“Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret”.
Con la Fiesta de la Sagrada Familia finalizamos este 2023 y creo que es la mejor manera de dar Gracias por lo vivido en este año. Es cierto que no siempre hemos vivido gratos momentos, y, como siempre, en nuestras vidas, hay días soleados y nublados, con tormentas y oscuros, pero también hay muchos días de alegría y gozos. Pero, en todo momento y en todas las circunstancias, lo importante es que lo hayamos pasado y que hayamos podido sortear las piedras y los obstáculos de cada día.
Seguramente para muchos habrán sido días de mucha suerte y para otros de mucha desgracia, pero, para los que creemos en la Providencia sabemos que en todos ha estado la Mano del Padre para ayudarnos a levantarnos, a reponernos y a seguir caminando con Esperanza. Sabemos que todo, lo que el Padre permite y lo que nos pida vivir, es para nuestro bien, y la salvación de las almas, pues en la cruz de cada día hacemos presente la Cruz Salvadora de Jesús, y así todo tiene sentido y Gracias de Dios para, como dice san Pablo, alcanzar la meta y no perder la fe.
En este año 2023 nos coincide fin de año con la Fiesta de la Sagrada Familia para poner en las manos de Ellos a nuestras familias, sus penas y dolores, sus alegría y gozos, en definitiva, poner en las manos de la Sagrada Familia el deseo de que siempre y en todo momento podamos estar juntos, y si ha habido situaciones difíciles que las sepamos solucionar juntos, pues es el Amor de Dios el que se hace presente en el corazón de nuestras familias.
Y, si, en todo caso, se nos hace difícil reconciliarnos y mantener el amor, recurramos a María, la Madre de Dios, y Madre nuestra, para que Ella nos ayude a abrir el corazón, para que las espinas que se nos fueron clavando durante el tiempo se vayan transformando en rosas de amor, de perdón, pues Su Hijo y nuestro Hermano, nos ha perdonado y pide que nos perdonemos para que podamos, siempre, demostrar la fuerza del amor.
No dejemos que este año que va a comenzar lo haga con causas sin resolver, sino que podamos comenzar, como se dice, un nuevo libro de la vida con páginas en blanco, para que podamos escribir los renglones de nuestras vidas con la Gracia y el Amor de Dios. Ese Amor nos pide que recurramos siempre a Él para que, en nuestras vidas, siempre esté presente su alegría, su esperanza y el deseo de que cada día podamos hacer nuevas todas las cosas, pues Su Amor hace todo nuevo, desde Nazareth hasta hoy.
domingo, 31 de diciembre de 2023
Sagrada Familia
sábado, 30 de diciembre de 2023
Poner buenas bases
"Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él".
La Familia de Nazaret, la Sagrada Familia, nos invita a volver a vivir lo que ellos vivieron o, mejor dicho, como ellos vivieron, no sólo en armonía y amor, sino en comunión con la Voluntad de Dios, pues ese ha sido el centro de sus vidas: la Voluntad de Dios. Pues así como María en la Anunciación abrió su corazón a Dios y se hizo su Esclava para vivir Su Voluntad, así también José supo escuchar los mensajes de Dios y hacer lo que Él le pedía.
De este modo al caminar, María y José, los dos en el mismo sentido: buscando y viviendo la Voluntad de Dios, también el Hijo aprendió de sus padres a buscar y vivir lo mismo: "no he venido a hacer mi voluntad sino la del que me envió", "mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre", "Padre, que no se haga mi voluntad sino la Tuya". Cuando, verdaderamente se tiene un ejemplo tan radical en la vivencia de un ideal se aprende a vivir de la misma manera, no hacen falta muchos libros ni cursos, sino que el ejemplo es el mejor instrumento para enseñar un camino.
Hoy en día es el camino que tenemos que volver a recorrer, y ese sólo se aprende en casa, en familia. Cuando hablamos de que los laicos tienen que tener un rol importante en la Iglesia, es comenzar a ser Iglesia doméstica donde se aprende lo esencial, desde lo humano hasta lo divino, donde las bases del hombre y del hijo de Dios son construidas y colocadas en el fundamento de la educación.
"No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo - la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la arrogancia del dinero -, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, y su concupiscencia.
Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre".
viernes, 29 de diciembre de 2023
Cuando llegó la plentiud
De los Sermones de san Bernardo, abad
Dios, nuestro Salvador, hizo aparecer su misericordia y su amor por los hombres. Demos gracias a Dios, pues por él abunda nuestro consuelo en esta nuestra peregrinación, en este nuestro destierro, en esta vida tan llena aún de miserias.
Antes de que apareciera la humanidad de nuestro Salvador, la misericordia de Dios estaba oculta; existía ya, sin duda, desde el principio, pues la misericordia del Señor es eterna, pero al hombre le era imposible conocer su magnitud. Ya había sido prometida, pero el mundo aún no la había experimentado y por eso eran muchos los que no creían en ella. Dios había hablado, ciertamente, de muchas maneras por ministerio de los profetas. Y había dicho: Sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de paz y no de aflicción. Pero, con todo, ¿qué podía responder el hombre, que únicamente experimentaba la aflicción y no la paz? «¿Hasta cuándo -pensaba- iréis anunciando: "Paz, paz", cuando no hay paz?» Por ello los mismos mensajeros de paz lloraban amargamente, diciendo: Señor, ¿quién ha dado fe a nuestra predicación? Pero ahora, en cambio, los hombres pueden creer, por lo menos, lo que ya contemplan sus ojos; ahora los testimonios de Dios se han hecho sobremanera dignos de fe, pues, para que este testimonio fuera visible, incluso a los que tienen la vista enferma, el Señor le ha puesto su tienda al sol.
Ahora, por tanto, nuestra paz no es prometida, sino enviada; no es diferida, sino concedida; no es profetizada, sino realizada: el Padre ha enviado a la tierra algo así como un saco lleno de misericordia; un saco, diría, que se romperá en la pasión, para que se derrame aquel precio de nuestro rescate, que él contiene; un saco que, si bien es pequeño, está ya totalmente lleno. En efecto, un niño se nos ha dado, pero en este niño habita toda la plenitud de la divinidad. Esta plenitud de la divinidad se nos dio después que hubo llegado la plenitud de los tiempos. Vino en la carne para mostrarse a los que eran de carne y, de este modo, bajo los velos de la humanidad, fue conocida la misericordia divina; pues, cuando fue conocida la humanidad de Dios, ya no pudo quedar oculta su misericordia. ¿En qué podía manifestar mejor el Señor su amor a los hombres sino asumiendo nuestra propia carne? Pues fue precisamente nuestra carne la que asumió, y no aquella carne de Adán que antes de la culpa era inocente.
¿Qué cosa manifiesta tanto la misericordia de Dios como el hecho de haber asumido nuestra miseria? ¿Qué amor puede ser más grande que el del Verbo de Dios, que por nosotros se ha hecho como la hierba débil del campo? Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Que comprenda, pues, el hombre hasta qué punto Dios cuida de él; que reflexione sobre lo que Dios piensa y siente de él. No te preguntes ya, oh hombre, por qué tienes que sufrir tú; pregúntate más bien por qué sufrió él. De lo que quiso sufrir por ti puedes deducir lo mucho que te estima; a través de su humanidad se te manifiesta el gran amor que tiene para contigo. Cuanto menor se hizo en su humanidad, tanto mayor se mostró en el amor que te tiene, y cuanto más se anonadó por nosotros, tanto más digno es de nuestro amor. Dios, nuestro salvador —dice el Apóstol—, hizo aparecer su misericordia y su amor por los hombres. ¡Qué grande y qué manifiesta es esta misericordia y este amor de Dios a los hombres! Nos ha dado una grande prueba de su amor al querer que el nombre de Dios fuera añadido al título de hombre.
jueves, 28 de diciembre de 2023
La verdadera inocencia
En el día de los Santos Inocentes Dios nos está pidiendo que volvamos a la inocencia inicial, es decir a la inocencia de los niños que confían en Su Padre, a la inocencia de vivir reconciliándonos como lo hacen los niños que no tienen maldad en su corazón, sino que buscan siempre estar bien y en buena relación con los demás, que cuando se pelean buscan enseguida un abrazo para mostrar el cariño y el amor al otro.
Pero no la inocencia de creer que todo lo puedo hacer y que no tengo que pedir perdón por nada y a nadie porque sólo Dios puede perdonarme, porque sino lo que Jesús nos enseñó sería pura mentira, incluso porque nos ha dicho que digamos: "perdona nuestro ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Por ello, para pensar mejor todo esto nos basta el párrafo que San Juan nos escribe hoy:
"Este es el mensaje que hemos oído a Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado".
