriosas acciones de Dios y no descuidéis darle gracias.
3. Es bueno guardar el secreto del rey, pero las gloriosas acciones de Dios hay que manifestarlas en público.
4. Practicad el bien, y no os atrapará el mal.
5. Más vale la oración sincera y la limosna hecha con rectitud que la riqueza lograda con injusticia.
6. Más vale dar limosna que amontonar oro. La limosna libra de la muerte y purifica del pecado. Los que dan limosna vivirán largos años, mientras que los pecadores y malhechores atentan contra su propia vida".
Son sabios consejos que nos ayudan en el día a día, sobre todo para no temer alabar a Dios y dar Gracias por todo lo vivido, lo bueno y lo malo, lo triste y lo alegre, la salud y la enfermedad, la oscuridad y la luz, porque todo viene de Dios, todo es de Dios y todo, cuando es de Dios y se lo ofrecemos a Dios, no queda sin recompensa.
Por eso mismo debemos unir a estos consejos lo que Jesús le dice a los apóstoles:
«En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
Pero no sólo pensemos en los bienes materiales, sino en nuestra propia vida, ¿qué le damos a Dios? ¿Le ofrecemos a Dios nuestra vida o sólo le permitimos entrar a Dios algunos momentos de nuestra vida? No somos muy generosos con Aquél que nos ha dado Su Vida para tengamos vida en abundancia. Sólo ponemos a Dios en una escala o en algunos momentos de nuestro día, o en algunos momentos de nuestra vida, pero no le permitimos que Él haga con nuestra vida lo que quiera y necesite para la salvación del mundo.
¿Podremos llegar a decir como María: he aquí el esclavo del Señor, que se haga en mí según tu Palabra? Hacer esclavos de la Voluntad de Dios es haberle dado toda nuestra vida, así como aquella viuda le dio todo lo que tenía al Señor, para que nuestra ofrenda no sea sólo los minutos que nos sobran sino todo lo que tenemos.
viernes, 9 de junio de 2023
El Señor discierne nuestros pensamientos
De los Tratados de Balduino de Cantorbery, obispo.
El Señor conoce, sin duda alguna, todos los pensamientos y sentimientos de nuestro corazón; en cuanto a nosotros, sólo podemos discernirlos en la medida en que el Señor nos lo concede. En efecto, el espíritu que está dentro del hombre no conoce todo lo que hay en el hombre, y en cuanto a sus pensamientos, voluntarios o no, no siempre juzga rectamente. Y, aunque los tiene ante los ojos de su mente, tiene la vista interior demasiado nublada para poder discernirlos con precisión.
Sucede, en efecto, muchas veces, que nuestro propio criterio u otra persona o el tentador nos hacen ver como bueno lo que Dios no juzga como tal. Hay algunas cosas que tienen una falsa apariencia de virtud, o también de vicio, que engañan a los ojos del corazón y vienen a ser como una impostura que embota la agudeza de la mente, hasta hacerle ver lo malo como bueno y viceversa; ello forma parte de nuestra miseria e ignorancia, muy lamentable y muy temible.
Está escrito: Cree uno que su camino es recto, y va a parar a la muerte. Para evitar este peligro nos advierte san Juan: Examinad los espíritus si provienen de Dios. Pero ¿quién será capaz de examinar si los espíritus provienen de Dios, si Dios no le da el discernimiento de espíritus, con el que pueda examinar con agudeza y rectitud sus pensamientos, afectos e intenciones? Este discernimiento es la madre de todas las virtudes, y a todos es necesario, ya sea para la dirección espiritual de los demás, ya sea para corregir y ordenar la propia vida.
La decisión en el obrar es recta cuando se rige por el beneplácito divino, la intención es buena cuando tiende a Dios sin doblez. De este modo, todo el cuerpo de nuestra vida y de cada una de nuestras acciones será luminoso, si nuestro ojo está sano. Y el ojo sano es ojo y está sano cuando ve con claridad lo que hay que hacer y cuando, con recta intención, hace con sencillez lo que no hay que hacer con doblez. La recta decisión es incompatible con el error; la buena intención excluye la ficción. En esto consiste el verdadero discernimiento: en la unión de la recta decisión y de la buena intención.
Todo, por consiguiente, debemos hacerlo guiados por la luz del discernimiento, pensando que obramos en Dios y ante su presencia.
jueves, 8 de junio de 2023
Buscar el ser y no el placer
«Levántate, mujer. Vamos a rezar pidiendo a nuestro Señor que se apiade de nosotros y nos proteja».
Ella se levantó, y comenzaron a suplicar la protección del Señor. Tobías oró así:
«Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por siempre. Que por siempre te alaben los cielos y todas tus criaturas. Tú creaste a Adán y le diste a Eva, su mujer, como ayuda y apoyo. De ellos nació la estirpe humana.
Tú dijiste: “No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él”.
Al casarme ahora con esta mujer, no lo hago por impuro deseo, sino con la mejor intención. Ten misericordia de nosotros y haz que lleguemos juntos a la vejez».
Los dos dijeron: «Amén, amén».
