lunes, 21 de marzo de 2022

Imitemos la bondad de Dios

De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo

    Reconoce de dónde te viene la existencia, el aliento, la inteligencia y el saber, y, lo que es más aún, el conocimiento de Dios, la esperanza del reino de los cielos, la contemplación de la gloria (ahora, es verdad, como en un espejo y confusamente, pero después de un modo pleno y perfecto), el ser hijo de Dios, el ser coheredero de Cristo y, para decirlo con toda audacia, el haber sido incluso hecho dios. ¿De dónde y de quién te viene todo esto?
    Y, para enumerar también estas cosas menos importantes y que están a la vista, ¿por gracia de quién contemplas la hermosura del cielo, el recorrido del sol, la órbita de la luna, la multitud de las estrellas y el orden y concierto que en todo esto brilla, como en las cuerdas de una lira? ¿Quién te ha dado la lluvia, el cultivo de los campos, la comida, las diversas artes, el lugar para habitar, las leyes, la vida social, una vida llevadera y civilizada, la amistad y la familiaridad con los que están unidos a ti por vínculos de parentesco?
    ¿De dónde te viene que, entre los animales, unos te sean mansos y dóciles, y otros estén destinados a servirte de alimento?
    ¿Quién te ha constituido amo y rey de todo lo que hay sobre la tierra?
    ¿Quién, para no recordar una por una todas las cosas, te ha dado todo aquello que te hace superior a los demás seres animados?
    ¿No es verdad que todo esto procede de Dios, el cual te pide ahora, en justa retribución, tu benignidad, por encima de todo y en favor de todo? ¿Es que no nos avergonzaremos, después que de él hemos recibido y esperamos recibir tanto, de negarle incluso esto: la benignidad? Él, aun siendo Dios y Señor, no se avergüenza de llamarse Padre nuestro, y nosotros ¿nos cerraremos a los que son de nuestra misma condición?
    No, hermanos y amigos míos, no seamos malos administradores de los bienes que Dios nos ha regalado, no nos hagamos acreedores a la reprensión de Pedro: Avergonzaos, los que retenéis lo ajeno, esforzaos en imitar la equidad de Dios, y así nadie será pobre.
    No pongamos nuestro afán en reunir y conservar riquezas, mientras otros padecen necesidad, no sea que nos alcancen las duras y amenazadoras palabras del profeta Amós, cuando dice: Escuchad, los que decís: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?»
    Imitemos aquella suprema y primera ley de Dios, según la cual hace llover sobre justos y pecadores, y hace salir el sol igualmente para todos; que pone la tierra, las fuentes, los ríos y los bosques a plena disposición de los animales terrestres, el aire a disposición de las aves, el agua a disposición de los animales acuáticos; y que ha dado a todos con abundancia lo que necesitan para subsistir, sin estar en esto sujetos al dominio de nadie, sin ninguna ley que ponga limitaciones, sin límites ni fronteras; sino que lo ha puesto todo en común, con amplitud y abundancia, sin que por ello falte nunca de nada. Y esto lo hizo para hacer resaltar, con la igualdad del don, la igual dignidad de toda la naturaleza y para manifestar las riquezas de su benignidad.
 

domingo, 20 de marzo de 2022

Os digo que no...

 

O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».