Si hemos roto la comunión con alguien, con algún hermano o familia o amigo o miembro de nuestra comunidad, entonces no estamos en comunión con todos, ni estamos en comunión con la Luz del Señor. Y, entonces, debemos buscar el modo de revertir esa situación, buscar el modo de tener la valentía y la fuerza suficiente para pedir perdón, para reconciliarme y consolidar la comunión en el amor, en el espíritu.
Porque, en este caso y en otro:
"Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia".
Y sí, nos engañamos muchas veces porque siempre le echamos la culpa al otro, es el otro quien tiene que venir y pedirme perdón, es el otro quien hizo lo que no debía, es el otro quien me ha ofendido, es el otro... pues yo soy tan bueno y tan angelical que nunca haga nada mal... ¡vamos!
"Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros".
Por eso, muchas veces, nos cuesta reconciliarnos con Dios y con los hermanos, porque pensando que nunca hacemos nada mal, que nunca pecamos, lo hacemos mentiroso al Señor, pues Él mismo es quien ha dicho: "el justo peca 7 veces por día", y nosotros que de justo, a veces, sólo tenemos el nombre...
¿No será hora de ponernos frente a la Luz y pedir la fuerza del Espíritu para hacer lo que debemos hacer y volver a la comunión con nuestros hermanos?
miércoles, 27 de diciembre de 2023
La Vida misma se ha manfiestado
Tratado sobre la carta I de San Juan, de San Agustín, obispo
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida. ¿Quién es el que puede tocar con sus manos a la Palabra, si no es porque la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros?
Esta Palabra, que se hizo carne, para que pudiera ser tocada con las manos, comenzó siendo carne cuando se encarnó en el seno de la Virgen María; pero no en ese momento comenzó a existir la Palabra, porque el mismo san Juan dice que existía desde el principio. Ved cómo concuerdan su carta y su evangelio, en el que hace poco oísteis: En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios.
Quizá alguno entienda la expresión «la Palabra de la vida» como referida a la persona de Cristo y no al mismo cuerpo de Cristo, que fue tocado con las manos. Fijaos en lo que sigue: Pues la vida se hizo visible. Así, pues, Cristo es la Palabra de la vida.
¿Y cómo se hizo visible? Existía desde el principio, pero no se había manifestado a los hombres, pero sí a los ángeles, que la contemplaban y se alimentaban de ella, como de su pan. Pero, ¿qué dice la Escritura? El hombre comió pan de ángeles.
Así, pues, la Vida misma se ha manifestado en la carne, para que, en esta manifestación, aquello que sólo podía ser visto con el corazón fuera también visto con los ojos, y de esta forma sanase los corazones. Pues la Palabra se ve sólo con el corazón, pero la carne se ve también con los ojos corporales. Éramos capaces de ver la carne, pero no lo éramos de ver la Palabra. La Palabra se hizo carne, a la cual podemos ver, para sanar en nosotros aquello que nos hace capaces de ver la Palabra.
Os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó, es decir, se ha manifestado entre nosotros, y, para decirlo aún más claramente, se manifestó en nosotros.
Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos. Que vuestra caridad preste atención: Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos. Ellos vieron al mismo Señor presente en la carne, oyeron las palabras de su boca y lo han anunciado a nosotros. Por tanto, nosotros hemos oído, pero no hemos visto.
Y por ello, ¿somos menos afortunados que aquellos que vieron y oyeron? ¿Y cómo es que añade: Para que estéis unidos con nosotros? Aquéllos vieron, nosotros no; y, sin embargo, estamos en comunión, pues poseemos una misma fe.
En esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa. La alegría completa es la que se encuentra en la misma comunión, la misma caridad, la misma unidad.
martes, 26 de diciembre de 2023
Pasivos ante el pecado
"Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu».
El martirio de San Esteban es lo que ilumina la octava de Navidad haciendo que el Nacimiento de Jesús se vea concretado en su entrega hasta el final, haciendo de su vida una luz que iluminó a aquella comunidad y le dio valor para seguir llevando la Buena Noticia. Está claro que el martirio no es algo común en nuestros pueblos, pero, sobre todo, porque también es un Don de Dios para la persona y para la Iglesia, pues se necesita mucha fuera espiritual para aceptar entregar la vida para salvar y conservar el Amor a Dios y a los hermanos.
Pero, además de mirar la entrega de Esteban quería ver la actitud de Saulo (quien después sería San Pablo) en este breve párrafo de los Hechos.
"Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo".
Aquí podríamos ver que la actitud de Saulo es una actitud pasiva frente a un hecho muy duro: el apedreamiento de una persona.
Y eso me hizo pensar mucho en mí, en nosotros. Sí, porque, no pocas veces, nos quedamos en actitud pasiva mientras otros apedrean (con sus palabras) a otras personas, no somos capaces de defender la integridad, o la fama de una persona cuando otras la están atacando. También, me parece, que no somos capaces de interceder para que dos personas puedan perdonarse o salir al encuentro cuando están distanciadas y ofrecernos para solucionar tal o cual problema.
Tenemos, las más de las veces, una actitud de pasividad frente al pecado y al dolor del otro que, pensándolo bien, no tendría que ser así entre hermanos, sino que tendríamos que hacer algo para que el Amor sea el vencedor en todo momento.
Es cierto que es más fácil "no meternos", pero ahí es cuando estamos "omitiendo" ayudar al hermano a no pecar y ayudar al hermano a buscar la reconciliación. Es decir, estoy comiendo pecado de omisión porque pudiendo hacer algo para evitar el escándalo o para evitar el dolor, no estoy haciendo nada, simplemente me quedo mirando cómo se va perdiendo la unidad y el amor.
lunes, 25 de diciembre de 2023
Feliz Navidad!
¡Feliz Navidad!
"El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
El mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre".
San Juan comienza su Evangelio con este cántico al Verbo, al Hijo de Dios que puso su morada entre nosotros, a este Niño del que celebramos su Nacimiento, pero al que, muchos, aún, no quieren reconocer. Pero, por Gracia de Dios, nosotros, sí lo conocemos, aunque no lo hayamos visto hemos creído en Él.
La Gracia que Dios nos ha concedido en el Hijo es la Gracia que el mismo Hijo nos ha dado con su muerte y resurrección, esa Gracia es ser, también nosotros a imagen del Hijo, hijos de Dios.
Y así será el mejor modo de celebrar la Navidad: recordar que somos sus hermanos, que somos su familia, e intentar, siempre y en todo lugar, llevar la alegría de haber sido, no sólo llamados, sino hechos hijos de Dios.
Una alegría que se manifiesta en cada acción, en cada palabra, en cada gesto hacia nuestros hermanos que, aunque muchas veces no nos llevemos bien, siempre seremos hermanos por la Gracia de Dios. Y será de ese modo llevando a la práctica el amor fraterno como el mundo nos reconocerá como familia de Dios, sino sólo seremos portadores de un título pero no llegaremos a ser verdadera familia.
Hoy nos ha nacido el Señor, el Mesías, el Salvador y la historia de la humanidad se ha partido en dos, no sólo en un antes y después de Cristo, sino en un antes del pecado y un después de la Gracia y el Espíritu, es una historia de salvación y tenemos que manfiestarlo a todos, sabiendo que, por su Amor, hemos sido salvados del pecado y se nos ha dado una vida nueva en la Gracia y el Espíritu, y, por eso, estamos felices y agradecidos sabiendo que todo un Dios se ha fijado en nuestra miseria y dolor y nos ha querido salvar dándonos lo mejor de Su Vida: su Unigénito, que, nacido de María Virgen, caminó entre nosotros para ayudarnos a conocer al Padre y entender Su Mensaje de Salvación, por eso Él es nuestro Camino en la Verdad de la Vida.
domingo, 24 de diciembre de 2023
Y todo cambió
"El ángel le contesto: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios”.
Aquel día, el día de la Anunciación fue cuando comenzó todo. Cuando María no sólo abrió los labios para responder al Ángel Gabriel, sino cuando abrió su corazón de par en par para ser colmado por el Espíritu del Señor. Así fue como ese día Dios no sólo penetró en el seno de María, sino que penetró en la Historia de la Humanidad y comenzó la hermosa transformación de hacer de una historia humana una Historia de Salvación.
En estos días que en familia de Dios celebramos el nacimiento del Unigénito de Dios, que, por obra del Espíritu Santo se encarnó en el seno de María Virgen, tenemos que remontarnos a aquel día y celebrar la disponibilidad total y absoluta de María a la Voluntad de Dios.
Gracias a su Sí el Hijo de Dios se hizo hombre y habitó, caminó y enseñó a ser hijos de Dios. Pero su enseñanza no se quedó en palabras, sino que nos dio todo lo mejor que tenía: Su Cuerpo y Sangre en la Eucaristía, Su Gracia en los Sacramentos, y, sobre todo Su Madre como Madre nuestra.
