lunes, 31 de octubre de 2022

La creacióna refleja la divinidad

De las Disertaciones de san Atanasio, obispo, Contra los arrianos.

    En nosotros y en todos los seres hay una imagen creada de la Sabiduría eterna. Por ello, no sin razón, el que es la verdadera Sabiduría de quien todo procede, contemplando en las creaturas como una imagen de su propio ser exclama: El Señor me creó al comienzo de sus obras. En efecto, el Señor considera toda la sabiduría que hay y se manifiesta en nosotros como algo que pertenece a su propio ser.
    Pero esto no porque el Creador de todas las cosas sea él mismo creado, sino porque él contempla en sus creaturas como una imagen creada de su propio ser. Ésta es la razón por la que afirmó también el Señor: El que a vosotros recibe a mí me recibe, pues aunque él no forma parte de la creación, sin embargo en las obras de sus manos hay como una impronta y una imagen de su mismo ser, y por ello, como si se tratara de sí mismo, afirma: El Señor me creó al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras.
    Por esta razón precisamente la impronta de la sabiduría divina ha quedado impresa en las obras de la creación para que el mundo, reconociendo en esta sabiduría al Verbo, su Creador, llegue por él al conocimiento del Padre. Es esto lo que enseña el apóstol san Pablo: Son manifiestas a ellos las verdades que se pueden conocer acerca de Dios. Bien claro se las manifestó él. Así, desde la creación del mundo, lo invisible de Dios es conocido mediante las obras. Por esto, el Verbo, en cuanto tal, de ninguna manera es creatura, sino el arquetipo de aquella sabiduría de la cual se afirma que existe y que está realmente en nosotros.
    Los que no quieren admitir lo que decimos deben responder a esta pregunta: ¿existe o no alguna clase de sabiduría en las creaturas? Si nos dicen que no existe, ¿por qué arguye, san Pablo diciendo que, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría? Y si no existe ninguna sabiduría en las creaturas, ¿cómo es que la Escritura alude a tan gran número de sabios? Pues en ella le afirma: El sabio, lleno de temor, se aparta del mal y con sabiduría edifica su casa.
    Y dice también el Eclesiastés: La sabiduría del hombre hace brillar su rostro; y el mismo autor increpa a los temerarios con estas palabras: No digas: ¿cómo es que el tiempo pasado fue mejor que el presente? Pues no es de sabios preguntar sobre ello.
    Que exista la sabiduría en las cosas creadas queda patente también por las palabras del hijo de Sirac. La derramó sobre todas sus obras, la repartió; entre los vivientes, según su generosidad, la regaló a los que lo aman; pero esta efusión de sabiduría no se refiere, en, manera alguna, al que es la misma Sabiduría por naturaleza, el cual existe en sí mismo y es el Unigénito, sino más bien a aquella sabiduría que aparece como su reflejo en las obras de la creación. ¿Por qué, pues, vamos a pensar que es imposible que la misma Sabiduría creadora, cuyos reflejos constituyen la sabiduría y la ciencia derramadas en la creación, diga de sí misma: El Señor me creó al comienzo de sus obras? No hay que decir, sin embargo, que la sabiduría que hay en el mundo sea creadora; ella, por el contrario, ha sido creada, según aquello del salmo: El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos.
 

domingo, 30 de octubre de 2022

Este también es hijo de Dios

Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; pues también este es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

¡Que fácil que es hablar de los demás! Pero, qué difícil es hacernos cargo de lo que decimos, y más aún de las personas a las que criticamos. Claro es que lo único que vemos de los demás son sus actos, su forma de actuar, además de creer lo que los otros dicen de esas personas, porque lo peor que hay es que me hago cómplice de “ciertas verdades” de lo que me han contado que han dicho…
Ser un eco de los comentarios de otros, es decir, ser un eco de los chismes que otros cuentan, me hace ser cómplice de esas, quizás, verdades o mentiras que cuentan. Y ¿quién se hace cargo de lo que vamos sembrando por el mundo, por la familia, por la comunidad? Seguramente responderemos como Caín: ¿qué tengo que ver yo con mi hermano? Y el Señor me responderá: eres responsable de la vida de tu hermano.
Y es más Jesús nos dirá: lo que le haces a uno de estos mis hermanos a Mí me lo haces. ¿Lo tenemos en cuenta?
Además, por una simple regla de tres, lo que yo hago a los demás también dejo la puerta abierta para que los demás lo hagan conmigo y ¿te gusta que los demás hablen de ti de esa manera? ¿te gusta que los demás levanten falsas verdades sobre tu comportamiento? ¿Te gustaría que los demás dijeran a los cuatro vientos lo que tú les has dicho en confianza?
No somos conscientes, las más de las veces, de lo que pueden hacer nuestras palabras, y, también, el hecho de ser transmisores de las palabras de los demás. Debemos analizar lo que decimos y lo que escuchamos.
Gracias a Dios tenemos a nuestro Señor que nos ayuda, en cada momento, a sobreponernos y a convertirnos de nuestras malas acciones. Pero no todo se resuelve con la simple confesión sacramental, sino que deberíamos saber resarcir a quien hemos ofendido o dañado con nuestras palabras ¿Lo haces?

sábado, 29 de octubre de 2022

Tu Espíritu es para nosotros

Del Diálogo de santa Catalina de Siena, virgen, Sobre la divina providencia

    El Padre eterno puso, con inefable benignidad, los ojos de su amor en aquella alma y empezó a hablarle de esta manera:
    «¡Hija mía muy querida! Firmísimamente he determinado usar de misericordia para con todo el mundo y proveer a todas las necesidades de los hombres. Pero el hombre ignorante convierte en muerte lo que yo le doy para que tenga vida, y de este modo se vuelve en extremo cruel para consigo mismo. Pero yo, a pesar de ello, no dejo de cuidar de él, y quiero que sepas que todo cuanto tiene el hombre proviene de mi gran providencia para con él. Y así, cuando por mi suma providencia quise crearlo, al contemplarme a mí mismo en él, quedé enamorado de mi creatura y me complací en crearlo a mi imagen y semejanza, con suma providencia. Quise, además, darle memoria para que pudiera recordar mis dones, y le di parte en mi poder de Padre eterno.
    Lo enriquecí también al darle inteligencia, para que en la sabiduría de mi Hijo comprendiera y conociera cuáles mi voluntad, pues yo, inflamado en fuego intenso de amor paternal, creo toda gracia y distribuyo todo bien. Di también al hombre la voluntad, para que pudiera amar y así tuviera parte en aquel amor que es el mismo Espíritu Santo; así le es posible amar aquello que con su inteligencia conoce y contempla.
    Esto es lo que hizo mi inefable providencia para con el hombre, para que así el hombre fuese capaz de entenderme, gustar de mí y llegar así al gozo inefable de mi contemplación eterna. Pero, como ya te he dicho otras muchas veces, el cielo estaba cerrado a causa de la desobediencia de vuestro primer padre, Adán; por esta desobediencia vinieron y siguen viniendo al mundo todos los males.
    Pues bien, para alejar del hombre la muerte causada por, su desobediencia, yo, con gran amor, vine en vuestra ayuda, entregándoos con gran providencia a mi Hijo unigénito, para socorrer, por medio de él, vuestra necesidad. Y a él le exigí una gran obediencia, para que así el género humano se viera libre de aquel veneno con el cual fue infectado el mundo a causa de la desobediencia de vuestro primer padre. Por eso, mi Hijo unigénito, enamorado de mi voluntad, quiso ser verdadera y totalmente obediente y se entregó, con toda prontitud, a la muerte afrentosa de la cruz y con esta santísima muerte os dio a vosotros la vida, no con la fuerza de su naturaleza, humana, sino con el poder de su divinidad.»
 

viernes, 28 de octubre de 2022

Como el Padre me envió

Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan

Nuestro Señor Jesucristo instituyó a aquellos que habían de ser guías y maestros de todo el mundo y administradores de sus divinos misterios, y les mandó que fueran como astros que iluminaran con su luz no sólo el país de los judíos, sino también a todos los países que hay bajo el sol, a todos los hombres que habitan la tierra entera. Es verdad lo que afirma la Escritura: Nadie se arroga este honor; sólo lo toma aquel que es llamado por Dios. Fue, en efecto, nuestro Señor Jesucristo el que llamó a sus discípulos a la gloria del apostolado, con preferencia a todos los demás.
Aquellos bienaventurados discípulos fueron columnas y fundamento de la verdad; de ellos afirma el Señor que los envía como el Padre lo ha enviado a él, con las cuales palabras, al mismo tiempo que muestra la dignidad del apostolado y la gloria incomparable de la potestad que les ha sido conferida, insinúa también, según parece, cuál ha de ser su estilo de obrar.
En efecto, si el Señor tenía la convicción de que había de enviar a sus discípulos como el Padre lo había enviado a él, era necesario que ellos, que habían de ser imitadores de uno y otro, supieran con qué finalidad el Padre había enviado al Hijo. Por esto, Cristo, exponiendo en diversas ocasiones las características de su propia misión, decía: No he venido a invitar a los justos a que se arrepientan, sino a los pecadores. Y también: He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino para cumplir la voluntad de aquel que me ha enviado. Dios no ha enviado su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.
De este modo resume en pocas palabras la regla de conducta de los apóstoles, ya que, al afirmar que los envía como el Padre lo ha enviado a él, les da a entender que su misión consiste en invitar a los pecadores a que se arrepientan y curar a los enfermos de cuerpo y de alma, y que en el ejercicio de su ministerio no han de buscar su voluntad, sino la de aquel que los ha enviado, y que han de salvar al mundo con la doctrina que de él han recibido. Leyendo los Hechos de los apóstoles o los escritos de san Pablo, nos damos cuenta fácilmente del empeño que pusieron los apóstoles en obrar según estas consignas recibidas.

