miércoles, 9 de julio de 2025

Testimonio de fe

De la homilía en la canonización predicada por San Juan Pablo II, papa

»Conságralos en la verdad; tu palabra es la verdad». Esta invocación, que reproduce la voz de la oración sacerdotal de Cristo elevada al Padre en la Última Cena, parece subir de la muchedumbre de santos y bienaventurados que el Espíritu Santo suscita en su Iglesia a lo largo de los siglos. Dos mil años después del comienzo de la obra de la redención, hacemos nuestra esa invocación, con los ojos fijos en el ejemplo de santidad de Agustín Zhao Rong y sus ciento diecinueve compañeros mártires en China. Dios Padre los consagró en su amor, escuchando la oración de su Hijo que le adquirió un pueblo santo al extender sus brazos en la cruz para destruir la muerte y manifestar la resurrección.
La Iglesia da gracias al Señor porque la bendice y derrama en ella la luz con el resplandor de la santidad de estos hijos e hijas de China. La jovencita Ana Wang, de catorce años, resistió las amenazas del verdugo que la invitaba a apartarse de la fe de Cristo, diciendo mientras se preparaba con ánimo sereno a ser decapitada: «La puerta de los cielos ha sido abierta a todos», y con susurros invocó tres veces a Jesús; Xi Guizi, un joven de dieciocho años, dijo impávido a quienes le acababan de cortar el brazo derecho y se esforzaban por arrancarle la piel cuando todavía estaba vivo: «Cada trozo de mi carne, cada gota de mi sangre traerá a vuestra memoria que soy cristiano».
Con la misma fortaleza y alegría, otros ochenta y cinco chinos dieron testimonio, hombres y mujeres de toda edad y condición, sacerdotes, religiosas y laicos que, con la entrega de la vida, confirmaron su indefectible fidelidad a Cristo y a la Iglesia. Esto sucedió en diversas épocas y tiempos difíciles y angustiosos de la historia de la Iglesia en China.
En esta multitud de mártires resplandecen también treinta y tres misioneros y misioneras que, dejando su patria, intentaron insertarse en las costumbres y mentalidad chinas, adoptando con gran amor las particularidades de aquellas tierras, seducidos por el deseo de anunciar a Cristo y de servir a ese pueblo. Sus sepulcros todavía se conservan allí para mostrar que pertenecen a aquella patria a la que, a pesar de la flaqueza humana, amaron con sincero corazón, consagrando a ella todas sus energías. «A nadie hemos perjudicado sino que hemos servido a muchos», dijo el obispo Francisco Fogolla al gobernador que se disponía a matarlo con su propia espada.

lunes, 7 de julio de 2025

David imagen de Cristo

De las homilías de San Hipólito, mártir


A quienes con fe leen los sagrados libros no les es difícil conocer los misterios relativos al bienaventurado David, que en los salmos resultó profeta y en las obras, perfecto. ¿Quién no admirará a este bienaventurado David, que describió en su corazón los misterios de Cristo ya desde su infancia? ¿O quién no se maravillará al ver realizadas sus profecías? El fue elegido por Dios como rey justo y como profeta, un profeta que nos ha dado una mayor seguridad no sólo acerca de las cosas del presente y del pasado, sino también de las futuras.

Ahora bien, ¿qué alabaré primero en él: sus gestas gloriosas o sus palabras proféticas? Pues nos encontramos con que en ambos campos, palabras y obras, este profeta es figura de su Señor. Lo veo pastor de ovejas, sé que fue clandestinamente ungido rey, contemplo al tirano vencido por él, noto cómo se esfuma la batalla y compruebo que el pueblo ha sido liberado de la esclavitud; seguidamente veo a David odiado por Saúl, que, como a enemigo u hombre de poco fiar, le obliga a huir, le expulsa y tiene que ocultarse en el desierto, y contemplo al que primero era envidiado por Saúl, constituido rey sobre Israel.

¿Quién no proclamará dichosos a los justos patriarcas, que no sólo profetizaron el futuro con las palabras, sino que sufriendo ellos mismos, realizaron en la práctica lo que iba a suceder a Cristo? Y nosotros debemos comprender en la realidad lo que se nos propone, es decir, aquellas cosas que eran manifestadas espiritualmente, con palabras y con obras, a los santos profetas. Aquellas figuras y aquellas obras decían relación con el futuro, y se referían concretamente al que había de venir al final de los tiempos a perfeccionar la ley y los profetas.

