lunes, 7 de marzo de 2022

Imitemos la benignidad de Dios

De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo

    Reconoce de dónde te viene la existencia, el aliento, la inteligencia y el saber, y, lo que es más aún, el conocimiento de Dios, la esperanza del reino de los cielos, la contemplación de la gloria (ahora, es verdad, como en un espejo y confusamente, pero después de un modo pleno y perfecto), el ser hijo de Dios, el ser coheredero de Cristo y, para decirlo con toda audacia, el haber sido incluso hecho dios. ¿De dónde y de quién te viene todo esto?
    Y, para enumerar también estas cosas menos importantes y que están a la vista, ¿por gracia de quién contemplas la hermosura del cielo, el recorrido del sol, la órbita de la luna, la multitud de las estrellas y el orden y concierto que en todo esto brilla, como en las cuerdas de una lira? ¿Quién te ha dado la lluvia, el cultivo de los campos, la comida, las diversas artes, el lugar para habitar, las leyes, la vida social, una vida llevadera y civilizada, la amistad y la familiaridad con los que están unidos a ti por vínculos de parentesco?
    ¿De dónde te viene que, entre los animales, unos te sean mansos y dóciles, y otros estén destinados a servirte de alimento?
    ¿Quién te ha constituido amo y rey de todo lo que hay sobre la tierra?
    ¿Quién, para no recordar una por una todas las cosas, te ha dado todo aquello que te hace superior a los demás seres animados?
    ¿No es verdad que todo esto procede de Dios, el cual te pide ahora, en justa retribución, tu benignidad, por encima de todo y en favor de todo? ¿Es que no nos avergonzaremos, después que de él hemos recibido y esperamos recibir tanto, de negarle incluso esto: la benignidad? Él, aun siendo Dios y Señor, no se avergüenza de llamarse Padre nuestro, y nosotros ¿nos cerraremos a los que son de nuestra misma condición?
    No, hermanos y amigos míos, no seamos malos administradores de los bienes que Dios nos ha regalado, no nos hagamos acreedores a la reprensión de Pedro: Avergonzaos, los que retenéis lo ajeno, esforzaos en imitar la equidad de Dios, y así nadie será pobre.
    No pongamos nuestro afán en reunir y conservar riquezas, mientras otros padecen necesidad, no sea que nos alcancen las duras y amenazadoras palabras del profeta Amós, cuando dice: Escuchad, los que decís: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?»
    Imitemos aquella suprema y primera ley de Dios, según la cual hace llover sobre justos y pecadores, y hace salir el sol igualmente para todos; que pone la tierra, las fuentes, los ríos y los bosques a plena disposición de los animales terrestres, el aire a disposición de las aves, el agua a disposición de los animales acuáticos; y que ha dado a todos con abundancia lo que necesitan para subsistir, sin estar en esto sujetos al dominio de nadie, sin ninguna ley que ponga limitaciones, sin límites ni fronteras; sino que lo ha puesto todo en común, con amplitud y abundancia, sin que por ello falte nunca de nada. Y esto lo hizo para hacer resaltar, con la igualdad del don, la igual dignidad de toda la naturaleza y para manifestar las riquezas de su benignidad.
 

