viernes, 28 de febrero de 2025

Un valiioso tesoro

"Un amigo fiel es un refugio seguro, y quien lo encuentra ha encontrado un tesoro.
Un amigo fiel no tiene precio y su valor es incalculable.
Un amigo fiel es medicina de vida, y los que ten al Señor lo encontrarán.
El que teme al Señor afianza su amistad, porque, según sea él, así será su amigo".
Hermosos renglones dedicados a la amistad, con consejos a tener en cuenta y para saber por dónde buscar y a en quien confiar.
En el largo camino de la vida podemos encontrarnos con mucha gente que nos acompañe, pero serán pocos los que compartan tantos valores que sean parte esencial de nuestras vidas, esos son los amigos verdaderos. Estarán siempre a nuestro lado aunque estén lejos en la distancia, pero siempre los sentirás tan cerca que nunca te sentirás solo en el camino de la vida.
También es cierto que una buena amistad hay que cultivarla y conservarla por lo cual se necesita corazones que sepan compartir, corazones abiertos a conocerse y dejarse conocerse por el otro para que las raíces de la amistad, las raíces del amor de amigos, se vayan entretejiendo y haciendo parte uno del otro, para que en todos los momentos, buenos y malos, tristes y alegres, se esté compartiendo lo que Dios nos pide vivir.
Por otro lado, una buena amistad es sincera y vive en la verdad, aunque esta duela y no sea lo que quiero escuchar, pero no se puede ocultar la verdad pues en el camino siempre habrá momentos que nos sirvan para crecer, madurar y corregir nuestras vidas.
Cuando el compartir nos duela porque la corrección fraterna es sincera, entonces, ahí se verá si había verdadera amistad, verdadera hermandad. Pues, muchas veces, cuando nos dicen lo que no queremos escuchar rompemos amistades, lazos familiares y perdemos la capacidad de aceptar lo que mi hermano, mi amigo me pueda decir para mejorar mi vida, para cambiar el rumbo de mis actos, o para ayudarme a ser fiel a la Voluntad de Dios.
Por eso, una verdadera amistad ha de estar cimentada en la fidelidad a la Voluntad de Dios para que juntos puedan crecer en el camino de la santidad, y, a pesar de las dificultades del camino se puedan ayudar a cargar la cruz de cada día y seguir a Jesús.

miércoles, 26 de febrero de 2025

Un camino arduo

"La sabiduría educa a sus hijos y se cuida de los que la buscan.
El que ama, ama la vida, y los que madrugan por ella se llenarán de gozo.
El que la adquiere heredará la gloria y dondequiera que vaya, el Señor lo bendecirá.
Los que la sirven, sirven al Santo, y a los que la aman, los ama el Señor".
¡Qué falta nos hace hoy alcanzar la Sabiduría divina! No, no es algo imposible, sino que es algo posible, pues Dios la ha puesto a nuestro alcance para que podamos vivir de acuerdo a Su Plan de Salvación. Pasa que nos hemos acostumbrados a vivir según la sabiduría del mundo y nos hemos olvidados de la Sabiduría de Dios.
¿Cuál es la diferencia? La sabiduría humana, se confunde, muchas veces, con la capacidad intelectual de aprender muchas cosas: tenemos muchos títulos, hemos hecho muchos cursos, hemos leído muchos libros, pero todo eso queda en la cabeza sin llegar a crecer en el corazón, y menos a llevarlo a la meditación con el Espíritu.
La Sabiduría divina es la que procede del Espíritu de Dios, y, por eso, se necesita estar en una relación constante y profunda con el Señor, dejar que el Espíritu Santo nos ilumine e instruya, nos ayude como hacía María: a conservar y meditar las cosas en el corazón. Pues es ahí, en el corazón, en el silencio de la oración donde todo se vuelve más luminoso y nos da la Luz del Espíritu para aprender a conocer la Voz de Dios.
La Sabiduría del Espíritu es la que nos ayuda a escuchar y aceptar la Voluntad de Dios, y por eso es tan diferente de la sabiduría humana que sólo nos pide entender y comprender, y en el camino de la santidad hay muchos misterios de fe que no se pueden entender sino que se viven desde el Espíritu e iluminan las oscuridades del camino.
"Porque el principio lo lleva por caminos tortuosos y lo escrutará con cuidado; le infunde miedo y temblor, lo atormenta con su disciplina, hasta que pueda confiar en él, y lo pone a prueba con sus exigencias.
Pero luego vuelve a él por el camino recto, lo colma de alegría y le revela sus secretos, y lo enriquecerá de ciencia y de conocimiento recto.
Si él se desvía,lo abandonará, y lo dejará a merced de su propia ruina".
Es un camino arduo pero el mejor camino por el que podemos andar, pues es el Camino que nos conduce a la Verdad de la Vida, y si lo abandonamos caemos en la ruina del mundo que no nos conduce a la Vida Verdadera.