Creemos, erróneamente, muchas veces, que somos mejores que los demás, y, por eso, nos permitimos juzgar y condenar. Y no sólo nos quedamos con los pensamientos sobre ellos, sino que también los transmitimos como si fuera un programa de televisión de la prensa rosa y cotillera. ¿No sabemos acaso que nuestras palabras también nos condenan? ¿Cómo decimos en el acto de contrición: “he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión”?
Pues sí, nuestras palabras nos condenan, y no sólo que seremos juzgados, sino que seremos juzgados con la misma vara con que juzgamos y condenamos a los demás. Lamentablemente nos hemos acostumbrado a que no nos preocupa la fama de los demás, perdón, en realidad nos preocupa la fama de los demás para poder cotillear y, más de una vez, denigrar a quien creemos que merece nuestra condena.
“Os digo que no, y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”, y no son palabras mías, las vuelvo a copiar para que no se nos olvide, son Palabras de Jesús, de Dios. ¿Nos vamos enterando?
¿Cómo podremos construir un reino de personas que se aman si no nos amamos? “Si amas a quien te ama ¿qué mérito tenéis? Eso también lo hacen los publicanos”, dice el Señor, “yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced el bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”, a lo que yo (con permiso del Señor) agregaría: amad a quien no te gusta, haced el bien a quien aborreces, bendice a quien no te agrada, y, sobre todo, pide perdón a quien has ofendido con tus palabras.
¿No rezamos acaso: “venga a nosotros tu Reino, hágase Tu Voluntad en la tierra como en el cielo”? Y ¿cuál es la voluntad de Dios? ¿Qué nos andemos sacando los ojos porque fulanito tiene este carácter, porque aquél no se qué cosa, porque el otro tal…? ¿Qué clase de comunidad cristiana estamos formando? ¿Qué Reino de Dios estamos construyendo? ¿Pueden decir los que no creen: ¡mirad cómo se aman!?
Me parece que en este tiempo de cuaresma somos muchos los que tenemos que poner nuestras barbas en remojo y quitarnos la soberbia de creernos mejores que los demás, y, sobre todo, saber que el perdón solo llega cuando somos capaces de pedirlo a quienes hemos ofendido.O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».


 

sábado, 19 de marzo de 2022

Fiel cuidador y guardián

De los Sermones de san Bernardino de Siena, presbítero

    Es norma general de todas las gracias especiales comunicadas a cualquier creatura racional que, cuando la gracia divina elige a alguien para algún oficio especial o algún estado muy elevado, otorga todos los carismas que son necesarios a aquella persona así elegida, y que la adornan con profusión.
    Ello se realizó de un modo eminente en la persona de san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del mundo y Señora de los ángeles, que fue elegido por el Padre eterno como fiel cuidador y guardián de sus más preciados tesoros, a saber, de su Hijo y de su esposa; cargo que él cumplió con absoluta fidelidad. Por esto el Señor le dice: Bien, siervo bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor.
    Si miramos la relación que tiene José con toda la Iglesia, ¿no es éste el hombre especialmente elegido, por el cual y bajo el cual Cristo fue introducido en el mundo de un modo regular y honesto? Por tanto, si toda la Iglesia está en deuda con la Virgen Madre, ya que por medio de ella recibió a Cristo, de modo semejante le debe a san José, después de ella, una especial gratitud y reverencia.
    Él, en efecto, cierra el antiguo Testamento, ya que en él la dignidad patriarcal y profética alcanza el fruto prometido. Además, él es el único que poseyó corporalmente lo que la condescendencia divina había prometido a los patriarcas y a los profetas.
    Hemos de suponer, sin duda alguna, que aquella misma familiaridad, respeto y altísima dignidad que Cristo tributó a José mientras vivía aquí en la tierra, como un hijo con su padre, no se la ha negado en el cielo; al contrario, la ha colmado y consumado.
    Por esto, no sin razón añade el Señor: Pasa al banquete de tu Señor. Pues, aunque el gozo festivo de la felicidad eterna entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decide: Pasa al banquete, para insinuar de un modo misterioso que este gozo festivo no sólo se halla dentro de él, sino que lo rodea y absorbe por todas partes, y que está sumergido en él como en un abismo infinito.
    Acuérdate, pues, de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tus oraciones ante tu Hijo; haz también que sea propicia a nosotros la santísima Virgen, tu esposa, que es madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por siglos infinitos. Amén.