Vino al mundo para enseñar la justicia, manifestándosenos por medio del evangelio; decía: Yo soy el camino, y la justicia, y la vida. El era, en efecto, el justo, el verdadero, el salvador de todos. ¿Cómo no vamos a comprender que lo que con anterioridad hizo David fue perfeccionado más tarde por el Salvador y dado, finalmente, a las santas iglesias como un don, a través de la gracia?

Debemos primero anunciar las cosas postreras, para hacer así más fácilmente creíbles las palabras. Dos fueron las unciones que llevó a cabo Samuel: una a Saúl y otra a David. Saúl recibió la unción con respeto, pero no como un hombre digno de Dios, sino como un transgresor de la ley; y Dios, molesto, lo puso como opresor sobre quienes habían pedido un rey. De igual modo, Herodes, como transgresor de la ley, reinaría años más tarde sobre hombres pecadores. David fue clandestinamente ungido en Belén, porque en Belén había de nacer el rey del cielo, y allí ungido -y no ocultamente- por el Padre, se manifestó al mundo, como dice el profeta: Por eso el Señor tu Dios te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.

Saúl fue ungido con una aceitera como de arcilla, porque su reino era de transición y muy pronto disuelto. En cambio, David fue ungido con la cuerna del poder: de este modo señalaba previamente a aquel que, mediante la venerable unción, demostraba la victoria sobre la muerte.

domingo, 6 de julio de 2025

Poneós en camino!

"Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos".

¡Cuántas cosas nos puede decir Jesús en pocas palabras! En esta pequeña frase hay varias afirmaciones, sugerencias y exhortaciones para todos nosotros. Es la primera gran misión de los discípulos de Jesús, que no son los apóstoles sino los que lo seguían que era gente de todos los pueblos, por eso no pensemos que el llamado de Jesús a la misión es sólo para los consagrados o sacerdotes, sino que es un llamado universal para todos los que decimos seguir a Jesús, es decir, para todos los que decimos ser cristianos.
Hoy más que nunca “la mies es abundante”, sí el campo de trabajo que tenemos los cristianos es abundante porque se ha descristianizado el Pueblo de Dios, ya no hay familias como las de nuestros abuelos que vivan tan intensa y diariamente la fe en Jesús. Las nuevas familias (desde hace unos años) no viven la fe en familia, no se educa en la fe, no se reza en familia, no se va a Misa en familia, y así se fue descristianizando el Pueblo de Dios.
Es cierto que hay bautismos, primeras comuniones, algunos se confirman, algunos menos se casan por iglesia, pero no se vive el cristianismo, sólo hay ritos cristianos que mantienen una religiosidad popular que se manifiesta en esos signos, por eso hay que seguir el consejo y la exhortación de Jesús: “rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”, pero esos obrero no son sólo los sacerdotes y los consagrados, sino todos los laicos que se tienen que sentir llamados por Cristo a llevar el mensaje de Salvación a todos. Y a ellos, y a todos, nos dice: ¡Poneos en camino!”. No es sólo una invitación, sino una exigencia evangélica que nos pongamos en camino de misión. ¿Cómo? Cada uno tiene que encontrar el camino en el Señor, por medio de la oración, con un asesor espiritual, con su confesor, pero todos necesitamos o, mejor dicho, el Señor nos exige que nos pongamos en camino. Que dejemos de pensar en nosotros mismos y salgamos al mundo para anunciar con nuestra vida la alegría del Evangelio.
Y, por supuesto, saber que no va a ser fácil transmitir el evangelio. Miremos al resto del mundo y veamos cómo tratan a los cristianos, los mártires que surgen en otras partes del mundo. Pero nosotros no tememos ese martirio, sino que tememos a los que hablen de nosotros, tememos las críticas no sólo de los otros sino de nosotros mismos, cuando miramos despectivamente a quien está a mi lado o a quien reza… ahí no somos evangelizadores…