martes, 25 de febrero de 2025

Hierba mala

"Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó:
«¿De qué discutíais por el camino?».
Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».
Desde siempre hemos querido tener poder, pues el pecado original nos ha dejado esa impronta de que si no tenemos poder no somos nada o no somos nadie. Y así, para poder tener poder hay que poseer bienes y por eso toda una búsqueda constante de tener y poseer, de poseer bienes o de tener el poder sobre ellos o sobre las personas.
Está claro que, muchos, por temperamento, no pueden o no quieren expresar lo que sienten o darse a conocer, pero, en el fondo, muchas veces, se sufre por no poder ser como tal o como cual, pues en el fondo del ser se quiere ser poderoso. Es así como surgen las luchas, las divisiones, los problemas con las amistades, con la familia, en la sociedad.
Y no sólo hablo del poder como forma de esclavizar a los demás, sino como forma de manipular a los demás, o como medio para hacer lo que tengo ganas. Y así vemos cómo, hoy por hoy, en muchas familias son los hijos los que tienen el poder de mandar sobre sus padres. En lo colegios los problemas del bullying, etc.
Vivimos en una sociedad que nos quiere convencer que sólo tenemos derechos que defender, y, por eso hay que defenderlos con uñas y dientes, a pesar de que no siempre se tenga la verdad sobre lo que defiendo, pero a fuerza de exigir creemos que la mentira se puede transformar en verdad.
Y ¿cuál es el problema? Que los cristianos hemos caído en la misma trampa del Príncipe de este mundo y nos dejamos llevar por la corriente del mundo queriendo ser poderosos, queriendo ser los que tenemos el poder y así poder servirnos de todo lo que nos guste, sin ponernos a pensar si lo que estamos haciendo, viviendo o pidiendo es lo que Dios quiere. Hemos dejado de lado el Evangelio para dejarnos conducir por las ideas y el modo de actuar del mundo, donde las exigencias vienen acompañadas de fuerza y mentiras para alcanzar nuestros logros, sin ver que el Evangelio va por otro lado y que nuestra vida ya no es testimonio de verdad.
Cuando nos hemos dejado cautivar por el apetito de poder, aunque sea en una pequeña porción de la vida, se nos vuelve dañino para nuestra salvación y para las relaciones con los demás, porque el pecado no es una semilla que crece de a poco, sino que, como hierba mala, crece sin medida y va dañando todo. Y, sobre todo, no nos deja ver cuál es el Camino que el Señor nos está pidiendo recorrer, porque hemos sido cegados por la soberbia y el orgullo no nos deja reconocer nuestro propio pecado.

domingo, 23 de febrero de 2025

No es tan fácil

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian".