jueves, 27 de octubre de 2022

Tomad las armas de Dios

No puedo dejar pasar la carta de san Pablo porque es algo que tenemos que aprehender de un modo extraordinario. No digo aprender de memoria, sino aprehendeer, es decir hacerlo nuestro, que cale profundo en nuestro corazón y lo podamos llevar a la práctica. Sí, porque vivimos tiempos en donde necesitamos estar muy fuertes y preparados, no intelectualmente, sino espiritualmente para los combates que se avecinan.
"Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas. Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios.
Siempre en oración y súplica, orad en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con constancia, por todos los santos".
No es que tenemos que tener miedo, como dicen algunos: ya está aquí el apocalipsis, no. Lo que pasa es que vamos corriendo tan de prisa por la vida que no tenemos tiempo de detenernos a pensar en las cosas del espíritu, y, sabemos que cuando corremos tanto nos cansamos más rápido, nos agobian las cosas que suceden y, en muchos casos, esas situaciones nos hacen perder la fe, la esperanza y dejamos de amar.
El mayor de los obstáculos en nuestro tiempo es no tener tiempo para pensar, para rezar, para encontrarnos con nosotros mismos y con el Señor, para descansar en nuestros hermanos y disfrutar de nuestra familia, y, más de una vez y de dos, no tener tiempo para rezar en familia, dejándola así desrotegida contra las asechanzas del mundo.
"Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas de Dios, para poder aguantar las asechanzas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire".

miércoles, 26 de octubre de 2022

No corras, disfruta

"Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos".
Una frase complicada la de Jesús. En realidad no tan complicada porque en las iglesias siempre lo hacen: la gente siempre se empieza a sentar en el último bando y los primeros quedan vacíos... pero no es a esa realidad a la que se refiere Jesús. Pero, ya que estamos... no se por qué esa costumbre de no ocupar los primeros bancos en las iglesias ¿no saben lo feo que queda? ¿y lo que sentimos los curas cuando las primeras filas quedan vacías?
En cambio, si van al teatro, al cine, o hasta la verbena del verano en la plaza, se pelean para ocupar los primeros bancos. Será que somos tan feos los párrocos que no nos quieren ver, y menos escuchar... Pero bueno, anécdotas aparte, pero...
La realidad es que en otro orden de cosas, lo que siempre llamamos apetito de poder, es lo que hace que muchos quieren ser los primeros en todo. El orgullo o la soberbia o la vanidad en algunos casos hace que queramos destacar más que el otro. Y eso, en el campo de lo económico y del trabajo se da bastante más que en el orden espiritual.
En estos tiempos donde lo importante es mostrar lo que tengo vamos haciendo una carrera contra el tiempo para lograr tener más que los demás, e, incluso, más que uno mismo, porque nunca me alcanza lo que tengo, porque siempre hay algo nuevo que me gusta y que no tengo.
Ejemplo son algunos armarios, no sólo de muejeres, sino también de varones, que están abarrotados de cosas que, quizás, sólo una sola vez se han puesto y, en algunos casos, ni una sola vez.
Pero (claro que siempre hay un pero) en el orden espiritual no hacemos carrera para ver quién es más santo que otros, porque eso ya no se ve, no se nota tanto como un buen reloj, un gran coche, una gran casa... y sin embargo cuando se acaba el tiempo de tener ¿con qué me he quedado? Una casa vacía, un coche que no lleva gente, un montón de cosas que nadie utiliza, y el corazón...
Por eso el Señor nos pide que no nos dejemos llevar por la carrera consumista de estos tiempos, sino que miremos más hacia adentro y disfrutemos de las personas que tenemos a nuestro lado, ellas no neceistan de todo, sino que neceistan de mí, así como yo de ellas.
Seamos disfrutones de los bienes espirituales y de las personas que tenemos a nuestro lado, dejémonos tiempo para disfrutar de ellos...

martes, 25 de octubre de 2022

Es justo y fiel

De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios

    Consideremos, amadísimos hermanos, cómo Dios no cesa de alentarnos con la esperanza de una futura resurrección, de la que nos ha dado ya las primicias al resucitar de entre los muertos al Señor Jesucristo. Estemos atentos, amados hermanos, al mismo proceso natural de la resurrección que contemplamos todos los días: el día y la noche ponen ya ante nuestros ojos como una imagen de la resurrección: la noche se duerme, el día se levanta; el día termina, la noche lo sigue. Pensemos también en nuestras cosechas: ¿Qué es la semilla y cómo la obtenemos? Sale el sembrador y arroja en tierra unos granos de simiente, y lo que cae en tierra, seco y desnudo, se descompone; pero luego, de su misma descomposición, el Dueño de todo, en su divina providencia, lo resucita, y de un solo grano saca muchos y cada uno de ellos lleva su fruto.
    Tengamos, pues, esta misma esperanza y unamos con ella nuestras almas a aquel que es fiel en sus promesas y justo en sus juicios. Quien nos prohibió mentir ciertamente no mentirá, pues nada es imposible para Dios, fuera de la mentira. Reavivemos, pues, nuestra fe en él y creamos que todo está, de verdad, en sus manos.
    Con una palabra suya creó el universo y con una palabra lo podría también aniquilar. ¿Quién podría decirle: «Qué has hecho»? O ¿quién podrá resistir la fuerza de su brazo? Él lo hace todo cuando quiere y como quiere y nada dejará de cumplirse de cuanto él ha decretado. Todo está presente ante él y nada se opone a su querer, pues el cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo murmura; sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón.
    Siendo, pues, así que todo está presente ante él y que él todo lo contempla, tengamos temor de ofenderlo y apartémonos de todo deseo impuro de malas acciones, a fin de que su misericordia nos defienda en el día del juicio. Porque ¿quién de nosotros podría huir de su poderosa mano? ¿Qué mundo podría acoger a un desertor de Dios? Dice, en efecto, en cierto lugar, la Escritura: ¿A dónde iré lejos de tu aliento, a dónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. ¿En qué lugar, pues, podría alguien refugiarse para escapar de aquel que lo envuelve todo?
    Acerquémonos, por tanto, al Señor con un alma santificada, levantando hacia él nuestras manos puras e incontaminadas; amemos con todas nuestras fuerzas al que es nuestro Padre, amante y misericordioso, y que ha hecho de nosotros su pueblo de elección.

 

domingo, 23 de octubre de 2022

Fariseo o humilde

“¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”.
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Creemos muchas veces que por reconocer que somos imperfectos o que hemos cometido pecado somos la peor basura del mundo, y no es así. Tropezar, caer no es lo peor que nos puede pasar, sino que lo peor es no saber reconocer que somos imperfectos y pecadores. Claro está que junto al pecado también tenemos que reconocer las virtudes, porque la humildad consiste en reconocer no sólo la pobreza sino también la riqueza que hay en nosotros.
Sí, reconocer también la riqueza que hay en nosotros, los dones que el Señor nos dio, y, sobre todo, saber que esos dones no son porque yo los fabriqué, sino que me han sido regalados, y por eso, toda obra buena es fruto de la Gracia que hay en mí. Es así como tenemos que quitar de nuestras vidas aquello de “querer es poder”. Quizás en el orden práctico puede ser querer es poder, porque si quiero levantar una pared tengo que poner empeño y esfuerzo. Pero en el orden espiritual no porque quiera puedo, sino que puedo si Dios quiere, y si no quiere, no podré.
En el orden espiritual es disponerme para que la Gracia actúe en mí, y ponerme a disposición de la Voluntad de Dios para vivir según su proyecto. Hay veces que quisiéramos erradicar de nosotros tal defecto o pecado, o intención, y, como dice San Pablo: “Por ello, tres veces le he pedido al Señor que lo apartase de mí y me ha respondido: «Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad». Así que muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de las debilidades, los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.
La aceptación de mi debilidad es lo que me hace fuerte porque lo dejo actuar al Señor, en cambio cuando dejo que la soberbia gane mi corazón lo único que consigo es no dejar entrar la Gracia santificante para que transforme y sane mi alma.

