jueves, 30 de septiembre de 2021

Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo

Del prólogo al Comentario de san Jerónimo, presbítero, sobre el libro del profeta Isaías

    Cumplo con mi deber, obedeciendo los preceptos de Cristo, que dice: Ocupaos en examinar las Escrituras, y también: Buscad y hallaréis, para que no tenga que decirme, como a los judíos: Estáis en un error; no entendéis las Escrituras ni el poder de Dios. Pues si, como dice el apóstol Pablo, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios, y el que no conoce las Escrituras no conoce el poder de Dios ni su sabiduría, de ahí se sigue que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo.
    Por esto quiero imitar al amo de casa, que de su provisión saca lo nuevo y lo antiguo, y a la esposa que dice en el Cantar de los cantares: He guardado para ti, mi amado, lo nuevo y lo antiguo; y, así, expondré el libro de Isaías, haciendo ver en él no sólo al profeta, sino también al evangelista y apóstol. Él, en efecto, refiriéndose a sí mismo y a los demás evangelistas, dice: ¡Qué hermosos son los pies de los que anuncian el bien, de los que anuncian la paz! Y Dios le habla como a un apóstol, cuando dice: ¿A quién mandaré? ¿Quién irá a ese pueblo? Y él responde: Aquí estoy, mándame.
    Nadie piense que yo quiero resumir en pocas palabras el contenido de este libro, ya que él abarca todos los misterios del Señor: predice, en efecto, al Emmanuel que nacerá de la Virgen, que realizará obras y signos admirables, que morirá, será sepultado y resucitará del país de los muertos, y será el Salvador de todos los hombres. ¿Para qué vaya hablar de física, de ética, de lógica? Este libro es como un compendio de todas las Escrituras y encierra en sí cuanto es capaz de pronunciar la lengua humana y sentir el hombre mortal. El mismo libro contiene unas palabras que atestiguan su carácter misterioso y profundo: Cualquier visión se os volverá -dice- como el texto de un libro sellado: se lo dan a uno que sabe leer, diciéndole: «Por favor, lee esto.» y él responde: «No puedo, porque está sellado.» Y se lo dan a uno que no sabe leer, diciéndole: «Por favor, lee esto.» Y él responde: «No sé leer.»
    Y si a alguno le parece débil esta argumentación, que oiga lo que dice el Apóstol: Cuanto a los dotados del carisma de profecía, que hablen dos o tres, y que los demás den su dictamen; y, si algún otro que está sentado recibiera una revelación, que calle el que está hablando. ¿Qué razón tienen los profetas para silenciar su boca, para callar o hablar, si el Espíritu es quien habla por boca de ellos? Por consiguiente, si recibían del Espíritu lo que decían, las cosas que comunicaban estaban llenas de sabiduría y de sentido. Lo que llegaba a oídos de los profetas no era el sonido de una voz material, sino que era Dios quien hablaba en su interior, como dice uno de ellos: El ángel que hablaba en mí, y también: Que clama en nuestros corazones: «¡Padre!», y asimismo: Voy a escuchar lo que dice el Señor.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

La función del Ángel

De las Homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los Evangelios

    Hay que saber que el nombre de «ángel» designa la función, no el ser, del que lo lleva. En efecto, aquellos santos espíritus de la patria celestial son siempre espíritus, pero no siempre pueden ser llamados ángeles, ya que solamente lo son cuando ejercen su oficio de mensajeros. Los que transmiten mensajes de menor importancia se llaman ángeles, los que anuncian cosas de gran trascendencia se llaman arcángeles.
    Por esto a la Virgen María no le fue enviado un ángel cualquiera, sino el arcángel Gabriel, ya que un mensaje de tal trascendencia requería que fuese transmitido por un ángel de la máxima categoría.
    Por la misma razón se les atribuyen también nombres personales, que designan cuál es su actuación propia. Porque en aquella ciudad santa, allí donde la visión del Dios omnipotente da un conocimiento perfecto de todo, no son necesarios estos nombres propios para conocer a las personas, pero sí lo son para nosotros, ya que a través de estos nombres conocemos cuál es la misión específica para la cual nos son enviados. Y, así, «Miguel» significa: «¿Quién como Dios?», Gabriel» significa: «Fortaleza de Dios» y «Rafael» significa: «Medicina de Dios».
    Por esto, cuando se trata de alguna misión que requiera un poder especial, es enviado Miguel, dando a entender por su actuación y por su nombre que nadie puede hacer lo que sólo Dios puede hacer. De ahí que aquel antiguo enemigo, que por su soberbia pretendió igualarse a Dios, diciendo: Escalaré los cielos, por encima de los astros divinos levantaré mi trono, me igualaré al Altísimo, nos es mostrado luchando contra el arcángel Miguel, cuando al fin del mundo será desposeído de su poder y destinado al extremo suplicio, como nos lo presenta Juan: Se entabló una batalla con el arcángel Miguel.
    A María le fue enviado Gabriel, cuyo nombre significa: «Fortaleza de Dios», porque venía a anunciar a aquel que, a pesar de su apariencia humilde, había de reducir a los Principados y Potestades. Era, pues, natural que aquel que es la fortaleza de Dios anunciara la venida a del que es el Señor de los ejércitos y héroe en las batallas.
    «Rafael» significa, como dijimos: «Medicina de Dios»; este nombre le viene del hecho de haber curado a Tobías, cuando, tocándole los ojos con sus manos, lo libró de las tinieblas de su ceguera. Si, pues, había sido enviado a curar, con razón es llamado «Medicina de Dios».

