“Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Jesús lo increpó: «¡Cállate y sal de él!».
Siempre me ha impresionado los relatos de la expulsión de los espíritus inmundos, y, para ponerle el nombre verdadero, de la posesión de satanás en algunas personas. Pero no me ha impresionado por el poder de Jesús, sino por el conocimiento que esos espíritus, incluido Satanás, tienen del Hijo de Dios, de las Sagradas Escrituras. Y todo eso nos lleva a pensar, como muchas veces lo he escuchado y predicado: que de nada sirve saber intelectualmente las verdades de la fe, los misterios de Dios, si todo lo que sabemos no lo llevamos a la vida.
Satanás y sus seguidores conocen muy bien el Plan de Dios, conocen Su Voluntad, pero ellos no aceptan esa Voluntad, sino que siguen su propio proyecto que es destruir la Obra de Dios, hacer que los que creemos en Dios renunciemos a Él y, por lo tanto, a su Voluntad, y nos dejemos llevar por el camino de la perdición de nuestras almas.
Por eso Jesús los hacía callar, para que revelaran su verdadera identidad, pues el saber no es lo que nos salva, sino el vivir en Dios lo que nos da la Verdadera Vida. Y, hoy en día, son muchos los que creen saber mucho, pero son pocos los que realmente viven la Voluntad de Dios.
Claro que esto no quiere decir que no debemos profundizar en las Sagradas Escrituras, en el saber las cosas de Dios, pero no nos quedemos solamente en saber, sino que eso nos lleve al vivir, pues cuando conozco a alguien más lo puedo amar. Y así el conocimiento de Dios nos tiene que llevar a amarlo cada día más, y así, con Su Gracia, poder vivir en Fidelidad a su Voluntad, que es una fidelidad en el Amor, la Verdad y, sobre todo, un Camino para la Vida que, Jesús, el Hijo de Dios, nos fue revelando con su propia vida, pues “siendo Hijo, aprendió por medio del sufrimiento a obedecer”.