domingo, 6 de marzo de 2022

En la debilidad aparece

En todos aquellos días estuvo sin comer, y al final, sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan».
Jesús le contestó: «Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre"».
Primer domingo de Cuaresma y, como todos los años, lo comenzamos con las tentaciones de Jesús. Tentaciones que no son como nos las presentan las películas que nos ofrecen una visión diferente de la humanidad de Jesús, sino tentaciones que hacen, como siempre lo hace Satanás, en contra de la Voluntad de Dios para los elegidos por Él.
Fijaos que lo primero que dice el evangelio es que Satanás esperó a que Jesús tuviera hambre, a que estuviera débil para poder comenzar sus tentaciones. ¿Por qué? Porque, perdonad la expresión, Satanás no es tonto, no se va a enfrentar con alguien que esté fuerte en su espíritu y en sus decisiones, sino que va a buscar el espacio, el tiempo y el momento ideal para ver si puede cumplir su objetivo. Por eso, en una catequesis San Pablo VI, decía que: El mal no es solamente una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y perversor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa. Y en otro documento se lo define como: padre de la mentira, pérfido y astuto seductor.
Pero a Jesús lo encontró débil en la carne, pero no débil en el espíritu, sino con una confianza total en Su Padre, sabiendo cuál era su misión y cuál era su fortaleza, que no radicaba en Él sino en la Palabra de Su Padre, pues a cada tentación de Satanás, el Señor le responde con la Palabra de Dios, pues es la que nos salva y da respuesta a todo lo que pueda hacernos salir del Buen Camino de la Salvación.
El mundo de hoy tiene mucho de seducción, de mentira, de astucia pues nos va vendiendo un estilo de vida que dista mucho del Evangelio, de la Palabra de Dios, y, nosotros, los cristianos vamos comprando todo lo que se nos vende en paquetes muy bien perfumados y etiquetados como “esto no es malo”, pero ¿es Voluntad de Dios que viva esa realidad? ¿Es evangélico que siga esa tendencia mundana? ¿El lógico que una a mi fe cristiana doctrina budista, oriental, u otra que no sea propiamente evangélica? ¿Es de Dios que siendo cristiano esté a favor del aborto, de la eutanasia y de tantas ideologías modernas que desprestigian la dignidad y los valores humanos y cristianos?
Hoy Satanás no espera que estemos débiles no comer, sino que se va metiendo lentamente en nuestras cabezas y formas de vivir, haciéndose pasar por bueno y dejando que le compremos todo lo que nos va vendiendo…


 

sábado, 5 de marzo de 2022

Nuestra amistad con Dios

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías

    Nuestro Señor, aquel que es la Palabra de Dios, primero nos ganó como siervos de Dios, mas para liberarnos después, tal como dice a sus discípulo!!: Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; os he llamado amigos, porque todo cuanto me ha comunicado el Padre os lo he dado a conocer. Y la amistad divina es causa de inmortalidad para todos los que entran en ella.
    Así, pues, en el principia Dios p1asmó a Adán, no porque tuviese necesidad del hombre, sino para tener en quien depositar sus beneficios. Pues no sólo antes de la creación de Adán, sino antes de toda creación, el que es la Palabra glorificaba a su Padre, permaneciendo en él, y él, a su vez, era glorificado por el Padre, como afirma él mismo: Glorifícame tú, Padre, con la gloria que tenía junto a ti antes que el mundo existiese.
    Y si nos mandó seguirlo no es porque necesite de nuestros servicios, sino para que nosotros alcancemos así la salvación. Seguir al Salvador, en efecto, es beneficiarse de la salvación, y seguir a la Luz es recibir la luz. Pues los que están en la luz no son los que iluminan a la luz, sino que la luz los ilumina y esclarece a ellos, ya que ellos nada le añaden, sino que son ellos los que se benefician de la luz.
    Del mismo modo, el servir a Dios nada le añade a Dios, ni tiene Dios necesidad alguna de nuestra sumisión; es él, por el contrario, quien da la vida, la incorrupción y la gloria eterna a los que lo siguen y sirven, beneficiándolos por el hecho de seguirlo y servirlo, sin recibir de ellos beneficio alguno, ya que es en sí mismo rico, perfecto, sin que nada le falte.
    La razón, pues, por la que Dios desea que los hombres lo sirvan es su bondad y misericordia, por las que quiere beneficiar a los que perseveran en su servicio, pues, si Dios no necesita de nadie, el hombre, en cambio, necesita de la comunión con Dios.
    En esto consiste la gloria del hombre, en perseverar y permanecer en el servicio de Dios. Por esto el Señor decía a sus discípulos: No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, queriendo indicar que no eran ellos los que lo glorificaban al seguirlo, sino que, siguiendo al Hijo de Dios, él los glorificaba a ellos. Por esto añade: Quiero que ellos estén conmigo allí donde yo esté, para que contemplen mi gloria.