viernes, 18 de marzo de 2022

La Alianza del Señor

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías

    Moisés, en el Deuteronomio, dice al pueblo: El Señor, nuestro Dios, hizo alianza con nosotros en el Horeb; no hizo esa alianza con nuestros padres, sino con nosotros. ¿Por qué no hizo la alianza con los padres? Porque la ley no fue instituida para los justos; los padres, en efecto, eran justos y tenían escrito en su interior el contenido del decálogo, amando a Dios, su Creador, y absteniéndose de toda injusticia contra el prójimo; por esto no necesitaron la conminación de una ley escrita, ya que llevaban en su corazón los mandatos de la ley.
    Pero al caer en olvido y extinguirse la justicia y el amor de Dios, durante la permanencia en Egipto, fue necesario que Dios, por su gran benevolencia hacia los hombres, se manifestara a sí mismo de palabra.
    Con su poder sacó al pueblo de Egipto, para que el hombre volviera a ser discípulo y seguidor de Dios; y lo atemorizó con su palabra, para que no despreciara a su Hacedor.
    Lo alimentó con el maná, alimento espiritual, como dice también Moisés en el Deuteronomio: Te alimentó con el maná, que no conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo se vive de pan, sino de cuanto sale de la boca de Dios.
    Además, le ordenó el amor de Dios y la justicia para con el prójimo, para que no fuese injusto ni indigno de Dios, disponiendo así al hombre, por medio del decálogo, para su amistad y la concordia con el prójimo; todo ello en provecho del hombre, ya que Dios ninguna necesidad tiene del hombre.
    Todo esto contribuía a la gloria del hombre, otorgándole la amistad con Dios, de la que estaba privado, sin que nada añadiera a Dios, ya que él no necesita del amor del hombre.
    El hombre, en cambio, se hallaba privado de la gloria de Dios, que sólo podía obtener por la sumisión a él. Por esto Moisés decía también al pueblo: Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra.
    Y, queriendo disponer al hombre para esta vida, el Señor promulgó por sí mismo el decálogo, para todos sin distinción; y, con su venida en carne, este decálogo no fue abolido, sino que sigue en vigor, completado y aumentado. En cambio, no promulgó por sí mismo al pueblo los preceptos que implican servidumbre, sino que los promulgó por boca de Moisés, como afirma el mismo Moisés: En aquella ocasión el Señor me mandó que os enseñara, mandatos y decretos.
    Aquellos preceptos, pues, que implicaban servidumbre y tenían el carácter de signo fueron eliminados por el nuevo Testamento de libertad; en cambio, los que eran de ley natural, liberadores y comunes a todo .hombre, los completó y perfeccionó, dando a los hombres, con suma liberalidad y largueza, el conocimiento de Dios como Padre adoptivo, para que lo amasen de todo corazón y siguieran al que es su Palabra sin desviarse.
 

jueves, 17 de marzo de 2022

Ten cuidado con tu corazón

 

"Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce?
Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones".
El Padre Efraín, mi formador, siempre nos decía que teníamos que aprender a desconfiar de nosotros mismos porque, como dice la Escritura: "nada hay más falso y enfermo que el corazón" del hombre, pues por el pecado original hemos quedado heridos y, aunque en el Bautismo nos hemos liberado de él, nos ha quedado, como dice San Pablo, "una espina del pecado". Por eso mismo, Jesús, cuando nos invitó a seguirlo nos dijo que "renunciáramos a nosotros mismos", a nuestra manera de pensar, porque nuestro pensar siempre estará viciado por ese pecado que, en cada uno, se manifiesta de forma diferente.
Lo peor es que, muchos, no somos capaces de reconocer nuestros pecados y los erroes a los que nos lleva nuestro propio corazón. Creemos que hacemos lo mejor porque es lo que hemos pensado y la lógica humana nos garantiza que es así, pero no nos damos cuenta que dentro de esa lógica no he dejado entrar la Voluntad de Dios, al Espíritu del Señor. Así, por no aceptar o reconocer que me equivoco, voy haciendo daño a mis hermanos, voy sembrando la cizaña, la mentira y el error, creyendo que estoy haciendo el bien, y, aunque vengan a decirme que eso es obra de mi pecado y de Satanás que se ha encargado de reactivarlo, no lo creo, porque pienso que son los demás quienes no comprenden lo que estoy haciendo.
Y es ahí donde tengo que tener en cuenta aquello que me dijo Jesús: "más le valdría que le atasen una piedra de moler al cuello y lo echen al mar antes de escandalizar a uno de estos mis pequeños hermanos".
Y siguiendo en esta línea, Efraín nos decía: "desterrar de vuestros labios el 'yo creía, yo pensaba, me parecía'", porque tenemos que buscar en todo momento cuál es la Voluntad de Dios y no nuestro parecer. Quizás, nuestro parecer sea conforme al querer de Dios, pero ¿lo ha reflexiionado? ¿Lo he consultado? ¿Con quien lo he consultado, con quien me da siempre la razón o con quien me hace ver la Verdad del Evangelio?
Cuando hemos aceptado el Camino de Jesús ya no somos sólo nosotros quienes lo recorremos, sino que somos modelo y testigos para los que vienen detrás nuestro y nos miran y observan cómo actuamos. ¿Seremos quizás ciegos que guían a ciegos?
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.

