domingo, 31 de enero de 2021

Saber o vivir?

“Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».

Jesús lo increpó: «¡Cállate y sal de él!».

Siempre me ha impresionado los relatos de la expulsión de los espíritus inmundos, y, para ponerle el nombre verdadero, de la posesión de satanás en algunas personas. Pero no me ha impresionado por el poder de Jesús, sino por el conocimiento que esos espíritus, incluido Satanás, tienen del Hijo de Dios, de las Sagradas Escrituras. Y todo eso nos lleva a pensar, como muchas veces lo he escuchado y predicado: que de nada sirve saber intelectualmente las verdades de la fe, los misterios de Dios, si todo lo que sabemos no lo llevamos a la vida.

Satanás y sus seguidores conocen muy bien el Plan de Dios, conocen Su Voluntad, pero ellos no aceptan esa Voluntad, sino que siguen su propio proyecto que es destruir la Obra de Dios, hacer que los que creemos en Dios renunciemos a Él y, por lo tanto, a su Voluntad, y nos dejemos llevar por el camino de la perdición de nuestras almas.

Por eso Jesús los hacía callar, para que revelaran su verdadera identidad, pues el saber no es lo que nos salva, sino el vivir en Dios lo que nos da la Verdadera Vida. Y, hoy en día, son muchos los que creen saber mucho, pero son pocos los que realmente viven la Voluntad de Dios.

Claro que esto no quiere decir que no debemos profundizar en las Sagradas Escrituras, en el saber las cosas de Dios, pero no nos quedemos solamente en saber, sino que eso nos lleve al vivir, pues cuando conozco a alguien más lo puedo amar. Y así el conocimiento de Dios nos tiene que llevar a amarlo cada día más, y así, con Su Gracia, poder vivir en Fidelidad a su Voluntad, que es una fidelidad en el Amor, la Verdad y, sobre todo, un Camino para la Vida que, Jesús, el Hijo de Dios, nos fue revelando con su propia vida, pues “siendo Hijo, aprendió por medio del sufrimiento a obedecer”.


sábado, 30 de enero de 2021

Por qué tenéis miedo?

"Lo despertaron, diciéndole:
«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:
«¡Silencio, enmudece!».
El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?»
Es lo que, habitualmente, nos sucede: la fe descubrimos que no es suficiente en momentos donde la tormenta llega a nuestra vida. En esos momentos nos parece parecer, que todo se nos hunde y que, sobre todo, Dios no nos escucha. Y el Señor nos vuelve a responder: "¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?"
Si, seguramente tenemos fe, pero no la hemos madurado para los tiempos de tempestad. Tenemos fe para tiempos de bonanza, para cuando todo está bien, pero cuando llegan esas tormentas que nos sacuden toda la vida, ahí parece que no tuviéramos fe, que todo se nos ha perdido y que no sabemos para dónde tenemos que ir.
Y de eso tratan las lecturas de hoy, porque por un lado Jesús les hace, no sólo una pregunta a los apóstoles, sino que les exhorta con una pregunta cuestionadora de sus vidas de fe. Y, por otro lado, el escritor de los Hebros nos habla de la fe de Abrahám, nueustro padre en la Fe.
"Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; ofreció a su hijo único, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «lsaac continuará tu descendencia».
Creemos, muchas veces, cuando nuestra fe no ha sido suficientemente madurada, que nada nos puede ocurrir y que Dios no nos puede permitir que nos suceda nada, y que, todo lo que se nos ocurra pedir, Él nos dará todo. Y no cuando el Señor nos llama para ser sus discípulos nos habla de un Camino de fe, de confianza en Su Providencia, en Su Amor, en Su Sabiduría. Por eso, cuando nos pide llevar una cruz, caminar en la oscuridad, navegar sobre mares revueltos, es porque Él sabe que podremos y no porque nosotros tengamos la capacidad y el poder, sino porque Él, aunque parezca dormido, siempre estará para acompañarnos: "aunque pase por valles oscuros nada temeré porque tú estas conmigo, tu vara y tu bastón me acompañan", y tantos otros versículos que nos hablan de la confianza en Su Providencia, nos tienen que ayudar a creer que nunca estamos solos, aunque, muchas veces lo ignoremos o lo alejemos de nuestras vidas.
"Él les dijo:
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?»
Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:
«¿Pero quién es éste? ¡ Hasta el viento y las aguas le obedecen!».

 

viernes, 29 de enero de 2021

Somos gente de fe valiente

"No renunciéis, pues, a vuestra valentía, que tendrá una gran recompensa.
Os hace falta paciencia para cumplir la voluntad de Dios y alcanzar la promesa.
«Un poquito de tiempo todavía, y el que viene llegará sin retraso; mi justo vivirá por la fe, pero si se arredra le retiraré mi favor».
Pero nosotros no somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma".
En estos tiempos que vivimos, muchas veces, nos sacude el alma el temor, el miedo, la inseguridad, el no saber qué va a suceder el día de mañana, y las condiciones en las que vivimos nos mantienen en la inseguridad del mañana, de lo que podremos hacer o no hacer, de si salir o no salir, de con quien estar o no estar. Es tanta la incertidumbre que se vivie en estos tiempos de pandemia que, como muchos dicen: "mejor nos quedamos encerrados y listo". Pero, tampoco es la solución el encierro, porque "la loca de la casa", que es la cabeza nos lleva a viajar por lugares oscuros y nos mantiene en el pricipicio de la desesperanza y depresión.
Por eso viene tan bien las palabras de la carta a los Hebreos: "no somos gente que se arredra para su perdición sino hombre de fe para salvar el alma". No tenemos que dejarnos vencer por la tentación de la desesperanza, sino todo lo contrario, levantar la mirada hacia el Cielo y confiar en la Providencia Divina, pedirle la paciencia necesaria para saber esperar el tiempo de la Gracia, por que, también en este tiempo tenemos que cumplir la Voluntad de Dios: "os hace falta paciencia para cumplir la voluntad de Dios y alcanzar la promesa".
Como el mismo Jesús nos decía: "cada día tiene su propio afán", "no te preocupes del mañana", por que es hoy cuando tenemos que encontrar el lugar y el tiempo para el Encuentro con el Señor, y pedir su Gracia para que nuestra Fe, Esperanza y Caridad no se pierdan, sino que se refuercen en los tiempos extraordinarios, en los tiempos de oscuridad.
Muchas veces los creyentes, en los momentos de oscuridad o de incertidumbre, nos alejamos de Dios que es nuestra Única Esperanza, es Quien nos ayuda a mantenernos en pie en la tormenta y nos alejamos de Él por que no responde a nuestras espectativas, nos alejamos de Él por que no responde en el tiempo que yo quiero, nos alejamos de Él por que le pedimos y no dice nada y no nos da nada. Sin embargo si miramos hacia atrás podremos ver cuántas veces nos ha dado más de lo que esperábamos, y nos ha sostenido en medio de tormentas que pensábamos que no podíamos pasar.
Hoy es el tiempo que pone a prueba nuestra Fe, Esperanza y Amor, por eso nos vuelve a resonar en los oídos: "Pero nosotros no somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma".