Sí, no sólo celebramos el nacimiento de Jesús en Belén, sino que celebramos nuestro propio nacimiento porque la Vida se hizo carne en María y se nos da a nosotros en cada Eucaristía, por eso, cada vez que recibimos la Eucaristía recibimos a Jesús, así como lo recibió y lo sintió María en su seno durante 9 meses, hasta que, en Belén, lo dio a luz para la salvación del mundo.
Así es como nosotros tenemos que recibir a Jesús Eucaristía: con un corazón abierto al infinito para ser colmado por la Voluntad de Dios, para que, con su Gracia y Su Espíritu, podamos hacer vida su Palabra y, como María, entregarla al mundo para que todos los que tengan un corazón necesitado se encuentren con Él, así como se encontraron con Él los pastores, los Magos y tantos que escucharon su Palabra y lo siguieron.
En este siglo y en este mundo tan desacralizado y vacío de Dios, somos los cristianos, los que hoy celebramos el Nacimiento de Jesús, quienes debemos concebir la Vida en nuestra vida para que cada día sea una Nueva Navidad para el Mundo, para que la Luz que Él ha puesto en nuestras vidas ilumine las oscuridades de las tinieblas que inundan el mundo, que equivocan el camino, no sólo de los paganos, sino, incluso, de aquellos que dicen creer en el Señor. Somos los pastores que dan la Buena Noticia, y los Magos que siguen la estrella y avisan de que quieren quitar del mundo a Dios.
sábado, 23 de diciembre de 2023
Tú eliges
"A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan».
Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios".
Muchas veces, y no pocas veces, nos quedamos girando sin sentido en la rueda del "siempre se hizo así" o "siempre lo hice así" o "mejor malo conocido que bueno por conocer", y nos quedamos viciándonos en la rueda de la rutina por tener miedo de lo nuevo o de lo que me saca de mi "zona de confort".
Dios nos muestra que cuando le obedecemos siempre habrá algo maravilloso por ver, o, por lo menos, Él nos dará la Gracia para que lo que estaba atado se pueda desatar o lo viejo se haga nuevo, o, simplemente, saber que de Su Mano nada malo pasará.
En este episodio del nacimiento de Juan Bautista vemos claro como algunos, los que creen que lo saben todo, siempre se meten para impedir (no directamente, o a veces sí) que uno pueda hacer la Voluntad de Dios, pues claro, sólo aquél que ha escuchado y discernido cuál es la Voluntad de Dios sabe cuál es.
Saber qué es lo que Dios quiere para mí es complicado, pero si en el medio se mete alguien (quizás con buena voluntad) pero no está por la labor de discernir conmigo acerca de la Voluntad de Dios, más que ayudar estorba. Y en este caso uno tiene que decir, como Isabel ¡No, se va a llamar Juan! o en otras palabras, eso no es lo que queremos, lo que Dios nos pide es que se llame Juan.
Por eso mismo tenemos que saber bien a quién le pedimos consejos, ya sea porque queremos hacer la Voluntad de Dios o porque no queremos hacerla. Sabiendo que los consejos son sólo eso: consejos, después me toca a mí decidir qué es lo que quiero hacer con ello, si tomarlo o dejarlo, todo depende de hacia dónde quiero ir. Como dice el Señor por el Profeta: pongo delante de ti el bien y el mal... tú eliges.
viernes, 22 de diciembre de 2023
Todo en Dios
"En aquel tiempo, María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava”.
Un hermoso cántico que brota de un corazón lleno del Amor de Dios, lleno del Espíritu Santo. Y que nos ayuda a mirar nuestra pequeñez o nuestra grandeza, porque frente a la pequeñez de María siempre nos podemos llegar a motivar para seguir creciendo en pequeñez, en humildad.
Aunque parezca una contradicción pero es así: crecer en pequeñez, porque, cada día que pasa, si nos dejamos llevar por el espíritu del mundo lo que vamos consiguiendo es crecer en vanidad, en egoísmo, en soberbia y no dejamos que el Señor nos utilice como instrumentos de su Voluntad, como lo hizo con María.
Ella nos enseña que la humildad y la esclavitud a la Voluntad de Dios no nos quita dignidad, no nos quita lo esencial de nuestra libertad, sino que nos ayuda a crecer no sólo como personas, sino, sobre todo, como hijos de Dios.
La humildad y la pequeñez de María, que canta en el Magnificat, es lo nos demuestra que, en todo momento, no confió en su propio yo, ni confio en lo que Ella podría hacer, sino que se dejó conducir por la Mano del Padre, pues es Él quien tiene el poder y la Gracia, y es quien hizo de Ella un ejemplo de vida.
Como el mismo Jesús dijo, no es Ella bienaventurada por ser la Madre de Dios, sino porque escuchó y vivió la Voluntad del Padre, lo que la llevó a la grandeza y a la plenitud de su ser como mujer y como hombre perfecto: lo mejor de nuestra raza, como canta el Salmo.
Por eso, en estos días frente al Nacimiento descubramos en Ella las maravillas que puede hacer Dios cuando nos dejamos conducir por Él, cuando no le hacemos caso al espíritu del mundo, ni tan siquiera a nuestros propios instintos ni deseos, sino que abrimos nuestro corazón para ser llenado sólo por la Voluntad y el Espíritu del Señor.
jueves, 21 de diciembre de 2023
La visitación
miércoles, 20 de diciembre de 2023
Esperando su respuesta
Homilía de San Bernardo
martes, 19 de diciembre de 2023
La economía de la Salvación
San Ireneo
sábado, 16 de diciembre de 2023
María y la Iglesia
De los Sermones del beato Isaac, abad del monasterio de Stella
El Hijo de Dios es el primogénito entre muchos hermanos. Por naturaleza es Hijo único, por gracia asoció consigo a muchos para que sean uno con él. Pues a cuantos lo recibieron les dio poder de llegar a ser hijos de Dios.
Haciéndose él Hijo del hombre hizo hijos de Dios a muchos. El que es Hijo único asoció consigo, por su amor y su poder, a muchos. Éstos, siendo muchos por su generación según la carne, por la regeneración divina son uno con él.
Cristo es uno, el Cristo total, cabeza y cuerpo. Uno nacido de un único Dios en el cielo y de una única madre en la tierra. Muchos hijos y un solo Hijo. Pues así como la cabeza y los miembros son un Hijo y muchos hijos, así también María y la Iglesia son una madre y muchas, una virgen y muchas.
Ambas son madres, ambas son vírgenes; ambas conciben virginalmente del Espíritu Santo. Ambas dan a luz, para Dios Padre, una descendencia sin pecado. María dio a luz a la cabeza sin pecado del cuerpo; la Iglesia da a luz por el perdón de los pecados al cuerpo de esa cabeza. Ambas son madres de Cristo, pero ninguna de las dos puede, sin la otra, dar a luz al Cristo total.
Por eso, en las Escrituras divinamente inspiradas, lo que se entiende en general de la Iglesia, virgen y madre, se entiende en particular de la virgen María; y lo que se entiende de modo especial de María, virgen y madre, se entiende de modo general de la Iglesia, virgen y madre. Y, cuando los textos hablan de una u otra, dichos textos pueden aplicarse indiferentemente a las dos.
También se puede decir que cada alma fiel es esposa del Verbo de Dios, madre de Cristo, hija y hermana, virgen y madre fecunda. Todo lo cual la misma Sabiduría de Dios, que es la Palabra del Padre, lo dice universalmente de la Iglesia, de modo especial de la Virgen María, e individualmente de cada alma fiel.
Por eso dice: Habitaré en la heredad del Señor. La heredad del Señor en su significado universal es la Iglesia, en su significado especial es la Virgen María y en su significado individual es también cada alma fiel. Cristo permaneció nueve meses en el seno de María; permanecerá en el tabernáculo de la fe de la Iglesia hasta la consumación de los siglos; y en el conocimiento y en el amor del alma fiel por los siglos de los siglos.
viernes, 15 de diciembre de 2023
Eva y María
Del tratado de San Ireneo, obispo, Contra las herejías
Cuando vino Dios visiblemente a sus creaturas y fue sostenido por esta creación que es por él mismo sostenida, expió aquella desobediencia cometida bajo un árbol, por medio de la obediencia efectuada sobre otro árbol, y destruyó así la seducción con que fue vilmente engañada aquella virgen Eva, destinada ya para un varón, con la verdad que le fue venturosamente anunciada por el ángel a la Virgen María, ya también prometida a otro varón.
Y así como Eva fue seducida por un ángel para que se alejara de Dios, desobedeciendo su palabra, así María fue notificada por otro ángel de que llevaría a Dios en su seno, si obedecía su palabra. Y como aquélla fue inducida a no obedecer a Dios, así ésta fue persuadida a obedecerlo, y de esta manera la Virgen María se convirtió en abogada de la virgen Eva.