miércoles, 16 de marzo de 2022

No sea así entre ustedes

"Ellos dijeron:
«Venga, tramemos un plan contra Jeremías, porque no falta la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos».
Siempre que la verdad o que otra persona comienza a hacerme sombra o a desvelar mis ocultas pretensiones, entonces, surge la idea de acabar con esa persona. No importa si lo que está diciendo es verdad, si lo que está haciendo está bien, lo importante es que me molesta, que pueda quitarme el lugar y el poder, entonces hay que comenzar a cuchichear y levantar falsos testimonios para poder quitárnoslo de en medio.
La mentira, la maldad, la vanidad, el orgullo, en fin, la miseria humana siempre va a luchar con uñas y dientes para no salir de este mundo, pues el Príncipe de este mundo se va metiendo entre nuestras vidas y nos va hacienndo jugar en su bando.
Y, cuando la Luz llega hay que apagarla para que podamos seguir viviendo en tinieblas, donde todo es lo mismo y donde ya no se sabe qué es verdad y qué es mentira, que está bien y qué está mal.
Pero Dios Padre desde la hipocresía y la maldad de la gente ha sacado lo mejor para nuestras vidas, pues utilizó esa maldad para poder cumplir el Plan que había proyectado desde el principio, y "llegada la hora" su Hijo aceptó Su Voluntad y nos salvó.
«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».
No es el camino que nos hubiera gustado recorrer, pero es el Camino que el Padre eligió para salvarnos, porque ante la desobediencia de Adán y Eva, el Hijo tuvo que ser obediente hasta la muerte y muerte en cruz, y así fuimos salvados. Sabiendo que, a pesar de su Espíritu, la espina del pecado sigue clavada en nuestra alma y siempre se servirá de ella Satanás para hacernos caer en los mismos errores que hicieron a los hombres dar muerte al Señor.
Por eso mismo Jesús les dice a los apóstoles, frente a las discusiones que venían teniendo:
«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».
Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia...

 

martes, 15 de marzo de 2022

Conversión cuaresmal

 

"Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones.
Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien.
Buscad la justicia, socorred al oprimid, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda.
Venid entonces, y discutiremos - dice el Señor -.
Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana".
¿Qué es lo que nos pide el Señor en el tiempo de Cuaresma? Una revisión profunda de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras decisiones, de nuestra forma de pensar y, por supuesto, en definitiva, de nuestra forma de vivir todos los días.
¿Por qué? Porque se nos van "pegando" a nuestra vida los pensamientos y el estilo de vida del mundo, nos van haciendo creer que todo está bien, y, que lo que hagas si tú crees que es bueno, está bien hecho. Y así nos van alejando de la Voluntad de Dios, de sus mandamientos y consejos evangélicos.
"Estáis en el mundo pero no sois del mundo", nos advirtió Jesús en la Última Cena, pero no nos damos cuenta que cada día que pasa nos vamos haciendo más mundanos, vamos dejando de lado la Ley de Dios y nos hacemos testigos veraces de las ideologías del mundo, aceptando todo lo que el mundo nos propone porque nos dice que hay que "modernizarse", y así dejamos de lado el Evangelio.
Por eso tiempo de cuaresma es un tiempo de reflexión, pero reflexión sinvera y veraz. Sincera porque me sincero con Dios y conmigo mismo, pues de otra forma no es posible la reconciliación y la renovación interior. Y veraz porque busco al Verdad, y no mi verdad o la verdad del mundo, sino que busco la Verdad y la Verdad es Cristo, su Vida es la Verdad. Y así puedo ver si mi vida, lo que estoy viviendo, lo que el mundo me ha dicho que viva es la vida que Jesús hubiera llevado, si Él se hubiera hecho eco de las idologías modernas y de la forma de vivir de este mundo que, cada día, va denigrando más al hombre y dejándolo sin sentido para vivir.
Nos nos damos cuenta pero en realidad es el mundo quien ha comprado nuestra libertad y nos ha hecho esclavos de sus ideologías, dejando de lado la opción de ser originales con nuestra vida, y convirtiendonos en fotocopias de otras vidas que nos parecen, a simple vista, las mejores vidas pues tienen todo lo que mundo aspira: fama, dinero, poder. Sin embargo no tienen lo que Dios nos da...