 

jueves, 28 de enero de 2021

Juicios y prejuicios

"Les dijo también:
-«Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces".
Hay frases de Jesús que se nos olvidan fácilmente, o que, generalmente no traemos a la memoria para nuestro uso particular. Y, creo, que ésta es una de ellas.
"La medida que uséis" ¿a qué se refiere? A cómo yo trato a los demás, cómo yo trato a mi prójimo: en el amor, en el respeto, en el servicio... y sobre todo en el juicio o prejuicio que uso con ellos.
Es muy fácil, para cada uno de nosotros, juzgar o prejuzgar a las personas, porque es un simple acto de nuestra capacidad intelectual, de nuestro raciocinio, de nuestro razonar. Eso no lo podemos evitar, pero sí lo que podemos evitar es lo que sucede después de juzgar o prejuzgar a alguien. Es decir, yo veo a alguien o escucho un comentario sobre alguien ¿qué hago? Lo comparto o me callo? Sigo abundando en el mismo comentario y comienzo a divulgar algo que no se si es verdad? Difamo a alguien con mi comentario?
Hay una regla, muy humana, que muchas veces la hemos visto en otros muros que dice:
"Antes de hablar pregúntate si lo que vas a decir es cierto, es bueno, es necesario, es útil. Si la respuesta es no, tal vez lo que estás a punto de decir debería dejarse sin decir". Y digo que es muy humana porque cuando no conocemos el evangelio, siempre tenemos que utilizar los valores humanos, que es el principio de toda buena relación o de lo que deberíamos hacer como parte de una sociedad civilizada: actuar con respeto y responsabilidad. Cosas que, aparentemente, han dejado de estar de moda, salvo que pida el respeto para mí y no para los demás.
Pero, cuando hablamos en el plano de la fe, o de la vida cristiana, tenemos que pensar primero en el bien de los demás, en el valor de la persona como tal, y, como dice, san Agustín, primero ama y después haz lo que quieras, pero primero ama. Porque el Amor es la medida de todos nuestros actos y acciones.
Y, si bien el pensamiento no es algo que podemos detener y, por lo mismo, nuestros pensamientos y juicios y prejuicios, siempre van a estar en evolución, lo importante es saber qué hago con ellos: los lanzo al aire y que caigan donde quieran o los dejo guardados en mi cabeza y rezo para no ofender a nadie con ellos o no hacer daño con mis palabras? Porque "todo lo que haga con mis hermanos a Jesús se lo estoy haciendo". No lo olvides.

 

miércoles, 27 de enero de 2021

La Palabra y mis abrojos

"Cuando se quedó solo, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
Él les dijo:
«A vosotros se os han dado entender el misterio del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”».
Los Doce y los que lo rodeaban, que eran los discípulos que lo seguían hacía un tiempo, son los que le preguntan a Jesús por el sentido de las parábolas, pues, como mucha gente, incluído nosotros, no siempre comprendemos lo que Dios nos quiere decir. Pero ¿nos tomamos el tiempo para sentarnos con Jesús para que nos explique lo que no entendemos? ¿Nos hacemos el tiempo para reflexionar lo que nos está sucediendo y cómo poder hacer para comprender la Voluntad de Dios? ¿Hacemos silencio para dejar a Dios que nos hable y nos ayude a saber cuál es Su Voluntad?
Creo que, muchas veces, nos hacemos los que entendemos la Voluntad de Dios, o, como mínimo Su Palabra, pero no sabemos interpretarla en nuestra vida, y, por eso, seguimos viviendo como si todo estuviera bien y fuera bueno hacerlo, sin detenernos a pensar si de verdad esto está bien o si es Su Voluntad.
Vivimos, generalmente, en la inocencia o inconsciencia de pensar que todo lo que hago o digo está bien hecho y dicho, sin ponerme a pensar el por qué lo he dicho o hecho, y si en verdad lo que hice fue Voluntad de Dios.
En este caso somos aquellos en los que la Palabra ha caído en medio de abrojos, pues la hemos escuchado, pero hemos seguido nuestra vida como si tal cosa, y no hemos dejado que la Palabra pueda echar verdaderas raíces en mi corazón. Los "apuros" de la vida cotidiana no me dan tiempo para hacer una seria reflexión acerca de lo que la Palabra le dice a mi vida, y si mi vida está siendo acorde a lo que la Palabra me dice, es decir si, realmente estoy siendo Fiel a la Voluntad de Dios que me habla por medio de la Palabra.
Por eso sería bueno volver a leer esta parábola con tranquilidad y descubrir que clase de tierra hay en mi corazón como para que la Palabra pueda echar buenas raíces, para que pueda ser mi vida un verdadero alimento.

 

martes, 26 de enero de 2021

Don y tarea

Hermosas palabras que san Pablo le dirige a Timoteo:
"Evoco el recuerdo de tu fe sincera, la que arraigó primero en tu abuela Loide y tu madre Eunice, y estoy seguro que también en ti.
Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por imposición de mis manos porque, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza".
Claro que son palabras de un padre hacia su hijo, palabras que nos llevan a recordar nuestra fe y nuestra responsabilidad hacia esa fe. Palabras que nos ayudan a descubrir quiénes somos y por qué Dios nos ha llamado y nos ha ungido con el Crisma de la Salvación, y nos ha dado Su Espíritu Santo.
Porque el Don recibido de Dios en el bautismo nos ha comprometido, de por vida, con una misión: la de anunciar el Evangelio a toda la creación. Y, junto con el Don y la Misión, viene la Gracia necesaria para poder llevarla a cabo. Por eso Pablo le dice a Timoteo: "Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza", es decir, todo lo necesario para enfrentarnos a las realidad que nos tocan vivir.
Realidad que no son sólo realidades externas a nosotros, sino también a nuestras propias tempestades, a nuestros cambio de genio y temperamento, a nuestras desesperanzas y cansancios, a nuestros sinsabores y a nuestras preocupaciones diarias, para todo aquello que, interna o externamente, nos pueden impedir que llevemos a cabo nuestra misión, Dios ya ha preparado el remedio necesario: "fortaleza, amor y templanza".
Así, no tenemos que esgrimir el argumento que dicen en el evangelio: "ahí estan tu madre y tus hermanos que te buscan", como si por tener el título de familia tuviéramos más privilegios que los demás. No, nadie tiene más privilegio ante Dios que el que hace Su Voluntad: "Les contestó: - ¿Quienes son mi madre y mis hermanos?
Y, paseando la mirada por el corro, dijo: - Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre".
En cuanto más Fieles seamos a la Voluntad de Dios y más nos "esforcemos" para realizarla en nuestras vidas, más Gracia el Señor nos regalará para mantenernos en el Camino de la Fidelidad. Por eso no hemos de temer ni a nuestros "propios demonios", ni a los que quieran hacernos callar, sino que confiados en Su Amor y Su Gracia, nos mantenemos firmes y fieles en las Manos del Señor, para buscar y realizar, siempre, Su Voluntad aquí en la tierra como en el Cielo.

 

lunes, 25 de enero de 2021

Pablo lo sufrió todo por amor a Cristo

De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo

    Qué es el hombre, cuán grande su nobleza y cuánta su capacidad de virtud lo podemos colegir sobre todo de la persona de Pablo. Cada día se levantaba con una mayor elevación y fervor de espíritu y, frente a los peligros que lo acechaban, era cada vez mayor su empuje, como lo atestiguan sus propias palabras: Olvidando lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que veo por delante; y, al presentir la inminencia de su muerte, invitaba a los demás a compartir su gozo, diciendo: Alegraos y congratulaos conmigo; y al pensar en sus peligros y oprobios, se alegra también y dice, escribiendo a los corintios: Vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos y de las persecuciones; incluso llama a estas cosas armas de justicia, significando con ello que le sirven de gran provecho.
    Y así, en medio de las asechanzas de sus enemigos, habla en tono triunfal de las victorias alcanzadas sobre los ataques de sus perseguidores y, habiendo sufrido en todas partes azotes, injurias y maldiciones, como quien vuelve victorioso de la batalla, colmado de trofeos, da gracias a Dios, diciendo: Gracias sean dadas a Dios, que en todo tiempo nos lleva en el cortejo triunfal de Cristo. Imbuido de estos sentimientos, se lanzaba a las contradicciones e injurias, que le acarreaba su predicación con un ardor superior al que nosotros empleamos en la consecución de los honores, deseando la muerte más que nosotros deseamos la vida, la pobreza más que nosotros la riqueza, y el trabajo mucho más que otros apetecen el descanso que lo sigue. La única cosa que él temía era ofender a Dios; lo demás le tenia sin cuidado. Por esto mismo, lo único que deseaba era agradar siempre a Dios.
    Y, lo que era para él lo más importante de todo, gozaba del amor de Cristo; con esto se consideraba el más dichoso de todos, sin esto le era indiferente asociarse a los poderosos y a los príncipes; prefería ser, con este amor, el último de todos, incluso del número de los condenados, que formar parte sin él, de los más encumbrados y honorables.
    Para él, el tormento más grande y extraordinario era el verse privado de este amor: para él, su privación significaba el infierno, el único sufrimiento, el suplicio infinito e intolerable.
    Gozar del amor de Cristo representaba para él la vida, el mundo, la compañía de los ángeles, los bienes presentes y futuros, el reino, las promesas, el conjunto de todo bien; sin este amor, nada catalogaba como triste o alegre. Las cosas de este mundo no las consideraba, en sí mismas, ni duras ni suaves.
    Las realidades presentes las despreciaba como hierba ya podrida. A los mismos gobernantes y al pueblo enfurecido contra él les daba el mismo valor que a un insignificante mosquito.
    Consideraba como un juego de niños la muerte y la más variada clase de tormentos y suplicios, con tal de poder sufrir algo por Cristo.
 

