miércoles, 31 de agosto de 2022

Se refería al Templo de su Cuerpo

 Del Comentario de Orígenes, presbítero, sobre el evangelio de san Juan

     Destruid este templo y yo lo levantaré en tres días. Creo que en esta frase los judíos representan a los hombres carnales, entregados a la vida de los sentidos. Indignados al ver que Jesús había arrojado a los que con sus actos convertían la casa del Padre en lugar de negocios, pedían al Hijo de Dios, a quien ellos no reconocían, un signo con el que probara su autoridad para obrar de esta forma. El Salvador les dio entonces una respuesta en la que se refería tanto a su cuerpo como al templo sobre el que ellos preguntaban. En efecto, al decir ellos: ¿Qué señal nos das que justifique lo que haces?, Jesús responde: Destruid este templo y yo lo levantaré en tres días.
    Según mi parecer, tanto el templo como el cuerpo de Cristo pueden llamarse, con toda verdad, figura de la Iglesia, pues la Iglesia, construida de piedras vivas, edificada como templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, cimentada sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y teniendo al mismo Cristo Jesús como piedra angular, puede llamarse templo con toda razón. Por ello la Escritura afirma de los fieles: Vosotros sois cuerpo de Cristo, y sois miembros unos de otros. Por tanto, aunque el buen orden de las diversas piedras viniera a derribarse, aunque los huesos de Cristo fueran dispersados por las embestidas de la persecución, o los tormentos con que nos amenazan los perseguidores pretendieran destruir la unidad de este templo, el templo sería nuevamente reconstruido y el cuerpo resucitaría al tercer día, es decir, pasado el día del mal que se avecina y el de la consumación que lo seguirá.
    Porque llegará ciertamente un tercer día y en él nacerá un cielo nuevo y una tierra nueva, cuando estos huesos, es decir, la casa toda de Israel, resucitarán en aquel solemne y gran domingo en el que la muerte será definitivamente aniquilada. Por ello podemos afirmar que la resurrección de Cristo, que pone fin a su cruz y a su muerte, contiene y encierra ya en sí la resurrección de todos los que formamos el cuerpo de Cristo. Pues de la misma forma que el cuerpo visible de Cristo, después de crucificado y sepultado, resucitó, así también acontecerá con el cuerpo total de Cristo formado por todos sus santos: crucificado y muerto con Cristo, resucitará también como él. Cada uno de los santos dice, pues, como Pablo: Líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por él el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Por ello de cada uno de los cristianos puede no sólo afirmarse que ha sido crucificado con Cristo para el mundo, sino también que con Cristo ha sido sepultado, pues, si por nuestro bautismo fuimos sepultados con Cristo, como dice san Pablo, con él también resucitaremos, añade, como para insinuarnos ya las arras de nuestra futura resurrección.

martes, 30 de agosto de 2022

Con la mente de Cristo

Me parece genial estos párrafos de San Pablo a los corintios, y ojalá pudiéramos no sólo entenderlos, sino poder llevarlos a la vida cotidiana, porque así podríamos vivir lo que esperamos en el Cielo, y podríamos llevar el Cielo a la tierra, y ser, plenamente, lo que Dios quiere de nosotros.
Vamos por parte:
"El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. Pues, ¿quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Del mismo modo, lo íntimo de Dios lo conoce solo el Espíritu de Dios.
Pero nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo; es el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que de Dios recibimos".
Tenemos, los hijos de Dios, un Espíritu que conoce los misterios de Dios, que sondea su corazón, y que vive en nosotros. Un Espíritu que es Dios, en su tercera persona, pero que es el Don más maravilloso que el Padre nos podía regalar, y, sobre todo, que es el Amor de un Dios que no dudó en darnos a Su Hijo Único para que nos devuelva la vida en Dios, para que nos haga hijos en Su Espíritu.
¿Os dais cuenta la maravilla que habita en nosotros y de la cual no somos, muchas veces, conscientes de que es así?
Por eso, si dejáramos al Espíritu no sólo vivir, pues Él vive en nosotros desde el bautismo, sino qu elo dejáramos hablar en nosotros, transformarnos, darnos vida, seríamos hombres espirituales (pero con los pies bien asentados en la tierra), y así:
"Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu. Pues el hombre natural no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu. En cambio, el hombre espiritual lo juzga todo, mientras que él no está sujeto al juicio de nadie. «¿Quién ha conocido la mente del Señor para poder instruirlo?». Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo".
Así, teniendo la mente de Cristo y dejándonos conducir por Su Espíritu, seríamos constructores verdaderos de un verdadero Mundo Nuevo, de un Verdadero Hombre Nuevo, y no un hombre emparchado con remiendo de ciertas verdades que no llegan a convencer a nadie, pues no están avaladas por una Verdadera Vida Nueva.

