miércoles, 20 de julio de 2022

No te hagas el sordo

El Señor siempre nos habla en parábolas, nunca nos habla directamente, ni en aquél tiempo ni ahora, porque quiere que tengamos libertad para escuchar y comprender, porque, "no hay peor sordo que el que no quiere oír", por eso, siempre finaliza diciendo: "el que tenga oídos que oiga".
Los oídos del corazón y del espíritu están, muchas veces, cerrados o negados a la Palabra de Dios, una Palabra que, como dice San Pablo, es como una espada de doble filo, es decir siempre te va a cortar por algún lado, no para hacerte daño, sino, como lo hace el viñador, para que des más fruto, para que robustezcas tu espíritu para ser, cada día, más santo.
Por eso, al Señor, no le valen los argumentos y excusas humanas que ponemos, muchas veces, para no hacer lo que debemos, y, sobre todo, para no hacer lo que Él nos pide. Esto lo vemos muy claro en Jeremías:
"Yo repuse:
«¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que soy un niño».
El Señor me contestó:
«No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte» - oráculo del Señor -.
El Señor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo:
«Voy a poner mis palabras en tu boca. Desde hoy te poder sobre pueblos y reinos para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para reedificar y plantar».
Es cierto que las misiones que el Señor nos pide realizar pueden ser demasiado grandes para nosotros, pero lo son para nuestra pobre imagición humana, pero, según Su Proyecto y Su Poder, Él tiene todo lo necesario para entregármelo y queda en mi disposición poder utilizarlo para dicha misión.
No somos nosotros los que tenemos el pdoer, y, aunque siempre digamos "poder es querer", nunca podremos hacer lo que Él quiere si no nos ponemos en Sus Manos. Sólo Dios puede hacer con nosotros grandes cosas si nosotros lo dejamos actuar, y dejamos de poner excusas para no hacerlo. Sólo Dios podrá hacer maravillas por medio nuestro si abrimos nuestros oídos a Sus Palabras y nuestro corazón a Su Espíritu para poder tener la fuerza y la Gracia para hacer Su Voluntad, aquí en el tierra como en el Cielo.
Por eso, no nos hagamos los sordos ante la Voz de Dios, sino que escuchemos lo que tiene para decirnos y pidamos la Gracia para poder hacerlo, porque, muchas veces, cerramos nuestros oídos por las dudas que nos pida algo que no queramos hacer, y, así dejamos pasar las oportunidades de hacer grandes cosas, como lo hizo María cuando se dispuso de corazón para que la Palabra se hiciera carne en su seno. Así también, en nosotros, la Palabra puede hacer vida si dejamos de hacernos los sordos ante la Voluntad de Dios.

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