martes, 28 de septiembre de 2021

Tomó la decisión de ir

Hoy me sorprendió esta frase del evangelio:
"Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tornó la decisión de ir a Jerusalén".
Son de esas frases que lees siempre pero en las que nunca te detienes a pensar en lo que dicen. No habla de la muerte de Jesús, ni de su pasión, sino de "los días en que iba a ser llevado al cielo". Una hermosa expresión que nos habla de un camino hacia otro lugar, una expresión que habla en positivo de la vida eterna, y no habla en negativo de la muerte, sino de un camino hacia la Vida.
Quizás el evangelista quería quitarle "negrura" a la pasión de Cristo, y, ya habíendo asimilado que la muerte no es lo definitivo sino que es un paso más en la vida, le dio un hermoso giro, que no es sólo poético, sino verdadero, pues el paso por la pasión y muerte, era sólo eso un paso hacia el cielo, pues ya había conocido, Lucas, que Jesús había ascendido a los Cielos.
Es cierto que saber que la muerte sólo es una puerta más que hay que atravezar en el Camino a la Vida, no le quita dolor al momento, pues la tristeza y el dolor siempre formarán parte de este recorrido, sino que nos abre a la esperanza de saber que la vida no termina sino que continúa. Y es eso lo que, pienso yo, o me gusta pensar, que el evangelista nos quiere hacer sentir: la vida es un camino hacia el cielo, y llegará el momento en que ese cielo estará más cerca en nuestra vida, y sólo hay una puerta que nos lleva hacia el.
Además nos dice que llegado ese día Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Sí, porque Jesús sabía cuándo iba a ser esa Hora, la Hora de volver al Padre, pero, sobre todo la Hora para salvarnos a todos de la condenación, del pecado; la Hora de obedecer hasta le muerte y muerte de Cruz.
Si recordamos los evangelios vamos a saber que no fueron días y horas alegres para Jesús, pues estar decidido a hacer la Voluntad de Dios, en ese momento nos fue para Él algo divertido, sino que "mi corazón sufre una angustia de muerte y qué he de decir... ¡hágase tu voluntad y no la mía!".
Estar preparados para esa Hora no quiere decir que la recibamos con buenos ánimos, pero sí podemos abrazar la Esperanza de saber que no es una separación definitiva, sino que en la Vida eterna nos volveremos a encontrar, pues aunque Jesús sabía de su resurrección, igual le costó aceptar esa Hora, pero sabiendo que era la Voluntad del Padre, tuvo la fuerza para ir hacia ese momento decidicamente.
La Esperanza de la eternidad no le quita dolor a la muerte, pero nos ayuda a aceptar el momento sabiendo que no es el fin, sino que es una etapa más en el Camino de la Vida.

 

lunes, 27 de septiembre de 2021

Estaís salvados por la Gracia

Comienza la carta de san Policarpo, obispo y mártir, a los Filipenses
   
    Policarpo y los presbíteros que están con él a la Iglesia de Dios que vive como forastera en Filipos. Que la misericordia y la paz de parte de Dios todopoderoso y de Jesucristo, nuestro salvador, os sean dadas con toda plenitud. Sobremanera me he alegrado con vosotros, en nuestro Señor Jesucristo, al enterarme de que recibisteis a quienes son imágenes vivientes de la verdadera caridad y de que asististeis, como era conveniente, a quienes estaban cargados de cadenas dignas de los santos, verdaderas diademas de quienes han sido escogidos por nuestro Dios y Señor. Me he alegrado también al ver cómo la raíz vigorosa de vuestra fe, celebrada desde tiempos antiguos, persevera hasta el día de hoy y produce abundantes frutos en nuestro Señor Jesucristo, quien, por nuestros pecados, quiso salir al encuentro de la muerte, y Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte. En él creéis ahora, aunque no lo veis, con un gozo inefable y radiante, gozo que muchos desean alcanzar, sabiendo como saben que estáis salvados por la gracia y no se debe a las obras, sino a la voluntad de Dios en Cristo Jesús.
    Por eso, con ánimo dispuesto y vigilante, servid al Señor con temor y con verdad, abandonando la vana palabrería y los errores del vulgo y creyendo en aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos y lo glorificó, colocándolo a su derecha; a él le fueron sometidas todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, y a él obedecen todos cuantos tienen vida, pues él ha de venir como juez de vivos y muertos y Dios pedirá cuenta de su sangre a quienes no quieren creer en él.
    Aquél qué lo resucitó de entre los muertos nos resucitará también a nosotros si cumplimos su voluntad y caminamos según sus mandatos, amando lo que él amó y absteniéndonos de toda injusticia, de todo fraude, del amor al dinero, de la maldición y de los falsos testimonios, no devolviendo mal por mal, ni insulto por insulto, ni golpe por golpe, ni maldición por maldición, sino recordando más bien aquellas palabras del Señor que nos enseña. No juzguéis y no seréis juzgados, perdonad y seréis perdonados, compadeced y seréis compadecidos; con la medida con que midiereis a los demás se os medirá también a vosotros. Y: Dichosos los pobres y los que padecen persecución por razón del bien, porque de ellos es el reino de Dios.
 