Al renovar profundamente el Señor todas las cosas, declaró la guerra a nuestro enemigo, aplastó a aquel que en un principio nos había hecho cautivos en Adán y pisoteó su cabeza, según lo que, en el Génesis, Dios dice a la serpiente: Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo: él herirá tu cabeza cuando tú hieras su talón.
Con ello se anunciaba que aquel que debía nacer de una mujer Virgen, hecho hombre como Adán, aplastaría la cabeza de la serpiente. De esta descendencia habla el Apóstol, en la carta a los Gálatas, cuando dice: La ley mosaica fue puesta por Dios hasta que viniese la descendencia a quien se habían hecho las promesas.
Más claramente aún lo demuestra, en esa misma carta, al decir: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer. El enemigo no hubiera sido vencido con justicia si el hombre que lo venció no hubiera nacido de una mujer, pues ya desde el comienzo se opuso al hombre, dominándolo por medio de la mujer.
Por eso el Señor afirma que él es el Hijo del hombre, el hombre por excelencia, el cual resume en sí al linaje nacido de mujer, de modo que, si nuestra especie bajó a la muerte a causa de un hombre vencido, por un hombre victorioso subamos de nuevo a la vida.
jueves, 14 de diciembre de 2023
El conocimiento de Cristo
Del Cántico espiritual de san Juan de la Cruz, presbítero
Por más misterios y maravillas que han descubierto los santos doctores Y entendido las santas almas en este estado de vida, les quedó todo lo más por decir y aun por entender, y así hay mucho que ahondar en Cristo, porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van en cada seno hallando nuevas venas de nuevas riquezas acá y allá. Que por eso dijo san Pablo del mismo Cristo, diciendo: En Cristo moran todos los tesoros y sabiduría escondidos, en los cuales el alma no puede entrar ni puede llegar a ellos, si no pasa primero por la estrechura del padecer interior y exterior a la divina Sabiduría.
Porque aun a lo que en esta vida se puede alcanzar de estos misterios de Cristo, no se puede llegar sin haber padecido mucho y recibido muchas mercedes intelectuales y sensitivas de Dios, y habiendo precedido mucho ejercicio espiritual, porque todas estas mercedes son más bajas que la sabiduría de los misterios de Cristo, porque todas son como disposiciones para venir a ella.
¡Oh, si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la espesura y sabiduría de las riquezas de Dios, que son de muchas maneras, si no es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolación y deseo! ¡Y cómo el alma que de veras desea sabiduría divina desea primero el padecer, para entrar en ella, en la espesura de la cruz!
Que por eso san Pablo amonestaba a los de Éfeso que no desfalleciesen en las tribulaciones, que estuviesen bien fuertes y arraigados en la caridad, para que pudiesen comprender con todos los santos qué cosa sea la anchura y la longura y la altura y la profundidad, y para saber también la supereminente caridad de la ciencia de Cristo, para ser llenos de todo henchimiento de Dios.
Porque para entrar en estas riquezas de su sabiduría, la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear entrar por ella es de pocos; mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos.
miércoles, 13 de diciembre de 2023
Iluminada por la Gracia del Espíritu
Del Libro de san Ambrosio, obispo, Sobre la virginidad
Tú, que has salido de entre el pueblo, de entre la multitud, eres ciertamente una de las vírgenes que iluminas la gracia de tu cuerpo con el esplendor de tu espíritu (por eso, con toda razón, eres comparada a la Iglesia); así pues, en las noches, cuando estés en tu habitación, piensa siempre en Cristo y espera continuamente su llegada.
Así te desea Cristo, por eso te ha elegido. El entra cuando se le deja la puerta abierta; él, que ha prometido entrar, no puede faltar a su promesa. Abraza entonces al que has buscado, acércate a él y quedarás radiante; deténlo, pídele que no se vaya luego, suplícale que no se marche. Pues la Palabra de Dios suele pasar de prisa: si siente algún desdén, no se entrega; si no se le hace caso, se retira. Atiende con interés a lo que te diga, sigue con insistencia las huellas de sus palabras; pues suele retirarse pronto.
¿Qué dice la esposa del Cantar de los cantares? Lo busqué y no lo encontré, lo llamé y no respondió. Si se ha marchado muy pronto de ti aquel a quien llamaste, a quien suplicaste, a quien abriste tu puerta, no por ello pienses que le has desagradado, pues a veces quiere ponernos a prueba. ¿Qué fue lo que dijo, en el Evangelio, a las turbas que le rogaban que no se fuese? Es necesario que yo vaya a anunciar la palabra de Dios también a otras ciudades, porque ésa es mi misión. Así pues, si pareciere apartarse de ti, sal fuera y búscalo de nuevo por todas partes.
¿Quién más, si no es la santa Iglesia, puede enseñarte cómo retener a Cristo? Y ya te lo ha enseñado, si entiendes lo que lees: Apenas los pasé, encontré al amor de mi alma; lo abracé y ya no lo soltaré.
Y ¿cuál es la manera de retener a Cristo? No por la fuerza, no con los nudos de una soga, sino con ataduras de amor, con correas espirituales, con el afecto del alma es como se le retiene.
Si quieres tener a Cristo contigo, búscalo sin temor al sufrimiento; muchas veces, donde mejor se lo encuentra es en medio de los suplicios del cuerpo, entre las mismas manos de los perseguidores.
Apenas los pasé, hemos citado antes. Pasado un breve espacio de tiempo después que hayas escapado a los perseguidores, sin sucumbir a los poderes del mundo, Cristo te saldrá al encuentro y no permitirá que seas ya probada por mucho tiempo.
La que de este modo busca a Cristo, la que lo encuentra, puede exclamar: Lo abracé y ya no lo soltaré, hasta entrarlo en la casa de mi madre, en la alcoba de la que me llevó en sus entrañas. Esta casa y alcoba de tu madre no significa otra cosa que la parte más íntima de tu ser. Conserva bien esa casa, limpia bien sus rincones más escondidos, para que así, limpia de toda mancha, se levante como una casa espiritual, hasta formar un sacerdocio santo, consolidada por la piedra angular, y que el Espíritu Santo habite en ella.
La que de este modo busca a Cristo, la que le ruega, no queda abandonada por él; al contrario, él vuelve con frecuencia a visitarla, pues está con nosotros hasta el fin del mundo.
martes, 12 de diciembre de 2023
Preparad un camino al Señor
"Una voz grita:
«En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale.
Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos - ha hablado la boca del Señor -.»
"Que los valles se levante", el Señor nos invita a levantar nuestro ánimo, así como con las Promesas quería levantar el ánimo del Pueblo de Israel, también el nuestro. A veces nos pilla el fin de año, las Fiestas de Navidad, con el ánimo bajo, ya sea por el cansancio, por el stres del trabajo, del día a día, por los que se fueron y no van a estar, y tantas otras cosas y motivos que tenemos para que, por una u otra razón, el pensar en las Fiestas de Navidad nos hace, en cierto modo, deprimir.
También nos invita a los que no encuentran un sentido en la vida, o sienten ese vacío en su interior, a rellenar y dar sentido con la Esperanza, la Esperanza cierta de que el Salvador nace para mí, para tí, para nosotros, y quiere dar un sentido a lo que vivimos, quiere que descubramos el gran valor que tenemos pues todo un Dios se ha fijado en nuestra pequeñez y pobreza y nos ha enviado a Su Hijo para darnos Vida y Vida en abundancia.
Así los valles se levantan, se levantan los hijos de Dios con la esperanza firme y cierta de saber que Nuestro Salvador nace y nace para que nosotros nazcamos, cada día, sabiendo que el Padre nos Ama y que, a pesar de lo que nos toque y permita vivir, siempre saldremos adelante, con Su Gracia, por Su Amor, y para que podamos, desde nuestra debilidad y pequeñez, mostrar su poder y grandeza.
Pero también nos invita a que "las colinas y los montes se abajen", porque, claro, también estamos los que nos hemos subido al pedestal de nuestro ego, y nos creemos los mejores del mundo, ya sea porque hemos hecho muchas cosas, porque nos creemos que los likes de nuestras redes sociales van aumentando y entonces somos unos genios, porque nuestro temperamento nos dice que no hay nadie mejor que yo, etc. Todo eso que se va acumulando en el ego y pasa a ser egoísmo y después vanidad y luego soberbia, algo que no nos deja mostrar y ver, con claridad, el Amor de Dios, y el saber que sin Él nada hubiéramos podido hacer. Por eso tenemos que rebajar un poco o mucho nuestro orgullo, vanidad y soberbia, para que, desde la humildad podamos dar más Gracias a Dios y amar más a nuestros hermanos.
