domingo, 7 de agosto de 2022

Qué se nos pedirá?

“Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará;
al que mucho se le confió, más aún se le pedirá”.

No siempre nos damos cuenta de lo que se nos ha dado o de lo que Dios nos ha dado. Como muchas veces se dice, nos damos cuenta de lo que teníamos cuando ya no lo tenemos, y es ahí cuando descubrimos lo que hemos perdido.
Pero ¿cuándo nos tenemos que dar cuenta de lo que tenemos o cómo hacemos para descubrir lo que nos ha sido dado? No es una tarea fácil en estos tiempos que vivimos, pues para eso hace falta que tengamos (o como se dice perdamos) tiempo para mirarnos frente a Dios, para pensar en lo que hemos vivido y mirar hacia lo que Dios quiere que vivamos. La reflexión personal sobre uno mismo necesita de tiempo de silencio y de valentía, pues, muchas veces, tememos mirar hacia adentro porque puede no gustarnos lo que podamos descubrir.
Por eso, siempre, tenemos que pensar que Dios quiere que miremos con optimismo, pues Él nos ha dado lo mejor de sí mismo, desde la vida hasta la Vida de Su Hijo, para que nosotros tengamos en abundancia y, así, podamos dar en abundancia.
La mayor de las veces nos quejamos porque no tenemos lo que otros tienes, y eso es envidia, o celos por lo que otros están viviendo, y eso no nos deja ver lo que nosotros tenemos. Los pesimistas son aquellos que ven siempre el vacío de la copa, pero no lo que la copa tiene.
Tampoco tenemos que irnos al otro extremo de creer que somos los mejores y que lo que tenemos es mejor que lo que otros tienes. Ver la copa demasiado llena y brillante, no nos ayuda a mejorar, incluso, nos puede hacer muy egoístas por no querer compartir, o hasta autosuficientes y no dejar que nadie pueda hacer algo porque “nadie lo hace mejor que yo”.
El justo equilibrio entre los defectos y las virtudes, se llama humildad: reconocer los defectos y las virtudes, saber cuándo me equivoco y cuándo hago bien las cosas, cuánto tengo y cuánto puedo dar, pero, sobre todo, saber que todo me ha sido dado por la Gracia de Dios, pues si Él no me hubiera dado la vida, la inteligencia y tantas otras capacidades, nada podría yo hacer.
Por eso no tengas miedo de dar a mano llena, y de dejar que el Señor te utilice en todo momento para seguir construyendo Su Reino, nunca será Él desagradecido con los que se dejan conducir por Su Mano, sino que siempre nos devolverá mucho más de lo que hemos dado.

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