sábado, 5 de julio de 2025

Hacer todo nuevo

"Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan".
Al aceptar seguir a Jesús hemos aceptado un cambio de vida: vivir de acuerdo a las enseñanzas del Evangelio, aceptar las exigencia del Evangelio, dejar de lado lo que hemos aprendido del mundo y lo que el mundo nos quiere hacer vivir y aceptar la Voluntad de Dios en nuestras vidas.
Y, en esto del mundo, conviene que también dejemos de lado la vida política del mundo, hoy en día vemos cómo la vida política se está destruyendo a sí misma y cómo van destruyendo por su apetito de poder a las ciudades sin tener en cuenta la vida de los civiles que van muriendo por su querer ser el más fuerte, el más grande, el mas de todo.
Y, en muchos casos, tantos en laicos como en consagrados o sacerdotes vemos cómo la política se va metiendo poco a poco y vamos queriendo tener el poder. Y ¿cuál es el poder que podemos tener en la Iglesia? ¿Para qué sirve ser poderoso dentro de una comunidad cristiana? ¿Qué es lo que se gana con el poder dentro de una vida cristiana? En realidad, muchos no hemos entendido o nos queremos olvidar de lo que nos dijo Jesús: "el que quiera ser el primero que se haga el último, el servidor de todos". Y, sobre todo: "quien quiera seguirme que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz de cada día y que me siga".
Pero claro, hoy vemos que muchos dicen que son cristianos pero no siguen a Cristo, siguen sus propias convicciones, se hacen eco de las ideología mundanas, enarbolan sus propios YO y sus ideales y se lanzan a una batalla contra el Evangelio, la Tradición, el Magisterio y la Ley de Dios, sin aceptar el Camino propuesto por Jesús. No son pocos los que sin tener vida cristiana quieren dirigir las comunidades cristianas ¿hacia dónde? ¿Hacia sus propios beneficios? ¿Hacia su propia fama? ¿Para la foto en las RRSS?
Por eso Jesús nos invita a discernir, siempre y en todo momento, qué es lo que aceptamos, a quién aceptamos y cómo vivimos lo que creemos. Constantemente tenemos que examinar nuestros valores, aquello que hemos dejado entrar en el corazón y lo llevamos a la vida para saber si eso es de Dios o no, si es lo que Jesús nos dice que vivamos o no, y, por supuesto, pedir la Luz y la Fuerza del Espíritu Santo para no dejarnos engañar por los cantos de sirena, que cantan muy lindo pero que no nos conducen a las Fuentes de Vida Eterna, sino que nos llevan por el camino de la perdición.

viernes, 4 de julio de 2025

La Misericordia nos salva

De las catequesis de San Cirilo de Jerusalén, obispo

El que por nosotros derramó su sangre es el que nos librará del pecado. No nos desesperemos, hermanos, para no caer en un estado de desolación y desesperanza. Terrible cosa es no tener fe en la esperanza de la conversión. Pues quien no espera la salvación, acumula males sin medida; quien, por el contrario, espera poder recuperar la salud, fácilmente se otorga en lo sucesivo a sí mismo el perdón. De hecho, el ladrón que ya no espera la gracia del perdón, se encamina hacia la contumacia: pero si espera el perdón, muchas veces acepta la penitencia. ¿Por qué la culebra puede deponer la camisa, y nosotros no deponemos el pecado?
Dios es benigno y lo es en no pequeña escala. Por eso, guárdate de decir: he sido disoluto y adúltero, he perpetrado cosas funestas y esto no una sino muchísimas veces: ¿me querrá Dios perdonar? ¿Será posible que en adelante no se acuerde más de ello? Escucha lo que dice el salmista ¡Qué grande es tu bondad, Señor! El cúmulo de todos tus pecados no supera la inmensa compasión de Dios; tus heridas no superan la experiencia del médico supremo. Basta que te confíes plenamente a él, basta con que confieses al médico tu enfermedad; di tú también con David: Propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y se operará en ti lo mismo que se dice a continuación: Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.
¿Quieres ver la benevolencia de Dios y su inconmensurable magnanimidad? Escucha lo que pasó con Adán. Adán, el primer hombre creado por Dios, había quebrantado el mandato del Señor: ¿no habría podido condenarlo a muerte en aquel mismo momento? Pues bien, fíjatelo que hace el Señor, que ama al hombre a fondo perdido: lo expulsó del paraíso y lo colocó a oriente del paraíso, para que viendo de dónde había sido arrojado y de qué a cuál situación había sido expulsado, se salvara posteriormente por medio de la penitencia.
Es una auténtica benignidad y esta benignidad fue la de Dios; pero aún es pequeña si se la compara con los beneficios subsiguientes. Recuerda lo que ocurrió en tiempos de Noé. Pecaron los gigantes y en aquel entonces se multiplicó grandemente la iniquidad sobre la tierra, tanto que hizo inevitable el diluvio: repara en la benignidad de Dios que se prolongó por espacio de cien años. ¿O es que lo que hizo al cabo de los cien años no pudo haberlo hecho inmediatamente? Pero lo hizo a propósito, para dar tiempo a los avisos inductores a la penitencia. ¿No ves la bondad de Dios? Y si aquellos hubieran hecho entonces penitencia, no habrían sido excluidos de la benevolencia de Dios.

