martes, 23 de agosto de 2022

Nuestra máscara de cada día

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad!
Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello".
Creemos, muchas veces, o, son muchos los que creen que por decir que "soy cristiano desde siempre", sólo por eso son mejores cristianos. Que por "escuchar" o "cumplir" con la misa de los domingos son mejores cristianos. O por pertenecer a tal asociación, cofradía o movimiento son mejores cristianos, que el resto de los que no van a misa, no son cristianos desde su nacimiento o que no pertenecen a ninguna asociación, cofradía o movimiento...
"Mas bien los que escuchan la palabra de Dios y la practican, esos son mi madre, mis hermanos..."
Pero si perteneciendo o viviendo los sacramentos no se practica la justicia, la misericordia y la fidelidad a la Voluntad de Dios, entonces, no hay título cristiano que valga, pues no se vive como Cristo nos ha enseñado a vivir.
Todo: la misa, las oraciones, las asociaciones, los movimientos son instrumentos para alcanzar la santidad, es decir, son instrumentos que Dios utiliza para que podamos convertir nuestro corazón y poder, así, vivir la misericordia, el perdón, la justicia, la fraternidad, la alegría, la esperanza, todos los frutos del Espíritu. Pero si nada de eso aparece en mi vida, sino que hay egoísmos, recelos, desaveniencias, desesperanzas, tristezas, no son instrumento de paz sino de discordia, etc., etc., entonces no hay título cristiano que me sirva ni que diga que, realmente, soy lo que digo ser.
Por eso Jesús nos dice: "Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello", es decir que todos los instrumentos de fe que tengo a mi alcance son para ayudarme a vivir y dar frutos del Espíritu en abundancia.
Pero claro, estamos en un mundo, en un momento histórico que se vive de apariencias, y, entonces, dentro de las apariencias, según en qué momento y en qué circunstancia me gusta "aparentear" ser cristiano, aunque después en ese mismo día y en otro momento viva como si no lo fuera, o viva todo lo contrario.
Quizás nos hemos acostumbrado, demasiado, a vivir cambiando de máscaras, y ya no sabemos cuál es la verdadera o cuál tiene que ser mi verdadera identidad, pues tengo muchas formas de aparentar, de acuerdo con quién o en qué ambiente me mueva.
Por eso mismo Jesús tamibén nos decía: "solo la Verdad os hará libres", y también tenemos que ser muy veraces con nosotros mismos, para poder ser veraces con los demás. Pero si no estoy conforme conmigo mismo y por eso voy cambiando de máscarás, entonces tampoco lo seré con los demás.
Cuando pueda quitarme todas las máscaras y encontrarme cara a cara con el Señor, podré disfrutar del vivir en Cristo porque Él es quien me llena de sentido mi vida y no las apariencias que me dejan el alma vacía.

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