sábado, 25 de septiembre de 2021

Sus palabras son duras

«Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».
Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.
Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto".
El lenguaje de la Cruz siempre nos parece duro y difícil, pues no hemos sido creados para sufrir, hemos sido creados para compartir la felicidad y la plenitud de la vida en Dios, en su Amor; pero el pecado original nos encadenó al sufrimiento y la muerte, al sufrimiento de la carne y a la muerte en la Gracia, por eso el Hijo de Dios tuvo que venir a liberarnos del pecado y darnos una Nueva Vida en la Gracia, por medio de la filiación divina que nos devolvió con su muerte y resurrección.
Sabemos y conocemos de lo que el Señor nos libró y lo que nos devolvió, pero igualmente cuando sentimos la palabra Cruz, se nos achica el corazón, pues la Cruz siempre es dura y cuesta aceptarla. No le preguntamos al Señor cómo será o cuando tendremos que asumirla, sino que, muchas veces, cuando llega el momento intentamos quitárnosla de nuestros hombros, así como Jesús le pidió al Padre en el Huerto de los Olivos.
Y es en ese momento donde tenemos que volver a llevar nuestra mirada y nuestro corazón: al Huerto de los Olivos. Sí, saber que humanamente, también al Hijo de Dios, se le hizo demasiado pesado asumir la Cruz de la Pasión, y por eso ante el Padre lloró para que se le quite ese Caliz que tenía que beber. Pero, el amor al Padre y a Su Voluntad, le dieron la fuerza para saber que Ese era el Camino que tenía que recorrer y salieron las hermosas palabras de sus labios que nos permitieron ser redimidos: "pero que no se haga mi voluntad sino la tuya".
No es el Camino que quería el Padre para su Hijo y para sus hijos, pero es el Camino necesario para alcanzar aquello que habíamos perdido por el pecado original. Por eso la Cruz ya no es una desgracia o un castigo del Padre a sus hijos, sino que es signo de redención para quién la asume y para el resto de los hombres que necesitan de la Gracia de la Cruz, para encontrar el Camino de la salvación.
El sufrimiento comienza a tener valor de redención desde que el Hijo de Dios asumió en su carne el sufrimiento del pecado de los hombres, y muriendo en la Cruz mató al mismo pecado y nos devolvió la Vida de hijos de Dios. Por eso hemos de pedir siempre la fortaleza del Espíritu Santo para poder asumir cada día la cruz que nos toque llevar para nuestra salvación y la del mundo entero.

 

viernes, 24 de septiembre de 2021

Ánimo, Adelante!

