jueves, 7 de mayo de 2020

El mandamiento nuevo

San Agustín
Sobre el evangelio de San Juan (Tratado 65,1-3: CCL 36,490-492)
El Señor Jesús pone de manifiesto que lo que da a sus discípulos es un nuevo mandamiento, que se amen unos a otros: Os doy, dice, un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros
¿Pero acaso este mandamiento no se encontraba ya en la ley antigua, en la que estaba escrito: Amarás a tu prójimo como a ti mismo? ¿Por qué lo llama entonces nuevo el Señor, si está tan claro que era antiguo? ¿No será que es nuevo porque nos viste del hombre nuevo después de despojarnos del antiguo? Porque no es cualquier amor el que renueva al que oye, o mejor al que obedece, sino aquel a cuyo propósito añadió el Señor, para distinguirlo del amor puramente carnal: como yo os he amado
Éste es el amor que nos renueva, y nos hace ser hombres nuevos, herederos del nuevo Testamento, intérpretes de un cántico nuevo. Este amor, hermanos queridos, renovó ya a los antiguos justos, a los patriarcas y a los profetas, y luego a los bienaventurados apóstoles; ahora renueva a los gentiles, y hace de todo el género humano, extendido por el universo entero, un único pueblo nuevo, el cuerpo de la nueva esposa del Hijo de Dios, de la que se dice en el Cantar de los Cantares: ¿Quién es ésa que sube del desierto vestida de blanco? Sí, vestida de blanco, porque ha sido renovada; ¿y qué es lo que la ha renovado sino el mandamiento nuevo? 
Porque, en la Iglesia, los miembros se preocupan unos por otros; y si padece uno de ellos, se compadecen todos los demás, y si uno de ellos se ve glorificado, todos los otros se congratulan. La Iglesia, en verdad, escucha y guarda estas palabras: Os doy un mandato nuevo: que os améis mutuamente. No como se aman quienes viven en la corrupción de la carne, ni como se aman los hombres simplemente porque son hombres; sino como se quieren todos los que se tienen por dioses e hijos del Altísimo, y llegan a ser hermanos de su único Hijo, amándose unos a otros con aquel mismo amor con que él los amó, para conducirlos a todos a aquel fin que les satisfaga, donde su anhelo de bienes encuentre su saciedad. Porque no quedará ningún anhelo por saciar cuando Dios lo sea todo en todos. 
Este amor nos lo otorga el mismo que dijo : como yo os he amado, amaos también entre vosotros. Pues para esto nos amó precisamente, para que nos amemos los unos a los otros; y con su amor hizo posible que nos ligáramos estrechamente, y como miembros unidos por tan dulce vínculo, formemos el cuerpo de tan espléndida cabeza.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Unidad de los fieles

Del Tratado de san Hilario. obispo, Sobre la Santísima Trinidad

    Si es verdad que la Palabra se hizo carne, también lo es que en el sagrado alimento recibimos a la Palabra hecha carne; por eso hemos de estar convencidos que permanece en nosotros de un modo connatural aquel que, al nacer como hombre, no sólo tomó de manera inseparable la naturaleza de nuestra carne, sino que también mezcló, en el sacramento que nos comunica su carne, la naturaleza de esta carne con la naturaleza de la eternidad. De este modo somos todos una sola cosa, ya que el Padre está en Cristo, y Cristo en nosotros. Por su carne, está él en nosotros, y nosotros en él, ya que, por él, lo que nosotros somos está en Dios.
    Él mismo atestigua en qué alto grado estamos en él. por el sacramento en que nos comunica su carne y su sangre, pues dice: El mundo ya no me verá; pero vosotros me veréis, porque yo seguiré viviendo y vosotros también; porque yo estoy en mi Padre, y vosotros estáis en mi y yo estoy en vosotros. Si se hubiera referido sólo a la unidad de voluntades, no hubiera usado esa cierta gradación y orden al hablar de la consumación de esta unidad, que ha empleado para que creamos que él está en el Padre por su naturaleza divina, que nosotros, por el contrario, estamos en él por su nacimiento corporal, y que él, a su vez, está en nosotros por el misterio del sacramento. De éste modo se nos enseña la unidad perfecta a través del Mediador, ya que, permaneciendo nosotros en él, él permanece en el Padre y, permaneciendo en el Padre, permanece en nosotros; y, así, tenemos acceso a la unidad con el Padre. ya que, estando él en el Padre por generación natural, también nosotros estamos en él de un modo connatural, por su presencia permanente y connatural en nosotros.
    A qué punto esta unidad es connatural en nosotros lo atestigua él mismo con estas palabras: El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mi, y yo en él. Para estar en él, tiene él que estar en nosotros, ya que sólo él mantiene asumida en su persona la carne de los que reciben la suya.
    Ya antes había enseñado la perfecta unidad que obra este sacramento. al decir: Asi como me envió el Padre que posee la vida y yo vivo por el Padre, de la misma manera quien me come vivirá por mi. Él, por tanto, vive por el Padre; y, del mismo modo que él vive por el Padre, así también nosotros vivimos por su carne.
    Emplea, pues, todas estas comparaciones adecuadas a nuestra inteligencia, para que podamos comprender, con estos ejemplos, la materia de que trata. Ésta es, por tanto, la fuente de nuestra vida: la presencia de Cristo por su carne en nosotros, carnales; de manera que nosotros vivimos por él a la manera que él vive por el Padre.