domingo, 24 de enero de 2021

El Reino de Dios está cerca

“Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio”.

¿Qué tiempo se había cumplido? El tiempo de preparación que anunciaron los Profetas y que, en ese último tiempo, fue anunciando Juan Bautista quien anunciaba la conversión y hacía un bautismo de conversión por el perdón de los pecados.

Se había cumplido el tiempo de preparar el corazón para recibir el Don de la Fe que permitiera al hombre conocer al Hijo de Dios, al Mesías que había sido prometido desde muchos siglos antes y que, el Pueblo, esperaba con esperanza siempre nueva.

El Reino de Dios estaba cerca, pero todavía no había llegado, y, quizás aún no ha llegado al corazón de algunos que no han creído en el Hijo de Dios. Quizás aún no ha llegado en aquellos corazones que no se han despojado de sí mismos, y, sólo confiando en sus propias fuerzas, siguen creyendo que son ellos los dioses de este tiempo y, erróneamente, de sus propias vidas.

Y, entonces, ¿el Reino de Dios ha llegado a nuestras vidas? ¿Cómo saber? ¿Cómo saber si hemos sido de aquellos “afortunados” que han liberado sus corazones del pecado de este tiempo y lo han abierto a la Voluntad de Dios?

Y, nos dirá el Señor: “por los frutos los conoceréis”. Pero ¿cuáles son los frutos de que el Reino de Dios está en nuestros corazones y no sólo cerca de nosotros? Le dice San Pablo a los Gálatas: “En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley”.

Si ves que estos son los frutos que tú produces, entonces en ti está el Reino de Dios. Consérvalos y hazlos crecer y sigue dando frutos.

 


sábado, 23 de enero de 2021

Un Nuevo Sacerdocio

"En cambio, Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su «tienda» es más grande y más perfecta: no hecha por monos del hombre, es decir no de este mundo creado.
No lleva sangre de machos cabríos, ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna".
Jesús con su propia vida y con su propia sangre ha instaurado un sacerdocio nuevo y universal, un sacerdocio del que participamos todos, de una u otra forma: el sacerdocio real de todos los bautizados y el sacerdocio ministerial de los que hemos sido llamados al presbiterado.
Y ¿qué significa que somos partícpes del nuevo sacerdocio de Cristo? Que, como Él, también nosotros al responder afirmativamente a su llamado a seguirlo, hemos de entregar nuestra vida como ofrenda al Padre para hacer Su Voluntad: "Yo dije, aquí vengo, como está escrito, Padre, a hacer Tu Voluntad".
¿Por qué para hacer la Voluntad del Padre? Es el Camino que hemos elegido vivir para alcanzar la Vida en Dios, en la tierra como en el Cielo, y, viviéndola a semejanza del Hijo, podremos, con nuestra ofrenda diaria cooperar en la Obra de la Salvación de los Hombres, construyendo en nuestra vida en Hombre Nuevo según la Gracia, y, tansformando con nuestra vida la historia en la que estoy inserto, y dando testimonio y luz para que otros encuentren el Camino hacia la Vida.
Así como Jesús se ofreció al Padre para dar la Vida al Mundo, así también, cada día, al despertaranos, le ofrecemos al Padre nuestra vida para dar Vida al mundo, pues nuestros ofrecimientos colaboran en la Obra de Cristo, que Él, con su Vida comenzó para nuestra salvación y del mundo entero.
Con las palabras de san Pablo:
"Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia".
Y, ¿ cuál es el primer padecimiento? Renunciar a nosotros mismos para hacer la Voluntad de Dios, ese es nuestro primer padecimiento: dejar de pensar en lo que quiero para pensar en lo que Dios quiere, y, con la Gracia de Su Espíritu poder ser Fiel a la Vida que Él quiere que viva. Entregando, cada día, desde la Patena de nuestra corazón nuestra oración para nuestra salvación y la conversión de aquellos que necesitan salvarse.

 

viernes, 22 de enero de 2021

Amar solamente a Dios

De los capítulos de Diadoco de Foticé, obispo, sobre la perfección espiritual
 
El que se ama a sí mismo no puede amar a Dios; en cambio, el que, movido por la superior excelencia de las riquezas del amor a Dios, deja de amarse a sí mismo ama a Dios. Y, como consecuencia, ya no busca nunca su propia gloria, sino más bien la gloria de Dios. El que se ama a sí mismo busca su propia gloria, pero el que ama a Dios desea la gloria de su Hacedor. En efecto, es propio del alma que siente el amor a Dios buscar siempre y en todas sus obras la gloria de Dios y deleitarse en su propia sumisión a él, ya que la gloria conviene a la magnificencia de Dios; al hombre, en cambio, le conviene la humildad, la cual nos hace entrar a formar parte de la familia de Dios. Si de tal modo obramos, poniendo nuestraalegría en la gloria del Señor, no nos cansaremos de repetir, a ejemplo de Juan Bautista: Él tiene que crecer y yo tengo que menguar. Sé de cierta persona que, aunque se lamentaba de no amar a Dios como ella hubiera querido, sin embargo, lo amaba de tal manera que el mayor deseo de su alma consistía en que Dios fuera glorificado en ella, y que ella fuese tenida en nada. El que así piensa no se deja impresionar por las palabras de alabanza, pues sabe lo que es en realidad; al contrario, por su gran amor a la humildad, no piensa en su propia dignidad, aunque fuese el caso que sirviese a Dios en calidad de sacerdote; su deseo de amar a Dios hace que se vaya olvidando poco a poco de su dignidad y que extinga en las profundidades de su amor a Dios, por el espíritu de humildad, la jactancia que su dignidad pudiese ocasionar, de modo que llega a considerarse siempre a sí mismo como un siervo inútil, sin pensar para nada en su dignidad, por su amor a la humildad. Lo mismo debemos hacer también nosotros, rehuyendo todo honor y toda gloria, movidos por la superior excelencia de la riquezas del amor a Dios, que nos ha amado de verdad. Dios conoce a los que lo aman sinceramente, porque cada cual lo ama según la capacidad de amor que hay en su interior. Por tanto, el que así obra desea con ardor que la luz de este conocimiento divino penetre hasta lo más íntimo de su ser, llegando a olvidarse de sí mismo, transformado todo él por el amor. El que es así transformado vive y no vive; pues, mientras vive en su cuerpo, el amor lo mantiene en un continuo peregrinar hacia Dios; su corazón, encendido en el ardiente fuego del amor, está unido a Dios por la llama del deseo, y su amor a Dios le hace olvidarse completamente del amor a sí mismo, pues, como dice el Apóstol, si empezamos a desatinar, a Dios se debía; si ahora nos moderamos es por vosotros.