“¿Quién de entre vosotros queda de los que vieron este templo en su primitivo esplendor? Y el que veis ahora, ¿no os parece que no vale nada?
Ánimo, pues Zorobabel - oráculo del Señor -; ánimo también tú, Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote.
¡Ánimo gentes todas! - oráculo del Señor -. ¡Adelante, que yo estoy con vosotros! - oráculo del Señor del universo -.
Ahí está mi palabra, la que os di al sacaros de Egipto; y mi espíritu está en medio de vosotros: ¡No temáis!"
A veces puede parecer que lo que estamos haciendo o creando no es algo bueno, siempre puede parecernos que lo anterior ha sido mejor, o que lo que otros hacen es mejor que lo nuestro. No siempre miramos o hacemos las cosas desde Dios, y, por eso, cuando lo miramos desde nuestra imperfección y pequeñez siempre vemos que las cosas son pocas o no son buenas, sin embargo, cuando todo lo hacemos desde Dios, aunque no veamos los frutos o el esfuerzo en la belleza o grandeza de las cosas, es Dios quien le da el toque de belleza o grandeza a todo lo que hacemos. Y, como dice en esta profecía, siempre Él nos dará ánimos para que no caigamos, para que no cesen nuestros esfuerzos de querer seguir creciendo en fidelidad, en verdad, en santidad, pues ahí está la cuestión: todo lo que el Señor nos pide que hagamos o vivamos o asumamos es para nuestro bien y crecimiento. Quizás no veamos con nuestros ojos lo que Dios ha logrado hacer en nuestras vidas, porque siempre miramos humanamente todo, y no vemos lo que, a través nuestro, Dios va haciendo o contruyendo.
Es cierto que en este proceso de "construcción" de este templo sagrado que somos cada uno de nosotros, los que fuimos ungidos con el Santo Crisma el día de nuestro bautismo, siempre habrá momentos de "parón", de bajón en nuestros ánimos y fuerzas, pero debemos seguir mirando al Señor, debemos seguir poniendo la confianza en Él, saber que, a pesar de que siempre me vuelva a preguntar ¿quién dice tú que soy yo?, Él sabe que lo amo, sabe que lo quiero, sabe y, sobre todo, Él confía más en mí, que yo en Él, pues Él ha entregado su vida para mi salvación, antes de que yo se lo pidiera.
Por eso, ante toda circunstancia que la vida ponga delante de tí, cuando veas que no has crecido nada y que nada de lo que haces está bien, recuerda las palabras del Señor:
¡Ánimo, gentes todas! ¡Adelante, yo estoy con vosotros!

 

jueves, 23 de septiembre de 2021

Piedras del edificio eterno

De los escritos de san Pío de Pietralcina, presbítero

    Mediante asiduos golpes de cincel salutífero y cuidadoso despojo, el divino Artífice busca preparar piedras para construir un edificio eterno, como nuestra madre, la santa Iglesia Católica, llena de ternura, canta en el himno del oficio de la dedicación de una iglesia. Y así es en verdad.
    Toda alma destinada a la gloria eterna puede ser considerada una piedra constituida para levantar un edificio eterno. Al constructor que busca erigir una edificación le conviene ante todo pulir lo mejor posible las piedras que va a utilizar en la construcción. Lo consigue con el martillo y el cincel. Del mismo modo el Padre celeste actúa con las almas elegidas que, desde toda la eternidad, con suma sabiduría y providencia, han sido destinadas para la erección de un edificio eterno. El alma, si quiere reinar con Cristo en la gloria eterna, ha de ser pulida con golpes de martillo y cincel, que el Artífice divino usa para preparar las piedras, es decir, las almas elegidas. ¿Cuáles son estos golpes de martillo y cincel? Hermana mía, las oscuridades, los miedos, las tentaciones, las tristezas del espíritu y los miedos espirituales, que tienen un cierto olor a enfermedad, y las molestias del cuerpo.
    Dad gracias a la infinita piedad del Padre eterno que, de esta manera, conduce vuestra alma a la salvación. ¿Por qué no gloriarse de estas circunstancias benévolas del mejor de todos los padres? Abrid el corazón al médico celeste de las almas y, llenos de confianza, entregaos a sus santísimos brazos: como a los elegidos, os conduce a seguir de cerca a Jesús en el monte Calvario. Con alegría y emoción observo cómo actúa la gracia en vosotros.
    No olvidéis que el Señor ha dispuesto todas las cosas que arrastran vuestras almas. No tengáis miedo a precipitaros en el mal o en la afrenta de Dios. Que os baste saber que en toda vuestra vida nunca habéis ofendido al Señor que, por el contrario, ha sido honrado más y más.
    Si este benevolentísimo Esposo de vuestra alma se oculta, lo hace no porque quiera vengarse de vuestra maldad, tal como pensáis, sino porque pone a prueba todavía más vuestra fidelidad y constancia y, además, os cura de algunas enfermedades que no son consideradas tales por los ojos carnales, es decir, aquellas enfermedades y culpas de las que ni siquiera el justo está inmune. En efecto, dice la Escritura: “Siete veces cae el justo” (Pr 24, 16).
    Creedme que, si no os viera tan afligidos, me alegraría menos, porque entendería que el Señor os quiere dar menos piedras preciosas... Expulsad, como tentaciones, las dudas que os asaltan... Expulsad también las dudas que afectan a vuestra forma de vida, es decir, que no escucháis los llamamientos divinos y que os resistís a las dulces invitaciones del Esposo. Todas esas cosas no proceden del buen espíritu sino del malo. Se trata de diabólicas artes que intentan apartaros de la perfección o, al menos, entorpecer el camino hacia ella. ¡No abatáis el ánimo!
    Cuando Jesús se manifieste, dadle gracias; si se oculta, dadle gracias: todas las cosas son delicadezas de su amor. Os deseo que entreguéis el espíritu con Jesús en la cruz: “Todo está cumplido” (Jn 19, 30).