sábado, 22 de octubre de 2022

El Verbo se hizo Hombre

De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo

El apóstol san Pablo nos dice que dos hombres dieron origen al género humano, a saber, Adán y Cristo. Dos hombres semejantes en su cuerpo, pero muy diversos en su obrar; totalmente iguales por el número y orden de sus miembros, pero totalmente distintos por su respectivo origen. Dice, en efecto, la Escritura: El primer hombre. Adán, se convirtió en ser vivo; el último Adán, en espíritu que da vida.
Aquel, primer Adán fue creado por el segundo, de quien recibió el alma con la cual empezó a vivir; el último Adán, en cambio, se configuró a sí mismo y fue su propio autor, pues no recibió la vida de nadie, sino que fue el único de quien procede la vida de todos. Aquel primer Adán fue plasmado del barro deleznable; el último Adán se formó en las entrañas preciosas de la Virgen. En aquél, la tierra se convierte en carne; en éste, la carne llega a ser Dios.
Y ¿qué mas podemos añadir? Éste es aquel Adán que, cuando creó al primer Adán, colocó en él su divina imagen. De aquí que recibiera su naturaleza y adoptara su mismo nombre, para que aquel a quien había formado a su misma imagen no pereciera. El primer Adán es, en realidad, el nuevo Adán; aquel primer Adán tuvo principio, pero este último Adán no tiene fin. Por lo cual, este último es, realmente, también el primero, como él mismo afirma: Yo soy el primero y yo soy el último.
«Yo soy el primero, es decir, no tengo principio. Yo soy el último, porque ciertamente no tengo fin. El espíritu no fue lo primero -dice-, primero vino la vida y después el espíritu.» Antes, sin duda, es la tierra que el fruto, pero la tierra no es tan preciosa como el fruto; aquélla exige lágrimas y trabajo, éste, en cambio, nos proporciona alimento y vida. Con razón el profeta se gloría de tal fruto, cuando dice: Nuestra, tierra ha dado su fruto. ¿Qué fruto? Aquel del que se afirma en otro lugar: A un fruto de tus entrañas lo pondré sobre tu trono. Y también: El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo es del cielo.
Igual que el hombre terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales. ¿Cómo, pues, los que no nacieron con tal naturaleza celestial llegaron a ser de esta naturaleza y no permanecieron tal cual habían nacido, sino que perseveraron en la condición en que habían renacido? Esto se debe, hermanos, a la acción misteriosa del Espíritu, el cual fecunda con su luz el seno materno de la fuente virginal, para que aquellos a quienes el origen terreno de su raza da a luz en condición terrena y miserable vuelvan a nacer en condición celestial, y lleguen a ser semejantes a su mismo Creador. Por tanto, renacidos ya, recreados según la imagen de nuestro Creador, realizamos lo que nos dice el Apóstol: Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.
Renacidos ya, como hemos dicho, a semejanza de nuestro Señor, adoptados como verdaderos hijos de Dios, llevemos íntegra y con plena semejanza la imagen de nuestro Creador: no imitándolo en su soberanía, que sólo a él corresponde, sino siendo su imagen por nuestra inocencia, simplicidad, mansedumbre, paciencia, humildad, misericordia y concordia, virtudes todas por las que el Señor se ha dignado hacerse uno de nosotros y ser semejante a nosotros.

jueves, 20 de octubre de 2022

Que no se apague el fuego

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!".
¿Cuál es el fuego del que habla Jesús?
El fuego del Espíritu, los Dones del Espíritu Santo que quiere que se enciendan en nuestros corazones y así poder encender la tierra, el mundo entero con los Dones de una Vida Nueva en Cristo, en la verdad, la justicia, la alegría, la esperanza, la fraternidad, la paz...
Es el Hombre Nuevo quien con el fuego del Espíritu podrá llevar por donde vaya la alegría de la Buna Noticia de la Salvación, pero una salvación que no siempre trae paz, sino guerra. Una guerra interior donde luchan el cuerpo contra el espíritu y el espíritu contra el cuerpo, como bien dice San Pablo, porque queremos lo que no debemos, y anhelamos lo que no podemos. Y la búsqueda de la Voluntad para el hombre de hoy es la lucha más fuerte que tiene que tener todos los días, pues muy fácilmente nos enamora el mundo y nos hace pensar en lo que es más fácil y nos lleva por la puerta ancha de la perdición.
"¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.
Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».
Habrá no sólo una lucha interna sino una externa frente a aquellos que piensan que lo mejor es la vida en el mundo, que los nuevos paradigmas de la sociedad, que las ideologías que van surgiendo en el mundo, que las tinieblas de la mentira y la vida a media, es el camino más fácil y cómodo para vivir sin que te molesten. En cambio al que quiera vivir en fidelidad a la Voluntad de Dios y el Evangelio, se le pondrán trabas, se le quitarán los derechos para expresar y vivir según cree y quiere.
Cuando se quiera vivir radicalmente la fidelidad a Dios habrá divisiones, habrá luchas y tendremos que estar fuertes en el espíritu para poder combatir hasta el final sin perder la fe.
Por eso San Pablo nos orienta a cómo vivir y qué hacer para alcanzar la meta:
"Doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra, pidiéndole que os conceda, según la riqueza de su gloria, ser robustecidos por medio de su Espíritu en vuestro hombre interior; que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios.
Al que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros, a él la gloria de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén".

miércoles, 19 de octubre de 2022

El más insignificante

Creo que cada uno de nosotros, los bautizados, podemos atribuirnos (y debemos) las palabras de San Pablo:
"A mi, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia de anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo; e iluminar la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo".
Sí, y no es por pecar de soberbia, sino que es nuestra obligación como bautizados en la Iglesia Católica y Apostólica, ser apóstoles de la Buena Noticia de Cristo. No es un derecho, sino que es una obligación: "¡Ay de mi si no predicara!", también lo dice san Pablo. Porque la predicación forma parte de la vida de todo bautizado.
Claro está que no predicamos nuestra propia palabra o nuestras propias ideas (aunque algunos sí lo hacen, en contra del Evangelio), sino que predicanos la Palabra Revelada por Dios por medio de los profetas y, llegada la plenitud de los tiempos, por Su Unigénito, Jesucristo Nuestro Señor.
Una Palabra que, para nosotros los bautizados en la Iglesia de Jesucristo, sabemos que está custodiada, y por un Don de Gracia y Fe, ha sido guardada en la Santa Biblia por el Magisterio de la Iglesia Catóica:
"Así, mediante la Iglesia, los principados y potestades celestes conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios por la fe en él".
Sí, porque Iglesia somos todos los bautizados en Cristo, somos miembros de Su Cuerpo que es la Iglesia, y por lo tanto, todos, de acuerdo a la misión de cada uno, tenemos el derecho y la obligación de ser portadores de la Buena Noticia de la Salvación.
Por eso mismo podemos hacernos eco de las palabras de San Pablo para nuestra vida, sintiéndonos, también con él, el más pequeño de los apóstoles, pero con la misma responsabilidad de transmitir la Palabra de Dios revelada.
Claro está que para ello debemos tratar de reflexionarla, meditarla y dejarla echar raíces en nuestro corazón, para que sea Ella la que llene nuestra alma y podamos así hablar de Ella y no de nosotros: "de la abundancia del corazón hablan los labios", dice el Señor. Cuanto más nos "metamos" dentro de la Palabra más la Palabra se hará parte de nuestra vida: iluminándonos, instruyéndonos, exhortándonos y llevándonos a la Vida que el Padre quiere para nosotros.