 

jueves, 21 de enero de 2021

No basta con saber, hay que vivir

"Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Conocer a Dios intelectualmente, saber quién es Dios o su Hijo Jesucristo, no nos hace más religiosos ni más cristianos, pues vemos cómo los espíritus inmundos sabían y conocían verdaderamente a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo, pero no eran fieles a Su Voluntad, ni lo amaban, ni se sometían a su Palabra, sino que lo rechazaban y, sobre todo, se metían entre medio para "arruinar" el proyecto de Dios para los Hombres.
¿Qué es lo que nos hace verdaderos creyentes o religiosos o cristianos?
Como dice el Salmo de hoy:
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy».
« - Como está escrito en mi libro - para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas».
Y vuelvo a repetir: "Aquí estoy Señor, para hacer tu Voluntad".
Eso es lo verdadermente esencial de nuestra vida de fe, es lo que nos identificará como vedaderos cristianos, seguidores de Cristo, discípulos de Jesús, porque hemos aprendido de Él que el único Camino que nos conduce a la Vida Verdadera, y nos hace testigo confiables de Su Palabra, es ser Fieles como Él a la Voluntad de Dios. Que, paradójicamente, lo repetimos todos los días: "hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo".
Y, ¿quién crees tú que tiene que hacer la Voluntad de Dios en la tierra como en el Cielo? ¿El vecino de al lado? ¿Aquél que yo creo que no es tan buen cristiano? ¿No seré acaso yo quien tengo que comenzar a hacer la Voluntad de Dios aquí en la tierra como en el Cielo?
Sí, como siempre, surge la misma expresión: "pero, no es fácil", y, no, los mejore destinos y el mejor camino en la vida no es el más fácil. Ya nos dijo el Señor: " el camino es estrecho y la puerta pequeña", así que nos tenemos que esforzar por recorrerlos y poder entrar por ella. Sabiendo, claro está, que como Él mismo lo dijo: "para Dios nada es imposible", por eso mismo tenemos que estar en íntima relación con Él para que nos ayude al caminar y nos fortalezca para ser niños y poder entrar por esa Puerta.

 

miércoles, 20 de enero de 2021

Amar la Ley de Dios

Y a ellos les pregunta:
«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».
A veces, cuando nos conviene, nos escudamos en la Ley, pero cuando nos conviene dejamos de lado la Ley y hacemos lo que queremos. En este caso, Jesús, no es que haga lo que tenga ganas, sino que deja de lado la ley para poder hacer el milagro de devolver al hombre su salud.
En este caso, los fariseos se confabulan contra Jesús porque no respeta el sábado, una ley humana que impedía que se trabajara en el día de descanso. Por eso, y, como sucede en varias ocasiones, ellos creen que por esas actitudes Jesús quiere modificar o anular la Ley de Dios y los preceptos que ellos mismo crearon.
Y así, Jesús les respodnerá que de la Ley ni una coma ni una tilde va a ser modificada, pues es la Ley que Dios le dio al Pueblo de Israel, pero no dice nada de las prescripciones humanas que ellos mismos se fueron dando a lo largo del tiempo. Pues la ley humana puede ser modificada por los hombres, en cambio, la Ley Divina no puede ser modificada, salvo por el mismo Legislador.
Y eso es lo que en estos tiempos no entendemos, no sólo los que no son cristianos, sino, incluso, los mismos cristianos: la Ley de Dios, es decicr los 10 mandamientos, y lo que la Iglesia recoge en el Antiguo y el Nuevo Testamento, lo que creemos que es Palabra de Dios, no puede ser modificado en su esencia por ningún hombre, sea Papa o no.
Después hay otras prescripciones que a lo largo del tiempo se fueron adaptando a las nuevas realidades, pero lo esencial de nuestra fe no puede ser modificado.
Por eso necesitamos volver a las Fuentes de nuestra Vida, necesitamos retomar el conocimiento de la Palabra de Dios, no sólo como un buen libro para leer (porque algunas cosas son aburridas) sino como el libro desde el cual puedo hablar con mi Padre Dios y aprender a concerlo, descubrir cómo es su lenguaje y su forma de amarme, conocerlo y amarlo, para que, amándolo pueda llegar a una relación profunda de amor y eso me lleve a aceptar su Voluntad aquí en la tierra como en el cielo.

 

martes, 19 de enero de 2021

Vivir con la mirada puesta en la Promesa del Señor

"Hermanos:
Dios no es injusto para olvidarse de vuestro trabajo y del amor que le habéis demostrado sirviendo a los santos ahora igual que antes.
Deseamos que cada uno de vosotros demuestre el mismo empeño hasta el final, para que se cumpla vuestra esperanza, y no seáis indolentes, sino imitad a los que, con fe y perseverancia, consiguen lo prometido".
Vivimos en un tiempo complicado, y las complicaciones del tiempo, muchas veces, nos quitan las ganas, las esperanzas de seguir avanzando, pues no nos dejan ver lo que va a suceder mañana, y es ese mañana el que nos preocupa y nos quita el aliento en el trabajo cotidiano.
Por eso me ha gustado este párrafo a los Hebreos porque nos invita a no dejarnos llevar por los tiempos malos, sino por la Esperanza que nos brinda el Señor, y nos invita, de parte de Dios, a seguir marchando con esperanza, con gozo hacia la meta, sin dejarnos llevar por lo que sucede en el tiempo de los hombres, sino por lo que el Señor nos ha prometido.
"De la misma manera, queriendo Dios demostrar a los beneficiarios de la promesa la inmutabilidad de su designio, se comprometió con juramento, para que por dos cosas inmutables, en las que es imposible que Dios mienta, cobremos ánimos y fuerza los que buscamos refugio en él, aferrándonos a la esperanza que tenemos delante. La cual es para nosotros como ancla del alma, segura y firme, que penetra más allá de la cortina, donde entró, como precursor, por nosotros, Jesús, Sumo sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec".
A tiempos extraordinarios, como el que estamos viviendo, Gracias extraordinarias para poder salir adelante, pero esas Gracias Extraordinarias las tenemos que conseguir junto al Señor. Y es justo en ese punto donde, algunos, estamos fallando, pues nos hemos alejado del mejor de los alimentos: la Eucaristía.
Es cierto que en algunos lugares no se puede concurrir a Misa, pero también es cierto que el miedo nos ha paralizado y no somos capaces de salir de nuestras casa para ir al Encuentro del Señor, aunque sea en la visita al Sagrario.
También es cierto que sí hacemos tiempo y escapadas para hacer lo que nos gusta o ir a hacer las compras o .... pero tenemos miedo de ir a la Iglesia al encuentro con el Señor. Y así nos perdemos las Gracias Extraordinarias que el Señor tiene para mí, para que pueda seguir con el alma fortalecida y con el entusiasmo que tuvieron los santos para ir al Encuentro del Señor, y, manifestar con sus vidas la fortaleza que da la Gracia y el Espíritu que vive en nosotros.
Hoy, en estos tiempos complicados, (que seguirán por mucho más tiempo) el Señor nos invita a la Esperanza y al testimonio vivo y claro de lo que esperamos y de lo que vivimos: la confianza está puesta en la Gracia que el Señor nos ha dado, nuestra Vida está en sus Manos y confiamos que, junto a Él, todo será Gracias, pero lejos de Él nos envolvemos en los mantos del temor y la desesperanza, pues la pre-ocupación de lo que vendrá nos quita las fuerzas para ser Fieles al día a día, para ser Fieles a su Voluntad en lo que hoy me toca vivir.
Volvamos a la Fuente de la Vida para que, alimentados por Él, podamos llevar al mundo Esperanza y Paz para que todos sabiéndonos cuidarnos podamos seguir siendo Fieles a la Vida que el Señor nos ha dado y nos pide vivir.

 

lunes, 18 de enero de 2021

Vínculo de la caridad divina

De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios.