Y, por último, enderezar nuestros camino porque siempre, por X o por Z, nos vamos torciendo, pues las tentaciones del mundo son muchas y muy buenas, y nos despistan, nos sacan del Buen Camino de Dios y nos hacen perder de Vista el Horizonte de nuestra vida: la santidad, el vivir de acuerdo a Su Voluntad, aquí en la tierra como en el Cielo. Y así poder buscar el sacramento de la reconciliación que nos ayude a "enderezar los caminos".
lunes, 11 de diciembre de 2023
Dios nos ha hablado en Cristo
Escrito de San Juan de la Cruz, presbítero
La principal causa por la cual en la ley antigua eran lícitas las preguntas que se hacían a Dios, y convenía que los profetas y sacerdotes quisiesen visiones y revelaciones de Dios, era porque entonces no estaba aún fundada la fe ni establecida la ley evangélica; y así, era menester que preguntasen a Dios y que él hablase, ahora por palabras, ahora por visiones y revelaciones, ahora en figuras y semejanzas, ahora en otras muchas maneras de significaciones. Porque todo lo que respondía y hablaba y obraba y revelaba eran misterios de nuestra fe y cosas tocantes a ella o enderezadas a ella. Pero ya que está fundada la fe en Cristo y manifiesta la ley evangélica en esta era de gracia, no hay para qué preguntarle de aquella manera, ni para qué él hable ya ni responda como entonces.
Porque en darnos, como nos dio, a su Hijo -que es una Palabra suya, que no tiene otra-, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar.
Y éste es el sentido de aquella autoridad, con que san Pablo quiere inducir a los hebreos a que se aparten de aquellos modos primeros y tratos con Dios de la ley de Moisés, y pongan los ojos en Cristo solamente, diciendo: Lo que antiguamente habló Dios en los profetas a nuestros padres de muchos modos y maneras, ahora a la postre, en estos días, nos lo ha hablado en el Hijo todo de una vez.
En lo cual da a entender el Apóstol, que Dios ha quedado ya como mudo, y no tiene más que hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en él todo, dándonos el todo, que es su Hijo.
Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra cosa o novedad. Porque le podría responder Dios de esta manera: «Si te tengo ya hablado todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra cosa que te pueda revelar o responder que sea más que eso, pon los ojos sólo en él; porque en él te lo tengo puesto todo y dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas.
Porque desde el día que bajé con mi espíritu sobre él en el monte Tabor, diciendo: Éste es mi amado Hijo en que me he complacido; a él oíd, ya alcé yo la mano de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas, y se la di a el; oídle a él, porque yo no tengo más fe que revelar, más cosas que manifestar. Que si antes hablaba, era prometiéndoos a Cristo; y si me preguntaban, eran las preguntas encaminadas a la petición y esperanza de Cristo, en que habían de hallar todo bien, como ahora lo da a entender toda la doctrina de los evangelistas y apóstoles».
domingo, 10 de diciembre de 2023
Preparad el Corazón
«Yo envío mi mensajero delante de ti, en cual preparará tu camino; voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos”»
Vivimos en un mundo tan acelerado que, a veces, no nos damos cuenta de los mensajeros que Dios nos envía. Sí, todos los días el Señor nos envía mensajes para que “acomodemos” nuestra vida a Su Voluntad, para que cuidemos nuestra vida espiritual, pues cuidando y madurando en nuestra vida espiritual podemos ver mejor nuestra vida terrenal.
No siempre estamos preparados para lo que vendrá: sea bueno o malo, pero si nos abrimos al Espíritu y vamos creciendo espiritualmente, podremos ver todo como lo ve el Padre, o, por lo menos intentarlo, para que las cosas que nos suceden no sean sólo por casualidad, sino porque el Padre así lo ha permitido o así lo ha querido.
Sí, no es fácil mirar desde Dios nuestra vida, por eso mismo necesitamos seguir creciendo, porque ya que no es fácil no lo hagamos más difícil, porque es más fácil aprender a mirar que lamentarnos por no haber sabido mirar como corresponde. Porque, cuando no sabemos mirar nos equivocamos en las apreciaciones, en los juicios, en los comentarios, e, incluso en la manera de vivir lo que nos sucede.
Por eso, el Señor, siempre nos está enviando señales porque no habla claramente, ni nos envía mensajes por el teléfono para avisarnos de lo que va a pasar o de lo que tenemos que hacer. Así fue como, cuando llegó el tiempo señalado, envió a Juan Bautista para preparar el corazón de la gente para la llegada del Mesías.
Aquellos que se abrieron a la reconciliación y a la purificación del corazón, pudieron ver a Jesús, y no sólo al hombre de los milagros, sino al Mesías Salvador, a Aquél que había sido prometido por Dios durante siglos, pero que sólo lo verían los de corazón puro, los de corazón necesitado del encuentro con Su Salvador.
Y es eso lo que el Señor quiere que preparemos para estas Navidades, pues no son cualquier Fiesta, sino que son las Fiestas de la Navidad del Señor, de la Natividad de nuestro Señor y Salvador, porque en Belén de Judá nos nació un Salvador, el Mesías, el Señor. Y así como aquel día se presentó como un niño recién nacido, hoy quiere que aprendamos a ver, en las pequeñas cosas de todos los días, su Amor por nosotros, por ti y por mí. Por eso no dejes de preparar, también, tu corazón para esta Navidad.
sábado, 9 de diciembre de 2023
Mejores pastores
"Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
Hoy día, es cierto, que no abundan los pastores, pero tampoco faltan, pero, igualmente, las comunidades están como abandonadas y extenuadas. Abandonadas porque, en algunos casos, no se vive como deberíamos vivir, pues, muchos sólo vivimos para lo que tenemos ganas y no para hacer la Voluntad de Dios. Sí, porque, lo que tenemos que hacer es vivir como vivió el Buen Pastor: "no he venido a hacer otra cosa que lo que he visto hacer a mi Padre", "mi alimento es hacer la Voluntad del que me envió", etc., etc., y siempre en la misma línea.
Claro es que podría hablar solamente de los pastores que hemos sido ungido con el Orden Sagrado, es decir los sacerdotes, diáconos, párrocos, vicarios, obispos, etc., pero no sólo nosotros somos pastores del pueblo, sino también todos los que hemos sido ungidos con el Crisma de la Salvación el día de nuestro bautismos y se nos otorgó el sacerdocio real de Cristo.
Sí, hoy en día se habla mucho del papel del laico en la Iglesia, que si están marginados, que si no se los deja hacer esto o lo otro, pero sin embargo tienen una función esencial en la vida del mundo: formar la iglesia doméstica que es la familia, en donde se madura y se alimenta la fe, y donde se madura y se educa al cristiano desde el momento de su bautismo.
Y ahí es donde, también, no solamente, también vemos que estamos fallando como pastores pues no estamos viviendo plenamente nuestro sacerdocio real que es llevar la Buena Noticia del Reino, y crecer como servidores del Evangelio. A veces, sólo queremos hacer cosas que se puedan ver, pero las pequeñas cosas y más esenciales que son la de fomentar en la familia el amor a Dios y la fe en Cristo nuestro Señor, se pasa de largo.
Por eso tenemos que rezar no sólo para que haya más pastores ordenados sacramentalmente, sino que todos los bautizados seamos pastores que guiemos al Pueblo de Dios hacia las verdaderas fuentes de la Vida, pues de nosotros, los bautizados depende que la Fe en Cristo se extienda y muchos puedan encontrar el Camino de la Salvación, y, al encontrarse con Cristo puedan llegar a ser verdaderos discípulos que sigan llevando la Buena Noticia.
viernes, 8 de diciembre de 2023
A María
De las Oraciones de san Anselmo, obispo
El cielo, los astros, la tierra, los ríos, el día, la noche, y todo lo que se halla sometido al poder y al servicio del hombre, se congratulan, Señora, porque, habiendo perdido su antigua nobleza, ahora han sido en cierto modo resucitados por ti y dotados de una gracia nueva e inefable.
Porque todas estas cosas estaban como muertas, al haber perdido su congénita dignidad de servir al dominio y utilidad de los que alaban a Dios, que para eso habían sido creadas; estaban oprimidas y afeadas por el abuso de los que servían a los ídolos, para los cuales no habían sido creadas. Ahora se alegran como si hubieran vuelto a la vida, porque ya vuelven a estar sometidas al dominio de los que confiesan a Dios, y embellecidas por su uso natural.
Es como si hubiesen saltado de alegría por esta gracia nueva e inapreciable, al sentir que el mismo Dios, su mismo creador, no sólo reinaba sobre ellas de un modo invisible, sino que incluso lo vieron en medio de ellas, santificándolas visiblemente con su uso. Estos bienes tan grandes provinieron a través del fruto bendito del vientre sagrado de la Virgen María.
