Del Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastores
Al referirse el Señor a lo que buscan los malos pastores ya alude también a lo
que descuidan; con ello quedan evidenciados los males que sufren las ovejas. Son
muy pocas las ovejas bien alimentadas y sanas, es decir, aquellas a quienes no
falta el sólido manjar de la verdad y se apacientan abundantemente con los dones
de Dios. Pero los malos pastores ni a éstas perdonan; les parece poco descuidar
a las enfermas y errantes, a las débiles y descarriadas, y llegan incluso a dar
muerte a las que están fuertes y sanas. Y si estas últimas conservan la vida,
viven, en todo caso, únicamente porque Dios cuida de ellas, pero por lo que se
refiere a los pastores, éstos hacen lo posible por matarlas. Quizá preguntes:
«¿Cómo las matan?» Pues las matan con su mala vida y con sus malos ejemplos.
¿Acaso piensas que se dijo en vano a aquel gran siervo de Dios, uno de los
miembros más destacados del sumo pastor: Sé para todos modelo por tus buenas
obras; y también: Sé un ejemplo para los fieles?
En efecto, con frecuencia, incluso las buenas ovejas, al ver la mala vida de los
pastores, apartan sus ojos de los preceptos del Señor y se fijan más bien en la
conducta del hombre, diciendo en su interior: «Si mi prelado vive de tal manera,
yo, que soy simple oveja, ¿no podré hacer lo que hace él?» De esta manera el mal
pastor lleva a la muerte incluso a las ovejas fuertes. Y, ¿qué piensas que hará
con las demás el que, en lugar de fortalecer a las débiles, dio muerte, con su
mal ejemplo, incluso a las que había encontrado robustas y sanas?
Os digo, pues, y os repito que si las ovejas viven y mantienen todavía la salud
por la fuerza del Señor, recordando aquellas palabras que oyeron de su mismo
Señor: Cumplid y guardad lo que os digan, pero no los imitéis en sus obras, sin
embargo, el que vive mal en presencia del pueblo, en cuanto de él depende, mata
a aquel que contempla el mal ejemplo de su vida. Que este tal pastor no se
consuele, pues, pensando que la oveja no ha muerto; vive, sin duda, pero él es
un homicida. Es igual que cuando un hombre impuro mira a una mujer para
desearla: aunque ella persevere casta, él ha pecado, como lo dice claramente el
Señor: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en
su corazón. No penetró ciertamente en su habitación para pecar con ella, pero
pecó en el interior de su corazón.
Así también, todo el que vive indignamente ante aquellos que están bajo su
cuidado, en cuanto de él depende, da muerte incluso a las ovejas sanas; pues el
que lo imita muere, y el que no lo imita vive. Sin embargo, en cuanto de él
depende, lleva a ambos a la muerte; por ello dice: Matáis a las mejor
alimentadas, pero no apacentáis las ovejas.
jueves, 18 de agosto de 2022
Los malos pastores
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