viernes, 4 de marzo de 2022

Ayunos y penitencias

Hemos comenzado la cuaresma y hoy, primer viernes, se nos pide hacer ayuno, una práctica que solemos hacer para preparar el corazón a la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, pero que no es por Él, sino por nosotros, pues el ayuno es una práctica para poder, como dice san Pablo: "llevar a la esclavitud del espíritu a nuestro cuerpo" (o más o menos así) Porque teniendo en cuenta lo que dice el Señor:
"¿Para qué ayunar, si no haces caso; mortificarnos, si no te enteras?"
En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos.
No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo.
¿Es ése el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿A eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor?"
No sirve ayunar simplemente para cumplir un precepto de la iglesia, sino que hay que hacerlo con el fin que ese precepto tiene: convertirnos a la Voluntad de Dios, y para eso tenemos que "someter" nuestra humanidad a las leyes del Espíritu, a la Voluntad de Dios.
Así que no sirven esos ayunos que no modifican en nada mi conducta, que no mejoran mi sensibilidad hacia los demás, que no me fortalecen para pedir perdón o para perdonar, que no calman mis deseos de vengana o rencores guardados, y tantas otras cosaillas que vamos dejando en nuestra vida que, aunque sabemos que no son buenas, las seguimos manteniendo por alguna razón, o, sobre todo, porque nunca me he puesto a pensar que no es la Voluntad de Dios que siga siendo de esa manera o modo, sino que tengo que cambiar para poder mostrar a Cristo con mi vida.
"Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunaran».
El Esposo ya no está con nosotros, y por ello ayunamos para que con mi vida, palabra y obras, pueda no sólo estar cerca de Él, sino vivir como Él en obediencia fiel y amorosa a la Voluntad del Padre, para que aquellos que lo buscan lo encuentren o lo conozcan a través de la vida de los cristianos.

 

jueves, 3 de marzo de 2022

Elegir, esa es la cuestión

"Pongo delante de ti la vida y muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor,.."
"Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga".
Siempre se nos ha dado a elegir el camino a seguir, y, siempre se nos han puesto delante de nuestros ojos las alternativas y sus consecuencias. Dios nos ha creado seres libres y no quiere quitarnos la libertad de elegir nuestro propio camino, por eso mismo, siempre nos han enseñado hacia dónde llevan los caminos que podemos elegir.
Y ¿por qué elegimos mal el camino? ¿Por qué recorrermos caminos que no nos hacen bien o nos llevan por el mal? Por que no hemos sabido discernir, porque nuestro fines han sido diferentes o nos hemos engañado a nosotros mismos diciéndonos que el camino más fácil es el que nos trae más dicha. Porque, siempre, en definitiva, el hombre elige el camino que le conduce a su propio bien.
El ladrón no roba porque quiere ir preso, sino que roba porque va en busca de bien para él mismo, claro que para eso tiene que quitárselo a otro. Y lo mismo cada uno de nosotros, cuando hacemos una elección de algo lo elegimos porque para mí es un bien. Lo que debemos preguntarnos siempre si realmente lo que para mí es un bien, ¿es un Bien en verdad?
Y es ahí donde tenemos que educarnos y madurar, pues para nosotros, los cristianos, ¿cuál es el mayor Bien? "No he venido a hacer mi voluntad sino la del que me envió". "Que se haga Tu Voountad en la tierra como en el cielo". Ese es nuestro Bien, por el que debemos luchar y por el que tendremos muchas luchas interiores, "pues no hago todo el bien que deseo sino el mal que quiero".
Y es ahí donde Jesús ha puesto el punto inicial para seguirlo: "negarnos a nosotros mismos", pues en cada momento debemos tener un punto de reflexión y pensar si lo que voy a hacer, decir o programar es lo que yo quiero o es lo que Dios quiere. Porque, generalmente, sólo hacemos lo que queremos, pero no lo que Dios quiere, no buscamos el Bien en la Voluntad de Dios, sino que queremos que la voluntad de Dios se oriente hacia lo que yo quiero.
"Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?"
Jesús no habla de la vida humana, sino de la vida sobrenatural, de la vida que alcanzaremos una vez terminada esta vida en la tierra. Aunque, muchas veces, por muy malas elecciones nuestra vida termina antes de tiempo.

 

miércoles, 2 de marzo de 2022

Convertirme ¿de qué?