martes, 18 de octubre de 2022

Perseverar o abandonar, esa es la cuestion

"Demas me ha abandonado, enamorado de este mundo presente, y se marchó a Tesalónica; Crescente a Galacia; Tito, a Dalmacia; Lucas es el único que está conmigo".
Esta breve frase de san Pablo nos puede hacer pensar en muchas cosas, así como todo el párrafo de hoy de la carta a Timoteo, pero no voy a hablar de toda la carta.
¿Por qué este párrafo me llama la atención? Hay dos cosas, por un lado el abandono de Demas y por el otro la perseverancia de Lucas. Son dos situaciones que vivimos constantemente en nuestra vida diaria: el abandono y la peseverancia en el camino de la fe, o en la conquista de nuestros ideales, o en la marcha diaria de nuestra vida.
La perseverancia es un Don que tenemos que pedir, pues es difícil perseverar cuando el camino es lento o duro o complicado o difícil. Cuando el camino se hace muy cuesta arriba nos cansamos demasiado pronto (en estos tiempos) Eso lo vemos en muchas situaciones de la vida: en los matrimonios que se cansan muy rápido del otro y dicen que se ha acabado el amor, en la conquista de grandes ideales que, cuando son muy altos cuestan más; en las profesiones que no son tan bien pagadas y van buscando mejores pagos, etc. etc. Y, sobre todo, en el camino de la santidad.
Es ahí donde se hace más cuesta arriba el caminar pues la santidad cuesta mucho, la vida de coherencia entre la fe y lo que vivo cuesta mucho, aceptar la Voluntad de Dios cuesta mucho, vivir según el Evangelio cuesta mucho; y todo ellos nos lleva a estar muchas veces agobiados.
Claro que es en ese momento donde miramos hacia otro lado y vemos que la vida en el otro camino, el del mundo, es mucho más fácil: no hay que pensar en lo que Dios quiere, no tengo que renunciar a lo que me gusta, nadie me cuestiona si lo que hago está mal o es pecado... entonces, me cambio de carril y me voy por el más fácil.
Está claro que alcanzar los más altos ideales nunca ha sido un camino fácil, ni en el mundo, ni en Dios. Por eso mismo Jesús nos decía que el camino para alcanzar el Reino de Dios era difícil y tenía una puerta estrecha, por la cual sólo entraban los que eran como niños. Y, aunque parece una frase muy fácil de comprender no es algo muy fácil para vivir.
La puerta estrecha por la que todos los días tenemos que pasar es la que nos hace complicado el decir que Sí a la Voluntad de Dios, pues para pasar por ella tenemos que despojarnos de lo que más nos gusta y amamos: nuestro yo.
De lo que nos olvidamos en estos casos es, también, de algo que nos dijo Jesús: quien esté afligido y agobiado venga a Mí, Yo lo aliviaré; cargue con mi yugo que es suave y mi carga ligera. Cuando él nos pide recorrer un camino difícil es Él quien nos asiste y nos fortalece, por eso debemos mantenernos cerca y recibir de Él toda la Gracia necesaria para seguir caminando. Nunca nos dejará solos, siempre estará con nosotros, y así podremos alcanzar la meta, como dice san Pablo, sin perder la fe.

lunes, 17 de octubre de 2022

Soy trigo de Dios

De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Romanos

Yo voy escribiendo a todas las Iglesias, y a todas les encarezco lo mismo: que moriré de buena gana por Dios, con tal que vosotros no me lo impidáis. Os lo pido por favor: no me demostréis una benevolencia inoportuna. Dejad que sea pasto de las fieras, ya que ello me hará posible alcanzar a Dios. Soy trigo de Dios y he de ser molido por los dientes de las fieras, para llegar a ser pan limpio de Cristo. Rogad por mí a Cristo, para que, por medio de esos instrumentos, llegue a ser una víctima para Dios.
De nada me servirán los placeres terrenales ni los reinos de este mundo. Prefiero morir en Cristo Jesús que reinar en los confines de la tierra. Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel que por nosotros murió y resucitó. Se acerca ya el momento de mi nacimiento a la vida nueva. Por favor, hermanos, no me privéis de esta vida, no queráis que muera; si lo que yo anhelo es pertenecer a Dios, no me entreguéis al mundo ni me seduzcáis con las cosas materiales; dejad que pueda contemplar la luz pura; entonces seré hombre en pleno sentido. Permitid que imite la pasión de mi Dios. El que tenga a Dios en si entenderá lo que quiero decir y se compadecerá de mi, sabiendo cuál es el deseo que me apremia.
El príncipe de este mundo me quiere arrebatar y pretende arruinar mi deseo que tiende hacia Dios. Que nadie de vosotros, los aquí presentes, lo ayude; poneos más bien de mi parte, esto es, de parte de Dios. No queráis a un mismo tiempo tener a Jesucristo en la boca y los deseos mundanos en el corazón. Que no habite la envidia entre vosotros. Ni me hagáis caso si, cuando esté aquí, os suplicare en sentido contrario; haced más bien caso de lo que ahora os escribo. Porque os escribo en vida, pero deseando morir. Mi amor está crucificado y ya no queda en mí el fuego de los deseos terrenos; únicamente siento en mi interior la voz de una agua viva que me habla y me dice: «Ven al Padre.» No encuentro ya deleite en el alimento material ni en los placeres de este mundo. Lo que deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, de la descendencia de David, y la bebida de su sangre, que es la caridad incorruptible.
No quiero ya vivir más la vida terrena. Y este deseo será realidad si vosotros lo queréis. Os pido que lo queráis, y así vosotros hallaréis también benevolencia. En dos palabras resumo mi súplica: hacedme caso. Jesucristo os hará ver que digo la verdad, él, que es la boca que no engaña, por la que el Padre ha hablado verdaderamente. Rogad por mí, para que llegue a la meta. Os he escrito no con criterios humanos, sino conforme a la mente de Dios. Si sufro el martirio, es señal de que me queréis bien; de lo contrario, es que me habéis aborrecido.

domingo, 16 de octubre de 2022

Escuchar para ayudar

“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”.
Un ejemplo, una parábola que da para pensar mucho, no sólo en el tema de la misericordia del Padre, sino en las actitudes que tenemos, muchas veces, con los que nos necesitan.
Veamos: el juez, un hombre con título, con un cargo importante, que tiene el deber de hacer justicia, se desliga, por bastante tiempo, de la necesidad de esta mujer que viene a pedirle justicia.
Porque, como dice Jesús que dice este juez: ni temo a Dios ni me importan los hombres; una actitud que, lamentablemente, podemos llegar a ver en nosotros o en otras personas que se creen fuera del alcance de los “mortales”, porque se creen mejores, porque creen que ellos nunca necesitarán nada de nadie.
Nos muestra así el daño que puede hacer la soberbia no sólo en la persona misma, sino en otras que, lamentablemente, necesitarán de su ayuda o de su trabajo. Lo cual lo podemos ver en otros lugares a donde concurrimos por algunas cosas: la indiferencia o la falta de cercanía con los que más necesitan de nuestra ayuda.
Jesús nos invita a hacer una seria reflexión de nuestra capacidad de saber escuchar y comprender la situación en la que viven nuestros hermanos, por eso no debemos sólo mirar lo que necesitamos, sino tener los ojos abiertos hacia los demás, y poder ayudarlos sin mirar si me es simpático o no, sino saber que me necesita. Por aquello que nos decía Jesús: “lo que hicierais a uno de estos mis pequeños hermanos a mí lo hacéis”.
Creernos mejor que los demás, o hacer diferencias por si me son simpáticos o no, es una falta de amor y caridad, pues Jesús no mira quienes somos sino que mira la necesidad de nuestro corazón, y, por su infinita misericordia siempre está dispuesto a darnos una mano.
Así todo lo que podamos hacer por nuestros hermanos nos ayudará a madurar en nuestra entrega, porque el amor a Dios se manifiesta en el amor a los hermanos.

sábado, 15 de octubre de 2022

Acordémonos del amor de Cristo

De las Obras de santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia.

Con tan buen amigo presente —nuestro Señor Jesucristo—, con tan buen capitán, que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir. Él ayuda y da esfuerzo, nunca falta, es amigo verdadero. Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes quiere que sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo Su Majestad se deleita.
Muy muchas veces lo he visto por experiencia; hámelo dicho el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos. Así que no queramos otro camino, aunque estemos en la cumbre de contemplación; por aquí vamos seguros. Este Señor nuestro es por quien nos vienen todos los bienes. Él lo enseñará; mirando su vida, es el mejor dechado.
¿Qué más queremos que un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe de sí. Miremos al glorioso san Pablo, que no parece se le caía de la boca siempre Jesús, como quien le tenía bien en el corazón. Yo he mirado con cuidado, después que esto he entendido, de algunos santos, grandes contemplativos, y no iban por otro camino: san Francisco, san Antonio de Padua, san Bernardo, santa Catalina de Siena.
Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las manos de Dios; si su Majestad nos quisiere subir a ser de los de su cámara y secreto, ir de buena gana.
Siempre que se piense de Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tiene: que amor saca amor. Procuremos ir mirando esto siempre y despertándonos para amar, porque, si una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón este amor, sernos ha todo fácil, y obraremos muy en breve y muy sin trabajo.