martes, 5 de mayo de 2020

Los llamaron cristianos

"Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
«¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».
Jesús les respondió:
«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna..."
Los judíos estaban ansiosos por que Jesús no les decía con todas las letras que Él era el Hijo de Dios, el Mesías que iba a venir, el Esperado; por eso, en todo momento, intentaban que se los dijera o que les diera un signo más claro y evidente. Pero, en realidad, no era que no les hablaba claro o que no hacía los signos evidentes, sino que no querían entender y aceptar la verdad que Jesús les estaba mostrando.
Y así, también, nos pasa a nosotros, muchas veces: no queremos aceptar la Voluntad en nuestras vidas, y, seguimos pedimos signos y milagros, pero, en definitiva, solo queremos hacer nuestra voluntad y que Dios se amolde a lo que nosotros queremos.
"Os lo he dicho, y no creéis... Pero vosotros no creéis, poruqe nos ois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz..."
Ser de Cristo, ser cristiano no es sólo llevar un nombre colgado del cuello o una cruz puesta en la oreja, sino es saber escuchar la Voz del Pastor, saber abrir el corazón a la Voluntad de Dios para seguir sus pasos, para poder ir detrás de Él. "Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen".
"Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño..."
Cuando escuchamos la Voz del Pastor, cuando aceptamos Su Voluntad, cuando vivimos según Su Palabra, entonces buscamos la unidad, la armonía en la comunidad, en la familia, somos instrumentos de Dios y por eso constructores del Reino aquí en la Tierra. Es lo que hicieron y fueron cimentando los apóstoles y los discípulos en las primeras comunidades, por eso, el ejemplo de sus vidas les hacía comprender y ver, en las primeras comundiades a Jesús, al Cristo que ellos predicaban por eso:
"Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos fueron llamados cristianos".

lunes, 4 de mayo de 2020

Que juzgue Dios

"En aquellos días, los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión le le dijeron en son de reproche:
«Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos».
Los celos y el apetito de poder han sido causa de dolor desde siempre, como lo vemos en este relato de los Hechos de los apóstoles: los judíos convertidos no querían que los gentiles para ser cristianos no tuvieran que ser primero judíos, querían sólo para ellos la Gracia de la conversión. Pero ese no era el Plan de Dios.
Y ¿por qué sucede esto? Porque nos creemos dueños de juzgar a todo el mundo, conociendo o no conociendo los hechos. Es una particularidad del hombre juzgar, discernir, pero cuando eso se hace sobre las personas y se hace sin caridad y misericordia, ya no es un juicio, sino que es un pre-juicio y caemos en el pecado de creernos mejores que los demás: vanidad y soberbia.
Por eso, Pedro se detuvo a explicarles cómo había sido todo el proceso, el por qué había entrada en casa de gentiles y por qué les había permitido ingresar en la comunidad de los cristianos. Pero ¿tendría Pedro que haberlo explicado? Por caridad Pedro lo explicó, pero cuando uno, como Pedro, se deja conducir por el Espíritu Santo sabe que no tiene por qué dar explicaciones a hombres que no quieren entender.
Por Gracia de Dios, esa comunidad comprendió el por qué. Pero, muchas veces, nos encontramos en nuestra familia, en nuestras comunidades, con gente que no quiere comprender y se queda sentada sobre sus propios juicios y se vuelve un escándalo para la comunidad, porque al negarse a aceptar la Voluntad de Dios, se transforma en instrumento de desunión, de división en la familia, en la comunidad.
"Pero la voz del cielo habló de nuevo: “Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano”. Esto sucedió hasta tres veces, y de un tirón lo subieron todo de nuevo al cielo.
En aquel preciso momento llegaron a la casa donde estábamos tres hombres enviados desde Cesarea en busca mía. Entonces el Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin dudar".
Cuando estamos libres de nosotros mismo y de nuestros pre-juicios, y libres de nuestro apetito de poder, podemos llegar a ser grandes instrumentos en las manos de Dios, dejándonos llevar por el Espíritu por dónde el Padre quiera. Pero cuando el pecado se apodera de nosotros, nos volvemos tan tercos que terminamos no obedeciendo la Voluntad de Dios, para hacer lo que a nosotros nos interesa, y así no construimos el Reino de los Cielos en la tierra, porque somos nosotros quienes juzgamos a los que tienen que ser salvados, y no lo dejamos a Dios actuar para la salvación de los Hombres, incluso en la mía propia.

