«Maestro, queremos ver un milagro tuyo».
Él les contestó:
«Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás".
¿Quéria Jesús hacer más milagros o no quería? ¿Podía hacer más milagros o no podía? En realidad sí podía, pero no quería darle el gusto a aquellos que ya habián visto todos los milagros, conocían la fama de Jesús, pero aún querían más signos para poder creer en Él.
Porque, en realidad, como dice el refrán: no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y, muchas veces, nos pasa así, a todos. Cuando no queremos descubrir la Voluntad de Dios, por más que que baje Él y nos hable directamente no la vamos a descubrir, porque, en realidad, no queremos hacerla.
Por eso siempre buscamos la quinta pata al gato, sabiendo que no la tiene, porque no queremos darnos cuenta que el error está en nosotros, que somos nosotros los que no prestamos atención a los signos de los tiempos o que no oímos lo que nos dicen nuestros hermanos o que simplemente, miramos para otro lado para no hacer lo que debemos hacer.
Claro está que después nos quejamos si las cosas salen mal o no encontramos el consuelo y la fortaleza que necesitamos en el peor momento, pero es que hemos sido nosotros quienes le dimos la espalda a la Gracia de Dios en nuestra vida. No es que rechazamos a Dios, sino que no lo escuchamos porque no queremos saber qué tiene que decirnos, y si no escuchamos nuestra conciencia queda más contenta y tranquila porque no sabe. Siendo, en realidad, que no es así porque sabemos que hemos hecho oído sordo a lo que teníamos que hacer.
Así nos decía el Señor que seremos juzgado por aquellos que queriendo vivir no pueden y nosotros que podemos vivir, que tenemos libertad para vivir y expresar nuestra fe, no lo hacemos. Y es lo de siempre: quienes tienen no disfrutan de lo que tienen, sino que siempre están buscando lo que no tienen para poder quejarse y andar por la vida sin sentido, buscando lo que ya tienen, pero que no quieren usarlo porque los obliga a vivir de determinada manera. Por eso es más fácil no escuchar a Dios y vivir como a mí me gusta, y después quejarme; que negarme a mí mismo para hacer la Voluntad de Dios y agradecer todo lo que Dios me ha dado, y así dar testimonio de la alegría de vivir la Fe.
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