El seguir a Jesús por el camino que Él recorrió primero es una tarea no tan fácil para nosotros. Estamos acostumbrados a llevar el nombre de cristianos, pero no estamos tan acostumbrados vivir como cristianos, pues las exigencias que Él nos presenta desde el Evangelio no son tan fáciles como nos las proponemos habitualmente.
El mandamiento del amor que nos pidió vivir desde la mesa de la Última cena es el mandamiento principal de nuestra nueva vida como hijos de Dios, como seguidores y discípulos de Jesús. Claro es que cuando llega la Última Cena Jesús ya había dado las instrucciones de cómo vivir, y el mandamiento del amor es lo que resume todas sus enseñanzas y exigencias de vida. Exigencias, claro está, que Él vivió para que nosotros pudiéramos saber en “qué nos metíamos” cuando decidimos seguirlo.
Hoy nos parece algo imposible vivir lo que en el Evangelio nos pide, y, seguramente, nos sea imposible vivirlo con nuestras propias fuerzas. Y así es, humanamente no podemos amar a los enemigos, ni rezar por los que. nos hacen daño. Pero, si nos ponemos en manos del Espíritu de Jesús, del Espíritu Santo, y dejamos que su Fuego nos encienda en el Amor Divino, entonces podremos comenzar a disponer nuestro corazón para que así sea, pues lo que es “imposible para los hombres no lo es para Dios”.
Y, tenemos la certeza, desde la Fe, que lo que Dios nos pide vivir no es más de lo que podemos entregar, ya sea desde lo pequeño de cada día hasta la cruz más pesada que nos toque llevar, todo lo podremos si nos disponemos para que su Gracia actúe en nosotros. Pues todo lo que el Señor nos exige es en lo que Él mismo se compromete, por eso nos dijo: “si estáis afligidos y agobiados venid a Mí, yo os aliviaré. Cargad con mi yugo que es suave y mi carga ligera”.
Por eso, no rechaces lo que el Señor te pide o permita que vivas, sino que, abraza con amor la Cruz de cada día y pide la fuerza al Espíritu para poder llevarla, pues sólo dejándonos caer en Su Voluntad podremos alcanzar la meta que el Padre ha pensado para nosotros. No es fantasía, es la realidad de nuestra fe saber que tenemos un Padre todopoderoso que está pendiente de nosotros, así como una madre está pendiente de sus hijos pequeños, pero necesita que vayamos a Él para dejarnos conducir.

viernes, 21 de febrero de 2025

Condiciones para seguirlo

"En aquel tiempo, llamando a la gente y a sus discípulos, Jesús les dijo:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla?".
Nunca nos ocultó, Jesús, las condiciones necesarias para seguirlo, para ser sus discípulos. Aunque, igualmente, de las cosas que no nos gustan nos olvidamos fácilmente. En estos breves renglones el Señor pone una condición sin la cual no es posible ser cristiano, ser discípulo de Cristo, seas de la condición que seas, de la edad que seas, no hay distinción de nada: si quieres ser mi discípulo... entonces hay que pensar si estamos dispuestos a:
- negarnos a nosotros mismos
- tomar nuestra cruz de cada día
- seguirlo por donde quiera llevarnos.
Sí, son tres condiciones que van totalmente unidas, pero que si no acepto la primera las otras dos tampoco serán bien vividas.
¿Por qué negarnos a nosotros mismos? Por la misma razón que El se negó a sí mismo, pues siendo de condición divina se anonadó a sí mismo y tomo nuestra condición de hombres en todo, menos en el pecado, para poder así darnos una vida nueva.
¿Por qué tomar nuestra cruz de cada día? Empezando por que tenemos que, al despertar, negarnos a nosotros mismos para ponernos en función de la Voluntad de Dios, eso ya es una cruz, pero, en realidad, porque Jesús aceptando la obediencia al Padre, cargó sobre sus hombres la Cruz de nuestros pecados, para que así, sea, para nosotros, un ejemplo de fidelidad a la Voluntad de Dios, y muriendo en la Cruz destruyera nuestro pecado. Por eso, nosotros, asumiendo nuestra cruz de cada día, nos unimos a sus sufrimientos y continuamos su obra, por el bien de nuestra alma y la salvación de los hombres.
¿Por qué seguirlo por donde quiera llevarnos? Porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y si lo reconocemos y adoramos como el Señor de nuestras vidas, entonces sería muy incoherente no aceptar el camino por el que nos quiera llevar, pues ese será el único Camino que nos de la Vida que esperamos y la que nos alcance la santidad y salvación que el Padre quiere para nosotros.