viernes, 14 de octubre de 2022

Marcados con el Espíritu

"En él también vosotros, después de haber escuchado la palabra de la verdad - el evangelio de vuestra salvación -, creyendo en él habéis sido marcados con el sello del Espíritu Santo prometido".
San Pablo, refiriéndose a los que no eran parte del Pueblo de Israel, nos hace descubrir la marca imborrable que hemos recibido el día de nuestro bautismo: el sello del Espíritu Santo. Un Espíritu que santifica nuestras almas y nos colma con los bienes celestiales para que podamos alcanzar la santidad en el amor.
Ese sello es lo que nos identifica como los herederos del Reino, como los hijos del Rey que nos quiere y nos envía a llevar la Buena Noticia de una Vida Nueva a todos los hombres de buena voluntad que quieran escucharnos y escucharlo.
Así nuestra vida no es una vida para nosotros mismos sino que es una vida de entrega en misión constante porque es una vida llena del Espíritu Santo, que es Quien santifica y "moviliza" nuestro ser hacia la Voluntad de Dios. Por eso no depende de nuestras fuerzas el ser santos o el ser evangelizadores de la Buena Noticia, sino que le tenemos que dejar lugar al Espíritu para que nos ilumine, nos oriente y hable por medio nuestro, pues es Él Quien sabe y conoce todo lo que viene del Padre.
Cuando sólo hablamos de lo nuestro y damos testimonio de lo humano no llegamos al corazón de los hombres, pero cuando lo dejamos al Espíritu que hable por nosotros es Él quien llega al corazón, como lo hizo con Isabel cuando oyó el saludo de María.
Además, cuando sólo usamos palabras humanas o deseos humanos o sabiduría humana podemos caer en la hipocresía de hablar de lo que no vivimos, y cometer los mismos errores que Jesús señalaba a los fariseos y doctores de la ley:
"Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse".
Así son los que se creen más que Dios, o, como decimos habitualmente: los que son más papistas que el Papa. No caigamos en ese camino que no conduce más que a buscar honores propios, sino que busquemos el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás vendrá por añadidura y será el Espíritu quien nos oriente y lleve por el Camino que el Padre ha pensado y quiere para nosotros.

jueves, 13 de octubre de 2022

La alegría de ser elegidos

"Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.
Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.
Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado".
Siempre me ha gustado este comienzo de la carta de san Pablo a los efesios, pero, también, siempre me ha dado un poco de miedo el no poder ser capaz de vivir la alegría de ser elegido por Dios para tan extraordinaria misión.
Creo que a todos nos tiene que dar un alegrón saber que Dios nos ha elegido para ser santos e intachables ante él por el amor, que nos ha destinado para ser sus hijos. Es o no es para alegrarnos, para saltar de gozo porque Él, el Todopoderoso ha puesto su mirada en mí, en tí, en nosotros.
Por eso mismo, cuando Pablo mira a las comunidades las reprende fuertermente cuando no viven de acuerdo a lo que saben que deben ser, cuando nos vamos del camino que Jesús nos ha mostrado para vivir, entonces es cuando el Señor nos pide vovler. Que es lo mismo que Jesús le pedía a los de su generación, a aquellos que habían recibido el Don de Dios, la Ley y los Profetas, y que se llamaban a sí mismos doctores y maestros de la Ley:
"¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia: vosotros no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis impedido!".
Sin dejar de lado la alegría de haber sido elegidos y predestinados por Dios, también está el deber de vivir como lo que verdaderamente somos. No nos autodenominemos "maestros" de fe, porque no lo somos, tenemos un Solo Maestro y es Jesús, nosotros seguiremos siendo aprendices del Camino que Él nos ha indicado a recorrer, y nada más.
Cuando nos erigirmos en maestros lo hacemos para marcar, señalar y cuestionar a aquellos que, quizás, no han alcanzado la madurez suficiente para vivir como Jesús nos pide, pero tampoco nosotros somos tan maduros como para sentarnos en el banquillo de juez y verdugo de nuestros hermanos.
Ayudemos, sí, con nuestra vida y ejemplo a que encuentren el Camino que los conduce a la paz y a la alegría de ser elegidos de antemano por el Padre Dios, y acompañemos a quienes necesitan de nuestra compañía a vivir de acuerdo a la Voluntad de Dios, porque eso nos ayudará, también, a seguir creciendo en Fidelidad a la Palabra de Dios.

miércoles, 12 de octubre de 2022

Todo está en el Padre nuestro

De la carta de san Agustín, obispo, a Proba

    Quien dice, por ejemplo, como mostraste tu santidad a las naciones, muéstranos así tu gloria y que tus profetas sean hallados fieles, ¿qué otra cosa dice sino santificado sea tu nombre?
    Quien dice: Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve, ¿qué otra cosa dice sino venga tu reino?
    Quien dice: Asegura mis pasos con tu promesa, que ninguna maldad me domine, ¿qué otra cosa dice sino hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo?
    Quien dice: No me des pobreza ni riqueza, ¿qué otra cosa dice sino danos hoy nuestro pan de cada día?
    Quien dice: Señor, tenle en cuenta a David todos sus afanes, o bien: Señor, si soy culpable, si hay crímenes en mis manos, si he causado daño a mi amigo, ¿qué otra cosa dice sino perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden?
    Quien dice: Líbrame de mi enemigo, Dios mío; protégeme de mis agresores, ¿qué otra cosa dice sino líbranos del mal?
    Y si vas discurriendo por todas las plegarias de la santa Escritura, creo que nada hallarás que no se encuentre y contenga en esta oración dominical. Por eso, hay libertad de decir estas cosas en la oración con unas u otras palabras, pero no debe haber libertad para decir cosas distintas.
    Esto es, sin duda alguna, lo que debemos pedir en la oración, tanto para nosotros como para los nuestros, como también para los extraños e incluso para nuestros mismos enemigos, y aunque roguemos por unos y otros de modo distinto, según las diversas necesidades y los diversos grados de familiaridad, procuremos, sin embargo, que en nuestro corazón nazca y crezca el amor hacia todos.
    Aquí tienes explicado, a mi juicio, no sólo las cualidades que debe tener tu oración, sino también lo que debes pedir en ella, todo lo cual no soy yo quien te lo ha enseñado, sino aquel que se dignó ser maestro de todos.
    Hemos de buscar la vida dichosa y hemos de pedir a Dios que nos la conceda. En qué consiste esta felicidad son muchos los que lo han discutido y sus sentencias son muy numerosas. Pero nosotros, ¿qué necesidad tenemos de acudir a tantos autores y a tan numerosas opiniones? En las divinas Escrituras se nos dice de modo breve y veraz: Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor. Para que podamos formar parte de este pueblo, llegar a contemplar a Dios y vivir con él eternamente, tenernos aquella exhortación cuyo objetivo no debe ser otro que promover la caridad que proviene de un corazón sincero, de una conciencia recta y de una fe sin fingimiento.
    Al citar estas tres propiedades se habla de la conciencia recta aludiendo a la esperanza. Por tanto, la fe, la esperanza y la caridad conducen hasta Dios al que ora, es decir, a quien cree, espera y desea, al tiempo que descubre en la oración dominical lo que debe pedir al Señor.

martes, 11 de octubre de 2022

Fariseo o cristiano?

"Los que pretendéis ser justificados en el ámbito de la ley, habéis roto con Cristo, habéis salido del ámbito de la gracia.
Pues nosotros mantenemos la esperanza de la justicia por el Espíritu y desde la fe; porque en Cristo nada valen la circuncisión o la incircuncisión, sino la fe que actúa por el amor".
Hoy en día podríamos decir que "de nada vale ser bautizado o no bautizado, sino la fe que actúa por el amor", para que lo podamos comprender mejor. No basta decir que somos cristianos si no vivimos como cristianos, si no basamos nuestra vida en la obediencia a la Voluntad de Dios y en el amor a los hermanos como Cristo nos amó. El título de cristiano no basta para la salvación, y menos para cambiar el mundo, sino que, muchas veces, al contrario es un obstáculo para aquellos que necesitan salvarse.
Sí, muchas veces somos un obstáculo los malos cristianos porque no iluminamos la vida de los demás, sino que los llevamos a la confusión haciendo del cristianismo un mal camino para la salvación de los demás. Claro está que no es porque sea un mal camino, sino porque lo vivimos tan mal, somos tan incoherentes en nuestra vida, que en lugar de dar un buen testimonio damos un falso testimonio de lo que es vivir la fe.
Porque no es que san Pablo no viva la Ley y los Profetas, sino que va más allá, como dijo Jesús: "no he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles plenitud". Y ¿cómo les dió plenitud? Viviendo la Ley del Amor a Dios y a los hermanos, siendo Fiel a la Voluntad de Dios y amando a los hermanos.
Es cierto que amar no significa siempre perdonar y dejar pasar los malos actos, sino que, también por amor, tuvo que exhortar y recriminar las malas actitudes y malos ejemplos que muchos en Israel daban a los demás, por eso también decía: "haced lo que ellos dicen pero no lo que ellos hacen", porque sólo se dedicaban a cumplir con la letra de la Ley pero no a vivir la misericordia y amor entre hermanos.
«Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad.
¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo».
Y, muchas veces, muchos de nosotros nos dedicamos a hacer o decir pero no a vivir, hemos caído en el mismo error que aquellos que cuestionaban a Jesús y que llegaron a condenarlo a la muerte en Cruz.