jueves, 3 de julio de 2025

Ser apóstol

"Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».
Ser apóstol de Jesús es creer, pero no sólo decir que creemos sino en Quién creemos y qué es lo que creemos y para qué creemos.
Si miramos la vida de los apóstoles podremos decir que:
- creemos en el llamado de Jesús, por eso creemos que Jesús vive y que es Él quien nos llama.
- creemos en Su Palabra, creemos en que es Dios, creemos que murió y resucitó para nuestra Salvación y la de todos los que quieran creer en Él
- creemos que nos llamó para ser sus mensajeros y llevar la Buena Noticia hasta el fin del mundo.
- creemos en la Buena Noticia de la Salvación y en que el único mandamiento que tenemos que vivir para que el mundo crea en nuestra palabra es el Mandamiento del Amor: amaos unos a otros como YO os he amado.
Y, por todo esto, como los apóstoles tenemos que estar muy unidos a Cristo y, por eso, escuchar Su Palabra y dejar que eche raíces en nuestro corazón, alimentarnos con Su Vida que es la Eucaristía para poder tener Su Vida en nuestra vida, y, por supuesto, recurrir siempre a la Gracia de los Sacramentos y especialmente a la Reconciliación para que estemos libres de nuestros pecados y llenos de su Vida para que podamos entregarla a nuestros hermanos.
Y, por supuesto, estar siempre vinculados al Espíritu Santo para que sea Él quien nos inspire, enseñe y fortalezca para seguir siendo Fieles a la Voluntad del Padre, como lo fue Jesús, para que nuestra misión no sea humana sino que sea de Dios. Así nuestro apostolado, en cada lugar en el que Dios nos haya puesto, sea fructífero no por nuestro esfuerzo, sino por nuestra disposición a "hacer lo que Él nos diga".

martes, 1 de julio de 2025

No mirar hacia atrás

"Salía el sol sobre la tierra cuando Lot llegó a Soar.
El Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego desde el cielo. Arrasó aquellas ciudades y toda la vega; los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo.
La mujer de Lot miró atrás y se convirtió en estatua de sal".
Este pasaje del Génesis, cuando Dios salva a Lot y a su familia advirtiéndole que al salir de Sodoma no miren atrás, me recuerda lo que Jesús, también, nos invita: "el que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no es digno de mí". Un pasaje que, para muchos, es para los que se deciden a la vida consagrada o sacerdotal, pero, en realidad, Jesús no aclara, sino que se lo dice a todos sus discípulos sin distinción.
Pero ¿qué significa no poner la mano en el arado y mirar para atrás? Es simple, por lo menos para mí, sólo mirar al Señor, mirarlo a Él porque Él es el que da sentido a nuestra vida, a nuestro caminar. Si miramos hacia atrás mientras caminamos hacia adelante no podemos ver si vamos bien encaminados, y podemos desviarnos tanto del camino que nos perdamos o nos caigamos por algún precipicio.
Cuando ponemos la mirada en el Señor siempre iremos hacia donde Él nos conduzca y, seguramente, como dice San Pablo: alcanzaremos la meta sin perder la fe. Por eso es tan importante tener muy presente Sus Palabras, para no desviarnos sino seguir hacia adelante, hacia la meta final a pesar de que, muchas veces, nos de miedo, como nos lo cuenta en el Evangelio:
"En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole:
«¡Señor, sálvanos, que perecemos!».
Él les dice:
«¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?».
Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma".
Cuando mantenemos nuestra mirada puesta en Cristo podremos tener, también, nuestra confianza puesta en Él sabiendo que es capaz de detener cualquier tormenta y, en todo caso, darnos una mano para no hundirnos en las aguas tormentosas de la vida. Pero si sólo miramos nuestro ombligo y no confiamos en Él será cuando, desviándonos del camino nos hundamos en nuestro egoísmo, vanidad, soberbia y tantos otros males que no sólo nos alejarán de Dios, sino también de nuestros hermanos.
Por eso, aunque sea difícil seguir recorriendo el camino de la santidad que Jesús nos ha enseñado y mostrado Él mismo, no dejemos de mirarlo, de mirar hacia adelante donde está meta final.