Por tu plenitud de gracia, lo que estaba en el país de los muertos se alegra al sentirse liberado, y lo que está por encima del mundo se alegra al sentirse restaurado.
En efecto, por el glorioso Hijo de tu gloriosa virginidad, todos los justos que murieron antes de la muerte vivificante de Cristo se alegran al verse libres de su cautividad, y los ángeles se congratulan por la restauración de su ciudad medio en ruinas.
¡Oh mujer llena y rebosante de gracia, con la redundancia de cuya plenitud rocías y haces reverdecer toda la creación! ¡Oh Virgen bendita y desbordante de bendiciones, por cuya bendición queda bendecida toda la naturaleza, no sólo la creatura por el Creador, sino también el Creador por la creatura!
Dios, a su Hijo, el único engendrado de su seno igual a sí, al que amaba como a sí mismo, lo dio a María; y de María se hizo un hijo, no distinto, sino el mismo, de suerte que por naturaleza fuese el mismo y único Hijo de Dios y de María. Toda la naturaleza ha sido creada por Dios, y Dios ha nacido de María. Dios lo creó todo, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo de María; y de este modo rehizo todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada, una vez profanadas, no quiso rehacerlas sin María.
Dios, por tanto, es padre de las cosas creadas y María es madre de las cosas recreadas. Dios es padre de toda la creación, María es madre de la universal restauración. Porque Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho, y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. Dios engendró a aquel sin el cual nada en absoluto existiría, y María dio a luz a aquel sin el cual nada sería bueno.
En verdad el Señor está contigo, ya que él ha hecho que toda la naturaleza estuviera en tan gran deuda contigo y con él.
jueves, 7 de diciembre de 2023
Escribir con la mano y borrar con el codo
«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos".
Vivimos en un mundo en donde nos sobran las palabras, y las usamos, muchas veces, sin pensar en lo que decimos, o las decimos pensando que enseguida se pueden borrar, como si las escribiéramos con un lápiz. Hemos vaciado de contenido las palabras más hermosas y las más valiosas para nuestra vida, y así, también, nos pasa con nuestra vida de fe, pues ya no es lo mismo lo que decimos y lo que vivimos, y lo que vivimos no dice nada de lo que decimos que creemos.
Decimos "Padre nuestro", pero sólo consideramos hermanos a los que nos tratan bien, a los que realmente queremos, a quienes nos dicen lo que queremos escuchar, pero si alguien dice algo que no quiero escuchar... ya no es mi hermano; si alguien hace algo que no me gusta... le doy vuelta la cara; si ... dejo de hablarle; etc. ¿Entonces somos hermanos?
Decimos "venga a nosotros tu Reino", pero queremos que ese reino lo construyan otros, porque yo hoy no tengo tiempo, no puedo hacer eso, no sirvo para nada, me quedo mejor en mi sofá... Y continuamos con "hágase tu Voluntad en la tierra como en el Cielo", y en realidad no la hacemos, ni siquiera nos preguntamos cuál es la Voluntad de Dios, y si lo se miro para otro lado porque lo que me está pidiendo no es lo que quiero hacer...
Y así nos tendríamos que poner a analizar todo lo que decimos, todo lo que rezamos, todo lo que ofrecemos como testimonio al mundo de hoy, los cristianos. ¿Ofrecemos al mundo un camino en la Verdad, en la Vida, en la Fidelidad a Dios? O simplemente nos hemos acostumbrado, como el mundo a escribir con la mano y borrar con el codo?
miércoles, 6 de diciembre de 2023
Vendra a nosotros el Verbo de Dios
De los Sermones de san Bernardo, abad
Conocemos tres venidas del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquéllas son visibles, pero ésta no. En la primera el Señor se manifestó en la tierra y vivió entre los hombres, cuando -como él mismo dice- lo vieron y lo odiaron. En la última contemplarán todos la salvación que Dios nos envía y mirarán a quien traspasaron. La venida intermedia es oculta, sólo la ven los elegidos, en sí mismos, y gracias a ella reciben la salvación. En la primera el Señor vino revestido de la debilidad de la carne; en esta venida intermedia viene espiritualmente, manifestando la fuerza de su gracia; en la última vendrá en el esplendor de su gloria.
Esta venida intermedia es como un camino que conduce de la primera a la última. En la primera Cristo fue nuestra redención; en la última se manifestará como nuestra vida; en esta venida intermedia es nuestro descanso y nuestro consuelo.
Pero, para que no pienses que estas cosas que decimos sobre la venida intermedia son invención nuestra, oye al mismo Señor: El que me ama guardará mi palabra; mi Padre lo amará y vendremos a fijar en él nuestra morada. He leído también en otra parte: El que teme al Señor obrará bien. Pero veo que se dice aún algo más acerca del que ama a Dios y guarda su palabra. ¿Dónde debe guardarla? No hay duda que en el corazón, como dice el profeta: En mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti.
Conserva tú también la palabra de Dios, porque son dichosos los que la conservan. Que ella entre hasta lo más íntimo de tu alma, que penetre tus afectos y hasta tus mismas costumbres. Come lo bueno, y tu alma se deleitará como si comiera un alimento sabroso. No te olvides de comer tu pan, no sea que se seque tu corazón; antes bien sacia tu alma con este manjar delicioso.
Si guardas así la palabra de Dios es indudable que Dios te guardará a ti. Vendrá a ti el Hijo con el Padre, vendrá el gran profeta que renovará a Jerusalén, y él hará nuevas todas las cosas. Gracias a esta venida, nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial. Y, así como el primer Adán irrumpió en todo el hombre y lo llenó y envolvió por completo, así ahora lo poseerá totalmente Cristo, que lo ha creado y redimido y que también un día lo glorificará.
martes, 5 de diciembre de 2023
Las locuras de Dios
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien".
Cada día que pasa me gusta más esta afirmación de Jesús, y, es más, cada día me siento más identificado con los que no son sabios y entendidos, porque así no tengo que andar buscando tantos argumentos para creer ni para dejar de creer, simplemente creo.
¿Por qué digo esto? Ayer leyendo un hilo de discusión porque alguien, alguien que se las da de entendido y sabio, criticaba a los cristianos por creer las tonterías que la iglesia ha inventado hace más de dos mil años. Un cristiano defendía a capa y espada todos y cada uno de los argumentos del (supuesto) ateo y sabio. Y, en realidad me alegraba que se defendiera tanto lo que se creía, pero a la vez me daba lástima porque nunca se encontrarán argumentos válidos para los que se creen sabios, porque no tienen el corazón abierto ni siquiera para respetar las "tonterias" que otros creemos.
¿Hay que defender lo que creemos? Sí, hay que defenderlos. Pero ¿cuál es la manera de defender lo que creemos? Viviendo. En estos tiempos no hay mejor defensa que una fe bien vivida, y con la certeza de que no hace falta que seamos entendidos ni sabios para hacerle creer a los sabios y entendidos de este mundo el por qué creemos, porque nunca se van a abrir a nuestros argumentos. Y, como dice el refrán, estaremos gastando pólvora en chimangos.
Y, por otro lado, me alegro tanto de no tener que andar buscando argumentos para defenderme que me deja con una paz inmensa. Yo vivo y dejo vivir. ¿Quieres saber por qué vivo tan en paz? Como le dijo Jesús a aquellos discípulos: Ven y verás. ¿Quieres saberlo sin cuestionarlo? Bien. ¿Quieres cuestionarlo y escuchar mis argumentos? Tan bien. ¿Quieres cuestionarlo pero no quieres escuchar? Entonces sigue tu camino, porque aunque "resucite un muerto tampoco creerás".
Ser niño en el espíritu no es fácil, pero debemos intentar seguir madurando para no caer en la tentación de hacer sabios y entendidos, sino dejarnos conducir por el Padre porque será Él quien ponga las palabras en nuestros labios sabiendo que su locura es más sabia que la sabiduría de este mundo.
domingo, 3 de diciembre de 2023
Estad atentos
Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!».
Comenzamos un nuevo tiempo litúrgico, dentro de la liturgia católica, el Tiempo de Adviento, en preparación a la Celebración Solemne de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.
Sí, ya sabemos que llega la Navidad dentro de poco, y, como todos los años nos vamos preparando para ese momento, y, por eso mismo, no tenemos que acostumbrarnos a la rutina de volver a iniciar el Tiempo de Adviento, ni la celebración de la Navidad. No tenemos que acostumbrarnos porque si nos acostumbramos perdemos la alegría de celebrar algo que es tan importante para nuestra vida de fe.
Cuando la rutina se apodera de nuestra vida todo se vuelve igual, y así vamos perdiendo la capacidad de asombrarnos por los regalos de Dios. Por eso, como dice el Señor ¡Estad atentos! ¡Velad!