lunes, 10 de octubre de 2022

Esclavos o libres

 "Así, pues, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la mujer libre.
Para la libertad nos ha liberado Cristo.
Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud".
Muchas veces, y no pocas, en estos tiempos tan "libres" se condena a la Iglesia porque esclaviza o pretende hacer que sus fieles vivan sin pensar, para poder "someterlos" a su propio yugo. Y no mayor falsedad que esa, pues, ya Cristo es quien nos ha hecho libres de toda esclavitud, y por eso mismo, cuando nos invita a seguirlo, no nos lo exige, sino que lo da como una posibilidad en nuestra vida: "quien quiera venir en pos de mí...".
Claro está que cuando alguien elige un camino en la vida, sea cual sea, tiene que ser capaz de, también, saber cuáles son sus deberes y sus derechos. Porque no está bien querer ser parte de algo sin querer vivir los obligaciones y deberes que ese camino conlleva. Y así pasa en todos los ámbitos de la vida.
No puede llegar a ser médico estudiando en bellas artes, para ser médico tendré que estudiar en la facultad de medicina. Un ejemplo simple pero que ilumina un poco las decisiones que vamos tomando en nuestra vida.
Por eso, en épocas antiguas, no se bautizaba a los recién nacidos, sino que el bautismo era para las personas en edad adulta, para poder decidir seriamente si querían o no seguir el Camino de Cristo, ser cristianos. Porque se entendía que para poder ser cristianos había que decidirse por un estilo propio de vida: la que Cristo propone en el Evangelio.
Es ahí donde vemos cómo vivir la libertad de los hijos de Dios, y en eso tenemos como modelo principal a María, la Madre de Jesús, quien siendo libre se hizo esclava de Dios: "he aquí la esclava del Señor, que se haga en mí según tu palabra".
Una esclavitud en libertad para alcanzar la plenitud del ser, la plenitud de la persona, sabiendo que en toda elección fundamental de la vida hay que saber elegir cada día cómo vivir. Y en esa elección está la coherencia de mi actuar.
Claro es que no siempre conocemos el Evangelio de Jesucristo, y, por esa misma razón, no siempre nuestra vida cristiana es coherente, sino que vamos viviendo según soplen los vientos de la historia, y no precisamente de la historia de la salvación, sino la historia del mundo. Al estar tan "metidos" en el mundo no nos damos cuenta que ya nuestro cristianismo está viciado de normas e ideologías que van haciendo no-creíble nuestra fe, porque no está avalada por los actos de la vida diaria.
Es ahí cuando nos damos cuenta que queriendo ser libres en verdad, nos hemos convertido en esclavos de la moda y dejando de lado el evangelio, somos un antitestimonio de la vida cristiana, es decir, de Cristo mismo.
Y vemos, así, cómo se hace actual el evangelio de hoy:
"En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles:
«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.
La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

domingo, 9 de octubre de 2022

Dar las Gracias

"Jesús tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Hay dos cosas que siempre me llaman la atención sobre este evangelio: por un lado el hecho de no ser agradecidos con lo que los demás hacen por nosotros, y por otro lado, el sentir que, muchas veces, muchas personas, piensan que no tienen por qué dar gracias porque hay que hacer todo por ellos.
Hay una frase que repetimos, habitualmente, "es de buen nacido ser agradecido", pero no siempre somos agradecidos con lo que tenemos o con los demás hacen para y con nosotros. O, mejor dicho, suponemos que los demás saben que les agradecemos las cosas, pero nunca decimos: ¡Gracias! o ¡Te agradezco lo que has hecho!.
Hay frases que por fáciles que son no las decimos porque creemos que los demás saben que lo pensamos. Y ese no es el caso. Es hermoso poder decirle a alguien ¡Gracias! por lo que has hecho, o ¡qué rico que está esto que has hecho! o ¡te quiero!. Son frases pequeñas que revelan algo muy grande y hermoso que todos necesitamos escuchar, aunque creamos que con alguna actitud lo estamos diciendo. Pero cuando salen de nuestros labios es algo muy bello para escuchar, y, sobre todo, para decir.
Por otro lado decía que, en muchos casos, nos encontramos con personas que creen que siempre hay que hacerlas las cosas porque sí. ¿Por qué tengo que dar gracias si lo tienen que hacer por mí? Y no es así: el trabajo de una madre, o el trabajo de un padre, lo hacen por amor, lo hacen porque sale del corazón hacerlo, y aunque lo hagan todos los días, es bueno decirles gracias por lo que hacen. Si no lo hicieran seguramente le reclamaríamos que no lo hacen, por eso hay que estar agradecidos.
Y, también, por otro lado no siempre estar con el ojo atento por los errores que los demás cometen, porque, seguramente, habrá muchos aciertos que hacen pero que nunca les decimos ¡qué bien que lo has hecho! o ¡gracias por haberlo hecho! Sino que, también, les machacamos porque lo han hecho mal o porque así no había que hacerlo.
No es que pretendo caer en el super optimismo, sino que Dios quiere que podamos expresar las cosas buenas que los demás hacen y las que hacen por nosotros, para que el expresar nuestro agradecimiento, podamos, también, recibir las Gracias que vienen de Dios, pues él también nos agradecerá el ser agradecidos.

sábado, 8 de octubre de 2022

Nuestro ministerio

 De las Homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los Evangelios


    Escuchemos lo que dice el Señor a los predicadores que envía a sus campos: La mies es mucha, pero los operarios son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que envíe trabajadores a su mies. Por tanto para una mies abundante son pocos los trabajadores; al escuchar esto, no podemos dejar de sentir una gran tristeza, porque hay que, reconocer que; si bien hay personas que desean escuchar cosas buenas, faltan, en cambio, quienes se dediquen a anunciarlas. Mirad cómo el mundo está lleno de sacerdotes, y, sin embargo, es muy difícil encontrar un trabajador para la mies del Señor; porque hemos recibido el ministerio sacerdotal, pero no cumplimos con los deberes de este ministerio.
    Pensad, pues, amados hermanos, pensad bien en lo que dice el Evangelio: Rogad al Señor de la mies que envíe trabajadores a su mies. Rogad también por nosotros, para que nuestro trabajo en bien vuestro sea fructuoso y para que nuestra voz no deje nunca de exhortaros, no sea que, después de haber recibido el ministerio de la predicación, seamos acusados ante el justo Juez por nuestro silencio. Porque unas veces los predicadores no dejan oír su voz a causa de su propia maldad, otras, en cambio, son los súbditos quienes impiden que la palabra de los que presiden nuestras asambleas llegue al pueblo.
    Efectivamente, muchas veces es la propia maldad la que impide a los predicadores levantar su voz, como lo afirma el salmista: Dios dice al pecador: «¿Por qué recitas mis preceptos?» Otras veces, en cambio, son los súbditos quienes impiden que se oiga la voz de los predicadores, como dice el Señor a Ezequiel: Te pegaré la lengua al paladar, te quedarás mudo y no podrás ser su acusador; pues son Casa Rebelde. Como si claramente dijera: «No quiero que prediques, porque este pueblo, con sus obras, me irrita hasta tal punto que se ha hecho indigno de oír la exhortación para convertirse a la verdad.» Es difícil averiguar por culpa de quién deja de llegar al pueblo la palabra del predicador, pero, en cambio, fácilmente se ve cómo el silencio del predicador perjudica siempre al pueblo y, algunas veces, incluso al mismo predicador.
    Y hay aún, amados hermanos, otra cosa, en la vida de los pastores, que me aflige sobremanera; pero, a fin de que lo que voy a decir no parezca injurioso para algunos, empiezo por acusarme yo mismo de que, aun sin desearlo, he caído en este defecto, arrastrado sin duda por el ambiente de este calamitoso tiempo en que vivimos.
Me refiero a que nos vemos como arrastrados a vivir de una manera mundana, buscando el honor del ministerio episcopal y abandonando, en cambio, las obligaciones de este ministerio. Descuidamos, en efecto, fácilmente el ministerio de la predicación y, para vergüenza nuestra, nos continuamos llamando obispos; nos place el prestigio que da este nombre, pero, en cambio, no poseemos la virtud que este nombre exige. Así, contemplamos plácidamente cómo los que están bajo nuestro cuidado abandonan a Dios, y nosotros no decimos nada; se hunden en el pecado, y nosotros nada hacemos para darles la mano y sacarlos del abismo.
    Pero, ¿cómo podríamos corregir a nuestros hermanos, nosotros, que descuidamos incluso nuestra propia vida? Entregados a las cosas de este mundo, nos vamos volviendo tanto más insensibles a las realidades del espíritu, cuanto mayor empeño ponemos en interesarnos por las cosas visibles.
    Por eso dice muy bien la Iglesia, refiriéndose a sus miembros enfermos: Me pusieron a guardar sus viñas; y mi viña, la mía, no la supe guardar. Elegidos como guardas de las viñas, no custodiamos ni tan sólo nuestra propia viña, sino que, entregándonos a cosas ajenas a nuestro oficio, descuidamos los deberes de nuestro ministerio.