domingo, 3 de mayo de 2020

Jesús, el Buen Pastor

De las Homilías de san Gregario Magno, papa, sobre los Evangelios

    Yo soy el buen Pastor, y conozco a mis ovejas, es decir, las amo, y ellas me conocen a mi. Es como si dijese con toda claridad: «Los que me aman me obedecen.» Pues el que no ama la verdad es que todavía no la conoce.
    Ya que habéis oído, hermanos, cuál sea nuestro peligro, pensad también, por estas palabras del Señor, cuál es el vuestro. Ved si sois verdaderamente ovejas suyas, ved si de verdad lo conocéis, ved si percibís la luz de la verdad. Me refiero a la percepción no por la fe, sino por el amor y por las obras. Pues el mismo evangelista Juan, de quien son estas palabras, afirma también: Quien dice: «Yo conozco a Dios», y no guarda sus mandamientos, miente.
    Por esto el Señor añade, en este mismo texto: Como el Padre me conoce a mi, yo conozco al Padre y doy mi vida por mis ovejas, lo que equivale a decir: «En esto consiste mi conocimiento del Padre y el conocimiento que el Padre tiene de mí, en que doy mi vida por mis ovejas; esto es, el amor que me hace morir por mis ovejas demuestra hasta qué punto amo al Padre.»
Referente a sus ovejas, dice también: Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy vida eterna. Y un poco antes había dicho también acerca de ellas: El que entre por mi se salvará, disfrutará de libertad para entrar y salir, y encontrará pastos abundantes. Entrará, en efecto, al abrirse a la fe, saldrá al pasar de la fe a la visión y la contemplación, encontrará pastos en el banquete eterno.
    Sus ovejas encontrarán pastos, porque todo aquel que lo sigue con un corazón sencillo es alimentado con un pasto siempre verde. ¿Y cuál es el pasto de estas ovejas, sino el gozo íntimo de un paraíso siempre lozano? El pasto de los elegidos es la presencia del rostro de Dios, que, al ser contemplado ya sin obstáculo alguno, sacia para siempre el espíritu con el alimento de vida.
    Busquemos, pues, queridos hermanos, estos pastos, para alegrarnos en ellos junto con la multitud de los ciudadanos del cielo. La misma alegría de los que ya disfrutan de este gozo nos invita a ello. Por tanto, hermanos, despertemos nuestro espíritu, enardezcamos nuestra fe, inflamemos nuestro deseo de las cosas celestiales; amar así es ponernos ya en camino.
    Que ninguna adversidad nos prive del gozo de esta fiesta interior, porque al que tiene la firme decisión de llegar a término ningún obstáculo del camino puede frenarlo en su propósito. No nos dejemos seducir por la prosperidad, ya que sería un caminante insensato el que, contemplando la amenidad del paisaje, se olvidara del término de su camino.