lunes, 29 de agosto de 2022

Precursor del nacimiento y la muerte

De las Homilías de san Beda el Venerable, presbítero

El santo Precursor del nacimiento, de la predicación y de la muerte del Señor mostró en el momento de la lucha suprema una fortaleza digna de atraer la mirada de Dios, ya que, como dice la Escritura, aunque, a juicio de los hombres, haya sufrido castigos, su esperanza estaba llena de inmortalidad. Con razón celebramos su día natalicio, que él ha solemnizado con su martirio y adornado con el fulgor purpúreo de su sangre; con razón veneramos con gozo espiritual la memoria de aquel que selló con su martirio el testimonio que había dado del Señor.
No debemos poner en duda que san Juan sufrió la cárcel y las cadenas y dio su vida en testimonio de nuestro Redentor, de quien fue precursor, ya que, si bien su perseguidor no lo forzó a que negara a Cristo, si trató de obligarlo a que callara la verdad; ello es suficiente para afirmar que murió por Cristo.
Cristo, en efecto, dice: Yo soy la verdad; por consiguiente, si Juan derramó su sangre por la verdad, la derramó por Cristo; y él, que precedió a Cristo en su nacimiento en su predicación y en su bautismo, anunció también con su martirio, anterior al de Cristo, la pasión futura del Señor.
Este hombre tan eximio terminó, pues, su vida derramando su sangre, después de un largo y penoso cautiverio. Él, que había evangelizado la libertad de una paz que viene de arriba, fue encarcelado por unos hombres malvados; fue encerrado en la oscuridad de un calabozo aquel que vino a dar testimonio de la luz y a quien Cristo, la luz en persona, dio el título de «lámpara que arde y que ilumina»; fue bautizado en su propia sangre aquel a quien fue dado bautizar al Redentor del mundo, oír la voz del Padre que resonaba sobre Cristo y ver la gracia del Espíritu Santo que descendía sobre él. Mas a él, todos aquellos tormentos temporales no le resultaban penosos, sino más bien leves y agradables, ya que los sufría por causa de la verdad y sabía que habían de merecerle un premio y un gozo sin fin.
La muerte —que de todas maneras había de acaecerle por ley natural— era para él algo apetecible, teniendo en cuenta que la sufría por la confesión del nombre de Cristo y que con ella alcanzaría la palma de la vida eterna. Bien lo dice el Apóstol: Dios os ha dado la gracia de creer en Jesucristo y aun de padecer por él. El mismo Apóstol explica, en otro lugar, por qué sea un don el hecho de sufrir por Cristo: Los padecimientos de esta vida presente tengo por cierto que no son nada en comparación con la gloria futura que se ha de revelar en nosotros.

domingo, 28 de agosto de 2022

Humillado o enaltecido?

“Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

Las redes sociales, especialmente las dedicadas más a los adolescentes y jóvenes, pero que tampoco nos libramos los maduritos, han creado la sensación o la necesidad de ser “famosos”, o escuchados o, por lo menos, tener muchos likes o me gusta, para saber si existimos o no existimos.
Querer ser enaltecidos o tenidos en cuenta o famosos es una cuestión ya de necesidad del hombre del siglo XXI. Una necesidad que llega en algunos momentos en transformarse en una obsesión o en una depresión, llegando, incluso, a extremos de vida o muerte.
No es que tengamos que dejar de ser para “humillarnos”, sino que no debemos tener en cuenta la opinión de la gente para saber si existimos o no. Nos basta saber que estamos caminando en el Camino que el Señor quiere para nosotros, pues humillarnos no es saber que no somos nada, sino que Dios nos ha creado para tal o cual misión, y para ello nos ha dado tales o cuales dones, los que tenemos que poner en acción para ser fieles a Su Voluntad.
Reconocer lo que somos y quienes somos es el primer acto para encontrar el camino de la humildad, un camino que no necesita el reconocimiento de nadie más que de Dios. ¿Por qué? Porque la opinión de los hombres es muy cambiante: hoy puedes estar en lo más alto del pedestal, ser lo mejor que hay en el mundo, pero en cuanto haces algo que no gusta a alguien o a algunos, enseguida te sepultan bajo una tonelada de malos comentarios, pasas de ser lo mejor del mundo a la peor persona jamás conocida.
Pero si sólo nos ocupamos de ser fieles a la vida que el Señor nos ha pedido vivir, sabemos que Él es el mejor Juez y, sobre todo, quien mejor nos recompensa con Su Gracia para que podamos seguir adelante en ¡nuestra misión particular! Quienes hacen la Voluntad de Dios no siempre encuentran brillo en el mundo, pues no se entiende, en este mundo, la Voluntad de Dios, y los que anhelamos un mundo según Dios, no siempre estaremos bien vistos por esta sociedad materialista.
Nosotros tenemos la suerte de vivir en un país que aún “soporta” y vive ciertos valores cristianos, pero que no “encarcelan” a los que quieren ser Fieles a Dios. Entonces no nos encarcelemos nosotros en el gusto del mundo, sino que sigamos siendo Fieles a Dios, y no al hombre.

sábado, 27 de agosto de 2022

Alcancemos la sabiduría eterna

De las Confesiones de san Agustín, obispo

Cuando ya se acercaba el día de su muerte —día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos—, sucedió, por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos. Hablábamos, pues, los dos solos, muy dulcemente y, olvidando lo que queda atrás y lanzándonos hacia lo que veíamos por delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre. Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti.
Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que, cuando hablábamos aquel día de estas cosas, y mientras hablábamos íbamos encontrando despreciable este mundo con todos sus placeres, ella dijo:
«Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?».
No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero al cabo de cinco días o poco más cayó en cama con fiebre. Y, estando así enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo. Nosotros acudimos corriendo, mas pronto recobró el conocimiento, nos miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación:
«¿Dónde estaba?»
Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo:
«Enterrad aquí a vuestra madre».
Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó y, con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y, mirándome a mí, dijo:
«Mira lo que dice».
Luego, dirigiéndose a ambos, añadió:
«Sepultad este cuerpo en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lugar donde estéis».
Habiendo manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba.