    El que posee la caridad de Cristo que cumpla sus mandamientos. ¿Quién será capaz de explicar debidamente el vínculo que la caridad divina establece? ¿Quién podrá dar cuenta de la grandeza de su hermosura? La caridad nos eleva hasta unas alturas inefables. La caridad nos une a Dios, la caridad cubre la multitud de los pecados, la caridad lo aguanta todo, lo soporta todo con paciencia; nada sórdido ni altanero hay en ella; la caridad no admite divisiones, no promueve discordias, sino que lo hace todo en la concordia; en la caridad hallan su perfección todos los elegidos de Dios y sin ella nada es grato a Dios. En la caridad nos acogió el Señor: por su caridad hacia nosotros, nuestro Señor Jesucristo, cumpliendo la voluntad del Padre, dio su sangre por nosotros, su carne por nuestra carne, su vida por nuestras vidas.
    Ya veis, amados hermanos, cuán grande y admirable es la caridad y cómo es inenarrable su perfección. Nadie es capaz de practicarla adecuadamente, si Dios no le otorga este don. Oremos, por tanto, e imploremos la misericordia divina, para que sepamos practicar sin tacha la caridad, libres de toda parcialidad humana. Todas las generaciones anteriores, desde Adán hasta nuestros días, han pasado; pero los que por gracia de Dios han sido perfectos en la caridad obtienen el lugar destinado a los justos y se manifestarán el día de la visita del reino de Cristo. Porque está escrito: Anda, pueblo mío, entra en los aposentos y cierra la puerta por dentro; escóndete un breve instante mientras pasa la cólera; y me acordaré del día bueno y os haré salir de vuestros sepulcros.
    Dichosos nosotros, amados hermanos, si cumplimos los mandatos del Señor en la concordia de la caridad, porque esta caridad nos obtendrá el perdón de los pecados. Está escrito: Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito y en cuyo espíritu no hay falsedad. Esta proclamación de felicidad atañe a los que, por Jesucristo nuestro Señor, han sido elegidos por Dios, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

domingo, 17 de enero de 2021

En la concordia de la unidad

 De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Efesios

    Es justo que vosotros glorifiquéis de todas las maneras a Jesucristo, que os ha glorificado a vosotros, de modo que, unidos en una perfecta obediencia, sumisos a vuestro obispo y al colegio presbiteral, seáis en todo santificados. No os hablo con autoridad, como si fuera alguien. Pues, aunque estoy encarcelado por el nombre de Cristo, todavía no he llegado a la perfección en Jesucristo. Ahora, precisamente, es cuando empiezo a ser discípulo suyo y os hablo como a mis condiscípulos. Porque lo que necesito más bien es ser fortalecido por vuestra fe, por vuestras exhortaciones, vuestra paciencia, vuestra ecuanimidad. Pero, como el amor que os tengo me obliga a hablaros también acerca de vosotros, por esto me adelanto a exhortaros a que viváis unidos en el sentir de Dios. En efecto, Jesucristo, nuestra vida inseparable, expresa el sentir del Padre, como también los obispos, esparcidos por el mundo, son la expresión del sentir de Jesucristo.
    Por esto debéis estar acordes con el sentir de vuestro obispo, como ya lo hacéis. Y en cuanto a vuestro colegio presbiteral, digno de Dios y del nombre que lleva, está armonizado con vuestro obispo como las cuerdas de una lira. Este vuestro acuerdo y concordia en el amor es como un himno a Jesucristo. Procurad todos vosotros formar parte de este coro, de modo que, por vuestra unión y concordia en el amor, seáis como una melodía que se eleva a una sola voz por Jesucristo al Padre, para que os escuche y os reconozca, por vuestras buenas obras, como miembros de su Hijo. Os conviene, por tanto, manteneros en una unidad perfecta, para que seáis siempre partícipes de Dios.
    Si yo, en tan breve espacio de tiempo, contraje con vuestro obispo tal familiaridad, no humana, sino espiritual, ¿cuánto más dichosos debo consideraros a vosotros, que estáis unidos a él como la Iglesia a Jesucristo y como Jesucristo al Padre, resultando así en todo un consentimiento unánime? Nadie se engañe: quien no está unido al altar se priva del pan de Dios. Si tanta fuerza tiene la oración de cada uno en particular, ¿cuánto más la que se hace presidida por el obispo y en unión con toda la Iglesia?

sábado, 16 de enero de 2021

El Amigo de los hombres se ha hecho Hombre en María

De los sermones de san Proclo de Constantinopla, obispo

    Alégrense los cielos, y las nubes destilen la justicia, porque el Señor se ha apiadado de su pueblo. Alégrense los cielos, porque, al ser creados en el principio, también Adán fue formado de la tierra virgen por el Creador, mostrándose como amigo y familiar de Dios. Alégrense los cielos, porque ahora, de acuerdo con el plan divino, la tierra ha sido santificada por la encarnación de nuestro Señor, y el género humano ha sido liberado del culto idolátrico. Las nubes destilen la justicia, porque hoy el antiguo extravío de Eva ha sido reparado y destruido por la pureza de la Virgen María y por el que de ella ha nacido, Dios y hombre juntamente. Hoy el hombre, cancelada la antigua condena, ha sido liberado de la horrenda noche que sobre él pesaba.
    Cristo ha nacido de la Virgen, ya que de ella ha tomado carne, según la libre disposición del plan divino: La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros; por esto la Virgen ha venido a ser madre de Dios. Y es virgen y madre al mismo tiempo, porque ha dado a luz a la Palabra encarnada, sin concurso de varón; y así, ha conservado su virginidad por la acción milagrosa de aquel que de este modo quiso nacer. Ella es madre, con toda verdad, de la naturaleza humana de aquel que es la Palabra divina, ya que en ella se encarnó, de ella salió a la luz del mundo, identificado con nuestra naturaleza, según su sabiduría y voluntad con las que obra semejantes prodigios. De ellos según la carne procede Cristo, como dice san Pablo.
    En efecto, él fue, es y será siempre el mismo; mas por nosotros se hizo hombre; el amigo de los hombres se hizo hombre sin sufrir por eso menoscabo alguno en su divinidad. Por mí se hizo semejante a mí, se hizo lo que .no era aunque conservando lo que era. Finalmente, se hizo hombre para cargar sobre sí el castigo por nosotros merecido y hacernos de esta manera capaces de la adopción filial y otorgamos aquel reina, del cual pedimos que nos haga dignos la gracia y misericordia del Señor Jesucristo, al cual junto con el Padre y el Espíritu Santo, pertenece la gloria, el honor y el poder, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 13 de enero de 2021

El Padre es conocido por el Hijo

 Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías

    Nadie puede conocer al Padre sin el Verbo de Dios, esto es, si no se lo revela el Hijo, ni conocer al Hijo sin el beneplácito del. Padre. El Hijo es quien cumple este beneplácito del Padre; el Padre, en efecto, envía, mientras que el Hijo es enviado y viene. Y el Padre, aunque invisible e inconmensurable por lo que a nosotros respecta, es conocido por su Verbo, y, aunque inexplicable, el mismo Verbo nos lo ha expresado. Recíprocamente, sólo el Padre conoce a su Verbo; así nos lo ha enseñado el Señor. Y por esto el Hijo nos revela el conocimiento del Padre por la manifestación de sí mismo, ya que el Padre es conocido por la manifestación del Hijo: todo es manifestado por obra del Verbo.
    Para esto el Padre reveló al Hijo, para darse a conocer a todos a través de él, y para que todos los que creyesen en él mereciesen ser recibidos en la incorrupción y en el lugar del eterno consuelo (porque creer en él es hacer su voluntad).
    Ya por el mismo hecho de la creación el Verbo revela a Dios creador, por el hecho de la existencia del mundo al Señor que lo ha fabricado, por la materia modelada al artífice que la ha modelado y a través del Hijo al Padre que lo ha engendrado; sobre esto hablan todos de manera semejante, pero no todos creen de manera semejante. También el Verbo se anunciaba a sí mismo y al Padre a través de la ley y de los profetas; y todo el pueblo lo oyó de manera semejante, pero no todos creyeron de manera semejante. Y el Padre se mostró a sí mismo, hecho visible y palpable en la persona del Verbo, aunque no todos creyeron por igual en él; sin embargo, todos vieron al Padre en la persona del Hijo, pues la realidad invisible que veían en el Hijo era el Padre, y la realidad visible en la que veían al Padre era el Hijo.
    El Hijo, pues, cumpliendo la voluntad del Padre, lleva a perfección todas las cosas desde el principio hasta el fin, y sin él nadie puede conocer a Dios. El conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo está en poder del Padre y nos lo comunica por el Hijo. En este sentido decía el Señor: Nadie conoce al Hijo sino el Padre, como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar. Las palabras se lo quiere revelar no tienen sólo un sentido futuro, como si el Verbo hubiese empezado a manifestar al Padre al nacer de María, sino que tienen un sentido general que se aplica a todo tiempo. En efecto, el Padre es revelado por el Hijo, presente ya desde el comienzo en la creación, a quienes quiere el Padre, cuando quiere y como quiere el Padre. Y por esto, en todas las cosas y a través de todas las cosas, hay un solo Dios Padre, un solo Verbo, el Hijo, y un solo Espíritu, como hay también una sola salvación para todos los que creen en él.

martes, 12 de enero de 2021

Tenemos una fuerza que nos capacita para amar

De la Regla monástica mayor de san Basilio Magno, obispo

    El amor de Dios no es algo que pueda aprenderse con unas normas y preceptos. Así como nadie nos ha enseñado a gozar de la luz, a amar la vida, a querer a nuestros padres y educadores, así también, y con mayor razón, el amor de Dios no es algo que pueda enseñarse, sino que desde que empieza a existir este ser vivo que llamamos hombre es depositada en él una fuerza espiritual, a manera de semilla, que encierra en sí misma la facultad y la tendencia al amor. Esta fuerza seminal es cultivada diligentemente y nutrida sabiamente en la escuela de los divinos preceptos y así, con la ayuda de Dios, llega a su perfección.
    Por eso nosotros, dándonos cuenta de vuestro deseo por llegar a esta perfección, con la ayuda de Dios y de vuestras oraciones, nos esforzaremos, en la medida en que nos lo permita la luz del Espíritu Santo, por avivar la chispa del amor divino escondida en vuestro interior.
    Digamos en primer lugar que Dios nos ha dado previamente la fuerza necesaria para cumplir todos los mandamientos que él nos ha impuesto, de manera que no hemos de apenarnos como si se nos exigiese algo extraordinario, ni hemos de enorgullecernos como si devolviésemos a cambio más de lo que se nos ha dado. Si usamos recta y adecuadamente de estas energías que se nos han otorgado, entonces llevaremos con amor una vida llena de virtudes; en cambio, si no las usamos debidamente, habremos viciado su finalidad.
    En esto consiste precisamente el pecado, en el uso desviado y contrario a la voluntad de Dios de las facultades que él nos ha dado para practicar el bien; por el contrario, la virtud, que es lo que Dios pide de nosotros, consiste en usar de esas facultades con recta conciencia, de acuerdo con los designios del Señor.
    Siendo esto así, lo mismo podemos afirmar de la caridad. Habiendo recibido el mandato de amar a Dios, tenemos depositada en nosotros, desde nuestro origen, una fuerza que nos capacita para amar; y ello no necesita demostrarse con argumentos exteriores, ya que cada cual puede comprobarlo por sí mismo y en sí mismo. En efecto, un impulso natural nos inclina a lo bueno y a lo bello, aunque no todos coinciden siempre en lo que es bello y bueno; y, aunque nadie nos lo ha enseñado, amamos a todos los que de algún modo están vinculados muy de cerca a nosotros, y rodeamos de benevolencia, por inclinación espontánea, a aquellos que nos complacen y nos hacen el bien.
    Y ahora yo pregunto, ¿qué hay más admirable que la belleza de Dios? ¿Puede pensarse en algo más dulce y agradable que la magnificencia divina? ¿Puede existir un deseo más fuerte e impetuoso que el que Dios infunde en el alma limpia de todo pecado y que dice con sincero afecto: Desfallezco de amor? El resplandor de la belleza divina es algo absolutamente inefable e inenarrable.

lunes, 11 de enero de 2021

El Verbo de Dios fuente de Sabiduría Celestial

De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios

    No cesamos de pedir y de rogar para que el Artífice de todas las cosas conserve íntegro en todo el mundo el número de sus elegidos, por mediación de su amado siervo Jesucristo, por quien nos llamó de las tinieblas a la luz, de la ignorancia al conocimiento de la gloria de su nombre. Haz que esperemos en tu nombre, tú que eres el origen de todo lo creado; abre los ojos de nuestro corazón, para que te conozcamos a ti, el solo altísimo en las alturas, el santo que reposa entre los santos; que terminas con la soberbia de los insolentes, que deshaces los planes de las naciones, que ensalzas a los humildes y humillas a los soberbios, que das la pobreza y la riqueza, que das la muerte, la salvación y la vida, el solo bienhechor de los espíritus y Dios de toda carne; tú que sondeas los abismos, que ves todas nuestras acciones, que eres ayuda de los que están en peligro, que eres salvador de los desesperados, que has creado todo ser viviente y velas sobre ellos; tú que multiplicas las naciones sobre la tierra y eliges de entre ellas a los que te aman por Jesucristo, tu Hijo amado, por quien nos has instruido, santificado y honrado.
    Te pedimos, Señor, que seas nuestra ayuda y defensa. Libra a aquellos de entre nosotros que se hallan en tribulación, compadécete de los humildes, levanta a los caídos, socorre a los necesitados, cura a los enfermos, haz volver a los miembros de tu pueblo que se han desviado; da alimento a los que padecen hambre, libertad a nuestros cautivos, fortaleza a los débiles, consuelo a los pusilánimes; que todos los pueblos de la tierra sepan que tú eres Dios y no hay otro, y que Jesucristo es tu siervo, y que nosotros somos tu pueblo, el rebaño que tú guías.
    Tú has dado a conocer la ordenación perenne del mundo, por medio de las fuerzas que obran en él; tú, Señor, pusiste los cimientos de la tierra, tú eres fiel por todas las generaciones, justo en tus juicios, admirable por tu fuerza y magnificencia, sabio en la creación y providente en el gobierno de las cosas creadas, bueno en estos dones visibles y fiel para los que en ti confían, benigno y misericordioso; perdona nuestras iniquidades e injusticias, nuestros pecados y delitos.
    No tomes en cuenta todos los pecados de tus siervos y siervas, antes purifícanos en tu verdad y asegura nuestros pasos, para que caminemos en la piedad, la justicia y la rectitud de corazón, y hagamos lo que es bueno y aceptable ante ti y ante los que nos gobiernan.
    Más aún, Señor, ilumina tu rostro sobre nosotros, para que gocemos del bienestar en la paz, para que seamos protegidos con tu mano poderosa, y tu brazo extendido nos libre de todo pecado y de todos los que nos aborrecen sin motivo.
    Da la concordia y la paz a nosotros y a todos los habitantes del mundo, como la diste a nuestros padres, que piadosamente te invocaron con fe y con verdad. A ti, el único que puedes concedernos estos bienes y muchos más, te ofrecemos nuestra alabanza por Jesucristo, pontífice y abogado de nuestras almas, por quien sea a ti la gloria y la majestad, ahora y por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 10 de enero de 2021