viernes, 7 de octubre de 2022

Meditar los misterios de la salvación

De los Sermones de san Bernardo, abad

El hijo, en ti engendrado, será santo, será Hijo de Dios. ¡La fuente de la sabiduría, la Palabra del Padre en las alturas! Esta Palabra, por tu mediación, Virgen santa, se hará carne, de manera que el mismo que afirma: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí podrá afirmar igualmente: Procedo y vengo del Padre.
Ya al comienzo de las cosas —dice el Evangelio— existía la Palabra. Manaba ya la fuente, pero hasta entonces sólo dentro de sí misma. Y continúa el texto Sagrado: Y la Palabra estaba con Dios, es decir, morando en la luz inaccesible; y el Señor decía desde el principio: Mis designios son de paz y no de aflicción. Pero tus designios están escondidos en ti, y nosotros no los conocemos; porque, ¿quién había penetrado la mente del Señor?, o ¿quién había sido su consejero?
Pero llegó el momento en que estos designios de paz se convirtieron en obra de paz: La Palabra se hizo carne y ha puesto ya su morada entre nosotros; ha puesto ciertamente su morada por la fe en nuestros corazones, ha puesto su morada en nuestra memoria, ha puesto su morada en nuestro pensamiento y desciende hasta la misma imaginación. En efecto, ¿qué idea de Dios hubiera podido antes formarse el hombre, que no fuese un ídolo fabricado por su corazón? Era incomprensible e inaccesible, invisible y superior a todo pensamiento humano; pero ahora ha querido ser comprendido, visto, accesible a nuestra inteligencia.
¿De qué modo?, te preguntarás. Pues yaciendo en un pesebre, reposando en el regazo virginal, predicando en la montaña, pasando la noche en oración; o bien pendiente de la cruz, en la lividez de la muerte, libre entre los muertos y dominando sobre el poder de la muerte, como también resucitando al tercer día y mostrando a los apóstoles la marca de los clavos, como signo de victoria, y subiendo finalmente ante la mirada de ellos hasta lo más íntimo de los cielos.
¿Hay algo de esto que no sea objeto de una verdadera, piadosa y santa meditación? Cuando medito en cualquiera de estas cosas, mi pensamiento va hasta Dios y, a través de todas ellas, llego hasta mi Dios. A esta meditación la llamo sabiduría, y para mí la prudencia consiste en ir saboreando en la memoria la dulzura que la vara sacerdotal infundió tan abundantemente en estos frutos, dulzura de la que María disfruta con toda plenitud en el cielo y la derrama abundantemente sobre nosotros.

jueves, 6 de octubre de 2022

Un solo pastor

De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, A los Filadelfios

Ignacio, por sobrenombre Teóforo, es decir, Portador de Dios, a la Iglesia de Dios Padre y del Señor Jesucristo que habita en Filadelfia del Asia, que ha alcanzado la misericordia y está firmemente asentada en aquella concordia que proviene de Dios, y tiene su gozo en la pasión de nuestro Señor y la plena certidumbre de la misericordia que Dios ha: manifestado en la resurrección de Jesucristo: mi saludo en la sangre del Señor Jesús.
Tú, Iglesia de Filadelfia, eres mi gozo permanente y durable, sobre todo cuando te contemplo unida a tu obispo con los presbíteros y diáconos, designados según la palabra de Cristo, y confirmados establemente por su Santo Espíritu, conforme a la propia voluntad del Señor.
Sé muy bien que vuestro obispo no ha recibido el ministerio de servir a la comunidad ni por propia arrogancia ni de parte de los hombres ni por vana ambición, sino por el amor de Dios Padre y del Señor Jesucristo. Su modestia me ha maravillado en gran manera: este hombre es más eficaz con su silencio que otros muchos con vanos discursos. Y su vida está tan en consonancia con los preceptos divinos como lo puedan estar las cuerdas con la lira; por eso me atrevo a decir que su alma es santa y su espíritu feliz; conozco bien sus virtudes y su gran santidad: sus modales, su paz y su mansedumbre son como un reflejo de la misma bondad del Dios vivo.
Vosotros, que sois hijos de la luz y de la verdad, huid de toda división y de toda doctrina perversa; adonde va el pastor allí deben seguirlo las ovejas.
Todos los que son de Dios y de Jesucristo viven unidos al obispo; y los que, arrepentidos, vuelven a la unidad de la Iglesia también serán porción de Dios y vivirán según Jesucristo. No os engañéis, hermanos míos. Si alguno de vosotros sigue a alguien que fomenta los cismas no poseerá el reino de Dios; el que camina con un sentir distinto al de la Iglesia no tiene parte en la pasión del Señor.
Procurad, pues, participar de la única eucaristía, porque una sola es la carne de nuestro Señor Jesucristo y uno solo el cáliz que nos une a su sangre; uno solo el altar y uno solo el obispo con el presbiterio y los diáconos, consiervos míos; mirad, pues, de hacerlo todo según Dios. Hermanos míos, desbordo de amor por vosotros y, lleno de alegría, intento fortaleceros; pero no soy yo quien os fortifica, sino Jesucristo, por cuya gracia estoy encadenado, pero cada vez temo más porque todavía no soy perfecto; sin embargo, confío que vuestra oración me ayudará a perfeccionarme y así podré obtener aquella herencia que Dios me tiene preparada en su misericordia; a mí, que me he refugiado en el Evangelio, como si en él estuviera corporalmente presente el mismo Cristo, y me he fundamentado en los apóstoles, como si se tratara del presbiterio de la Iglesia.
 

miércoles, 5 de octubre de 2022

Revestíos de nuevas creaturas

 De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Tralianos

 

    Revestíos de mansedumbre y convertíos en creaturas nuevas por medio de la fe, que es como la carne del Señor, y por medio de la caridad, que es como su sangre. Que ninguno de vosotros tenga nada contra su hermano. No deis pretexto con ello a los paganos, no sea que, ante la conducta insensata de algunos de vosotros, los gentiles blasfemen de la comunidad que ha sido congregada por el mismo Dios, porque ¡ay de aquel por cuya ligereza ultrajan mi nombre!

    Tapaos, pues, los oídos cuando oigáis hablar de cualquier cosa que no tenga como fundamento a Cristo Jesús, descendiente del linaje de David, hijo de María, que nació verdaderamente, que comió y bebió como hombre, que fue perseguido verdaderamente bajo Poncio Pilato y verdaderamente también fue crucificado y murió, en presencia de los moradores del cielo, de la tierra y del abismo y que resucitó verdaderamente de entre los muertos por el poder del Padre. Este mismo Dios Padre nos resucitará también a nosotros, que amamos a Jesucristo, a semejanza del mismo Jesucristo, sin el cual no tenemos la vida verdadera.

    Huid de los malos retoños: llevan un fruto mortífero y si alguien gusta de él muere al momento. Estos retoños no son plantación del Padre. Si lo fueran aparecerían como ramas de la cruz y su fruto sería incorruptible; por esta cruz Cristo os invita, como miembros suyos que sois, a participar en su pasión. La cabeza, en efecto, no puede nacer separada de los miembros, y Dios, que es la unidad, promete darnos parte en su misma unidad.

    Os saludo desde Esmirna, juntamente con las Iglesias de Asia, que están aquí conmigo y que me han confortado, tanto en la carne como en el espíritu. Mis cadenas, que llevo por doquier a causa de Cristo mientras no ceso de orar para ser digno de Dios, ellas mismas os exhortan: perseverad en la concordia y en la oración de unos por otros. Conviene que cada uno de vosotros, y en particular los presbíteros, reconfortéis al obispo, honrando así a Dios Padre, a Jesucristo y a los apóstoles.

    Deseo que escuchéis con amor mis palabras, no sea que esta carta se convierta en testimonio contra vosotros. No dejéis de orar por mí, pues necesito de vuestro amor ante la misericordia de Dios para ser digno de alcanzar aquella herencia a la que ya me acerco, no sea caso que me consideren indigno de ella.

    Os saluda la caridad de los esmirniotas y de los efesios. Acordaos en vuestras oraciones de la Iglesia de Siria, de la que no soy digno de llamarme miembro, porque soy el último de toda la comunidad. Os doy mi adiós en Jesucristo a todos vosotros, los que estáis sumisos a vuestro obispo, según el querer de Dios; someteos también, de manera semejante, al colegio de los presbíteros. Y amaos todos, unos a otros, con un corazón unánime.

    Mi espíritu se ofrece como víctima por todos vosotros, y no sólo ahora, sino que se ofrecerá también cuando llegue a la presencia de Dios. Aún estoy expuesto al peligro, pero el Padre es fiel y cumplirá, en Cristo Jesús, mi deseo y el vuestro. Deseo que también vosotros seáis hallados en él sin defecto ni pecado.