miércoles, 24 de agosto de 2022

Prejuicios buenos y malos

"Natanael le replicó:
«¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
Las rivalidades y los prejuicios, muchas veces, nos hacen desestimar a una persona o una situación simplemente porque son de tal lugar, de tal familia, o narradas por tal o cual persona.
Ante la respuesta de Natanael Felipe podría haberse quedado callado, como hacemos muchas veces cuando vemos que la otra persona ya está mal dispuesta a escucharnos. Pero no, el Espíritu hizo que Felipe pudiera responder con seguridad ante lo que él había conocido, o frente a quien él había conocido. Por eso contestó:
"Felipe le contestó:
«Ven y verás».
Algunas veces, ante el primer estorbo o tropiezo nos quedamos parados sin saber qué hacer u, otras veces, retrocediendo para no liar más la situación, sin poder ver que teniendo la seguridad de lo que hamos visto, o de a quién conocemos, tenemos siempre que defender la verdad y no quedarnos con lo que me han dicho, con lo que dijeron o con el prejuicio que se ha venido trayendo desde ¡vaya a saber cuándo!
Y ante la insistencia, Natanael, lo siguió a Felipe y pudo comprobar que sí, que de Nazaret podía saber algo bueno, y, en este caso, algo muy bueno. Algo tan bueno que pudo, por la Gracia del Espíritu, hacer una profesión de fe:
"Natanael respondió:
- «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Por que Jesús no se basa en las apariencias sino que conoce el corazón de cada uno, y sabía que el corazón de Natanael estaba disponible para creer, es más, su prejuicio (o su juicio) sobre Natanel no era hacia lo malo o hacia sus defectos o de dónde venía, sino que supo ver lo mejor de él:
"Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
Así pues, si nos dejamos convencer por los malos prejuicios o por los malos juicios que hacemos sólo sobre los defectos o los chusmeríos de las personas, nos quedaremos, muchas veces, sin conocer lo mejor de las personas y sin poder acercarnos, quizás, a ese Dios que nos quiere hablar y llevarnos de la mano por caminos insospechados, pero siempre los mejores que podremos vivir.

martes, 23 de agosto de 2022

Nuestra máscara de cada día

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad!
Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello".
Creemos, muchas veces, o, son muchos los que creen que por decir que "soy cristiano desde siempre", sólo por eso son mejores cristianos. Que por "escuchar" o "cumplir" con la misa de los domingos son mejores cristianos. O por pertenecer a tal asociación, cofradía o movimiento son mejores cristianos, que el resto de los que no van a misa, no son cristianos desde su nacimiento o que no pertenecen a ninguna asociación, cofradía o movimiento...
"Mas bien los que escuchan la palabra de Dios y la practican, esos son mi madre, mis hermanos..."
Pero si perteneciendo o viviendo los sacramentos no se practica la justicia, la misericordia y la fidelidad a la Voluntad de Dios, entonces, no hay título cristiano que valga, pues no se vive como Cristo nos ha enseñado a vivir.
Todo: la misa, las oraciones, las asociaciones, los movimientos son instrumentos para alcanzar la santidad, es decir, son instrumentos que Dios utiliza para que podamos convertir nuestro corazón y poder, así, vivir la misericordia, el perdón, la justicia, la fraternidad, la alegría, la esperanza, todos los frutos del Espíritu. Pero si nada de eso aparece en mi vida, sino que hay egoísmos, recelos, desaveniencias, desesperanzas, tristezas, no son instrumento de paz sino de discordia, etc., etc., entonces no hay título cristiano que me sirva ni que diga que, realmente, soy lo que digo ser.
Por eso Jesús nos dice: "Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello", es decir que todos los instrumentos de fe que tengo a mi alcance son para ayudarme a vivir y dar frutos del Espíritu en abundancia.
Pero claro, estamos en un mundo, en un momento histórico que se vive de apariencias, y, entonces, dentro de las apariencias, según en qué momento y en qué circunstancia me gusta "aparentear" ser cristiano, aunque después en ese mismo día y en otro momento viva como si no lo fuera, o viva todo lo contrario.
Quizás nos hemos acostumbrado, demasiado, a vivir cambiando de máscaras, y ya no sabemos cuál es la verdadera o cuál tiene que ser mi verdadera identidad, pues tengo muchas formas de aparentar, de acuerdo con quién o en qué ambiente me mueva.
Por eso mismo Jesús tamibén nos decía: "solo la Verdad os hará libres", y también tenemos que ser muy veraces con nosotros mismos, para poder ser veraces con los demás. Pero si no estoy conforme conmigo mismo y por eso voy cambiando de máscarás, entonces tampoco lo seré con los demás.
Cuando pueda quitarme todas las máscaras y encontrarme cara a cara con el Señor, podré disfrutar del vivir en Cristo porque Él es quien me llena de sentido mi vida y no las apariencias que me dejan el alma vacía.