El Bautismo de Jesús

 De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, 


    Cristo es hoy iluminado, dejemos que esta luz divina nos penetre también a nosotros; Cristo es bautizado, bajemos con él al agua, para luego subir también con él.
Juan está bautizando, y Jesús acude a él; posiblemente para santificar al mismo que lo bautiza; con toda seguridad para sepultar en el agua a todo el viejo Adán; antes de nosotros y por nosotros, el que era espíritu y carne santifica el Jordán, para así iniciarnos por el Espíritu y el agua en los sagrados misterios.
    El Bautista se resiste, Jesús insiste. Soy yo quien debo ser bautizado por ti, le dice la lámpara al Sol, la voz a la Palabra, el amigo al Esposo, el más grande entre los nacidos de mujer al Primogénito de toda creatura, el que había saltado de gozo ya en el seno materno al que había sido adorado también en el seno de su madre, el que lo había precedido y lo precederá al que se había manifestado y se manifestará. Soy yo quien debo ser bautizado por ti; podía haber añadido: «y por causa de ti.» Él, en efecto, sabía con certeza que recibiría más tarde el bautismo del martirio y que, como a Pedro, le serían lavados no sólo los pies, sino todo su cuerpo.
    Pero, además, Jesús sube del agua; lo cual nos recuerda que hizo subir al mundo con él hacia lo alto, porque en aquel momento ve también cómo el cielo se rasga y se abre, aquel cielo que Adán había cerrado para sí y para su posteridad, como había hecho que se le cerrase la entrada al paraíso con una espada de fuego.
    El Espíritu atestigua la divinidad de Cristo, acudiendo a él como a su igual; y una voz bajó del cielo, ya que del cielo procedía aquel de quien testificaba esta voz; y el Espíritu se apareció en forma corporal de una paloma, para honrar así el cuerpo de Cristo, que es también divino por su excepcional unión con Dios. Muchos siglos atrás fue asimismo una paloma la que anunció el fin del diluvio.
    Honremos hoy, pues, el bautismo de Cristo y celebremos como es debido esta festividad.
    Procurad una limpieza de espíritu siempre en aumento. Nada agrada tanto a Dios como la conversión y salvación del hombre, ya que para él tienen lugar todas estas palabras y misterios; sed como lumbreras en medio del mundo, como una fuerza vital para los demás hombres; si así lo hacéis, llegaréis a ser luces perfectas en la presencia de aquella gran luz, impregnados de sus resplandores celestiales, iluminados de un modo más claro y puro por la Trinidad, de la cual habéis recibido ahora, con menos plenitud, un único rayo proveniente de la única Divinidad, en Cristo Jesús, nuestro Señor, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

sábado, 9 de enero de 2021

La santificación de las aguas

De las Disertaciones de san Proclo de Constantinopla, obispo

    Cristo se ha hecho visible al mundo y, devolviéndole su antigua armonía, lo ha llenado de hermosura y de gozo. Ha tomado sobre sí el pecado del mundo, arrojando de él al enemigo. Ha santificado los manantial; de agua y ha iluminado las almas de los hombres. Ha acumulado una serie de maravillas, a cual más admirable.
    Hoy la tierra y el mar se han repartido entre si la gracia del Salvador, y todo el mundo está inundado de alegría; el día de hoy añade nuevas maravillas a la solemnidad precedente.
    En efecto, en la anterior solemnidad del nacimiento del Salvador se alegraba la tierra, porque llevaba al Señor en un pesebre; pero en este día de las Teofanías también el mar salta de gozo y se regocija alborozadamente; se regocija porque recibe en pleno Jordán la bendición santificadora.
    En la solemnidad precedente Cristo se nos mostraba en la imperfección de la infancia, signo de nuestra propia imperfección; pero en la festividad que hoy celebramos lo vemos llegado ya a la perfección de su madurez, lo que designa de un modo velado la perfección de aquel que procede del que es perfecto por esencia. Antes, el que es Rey se revistió de la púrpura del cuerpo humano; ahora, el que es la fuente cubre y reviste, por así decirlo, las aguas del río.
    ¡Ea, pues!, contemplad estas nuevas y estupendas maravillas: el sol de justicia se baña en el Jordán, el fuego se sumerge en el agua, Dios es santificado por ministerio de un hombre.
    Hoy toda la creación prorrumpe en este himno: Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el que viene en todo tiempo, pues no es ésta la primera de sus venidas.
    Y ¿de quién se trata? Dínoslo claramente, por favor, bienaventurado salmista: El Señor es Dios: él nos ilumina. Y no sólo el salmista, sino que también el apóstol Pablo se hace solidario de su testimonio, cuando dice: Dios ha hecho aparecer a vista de todos los hombres la gracia que nos trae la salud; y nos enseña a vivir con sensatez. No dice «a vista de algunos», sino de todos, porque todos, judíos y griegos, obtienen la salvación por d bautismo, todos pueden beneficiarse de sus riquezas.
    ¡Ea, pues!, considerad este admirable y nuevo diluvio, superior en todo al que tuvo lugar en tiempos de Noé. Porque entonces el agua del diluvio destruyó al género humano; mas ahora el agua del bautismo, con la eficacia que Cristo le comunica al ser él bautizado, retorna los muertos a la vida. Entonces una paloma, llevando en su boca un ramo de olivo, designaba la fragancia del olor de Cristo Señor; pero ahora el Espíritu Santo, al venir en forma de paloma, pone de manifiesto al mismo Señor de la misericordia.

viernes, 8 de enero de 2021

El agua y el Espíritu

Del Sermón en la santa Teofanía, atribuido a san Hipólito, presbítero

    Jesús acude a Juan y es bautizado por él. ¡Cosa admirable! El río infinito que alegra la ciudad de Dios es lavado con un poco de agua. La fuente inconmensurable e inextinguible, origen de vida para todos los hombres, es sumergida en unas aguas exiguas y pasajeras.
    Aquel que está presente siempre y en todo lugar, incomprensible para los ángeles e inaccesible a toda la mirada humana, llega al bautismo por voluntad propia. Se le abrieron los cielos y se oyó una voz que venía del cielo que decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias.»
    El amado engendra amor, y la luz inmaterial una luz inaccesible. Éste es el que es tenido por hijo de José, y es mi Unigénito según la esencia divina.
    Éste es mi Hijo amado: el que pasa hambre y alimenta a muchedumbres innumerables, el que se fatiga y hace las fuerzas de los fatigados, el que no tiene dónde reclinar su cabeza y lo gobierna todo con su mano, el que sufre y remedia a todos los sufrimientos, el que es abofeteado y da la libertad al mundo, el que es traspasado en su costado y arregla el costado de Adán.
    Mas prestadme mucha atención, porque quiero recurrir a la fuente de la vida y contemplar la fuente de la que brota el remedio.
    El Padre de la inmortalidad envió al mundo a su Verbo e Hijo inmortal, el cual vino a los hombres para purificarlos por el agua y el Espíritu; y, queriendo hacerlos renacer a la incorrupción del alma y del cuerpo, inspiró en nosotros un hálito de vida y nos revistió de una armadura incorruptible.
    Por tanto, si el hombre ha sido hecho inmortal será también divinizado, y, si es divinizado por el baño de regeneración del agua y del Espíritu Santo, tenemos por seguro que, después de la resurrección de entre los muertos, será coheredero de Cristo.
    Por esto proclamo a la manera de un heraldo: Acudid, pueblos todos, al bautismo que nos da la inmortalidad. En él se halla el agua unida al Espíritu, el agua que riega el paraíso, que da fertilidad a la tierra, crecimiento a las plantas, fecundidad a los seres vivientes; en resumen, el agua por la cual el hombre es regenerado y alcanza nueva vida, el agua con la cual Cristo fue bautizado, sobre la cual descendió el Espíritu Santo en forma de paloma.
    El que se sumerge con fe en este baño de regeneración renuncia al diablo y se adhiere a Cristo, niega al enemigo del género humano y profesa su fe en la divinidad de Cristo, se despoja de su condición de siervo y se reviste de la de hijo adoptivo, sale del bautismo resplandeciente como el sol, emitiendo rayos de justicia, y, hijo de Dios y coheredero de Cristo.
    A él sea la gloria y el poder, junto con su Espíritu santísimo, bueno y dador de vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 7 de enero de 2021