Hay que estar atentos para no volvernos muy adultos, sino que debemos conservar el espíritu de niños para dejarnos asombrarnos por los regalos del Señor. Si sólo buscamos los hechos extraordinarios, nunca podremos ver la Mano del Padre en los regalos pequeños de todos los días.
El tiempo de Adviento es, después del de Cuaresma, un tiempo de volver a mirarnos, no con intención de ver nuestros pecados, sino de disponernos a escuchar, es la Palabra la que se hace carne y viene a hablarnos de los misterios del Padre, del Amor del Padre por nosotros, y quiere hacer un lugar en nuestras vidas para que siempre estemos alegres de ese Infinito Amor por nosotros, por cada uno, por ti y por mí.
Escuchar a Dios, no sólo en la Palabra Divina, sino en los acontecimientos diarios, en los que sigue hablando constantemente y nos va dirigiendo Su Palabra de Esperanza, de Amor, que nos va sosteniendo, fortaleciendo y, sobre todo, nos va enseñando cómo llegar al final de la meta sin perder la fe, sino con el alma purificada por el Amor, vacía de tanto darnos a los demás, y como dice Santa Teresita, con las manos vacía porque todo lo que Él nos ha regalado lo hemos entregado con y por amor a los demás, así como Él se nos entregó desde el seno de María hasta la Cruz.
Por eso, Adviento es un tiempo de no dejarnos llevar por las prisas y los preparativos, sino dejarnos sorprender en el silencio por la Palabra que está dispuesta a iluminarnos y santificarnos.
viernes, 1 de diciembre de 2023
Rechacemos el temor a la muerte
Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la muerte
Nunca debemos olvidar que nosotros no hemos de cumplir nuestra propia voluntad, sino la de Dios, tal como el Señor nos mandó pedir en nuestra oración cotidiana. ¡Qué contrasentido y qué desviación es no someterse inmediatamente al imperio de la voluntad del Señor, cuando él nos llama para salir de este mundo! Nos resistimos y luchamos, somos conducidos a la presencia del Señor como unos siervos rebeldes, con tristeza y aflicción, y partimos de este mundo forzados por una ley necesaria, no por la sumisión de nuestra voluntad; y pretendemos que nos honre con el premio celestial aquel a cuya presencia llegamos por la fuerza. ¿Para qué rogamos y pedimos que venga el reino de los cielos, si tanto nos deleita la cautividad terrena? ¿Por qué pedimos con tanta insistencia la pronta venida del día del reino, si nuestro deseo de servir en este mundo al diablo supera al deseo de reinar con Cristo?
Si el mundo odia al cristiano, ¿por qué amas al que te odia, y no sigues más bien a Cristo, que te ha redimido y te ama? Juan, en su carta, nos exhorta con palabras bien elocuentes a que no amemos el mundo ni sigamos las apetencias de la carne: No améis al mundo —dice— ni lo que hay en el mundo. Quien ama al mundo no posee el amor del Padre, porque todo cuanto hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida. El mundo pasa y sus concupiscencias con él. Pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre. Procuremos más bien, hermanos muy queridos, con una mente íntegra, con una fe firme, con una virtud robusta, estar dispuestos a cumplir la voluntad de Dios, cualquiera que ésta sea; rechacemos el temor a la muerte con el pensamiento de la inmortalidad que la sigue. Demostremos que somos lo que creemos.
Debemos pensar y meditar, hermanos muy amados, que hemos renunciado al mundo y que mientras vivimos en él somos como extranjeros y peregrinos. Deseemos con ardor aquel día en que se nos asignará nuestro propio domicilio, en que se nos restituirá al paraíso y al reino, después de habernos arrancado de las ataduras que en este mundo nos retienen. El que está lejos de su patria es natural que tenga prisa por volver a ella. Para nosotros, nuestra patria es el paraíso; allí nos espera un gran número de seres queridos, allí nos aguarda el numeroso grupo de nuestros padres, hermanos e hijos, seguros ya de su suerte, pero solícitos aún de la nuestra. Tanto para ellos como para nosotros significará una gran alegría el poder llegar a su presencia y abrazarlos; la felicidad plena y sin término la hallaremos en el reino celestial, donde no existirá ya el temor a la muerte, sino la vida sin fin.
Allí está el coro celestial de los apóstoles, la multitud exultante de los profetas, la innumerable muchedumbre de los mártires, coronados por el glorioso certamen de su pasión; allí las vírgenes triunfantes, que con el vigor de su continencia dominaron la concupiscencia de su carne y de su cuerpo; allí los que han obtenido el premio de su misericordia, los que practicaron el bien, socorriendo a los necesitados con sus bienes, los que, obedeciendo el consejo del Señor, trasladaron su patrimonio terreno a los tesoros celestiales. Deseemos ávidamente, hermanos muy amados, la compañía de todos ellos. Que Dios vea estos nuestros pensamientos, que Cristo contemple este deseo de nuestra mente y de nuestra fe, ya que tanto mayor será el premio de su amor, cuanto mayor sea nuestro deseo de él.
jueves, 30 de noviembre de 2023
Anucniar el Primer Anuncio
"Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; y ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie?; y ¿cómo anunciarán si no los envían? Según está escrito:
«¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien!».
¿Quién ha hecho sobre nosotros el Primer Anuncio del Evangelio? Porque hemos creído en el Nombre del Señor, y, por eso, creemos que estamos salvados. Pero el Primer Anuncio del Evangelio es sólo eso: el primer anuncio, después viene algo más y mucho mejor: viene vivir el Primer Anuncio, porque si sólo nos quedamos en que fuimos anunciado de una Gran Noticia, es mejor, anunciados de una Buena Noticia y no ha pasado nada en nuestra vida, quiere decir que no hemos dejado que esa Voz llegue al corazón.
Sí, cuando la Buena Noticia llega al corazón del hombre, esa persona comienza a cambiar, comienza a descubrir un Camino Nuevo para vivir, un Camino Nuevo para recorrer y es así cuando debe comenzar a tomar nuevas decisiones, es cuando comienza a ejercer su derecho de ser libre, pues la libertad se hace efectiva cuando decido sobre lo que tengo que hacer. Y para decidir debo conocer, debo escuchar y discernir.
Así, cuando el Primer Anuncio de la Salvación llega a mi corazón y comienzo a recorrer ese Camino Nuevo, es ahí cuando me doy cuenta que el Señor me ha llamado: "Quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue su Cruz de cada día, y ¡sígame!" Es ahí cuando me doy cuenta que este Camino es serio y que implica no sólo caminar, sino que es un camino de conversión, de salvación, de Vida Nueva, porque todo se hace nuevo con la Gracia del Señor.
Y, será esa Gracia del Señor la que vaya trabajando en mí y su Luz se vaya reflejando en mi vivir, así, cada día que pase y cada día que siga siendo Fiel al Señor, entonces comenzará otro proceso: predicaré con mi vida la Buena Noticia del Señor, seré un misionero del Primer Anuncio de la Salvación, pues no podré dejar en silencio la alegría de haber sido amado por un Dios que pensó en mí desde antes de la creación del mundo para que sea santo e irreprochable en su presencia por el Amor, por eso, envió a Su Hijo Único a salvarme, y al salvarme me dio su Vida para que yo tenga una Vida Nueva para entregarla al mundo, para que el mundo crea que Él es el Salvador, el Mesías, el Señor.
miércoles, 29 de noviembre de 2023
Saber discernir
Cuando el Rey Baltasar, hijo de Nabucodonosor, necesitó de alguien para interpretar las cosas de Dios, como su padres, envío a traer a Daniel:
"¿Eres tú Daniel, uno de los judíos desterrados que trajo de Judea el rey mi padre? He oído decir de ti que posees el espíritu de los dioses, y que en ti se encuentran inteligencia, prudencia y una sabiduría extraordinaria".
Los reyes tenían gente sabia e, incluso, magos que podían adivinar cosas, pero para saber acerca de las cosas de Dios, envió a traer a alguien que tenía fama de conocer a Dios, porque hay que estar en relación con Dios para saber interpretar sus signos.
Dios, como sabemos, no siempre nos habla directamente, sino que utiliza de instrumentos, de causas segundas, de signos en los tiempos, pero no todos saben interpretarlos. Por eso necesitamos de encontrarnos con alguien que, estando en relación con Dios, son su Palabra y conociendo su forma de actuar, nos ayuden a interpretar Su Voluntad.
