“Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.
Las redes sociales, especialmente las dedicadas más a los adolescentes y jóvenes, pero que tampoco nos libramos los maduritos, han creado la sensación o la necesidad de ser “famosos”, o escuchados o, por lo menos, tener muchos likes o me gusta, para saber si existimos o no existimos.
Querer ser enaltecidos o tenidos en cuenta o famosos es una cuestión ya de necesidad del hombre del siglo XXI. Una necesidad que llega en algunos momentos en transformarse en una obsesión o en una depresión, llegando, incluso, a extremos de vida o muerte.
No es que tengamos que dejar de ser para “humillarnos”, sino que no debemos tener en cuenta la opinión de la gente para saber si existimos o no. Nos basta saber que estamos caminando en el Camino que el Señor quiere para nosotros, pues humillarnos no es saber que no somos nada, sino que Dios nos ha creado para tal o cual misión, y para ello nos ha dado tales o cuales dones, los que tenemos que poner en acción para ser fieles a Su Voluntad.
Reconocer lo que somos y quienes somos es el primer acto para encontrar el camino de la humildad, un camino que no necesita el reconocimiento de nadie más que de Dios. ¿Por qué? Porque la opinión de los hombres es muy cambiante: hoy puedes estar en lo más alto del pedestal, ser lo mejor que hay en el mundo, pero en cuanto haces algo que no gusta a alguien o a algunos, enseguida te sepultan bajo una tonelada de malos comentarios, pasas de ser lo mejor del mundo a la peor persona jamás conocida.
Pero si sólo nos ocupamos de ser fieles a la vida que el Señor nos ha pedido vivir, sabemos que Él es el mejor Juez y, sobre todo, quien mejor nos recompensa con Su Gracia para que podamos seguir adelante en ¡nuestra misión particular! Quienes hacen la Voluntad de Dios no siempre encuentran brillo en el mundo, pues no se entiende, en este mundo, la Voluntad de Dios, y los que anhelamos un mundo según Dios, no siempre estaremos bien vistos por esta sociedad materialista.
Nosotros tenemos la suerte de vivir en un país que aún “soporta” y vive ciertos valores cristianos, pero que no “encarcelan” a los que quieren ser Fieles a Dios. Entonces no nos encarcelemos nosotros en el gusto del mundo, sino que sigamos siendo Fieles a Dios, y no al hombre.
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