No quiso ser ignorado por nosotros

De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo

    Aunque en el misterio mismo de la encarnación del Señor no faltaron claros indicios de su divinidad, la solemnidad que hoy celebramos nos descubre y revela de diversas maneras que Dios tomó naturaleza humana, para que nuestra condición mortal, siempre envuelta por las tinieblas de la ignorancia, no pierda por ignorancia lo que ha alcanzado tener y poseer sólo por gracia.
    Pues aquel que quiso nacer para nosotros no quiso ser ignorado por nosotros, y por eso se nos revela, para que este gran misterio de amor no se convierta en ocasión de gran error.
    Hoy los magos encuentran llorando en la cuna al que buscaban resplandeciente en las estrellas. Hoy los magos contemplan claramente entre pañales al que larga y resignadamente buscaban en los astros, en la oscuridad de las señales.
    Hoy los magos revuelven en su mente con profundo estupor lo que allí han visto: el cielo en la tierra, la tierra en el cielo, el hombre en Dios, Dios en el hombre, y a aquel a quien no puede contener el universo encerrado en un pequeño cuerpecillo. Y, al verlo, lo aceptan sin discusión, como lo demuestran sus dones simbólicos: el incienso, con el que profesan su divinidad; el oro, expresión de la fe en su realeza; la mirra, como signo de su condición mortal.
    Así los gentiles, que eran los últimos, llegan a ser los primeros, ya que la fe de los magos inaugura la creencia de toda la gentilidad.
    Hoy entra Cristo en las aguas del Jordán, para lavar los pecados del mundo: así lo atestigua Juan con aquellas palabras: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Hoy el siervo prevalece sobre el Señor, el hombre sobre Dios, Juan sobre Cristo; pero prevalece en vista a obtener el perdón, no a darlo.
    Hoy, como dice el salmista, la voz del Señor sobre las aguas. ¿Qué voz? Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias.
    Hoy el Espíritu Santo se cierne sobre las aguas en forma de paloma, para que así como aquella otra paloma anunció a Noé que el diluvio había cesado en el mundo, así ahora ésta fuera el indicio por el que los hombres conocieran que había terminado el naufragio del mundo; y no lleva, como aquélla, una pequeña rama del viejo olivo, sino que derrama sobre la cabeza del nuevo progenitor la plenitud del crisma, para que se cumpla lo profetizado en el salmo: Por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.
    Hoy Cristo comienza la serie de sus signos celestiales al convertir el agua en vino. Más tarde, el agua se convertirá en el sacramento de su sangre, con lo que Cristo dará, a los que beban del vaso de su cuerpo, la auténtica bebida, dando así cumplimiento a las palabras del salmista: Y mi copa rebosa.

miércoles, 6 de enero de 2021

El Señor da a conocer su Salvación

De los Sermones de san León Magno, papa

    La providencia misericordiosa de Dios, cuando dispuso socorrer en la plenitud de los tiempos al mundo que perecía, determinó salvar a todos los hombres en Cristo.
    Ellos forman la incontable descendencia prometida en otro tiempo a Abraham, descendencia que había de ser engendrada no según la carne, sino por la fecundidad de la fe, y que por esto fue comparada a la multitud de las estrellas, para que la esperanza del padre de todas las gentes tuviera por objeto no una progenie terrena, sino celestial.
    Entre, entre en la familia de los patriarcas la totalidad de los gentiles, y reciban los hijos de la promesa la bendición de la descendencia de Abraham, a la que han renunciado los hijos según la carne. En la persona de los tres magos adoren todos los pueblos al Autor del universo; y sea Dios conocido no sólo en Judea, sino en todo el orbe, a fin de que en todas partes su fama sea grande en Israel.
    Adoctrinados, amadísimos hermanos, por estos misterios de la gracia divina, celebremos, llenos de gozo espiritual, el día de nuestras primicias y el comienzo de la vocación de los gentiles, dando gracias a Dios misericordioso que, como dice el Apóstol, nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido; porque, como había profetizado Isaías, el pueblo de los gentiles que caminaba en tinieblas vio una grande luz; sobre los que habitaban en tierra de sombras brilló un intenso resplandor. De ellos dice el mismo profeta, dirigiéndose al Señor: Tú llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti.
    Éste es el día que Abraham contempló y saltó de gozo, al reconocer a los hijos de su fe que habían de ser bendecidos en su descendencia, que es Cristo; y, al contemplar de antemano que había de ser por su fe padre de todas las gentes, dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios, que lo había prometido, tenía también poder para cumplirlo.
    Éste es el día que cantó el salmista, cuando dijo: Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor, bendecirán tu nombre; y también: El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia.
    Sabemos que estas predicciones empezaron a cumplirse desde que la estrella hizo salir de su lejano país a los tres magos, para que conocieran y adoraran al Rey de cielo y tierra. Su docilidad es para nosotros un ejemplo que nos exhorta a todos a que sigamos, según nuestra capacidad, las invitaciones de la gracia, que nos lleva a Cristo.
    Todos, amadísimos hermanos, debéis emularos en este empeño, a fin de que brilléis como hijos de la luz en el reino de Dios, al cual se llega por la integridad de la fe y por las buenas obras; por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con Dios Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

martes, 5 de enero de 2021

Nos saciaremos con la visión del Verbo

De los Sermones de san Agustín, obispo

      ¿Quién puede conocer los tesoros de sabiduría y ciencia ocultos en Cristo y escondidos en la pobreza de su carne? El, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para que nos enriqueciéramos con su pobreza. Al asumir nuestra condición mortal, destruyendo así la muerte, se mostró en pobreza; pero con ello nos garantizó las riquezas futuras, sin perder las que había dejado.
      ¡Cuán grande es la bondad que ha reservado para sus fieles, y que comunica a los que esperan en él!
      Ahora nuestro conocimiento es parcial, hasta que llegue lo perfecto. Para hacernos capaces de esta perfección futura, él, igual al Padre por su condición de Dios, se hizo semejante a nosotros; tomando la condición de esclavo, para restituirnos nuestra semejanza con Dios; él, Hijo único de Dios, se hizo Hijo del hombre, para convertir en hijos de Dios a todos los hijos de los hombres; tomando la condición visible de esclavo, abolió nuestra condición de esclavos, haciéndonos libres y capaces de contemplar la naturaleza de Dios.
      Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Aquellos tesoros de sabiduría y ciencia, aquellas riquezas divinas, son llamados así porque ellos nos bastarán. Y aquella gran bondad es llamada así porque nos saciará. Muéstranos, pues, al Padre, y eso nos bastará.
      Y, en uno de los salmos, uno de nosotros, en nosotros y por nosotros, le dice al Señor: Me saciaré cuando aparezca tu gloria. Él y el Padre son una misma cosa, y el que lo ve a él ve también al Padre. Por tanto, el Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria. Cuando se vuelva a nosotros, nos mostrará su rostro; y seremos salvados y quedaremos saciados, y eso nos bastará.
      Hasta que llegue este momento, hasta que nos muestre aquello que ha de bastarnos, hasta que podamos beber y saciarnos de aquella fuente de vida que es él mismo,mientras caminamos por la vía de la fe y vivimos en el destierro, lejos de él, mientras tenemos hambre y sed de perfección y santidad y deseamos con ardor inefable contemplar la belleza de Dios, celebremos con humilde devoción su nacimiento en condición de esclavo.
      No podemos aún contemplar como es engendrado por el Padre antes de la aurora; festejemos su nacimiento de la Virgen en plena noche. Aún no percibimos cómo su nombre es eterno y su fama dura como el sol; reconozcamos que su tienda ha sido puesta en el sol.
      Aún no vemos al Unigénito que permanece en el Padre; recordemos al Esposo que sale de su alcoba. Aún no ha llegado el momento de sentarnos a la mesa de nuestro Padre; veneremos el pesebre de nuestro Señor Jesucristo.