sábado, 2 de mayo de 2020

El no tan Dulce Jesús

"En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:
«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?».
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:
«¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, hay algunos de vosotros que no creen».
Por lo general, se nos ha enseñado, o nos hemos educado, creyendo solo en un Jesús dulce y bueno, que no salen de sus labios palabras duras y fuertes, sin embargo, no es sólo nuestra impresión, sino que era la impresión de aquellos discípulos que lo acompañaban. Y es lógico que siempre esperemos, no sólo de Jesús sino también de muchos otros, palabras dulces y halagadoras, porque hemos sido creados para ser felices y, pareciera que las palabras duras no nos dejan ser felices sino que nos muestran aquello que no queremos ver.
Sin embargo, como Jesús mismo dice: "las palabras que os he dicho son espíritu y vida". ¿Por qué son espíritu y vida? Porque siempre lo que Jesús quiere para nosotros es lo que el Espíritu, que es Don del Padre, sabe lo que necesitamos y qué es lo que nos hace bien. Él siempre va a hablar para hacer madurar nuestro espíritu y para que, así, encontremos el Camino de la salvación.
Nos gustaría que siempre nos dijeran halagos, pero es necesario que, también, los que nos quieren de verdad, nos ayuden a mejorar y mostrarnos, por eso, nuestros defectos y errores para que aprendamos a corregirlos y a crecer. Aunque, muchas veces lo decimos: me gusta que me digan siempre la verdad, no siempre recibimos la verdad con agrado y sabiendo que esa verdad nos hará bien. Sino que, a veces, ante la verdad le ladramos a quién nos lo dice, y, en otros casos, le damos vuelta la cara para no tener que seguir escuchándolos.
Por eso mismo, cuando Jesús les hablaba del Camino a la Salvación, y ya no les mostraba sólo los milagros, sino el esfuerzo que, cada uno, tendríamos que hacer para alcanzar la Salvación, entonces, eso ya no era lindo y gozoso para nuestros oídos, por eso la exclamación. "este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?" Y, por eso, muchos cristianos (que se hacen llamar cristianos) no le hacen caso a Cristo, sino que le hacen más caso a las cartas, al horóscopo, a Buda, a las religiones orientales... buscando un camino más fácil y cómodo para llegar a Dios, y dejan de lado el llamado de Jesús: "quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue la cruz de cada día y sígame"...

viernes, 1 de mayo de 2020

José y María

"Todo lo que puedan decir o realizar, háganlo siempre en nombre del Señor Jesús, dando gracias por él a Dios Padre.
Cualquiera sea el trabajo de ustedes, háganlo de todo corazón, teniendo en cuenta que es para el Señor y no para los hombres. Sepan que el Señor los recompensará, haciéndolos sus herederos. Ustedes sirven a Cristo, el Señor".
Comenzar el mes de Mayo es pensar en la persona de San José, el padre de Jesús, el carpintero, el trabajador, pero, también, es pensar en María, pues comenzamos el més de las Flores a María, del hermoso rezo del rosario diario para ofrecerle a María, no sólo nuestra oración sino, también, nuestro corazón.
José y María hoy nos muestran un camino a recorrer, desde el silencio y la oración, el hacer todo por el Señor y para el Señor, porque lo demás vendrá por añadidura. La búsqueda de la Voluntad de Dios en sus vidas nos ayuda a descubrir cuánto nos falta, a nosotros, por llegar a comprender y aceptar que ese es el único camino de perfección y plenitud.
José y María, además nos muestran con sus vidas que la confianza y el abandono en Manos del Padre no nos va a quitar ninguna piedra del camino, no nos va a quitar ningún dolor por vivir, ni ninguna noche oscura por pasar, sino que todo eso y mucho más podremos vivir y superar con la ayuda de Su Gracia, si nuestras vidas están, verdaderamente, en Sus Manos.
José y María, nos enseñan que sólo el Amor a Dios y al otro nos puede mantener unidos en todo momento, no sólo en los más bellos y gustosos, sino, sobre todo, en los de más dolor e incertudumbre, pues son los momentos de más inseguridad los que ellos pasaron juntos y vivieron en una profunda unidad en el amor entre ellos y hacia Dios.
José y María, nos ayudarán en estos momentos y en estos días, a superar la tristeza y la oscuridad que produce el tener que despedirse de los seres más queridos, sabiendo que en la Casa del Padre estarán esperándonos para compartir juntos la gloria de la eternidad. Pues ellos dos, como nosotros, también han vivido el dolor de la enfermedad, y de la muerte no sólo de un esposo, sino también la del Hijo Único.
Ellos, María y José, son para nosotros el ejemplo más vivo y más claro para comprender y aceptar que el Amor a Dios no sólo son palabras bonitas, sino que es una vida entregada y confiada, que alcanza a quien la vive la plenitud y la perfección de la santidad.