martes, 30 de agosto de 2022

Con la mente de Cristo

Me parece genial estos párrafos de San Pablo a los corintios, y ojalá pudiéramos no sólo entenderlos, sino poder llevarlos a la vida cotidiana, porque así podríamos vivir lo que esperamos en el Cielo, y podríamos llevar el Cielo a la tierra, y ser, plenamente, lo que Dios quiere de nosotros.
Vamos por parte:
"El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. Pues, ¿quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Del mismo modo, lo íntimo de Dios lo conoce solo el Espíritu de Dios.
Pero nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo; es el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que de Dios recibimos".
Tenemos, los hijos de Dios, un Espíritu que conoce los misterios de Dios, que sondea su corazón, y que vive en nosotros. Un Espíritu que es Dios, en su tercera persona, pero que es el Don más maravilloso que el Padre nos podía regalar, y, sobre todo, que es el Amor de un Dios que no dudó en darnos a Su Hijo Único para que nos devuelva la vida en Dios, para que nos haga hijos en Su Espíritu.
¿Os dais cuenta la maravilla que habita en nosotros y de la cual no somos, muchas veces, conscientes de que es así?
Por eso, si dejáramos al Espíritu no sólo vivir, pues Él vive en nosotros desde el bautismo, sino qu elo dejáramos hablar en nosotros, transformarnos, darnos vida, seríamos hombres espirituales (pero con los pies bien asentados en la tierra), y así:
"Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu. Pues el hombre natural no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu. En cambio, el hombre espiritual lo juzga todo, mientras que él no está sujeto al juicio de nadie. «¿Quién ha conocido la mente del Señor para poder instruirlo?». Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo".
Así, teniendo la mente de Cristo y dejándonos conducir por Su Espíritu, seríamos constructores verdaderos de un verdadero Mundo Nuevo, de un Verdadero Hombre Nuevo, y no un hombre emparchado con remiendo de ciertas verdades que no llegan a convencer a nadie, pues no están avaladas por una Verdadera Vida Nueva.

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