jueves, 20 de febrero de 2025

Predicamos la alegría

Comentario sobre el profeta Isaías de San Cirilo de Alejandría, obispo

Exulta, cielo, porque el Señor consuela a su pueblo Israel. Tocad la trompeta, fundamentos de la tierra. Mientras exultan los cielos por haber el Señor consolado a Israel, no sólo al Israel carnal, sino al llamado Israel espiritual, tocaron la trompeta los fundamentos de la tierra, es decir, los ministros de los evangélicos vaticinios, cuyo clarísimo sonido resonó por todas partes expandiéndose cual sonidos de otras tantas trompetas sagradas, anunciando por doquier la gloria del Salvador, convocando al conocimiento de Cristo tanto a los que proceden de la circuncisión, como a los que en algún tiempo pusieron el culto a la criatura sobre el culto al Creador.
¿Y por qué los llama fundamentos de la tierra? Porque Cristo es la base y el fundamento de todo, que todo lo aglutina y lo sostiene para que esté bien firme. En él efectivamente todos somos edificados como edificio espiritual, erigidos por el Espíritu Santo en templo santo, en morada suya; pues, por la fe, habita en nuestros corazones.
También pueden ser considerados como fundamentos más próximos y cercanos los apóstoles y evangelistas, testigos oculares y ministros de la palabra, con la misión de confirmar la fe. Pues en el momento mismo en que hayamos reconocido la insoslayable necesidad de seguir sus tradiciones, conservaremos una fe recta, sin alteración ni desviación posible. El mismo Cristo -cuando sabia e inculpablemente confesó su fe en él, diciendo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo -dijo a san Pedro -: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Yo creo que al llamarle «piedra», insinúa la inconmovible fe del discípulo.
También dice por boca del salmista: El la ha cimentado sobre el monte santo. Con razón son comparados a los montes santos los apóstoles y evangelistas, cuyo conocimiento tiene la firmeza de un fundamento para la posteridad, sin peligro para quienes se mantienen en su red, de desviarse de la verdadera fe. Admirables y conspicuos fueron los apóstoles, ilustres por sus obras y palabras.
Ahora bien: los admiradores de los vaticinios evangélicos y ministros de los carismas de Cristo, predican al mundo la alegría. En efecto, donde se da la remisión de los pecados, la justificación por la fe, la participación del Espíritu Santo, el esplendor de la adopción, el reino de los cielos y no la vana esperanza de unos bienes que el hombre es incapaz de imaginar, allí se da la alegría y el gozo perennes.

miércoles, 19 de febrero de 2025

Veo árboles que andan

«¿Ves algo?».
Levantando los ojos dijo:
«Veo hombres, me parecen árboles, pero andan».
Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad".
No siempre vemos con claridad cuál es la Voluntad de Dios, cuál es el camino que tenemos que seguir, qué es lo que tenemos que hacer, o, en muchos casos, que es cuando salen esas preguntas: el porqué sucede tal o cual cosa, o qué quiere Dios con esto.
Más, hoy en día, que vivimos con la ansiedad de que todo tiene que ser respondido como en internet o en la wikipedia o la IA, pero con Dios no hay esa rapidez y eso, también, nos produce cierta ansiedad y desconsuelo.
La serenidad en el discernimiento y la espera en la respuesta de la Palabra de Dios es lo que necesitamos continuamente, porque cuando resolvemos las cosas con demasiada prontitud, o con ansiedad en el corazón, o con resentimientos o prejuicios, entonces, seguro que resolvemos o respondemos algo que no es lo mejor.
Por eso, en este milagro el Señor nos enseña a esperar: a veces vemos, pero no vemos toda la realidad, "veo hombres, pero parecen árboles, pero andan". Es la realidad pero distorsionada, por eso necesito volver a Jesús para que disipe la distorsión y mi ayude a ver bien la realidad, porque si veo árboles que andan eso me puede llegar a preocupar mucho más, pues pueden ser los monstruos que torturan mi vida.
Volver a Jesús y saber esperar es, quizás, un esfuerzo que debemos hacer, pues en ese diálogo sereno y en esa espera paciente, está, seguramente, la Gracia necesaria para poder discernir con mayor claridad y eficiencia, y, sobre todo, contar con su Gracia que es lo que necesitamos en todo momento para poder hacer Su Voluntad aquí en la tierra como en el cielo.