Así, Jesús, en los evangelios de estos días, nos habla de lo que sucederá al final de los tiempos, pero no nos da la fecha, porque eso no es importante. Tampoco es importante que nos preocupemos de las cosas que van ocurrir, sino de preparar nuestra alma para ese momentos. Por eso, en el evangelio de hoy nos dice: "Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Si hemos puesto nuestra confianza en el Señor, y hemos sido perseverantes en nuestro Caminar en Él, entonces nada nos sucederá, porque lo esencial es que salvemos nuestras almas, pues en el último día Él vendrá por nosotros para darnos un lugar en el Reino de los Cielos.
Mientras tantos, cada día, tendremos que perseverar en el Camino, buscando siempre la Voluntad de Dios para vivirla aquí en el tierra como en el Cielo, y, si se nos hace difícil discernir y conocer cuál es Su Voluntad buscar ayuda en aquellos que tienen, como Daniel, el Don de discernir y ayudarnos a discernir acerca de lo que Dios quiere para nuestras vidas. No dejemos lugar a que quienes no conocen a Dios, ni a Su Voluntad, dirijan nuestras almas hacia la perdición, sino que, con la ayuda de la Gracia y Su Espíritu, podamos alcanzar la perfección y la salvación de nuestras almas.
martes, 28 de noviembre de 2023
No te pre-ocupes ¡ocúpate!
"Ellos le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Siempre ha sido una incógnita, y lo seguirá siendo, para el hombre saber cuándo es el último momento de la vida, cuándo es el día del fin de los tiempos o del fin del mundo. Por eso se han creado tantas ¿ciencias? de lo paranormal para saber cuándo me va a suceder esto o aquello, qué va a pasar conmigo mañana, o, queriendo hablar con los muertos que ellos me digan qué va a pasar conmigo, o con el mundo o con esto o con aquello.
Pero, en ningún momento el Señor nos dio una fecha exacta porque tampoco Él la conoce ni la conocía, "sino mi Padre que está en los Cielos", sólo El Padre conoce esa fecha y esa hora, pero no la revelará para que no cunda el pánico. Pero, sobre todo, para que no vivamos con el miedo de lo que nos puede pasar mañana, sino ocupado en la Fidelidad al Amor del hoy.
"Él dijo:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el final no será enseguida».
¿Has pensado cómo sería tu vida si te dijeran que mañana se acaba? Quizás entres en pánico, quizás te dediques a acomodar lo que está desacomodado, quizás... pero si esa afirmación es falsa? Por eso el Señor nos ha pedido que no nos ocupemos del mañana, sino que nos ocupemos del hoy, de vivir en plenitud el hoy, pues el mañana es incierto y lo único que puede llegar a traernos es una pre-ocupación que lo único que puede llegar a hacer es ocuparnos sin sentido.
Pero si en el hoy estamos pendientes de lo que Dios nos va mostrando, y de lo que Él nos va pidiendo, y somos fieles a Su Voluntad, no tendremos que preocuparnos de nada porque será Él quien se ocupe de darnos "pistas" para seguir adelante.
Deja de lado los horóscopos y tantas otras tonterías que nos hablan de un futuro incierto, concéntrate en la Voluntad de Dios pues Él te guiará por el mejor de los Caminos para alcanzar la Vida que sueñas y anhelas.
lunes, 27 de noviembre de 2023
Tu ganancia depende de tu trabajo
De los sermones de san León Magno, papa
Dice el Señor: Si vuestra virtud no es superior a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Esta superioridad de nuestra virtud ha de Consistir en que la misericordia triunfe sobre el juicio. Y en verdad lo más justo y adecuado es que la creatura, hecha a imagen y semejanza de Dios, imite a su creador, que ha establecido la reparación y santificación de los creyentes en el perdón de los pecados, prescindiendo de la severidad del castigo y de cualquier suplicio, y haciendo así que de reos nos convirtiéramos en inocentes y que la abolición del pecado en nosotros fuera el origen de las virtudes.
La virtud cristiana puede superar a la de los escribas y fariseos no por la supresión de la ley, sino por no entenderla en un sentido material. Por esto el Señor, al enseñar a sus discípulos la manera de ayunar, les dice: Cuando ayunéis no os hagáis los melancólicos, como los hipócritas, que ponen una cara mustia, para hacer ver a los demás que están ayunando. Os digo de veras: Ya recibieron su paga. ¿Qué paga, sino la paga de la alabanza de los hombres? Por el deseo de esta alabanza se exhibe muchas veces una apariencia de virtud y se ambiciona una fama engañosa, sin ningún interés por la rectitud interior; así, lo que no es más que maldad escondida se complace en la falsa apreciación de los hombres.
El que ama a Dios se contenta con agradarlo, porque el mayor premio que podemos desear es el mismo amor; el amor, en efecto, viene de Dios, de tal manera que Dios mismo es el amor. El alma piadosa e íntegra busca en ello su plenitud y no desea otro deleite. Porque es una gran verdad aquello que dice el Señor: Donde está tu tesoro, allí está tu corazón. El tesoro del hombre viene a ser como la reunión de los frutos recolectados con su esfuerzo. Lo que uno siembre, eso cosechará, y cual sea el trabajo de cada uno tal será su ganancia; y donde ponga el corazón su deleite, allí queda reducida su solicitud. Mas, como sea que hay muchas clases de riquezas y diversos objetos de placer, el tesoro de cada uno viene determinado por la tendencia de su deseo, y si este deseo se limita a los bienes terrenos, no hallará en ellos la felicidad, sino la desdicha.
En cambio, los que ponen su corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra, y su atención en las cosas eternas, no en las perecederas, alcanzarán una riqueza incorruptible y escondida, aquella a la que se refiere el profeta cuando dice: La sabiduría y el saber serán su refugio salvador, el temor del Señor será su tesoro. Esta sabiduría divina hace que, con la ayuda de Dios, los mismos bienes terrenales se conviertan en celestiales, cuando muchos convierten sus riquezas, ya sea legalmente heredadas o adquiridas de otro modo, en instrumentos de bondad. Los que reparten lo que les sobra para sustento de los pobres se ganan con ello una riqueza imperecedera; lo que dieron en limosnas no es en modo alguno un derroche; éstos pueden en justicia tener su corazón donde está su tesoro, ya que han tenido el acierto de negociar con sus riquezas sin temor a perderlas.
domingo, 26 de noviembre de 2023
Es Señor?
"Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos, más pequeños conmigo lo hicisteis”.
Último domingo del tiempo litúrgico, llamado, ordinario. Y en este Domingo celebramos a Jesucristo Rey del Universo, Rey de nuestra vida, Señor de Señores, Señor de nuestra vida. ¿Por qué?
¿Por qué lo celebramos con este título? O, ¿por qué es Señor de nuestra vida?
Lo primero es más fácil que lo segundo, por supuesto, porque siempre es más fácil decir cosas que vivir lo que decimos. Decir que Jesús es el Rey del Universo es fácil porque sabemos que ha sido coronado sobre todo nombre por nuestro Padre Celestial, pues Él es el Mesías y Señor, y entregó su vida por nosotros, en obediencia al Padre, hasta la muerte en Cruz y resucitó para nuestra Salvación. Eso es el centro de nuestra Fe, es el centro y la verdad que ilumina toda nuestra vida de Fe, no hay nada más importante que esa Verdad.
Pero, de ahí, a que ese Señor sea el Señor de mi vida… hay un paso largo, o, mejor dicho, muchos pasos para llegar a entrar en mi corazón y mi vida.
Hoy por hoy, en este siglo XXI que vivimos y en esta sociedad que lo que busca es “vivir la vida loca” (aunque sea una canción ya vieja), creo que todo lo puede si se lo propone, y todo lo puede desde que ha entendido que ser libre es hacer todo lo que quiero y lo que deseo y más allá también.
Y, lo peor es que en el pensamiento de muchos cristianos (por no decir todos) se nos ha metido la misma idea o forma de vivir, pues mientras no hagamos mal a nadie podemos hacer todo lo que queramos. Quitando así, del medio, la idea de pecado, y, sobre todo, de moralidad cristiana, pues si todo el mundo lo hace ¿por qué yo no puedo hacerlo?
Es ahí donde vemos que mucho ¡Señor, Señor! Pero no lo dejamos actuar en nuestra vida, o, mejor dicho, no actuamos como Él nos enseñó con Su Vida, sino que hacemos lo que el mundo nos invita a hacer, y, así, hacemos que las ideologías del mundo manejen nuestras vidas, nos hacemos esclavos de un mundo que nos lleva a la perdición de nuestra alma, y a la despersonalización de mi vida.
Si realmente el Señor es Señor de mi vida, no tengo por qué preocuparme de despersonalizarme, de no alcanzar la perfección de mi vida, pues Él sabe lo que soy y lo que quiero ser, y me llevará de Su Mano por el mejor Camino para que no sólo alcance la salvación de mi alma, sino que alcance la felicidad que anhelo. Por eso, confía en el Señorío del Señor, como lo hizo María.