Es una bella oración que Tobías hace en la noche de bodas con su esposa Sara, una lectura que siempre está como propuesta para las Bodas pero que no se realiza porque no se encuentra el sentido de la oración. Tobías sabe y está enterado de lo que pasaba con los maridos de Sara, pero así y todo no teme lo que pasará, sino que pone su confianza en el Señor, porque lo que quiere no es satisfacer un deseo humano, sino poder servir al Señor junto a su esposa Sara.
Pero, si lo vemos desde otro lugar, también os puede servir para la vida diaria, con el fin de saber que no debemos "usar" a las personas para satisfacer nuestros deseos sino que debemos servir a nuestros hermanos para vivir la Voluntad de Dios. Como dijo Jesús: no he venido a ser servido sino a servir. Y así en todo momento de nuestra vida, porque, no son pocos, los momentos en que nos servimos de nuestros hermanos para nuestros deseos y placeres, buscando siempre nuestra comodidad y ver si podemos conseguir algo de ellos.
Ya desde pequeños "usamos" a nuestros padres y, muchas veces, ellos se dejan usar, haciendo siempre lo que los hijos quieren y no dándole a ellos lo que realmente necesitan para que puedan llegar a ser lo que Dios quiere. Y así, paulatinamente, nos vamos sentando en la comodidad de que, muchas cosas, las. hagan los demás por nosotros.
De este modo vemos cómo, muchas veces, en el orden espiritual, nos confiamos en que otros recen por nosotros y nosotros quedarnos quietos porque no creemos en la oración, ni en Dios, pero siempre andamos pidiendo que recen por nosotros porque nosotros no lo queremos hacer.
Como veis desde un punto netamente humano de comodidad llegamos a lo espiritual y vivimos lo mismo. Por eso es bueno poder tomar el ejemplo de Tobias y entender que los demás no están para satisfacernos a nosotros, sino que están para compartir con nosotros el Camino de la Vida a la santidad.
martes, 6 de junio de 2023
Para que te sirve?
"Yo entonces llamé a mi mujer y le pregunté:
«¿De dónde ha salido ese cabrito? ¿No será robado? Devuélveselo a su dueño. No podemos comer cosas robadas».
Ella me aseguró:
«Es un regalo que me han hecho además de pagarme».
No la creí y, avergonzado por su comportamiento, insistí en que se lo devolviera a su dueño.
Entonces ella me replicó:
«¿Dónde están tus limosnas y buenas obras? Ya ves de qué te han servido».
A veces nos encerramos tanto en nuestra verdad, en nuestra opinión, en que somos los mejores que nos olvidamos de aceptar lo que los demás nos dice. Por eso, la mujer de Tobit le reclama: ¿para que te ha servido tus limosnas y buenas obras si no me crees?
Todo lo que intentamos vivir en lo espiritual, ya sea con la oración, la eucaristía, la reflexión de la Palabra, es para poder madurar y abrir el corazón con misericordia y amor a los demás. Pero sí todo eso sólo sirve para hacernos creer que somos los mejores, entonces estamos recorriendo un camino que no es bueno.
La espina del pecado original, con uno de sus mejores venenos que es la soberbia, siempre va actuando en nuestro interior, por eso siempre hay un poco de soberbia que, en algún momento, siempre sale. Ya sea porque lo demostramos con nuestras actitudes o ya sea porque desde el silencio miramos a los demás como "pobrecitos...".
Es cierto que a lo largo de los años vamos aprendiendo cosas y vamos madurando en la fe y en la vida (mal si no lo hiciéramos) Pero eso no quiere decir que seamos los únicos que tengamos la verdad, ni los únicos que sepamos todo lo que hay que saber, sino que la madurez de nuestra alma nos tiene que ayudar para ser, cada día, más comprensivos, más abiertos a lo que mi hermano me dice, me cuestiona o me exige que cambie.
Sí, porque mi hermano, como yo mismo, tengo la responsabilidad de velar por el otro: ¿qué has hecho con tu hermano? le dijo el Señor a Caín. ¿Acaso soy responsable de la vida de mi hermano? respondió él. Sí, tú eres responsable de la vida de tu hermano.
Y ahí está muchas veces el momento en el que el veneno de la soberbia vuelve a incidir en la vida: creo que soy responsable de la vida del otro, y eso es cierto, pero, otras veces, cuando el otro se hace responsable de mi vida no me gusta tanto, porque no me gusta que me llamen la atención sobre lo que digo o hago.
Por eso, el Señor siempre nos llama al camino más difícil que es abrir nuestro corazón y mente a lo que mi hermano tenga que decirme, porque de ese modo crezco y maduro en la humildad de saber que también a mí me tienen que corregir.
lunes, 5 de junio de 2023
Velar por los frutos
"¿No habéis leído aquel texto de la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?».
Intentaron echarle mano, porque comprendieron que había dicho la parábola por ellos; pero temieron a la gente, y, dejándolo allí, se marcharon".
Hay ciertas parábolas que parecieran que no están dichas para nosotros, como esta de la Viña arrendada. Pero sí, también está dicha para nosotros porque el Señor construyó un Nuevo Pueblo (la Iglesia) y nos la entregó para que la cultiváramos y le diéramos el fruto a Su Dueño, porque Él volvió al Padre y desde allí vela por los frutos de la Viña. Para pensar...
Pero, además, esto me hace pensar que, muchas veces, cuando escuchamos la Palabra de Dios, o escuchamos una homilía o leemos una reflexión, pensamos en qué bien le haría a tal o cual escucharlo o pensarlo o, a veces, decir: ésto lo dice por tal o cual. Es cierto que no todos se atribuyen a sí mismos la Palabra, pero tampoco es el caso de sentirnos siempre tocados, pero sí es bueno que siempre la analicemos desde nuestra propia vida.
No es que siempre el Señor se fije en lo que hacemos (que lo hace) sino que siempre tendremos algo que poder corregir, pues vivimos en el mundo y se nos van "pegando" ideas, pensamientos, frivolidades, y tantas otras cosas más que no son de Dios.
Y, en lo que más tenemos que tener cuidado es en saber que lo que más se nos puede pegar del mundo es el creernos dioses, y por eso creer que la Viña la hemos construido nosotros con el sudor de nuestra frente, y por eso no le debemos nada a nadie, ni siquiera a su Verdadero Dueño. Creemos, a veces, que no sólo somos los dueños de la Viña, sino que nos creemos el salvador de la humanidad, y por eso no hay nadie mejor que yo. Pues no, te digo que no eres ni el dueño ni el salvador, eres sólo un instrumento para hacer que los Dones de Dios lleguen a todos, pero no te creas más de lo que eres, que ya eres mucho, pero no eres ni Dios ni el Salvador de los hombres.
Por eso, cuando la Palabra nos toca nos llama a reconocer nuestra pequeñez y vivir siempre unidos al Padre, para que lo que hagamos sea por el Padre, para el Padre y con el Padre, pues así nuestra recompensa será más grande de lo que esperamos.
domingo, 4 de junio de 2023
Santísima Trinidad
“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito para que todo el que cree en él no perezca, sino que tengan vida eterna”.
A pesar de haber finalizado el tiempo de Pascua en Pentecostés, seguimos disfrutando de unos días de fiestas que nos llevan a revivir los días de Pascua. Sí, después de la fiesta de la Pascua hemos meditado la Venida del Espíritu Santo con la Solemnidad de Pentecostés. Este fin de semana viviremos la Solemnidad de la Santísima Trinidad, uno de los misterios de nuestra fe, que, aunque podamos estudiar y volver a estudiar los Tratados de Trinidad, nunca llegaremos a comprender este hermoso misterio de Amor.
Porque, en realidad, lo que Jesús nos reveló es el Amor que existe entre Tres Personas que son una Comunidad de Amor, y que, por ese Amor se nos ha creado, se nos ha salvado y se nos sigue sosteniendo para que, viviendo la unidad en el amor, podamos mostrar al mundo el verdadero rostro de Dios.
Porque “tanto amó Dios al mundo…”. Dios nos amó y nos creó, y por el pecado original nos quitó la filiación divina, pero, en ese mismo momento, por amor, nos prometió un Salvador. Un Salvador que, llegada la plenitud de los tiempos, nació por amor de María, Virgen, y se entregó por amor a la muerte y muerte de Cruz. Y, por amor, a nosotros Dios lo resucitó de entre los muertos para darnos una Vida Nueva de hijos de Dios.
Y, sabiendo que somos tan débiles e imperfectos, nos envió al Amor en la Persona del Espíritu Santo, que, siendo la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, por el bautismo, habita en nosotros como en un verdadero Templo.
Por eso, Jesús, antes de volver al Padre nos pidió que fuéramos como Ellos: una comunidad unida en el amor verdadero, para que el mundo pudiera creer en Él y creer en Dios. Y, en la medida en que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado, en esa misma medida podremos comprender y mostrar al Dios Trino en el que creemos, porque así como nos amamos, así nos ama Dios.
jueves, 1 de junio de 2023
Jesús, Sumo y eterno sacerdote
Pío XII, papa
Cristo es ciertamente sacerdote, pero lo es para nosotros, no para sí mismo, ya que él, en nombre de todo el género humano, presenta al Padre eterno las aspiraciones y sentimientos religiosos de los hombres. Es también víctima, pero lo es igualmente para nosotros, ya que se pone en lugar del hombre pecador. Por esto, aquella frase del Apóstol: Tened los mismos sentimientos propios de Cristo Jesús exige de todos los cristianos que, en la medida de las posibilidades humanas, reproduzcan en su interior las mismas disposiciones que tenía el divino Redentor cuando ofrecía el sacrificio de sí mismo: disposiciones de una humilde sumisión, de adoración a la suprema majestad divina, de honor, alabanza y acción de gracias.
Les exige asimismo que asuman en cierto modo la condición de víctimas, que se nieguen a sí mismos, conforme a las normas del Evangelio, que espontánea y libremente practiquen la penitencia, arrepintiéndose y expiando los pecados.
Exige finalmente que todos, unidos a Cristo, muramos místicamente en la cruz, de modo que podamos hacer nuestra aquella sentencia de san Pablo: Estoy crucificado con Cristo