Hoy comenzamos, un año más, el Tiempo de Cuaresma, un tiempo de silencio, de oración, y, sobre todo de conversión. Una palabra o una acción que pareciera que no es para nosotros, que no es para mí, porque ¿de qué tengo yo que convertirme si no peco nunca? "El justo peca siete veces por día", dice el Señor. Puede ser que no peque, o, simplemente que no tenga conciencia de pecado porque nunca me he puesto a pensar qué es el pecado y qué es la conversión.
Pecado: toda acción libre y voluntaria en contra de la Voluntad de Dios, no sólo de los 10 mandamientos, sino del principal que es el mandamiento del Amor, y que san Pablo lo define muy bien en la carta a los Corintios y, por si no os acordáis es aquella que dice: "El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta". Y aquí sí que tendremos tela para cortar...
Y ¿qué es conversión? Es buscar el camino adecuado para vivir de acuerdo a la Voluntad de Dios, viviendo sus mandamientos, y los consejos evangélicos, y, sobre todo, tener conciencia de que somos sal, luz y fermento en la masa del mundo. Tomando conciencia que nuestra vida, palabras y obras, son testimonio de nuestra vida cristiana, para que, todos aquellos que busquen a Dios, puedan encontrarlo a través de nuestro ejemplo, y, también, por medio de nuestra misión como apóstoles del Señor.
Claro es que para convertirnos tenemos que saber de qué nos tenemos que convertir, por eso es necesario que en el silencio y en la oración, meditando la Palabra del Señor, podamos cotejar nuestra vida con la Voluntad de Dios y ver que si en algo hemos fallado o nunca nos hemos preguntado cuál es Su Voluntad, entocnes hagamos un cambio de ritmo o dirección y nos enfoquemos en intentar, con la Gracia de Dios, vivir en santidad. Porque el Señor nos ha dicho: "sed santo como vuestro Padre celestial es santo, y, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto".
También es cierto que a la santidad y la perfección de Dios no llegaremos pues Él es Santo y Perfecto, pero sí alcanzaremos la que Él ha pensado para nosotros desde nuestra pobre humanidad, pues su santidad y perfección radica en el "amáos unos a otros como Yo os he amado", para poder vivir aquello de "los paganos decían de los cristianos. ¡mirad cómo se aman! y el Señor enviaba a esas comunidades a quienes debían salvarse".
Sí, el Amor es nuestra regla básica para saber en qué tenemos que convertirnos. Aprovechemos este tiempo para renovarnos interiormente e intentar que nuestra vida alcance la perfección del Amor.

 

martes, 1 de marzo de 2022

Por la salvación de todos

"Queridos hermanos:
Sobre la salvación de las almas estuvieron explorando e indagando los profetas que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros tratando de averiguar a quién y a qué momento apuntaba el Espíritu de Cristo que había en ellos cuando atestiguaba por anticipado la pasión del Mesías y su consiguiente glorificación".
Antes de comenzar el Tiempo de Cuaresma, san Pablo nos invita a pensar en nuestra salvación, en la salvación de nuestra alma, pues para eso Jesús vino, vivió, murió y resucitó, para la salvación de nuestras almas. Así el tiempo de conversión que vamos a iniciar mañana tendrá sentido para nosotros, pues nos dará motivos para buscar el arrepentimiento y la conversión de nuestras vidas, en lo poco o mucho que nos muestre Dios que tengamos que convertir.
También, no sólo pensando en nuestra salvación personal, sino sabiendo que recibimos un Espíritu que nos hace apóstoles, mensajeros, enviados a anunciar al Buena Noticia a todo el mundo, para que todo el que escuche y crea pueda ser salvado. Por eso es necesario que no sólo pensemos egoístamente en nuestra salvación, sino que, además, pensemos que nuestra vida también es camino de salvación para otros que buscan salvarse.
"Y se les reveló que no era en beneficio propio, sino en el vuestro por lo que administraban estas cosas que ahora os anuncian quienes os proclaman el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo".
Por eso, los sacramentos que administramos en la Iglesia son instrumentos de Gracias para quienes lo reciben con un corazón abierto y dispuesto a hacer la Voluntad de Dios, una Gracia que actúa eficazmente en nosotros y, por nosotros, en nuestros hermanos, pues vivimos unidos por un mismo Espíritu en un mismo Cuerpo, y así nos fortalecemos unos a otros con la misma Gracia.
"Por eso, ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo.
Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia.
Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: «Seréis santos, porque yo soy santos».