 

martes, 4 de octubre de 2022

Debemos ser sencillos y puros

De las Cartas de san Francisco de Asís, dirigidas a todos los fieles

La venida al mundo del Verbo del Padre, tan digno, tan santo y tan glorioso, fue anunciada por el Padre altísimo, por boca de su santo arcángel Gabriel, a la santa y gloriosa Virgen María, de cuyo seno recibió una auténtica naturaleza humana, frágil como la nuestra. Él, siendo rico sobre toda ponderación, quiso elegir la pobreza, junto con su santísima madre. Y, al acercarse su pasión, celebró la Pascua con sus discípulos. Luego oró al Padre, diciendo: Padre mío, si es posible, que pase de mi este cáliz.
Sin embargo, sometió su voluntad a la del Padre. Y la voluntad del Padre fue que su Hijo bendito y glorioso, a quien entregó por nosotros y que nació por nosotros, se ofreciese a sí mismo como sacrificio y víctima en el ara de la cruz, con su propia sangre, no por sí mismo, por quien han sido hechas todas las cosas, sino por nuestros pecados, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Y quiere que todos nos salvemos por él y lo recibamos con puro corazón y cuerpo casto.
¡Qué dichosos y benditos son los que aman al Señor y cumplen lo que dice el mismo Señor en el Evangelio: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y a tu prójimo como a ti mismo! Amemos, pues, a Dios y adoremoslo con puro corazón y con mente pura, ya que él nos hace saber cuál es su mayor deseo, cuando dice: Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque todos los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad. Y dirijámosle, día y noche, nuestra alabanza y oración, diciendo: Padre nuestro, que estás en el cielo; porque debemos orar siempre y no desfallecer jamás.
Procuremos, además, dar frutos de verdadero arrepentimiento. Y amemos al prójimo como a nosotros mismos. Tengamos caridad y humildad y demos limosna, ya que ésta lava las almas de la inmundicia del pecado. En efecto, los hombres pierden todo lo que dejan en este mundo; tan sólo se llevan consigo el premio de su caridad y las limosnas que practicaron, por las cuales recibirán del Señor la recompensa y una digna remuneración.
No debemos ser sabios y prudentes según la carne, sino más bien sencillos, humildes y puros. Nunca debemos desear estar por encima de los demás, sino, al contrarío, debemos, a ejemplo del Señor, vivir como servidores y sumisos a toda humana creatura, movidos por el amor de Dios. El Espíritu del Señor reposará sobre los que así obren y perseveren hasta el fin, y los convertirá en el lugar de su estancia y su morada, y serán hijos del Padre celestial, cuyas obras imitan; ellos son los esposos, los hermanos y las madres de nuestro Señor Jesucristo.

lunes, 3 de octubre de 2022

Hay que orar por la Iglesia

Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre Caín y Abel

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo. Alabar a Dios es lo mismo que hacer votos y cumplirlos. Por eso se nos dio a todos como modelo aquel samaritano que, al verse curado de la lepra juntamente con los otros nueve leprosos que obedecieron la palabra del Señor, volvió de nuevo al encuentro de Cristo y fue el único que glorificó a Dios, dándole gracias. De él dijo Jesús: No ha vuelto ninguno a dar gloria a Dios, sino este extranjero. Levántate -le dijo- y vete; tu fe te ha salvado.
Con esto el Señor Jesús en su enseñanza divina te mostró, por una parte, la bondad de Dios Padre y, por otra, te insinuó la conveniencia de orar con intensidad y frecuencia: te mostró la bondad del Padre haciéndote ver cómo se complace en darnos sus bienes para que con ello aprendas a pedir bienes al que es el mismo bien; te mostró la conveniencia de orar con intensidad y frecuencia no para que tú repitas sin cesar y mecánicamente fórmulas de oración, sino para que adquieras el espíritu de orar asiduamente. Porque con frecuencia las largas oraciones van acompañadas de vanagloria y la oración continuamente interrumpida tiene como compañera la desidia.
Luego te amonesta también el Señor a que pongas el máximo interés en perdonar a los demás cuando tú pides perdón de tus propias culpas; con ello tu oración se hace recomendable por tus obras. El Apóstol afirma, además, que se ha de orar alejando primero las controversias y la ira, para que así la oración se vea acompañada de la paz del espíritu y no se entremezcle con sentimientos ajenos, a la plegaria. Además, también se nos enseña que conviene orar en todas partes: así lo afirma el Salvador cuando dice, hablando de la oración: Entra en tu aposento.
Pero, entiéndelo bien, no se trata de un aposento rodeado de paredes, en el cual tu cuerpo se encuentra como encerrado, sino más bien de aquella habitación que hay en tu mismo interior, en la cual habitan tus pensamientos y moran tus deseos. Este aposento para la oración va contigo a todas partes, y en todo lugar donde te encuentres continúa siendo un lugar secreto, cuyo solo y único árbitro es Dios.
Se te dice también que has de orar especialmente por el pueblo de Dios, es decir, por todo el cuerpo, por todos los miembros de tu madre la Iglesia, que viene a ser como un sacramento del amor mutuo. Si sólo ruegas por ti, también tú serás el único que suplica por ti. Y si todos ruegan solamente por sí mismos, la gracia que obtendrá el pecador será, sin duda, menor que la que obtendría del conjunto de los que interceden si éstos fueran muchos. Pero, si todos ruegan por todos, habrá que decir también que todos ruegan por cada uno.
Concluyamos, por tanto, diciendo que, si oras solamente por ti, serás, como ya hemos dicho, el único intercesor en favor tuyo. En cambio, si tú oras por todos, también la oración de todos te aprovechará a ti, pues tú formas también parte del todo. De esta manera obtendrás una gran recompensa, pues la oración de cada miembro del pueblo se enriquecerá con la oración de todos los demás miembros. En lo cual no existe ninguna arrogancia, sino una mayor humildad y un fruto más abundante.

 

domingo, 2 de octubre de 2022

Orar para la eternidad

De la carta de san Agustín, obispo, a Proba

 

    ¿Por qué en la oración nos preocupamos de tantas cosas y- nos preguntamos cómo hemos de orar, temiendo que nuestras plegarias no procedan con rectitud, en lugar de limitarnos a decir con el salmo: Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor contemplando su templo? En aquella morada, los días no consisten en el empezar y en el pasar uno después de otro ni el comienzo de un día significa el fin del anterior; todos los días se dan simultáneamente y ninguno se termina allí donde ni la vida ni sus días tienen fin.

Para que lográramos esta vida dichosa, la misma Vida verdadera y dichosa nos enseñó a orar; pero no quiso que lo hiciéramos con muchas palabras, como si nos escuchara mejor cuanto más locuaces nos mostráramos, pues, como el mismo Señor dijo, oramos a aquel que conoce nuestras necesidades aun antes de que se las expongamos.

Puede resultar extraño que nos exhorte a orar aquel que conoce nuestras necesidades antes de que se las expongamos, si no comprendemos que nuestro Dios y Señor no pretende que le descubramos nuestros deseos, pues él ciertamente no puede desconocerlos, sino que pretende que, por la oración, se acreciente nuestra capacidad de desear, para que así nos hagamos más capaces de recibir los dones que nos prepara. Sus dones, en efecto, son muy grandes y nuestra capacidad de recibir es pequeña e insignificante. Por eso, se nos dice: Dilatad vuestro corazón.

Cuanto más fielmente creemos, más firmemente esperamos y más ardientemente deseamos este don, más capaces somos de recibirlo; se trata de un don realmente inmenso, tanto, que ni el ojo vio, pues no se trata de un color; ni el oído oyó, pues no es ningún sonido; ni vino a la mente del hombre, ya que es la mente del hombre la que debe ir a aquel don para alcanzarlo.

Así pues, constantemente oramos por medio de la fe, de la esperanza y de la caridad, con un deseo ininterrumpido. Pero, además, en determinados días y horas, oramos a Dios también con palabras, para que, amonestándonos a nosotros mismos por medio de estos signos externos, vayamos tomando conciencia de cómo progresamos en nuestro deseo y, de este modo, nos animemos a proseguir en él. Porque, sin duda alguna, el efecto será tanto mayor, cuanto más intenso haya sido el afecto que lo hubiera precedido. Por tanto, aquello que nos dice el Apóstol: Orad sin cesar, ¿qué otra cosa puede significar sino que debemos desear incesantemente la vida dichosa, que es la vida eterna, la cual nos ha de venir del único que la puede dar?


sábado, 1 de octubre de 2022

El cántico de misericordia

“El cántico de las misericordias del Señor”, de Santa Teresita del Niño Jesús.

 

Durante mucho tiempo me he preguntado por qué tenía Dios preferencias, por qué no recibían todas las almas las gracias en igual medida. Me extrañaba verle prodigar favores extraordinarios a los santos que le habían [2vº] ofendido, como san Pablo o san Agustín, a los que forzaba, por así decirlo, a recibir sus gracias; y cuando leía la vida de aquellos santos a los que el Señor quiso acariciar desde la cuna hasta el sepulcro, retirando de su camino todos los obstáculos que pudieran impedirles elevarse hacia él y previniendo a esas almas con tales favores que no pudiesen empañar el brillo inmaculado de su vestidura bautismal, me preguntaba por qué los pobres salvajes, por ejemplo, morían en tan gran número sin haber oído ni tan siquiera pronunciar el nombre de Dios...

Jesús ha querido darme luz acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez... Comprendí que si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas...

Eso mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. El ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos...