viernes, 14 de diciembre de 2018

A quién le hago caso?

Hoy la liturgia nos presenta dos cortas lecturas, pero con un profundo sentido y con mucho para pensar y reflexionar.
La primera lectura, seguimos con Isaías:
"Esto dice el Señor, tu libertador, el Santo de Israel:
«Yo, el Señor, tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir.
Si hubieras atendido a mis mandatos, tu bienestar sería como un río, tu justicia como las olas del mar; tu descendencia como la arena, como sus granos, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido aniquilado, ni eliminado de mi presencia».
No sólo vemos un rostro de Dios libertado y Señor de todo, sino que son palabras que cualquier padre o madre podría decirle a sus hijos, porque todos los padres quieren lo mejor para sus hijos y por eso, a pesar de las debilidades y errores, ellos quieren educar y mostrar el mejor de los caminos a recorrer. Quuizás como hemos escuchado muchas veces: "no quiero que te equivoques como yo lo hice", o "aprende de los errores de los demás".
Pero nosotros, los hijos, hemos pensado o dicho: "quiero aprender con mis propios errores porque soy libre", y nadie quiere quitarte la libertad, nadie quiere esclavizarte, sino que queremos transmitir la sabiduría que nos da la experiencia de los años.
Y si así actúan los padres que, como dice Jesús en una parábola: "si ustedes que son malos pueden dar cosas buenas a sus hijos ¡cuánto más mi padre del Cielo!" Pero ese dar cosas buenas a los hijos no siempre es darles lo que quieren y lo que les gusta, sino darles lo que necesitan y mostrarles el camino hacia el Bien. Por eso dice el Señor: "Yo, el Señor, tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir".
El Camino no sólo está marcado, sino que está recorrido, ahora nos toca a cada uno discernir y elegir ¿qué camino queremos recorrer? Y depende de la decisión que tomemos será el resultado del final del camino. Por eso mismo sigue diciendo el Señor: "si hubieras atendido a mis mandatos, tu bienestar sería como un río..." Que es lo mismo que nos han dicho nuestro padres cuando hemos llegado a casa llorando o tristes por los resultados de una mala decisión: "ya te lo dije... pero no quisiste hacer caso".
Y a veces hemos respondido o solemos responder: "pero si me hubieras obligado..." Y así vamos, si me lo dicen porque me quieren cortar la libertad, si no me obligan porque no me quieren...
Dice Jesús, hablando de esta generación (y era la de hace dos mil años...)
"Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo:
"Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado".
Y bueno... seguimos pensando... que decisión tomar o a quién hacerle caso, a mi yo humano o mi Dios y Señor.

jueves, 13 de diciembre de 2018

En quién tengo puesta mi esperanza?

"Yo, el Señor, tu Dios, te tomo por tu diestra y te digo:
«No temas, yo mismo te auxilio».
No temas, gusanillo de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del Señor- tu libertador es el Santo de Israel".
En los momentos más duros y oscuros llega la Voz del Señor para darnos esperanzas, para recordarnos Quién es el que tiene el poder sobre todo y en Quién debemos poner nuestra esperanza. Porque, muchas veces, ponemos nuestra esperanza en cosas, en personas humanas, pero no pueden darnos la seguridad que nos da el Señor del Universo, porque, todos somos imporfectos, todos somos falibles.
Cuando ponemos nuestra esperanza en las cosas de este mundo esa esperanza es efímera porque las cosas pasan, se estropean, y hasta nos la pueden robar, y con ellas se marcha nuestra esperanza.
Cuando ponemos nuestra esperanza en personas humanas esa esperanza dura lo que puede durar el cariño, o la fidelidad, o los celos, porque todos podemos cambiar de opinión, todos podemos cometer errores, y así, con esas cosas se acaba nuestra esperanza porque se terminó nuestra confianza en esa persona porque no obró como yo quería, porque no dijo lo que yo esperaba, porque no estuvo cuando lo necesitaba...
Pero si ponemos nuestra esperanza en el Señor entonces todo cambia, porque soy yo quién tiene que cambiar su forma de pensar, de ver, de sentir. Es el Señor quien tiene la Palabra que da Vida, es el Señor quien puede darme Vida, y por eso, es una Esperanza que salva, que sana, que fortalece y que alienta en todo momento.
Pero el Señor me pide que confíe en Él, que sepa que Él es el Señor y no yo, por eso a su Pueblo lo llama con palabras que pueden sonar muy duras, pero que en sí lo hace con cariño: "gusanillo de Jacob", habla de la pequeñez, pero de una pequeñez transformadora, pues en las manos del Señor el gusanillo se transformará en mariposa que cambia su suerte por algo mejor, porque el Señor es quien transforma la vida de los que en confían.
Es cierto, también, que nos parece que el Señor se ha alejado de nosotros, que nos ha dejado solos, pero eso nos pasa porque siempre esperamos algo concreto: queremos que nos diga tal cosa, que tal cosa salga de este modo, que lo que espero sea así o asá, y entonces como lo que espero no viene en el formato que quiero, entonces parece que no hay respuestas del otro lado.
"El que tenga oídos que oiga", nos dice Jesús. Porque cuando realmenten necesitamos escuchar una Palabra de aliento, o un buen consejo, lo oímos en cualquier lado, pero cuando estamos cerrados a ver algo que no nos gusta, entonces somos los más ciegos y sordos del mundo. El Señor nos está hablando constantemente, pero no siempre estamos dispuestos a escucharlo porque no siempre queremos escucharlo, nos cerramos a que sea Él quien nos cambie los planes y proyectos de nuestra vida, que nos camibe la forma de mirar o pensar, y hasta incluso, algunas veces, que me cambie este modo de estar desesperanzado y triste, porque así puedo excusarme de mi situación y no hacer Su Voluntad.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Deja al autosuficiencia y pide ayuda al Señor

El Profeta Isaías le decía al Pueblo de parte de Dios:
"Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan".
Y Jesús nos repite:
«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Sabe el Padre y el Señor de nuestra fragilidad, de nuestra debilidad. Ellos conocen nuestro ser porque el Padre nos ha formado desde el vientre de nuestras madres y sabe cuánto podemos y hasta dónde podemos, por eso quieren ser Ellos nuestra Fortaleza en todo momento, pues conocen y comprenden nuestra debilidad. Jesús, que ha probado en su propia carne la debilidad de la naturaleza humana se compadece de nosotros porque Él supo del dolor, de la soledad, de la traición, de cuánto duele la separación de los seres queridos, de la tristeza y de la agonía, se hace para nosotros fuerza, gozo, y, sobre todo, se hace cireneo para ayudarnos a llevar nuestra Cruz.
Es cierto que cuando nos sentimos cansados y agobiados buscamos el descanso y la paz, pero no siempre la buscamos donde mejor la podemos encontar, porque, muchas veces, nos encerramos en nuestra propia soledad y buscamos salidas que no nos dejan el alma en paz sino que son quitan el cansancio del cuerpo, pero nada más. Jesús quiere venir en nuestra ayuda en esos momentos, pero somos nosotros los que tenemos que salir a su Encuentro, pues no quiere asumir Él lo que nosotros debemos buscar.
Y así el salir de nosotros mismos para ir a Su Encuentro es lo que nos ayuda a mirar fuera de nosotros y descubrir que en Él está nuestra salvación, en Él está nuestar fuerza, en Él está nuestro verdadero gozo, porque solo su Yugo y su Carga son liviana para mí, pues Él las lleva conmigo.
Hay momentos en los que las cargas de todos los días nos quitan la perspectiva de lo que estamos viviendo, y creemos que podemos llevar solos aquello que el Padre ha pensado que me ayuden a llevarlos otros, pero la autosuficiencia con que siempre me he movido, hace que crea que puedo, porque tengo en mi cabeza aquella mentira de "querer es poder", y sólo cuando caigo bajo el peso de las cargas y no tengo ya nada que perder, es cuando pido ayuda para poder llevarlas.
Y me olvido que las cargas que el Padre pone sobre mis hombres, quiere Él llevarlas conmigo, no pretende que las lleve solo, sino que simepre enviará a alguien que me de una mano, como lo hizo con Jesús en el Camino del Calvario. Pero ¿cómo hago para quitar de mi corazón mi orgullo y autosuficiencia? Deja de lado tu orgullo y permite que otros puedan acompañarte, deja que otros te ayuden a cargar con lo que tú no puedes, pero no esperes a mañana, pues mañana puede ser tarde. Cuando sientas el peso en el hombre levanta la mirada y busca al Señor, seguramente te abrirá los ojos y sanará tu corazón para que veas dónde está la aydua que buscas y necesitas.

martes, 11 de diciembre de 2018

Grita con tu vida

"Dice una voz: «Grita».
Respondo: «¿Qué debo gritar?».
«Toda carne es hierba y su belleza corno flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; sí, la hierba, es el pueblo; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre».
La misión del profeta es alzar la voz, porque lo que tiene que anunciar viene de Dios y no de él. No se puede no hablar cuando la Palaba llena el corazón y hace que los labios pronuncien lo que sienten, lo que viven, lo que anhelan. Dios llena el corazón del profeta con sus Palabras e implora al profeta que las proclame, que no se quede callado, porque es el que anuncia una buena noticia o el que advierte de un peligro. El profeta nunca puede dejar en el olvido las Palabras del Señor, porque su misión es anunciar aunque no le guste lo que ha recibido de parte del Señor.
Si bien esta lectura nos habla de que el profeta anuncia el consuelo para Jerusalén porque llega el Señor, aún así le habla de lo efímero que es la vida sobre la tierra, y de la eternidad de la Palabra de Dios, puesto que es la Palabra lo que le da eternidad a la vida del hombre. Cuando el hombre recibe la Palabra no sólo recibe una palabra, sino que recibe el mismo Espíritu del que nos dirige la palabra y nos invita y nos conduce por un Camino Nuevo hacia nuestra salvación.
Hoy somos nosotros los nuevos profetas de este siglo, y por eso tenemos que saber escuchar la Palabra de Dios para que vaya penetrando en nuestro corazón y nuestros labios puedan anunciar lo que Dios quiere, pero, fundamentalmente lo anunciará nuestra vida toda, porque la Palabra que el hombre de hoy escuchará es la Vida misma del cristiano. Cuando el cristiano no es coherente con su vida y su palabra entonces da un mensaje distorsionado y los que buscaban a Dios en esa vida no lo encontrarán, o encontrarán un camino distorsionado que no los conducirá a la salvación, sino a la perdición.
De este modo vuelven a sonar las palabras de San Juan Bautista: "preparad el camino, allanad los senderos", preparémonos para que no seamos un obstáculo o un estorbo en el camino de aquellos que buscan a Dios, sino que, todo lo contario, nuestra vida llena de Dios sea una lámpara que ilumine el al que busca con sincero corazón.
Sabiendo de nuestra misión anunciemos con nuestra vida la llega del Señor, anunciemos con nuestra vida la alegría de ser cristianos, anunciemos con todo nuestro ser el gozo de haber encontrado el camino de la salvación y mostremos con sinceridad la Vida que Cristo nos ha dado.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Dios nos habló por medio de su Hijo

Del Tratado de san Juan de la Cruz, presbítero, Subida del monte Carmelo

    La principal causa por que en la ley de Escritura eran lícitas las preguntas que se hacían a Dios y convenía que los profetas y sacerdotes quisiesen revelaciones y visiones de Dios era porque aún entonces no estaba bien fundamentada la fe ni establecida la ley evangélica, y así era menester que preguntasen a Dios y que él hablase, ahora por palabras, ahora por visiones y revelaciones, ahora en figuras y semejanzas, ahora entre otras muchas maneras de significaciones. Porque todo lo que respondía, y hablaba, y revelaba eran misterios de nuestra fe y cosas tocantes a ella o enderezadas a ella.
    Pero ya que está fundada la fe en Cristo y manifiesta la ley evangélica en esta era de gracia, no hay para qué preguntarle de aquella manera, ni para qué él hable ya ni responda como entonces, porque en darnos, como nos dio, a su Hijo, que es una Palabra suya -que no tiene otra-, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar.
    Y éste es el sentido de aquella autoridad con que comienza san Pablo a querer inducir a los hebreos a que se aparten de aquellos modos primeros y tratos con Dios de la ley de Moisés y pongan los ojos en Cristo solamente, diciendo: Lo que antiguamente habló Dios en los profetas a nuestros padres de muchos modos y de muchas maneras, ahora, a la postre, en estos días nos lo ha hablado en el Hijo todo de una vez. En lo cual da a entender el Apóstol que Dios ha quedado como mudo y no tiene más que hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en él todo, dándonos al Todo, que es su Hijo.
    Por lo cual. el que ahora quisiese preguntar a Dios o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad.
    Porque le podría responder Dios de esta manera: «Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en él, porque en él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas.
    Porque desde aquel día que bajé con mi Espíritu sobre él en el monte Tabor, diciendo: Éste es mi amado Hijo en que me he complacido; a él oíd, ya alcé yo la mano de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas y se la di a él. Que si antes hablaba, era prometiendo a Cristo; y si me preguntaban, eran las preguntas encaminadas a la petición y esperanza de Cristo, en que habían de hallar todo bien como ahora lo da a entender toda la doctrina de los evangelistas y apóstoles.»

domingo, 9 de diciembre de 2018

Preparad el camino al corazón

"Testigo me es Dios del amor entrañable con que os quiero, en Cristo Jesús. Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores.
Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios".
Hermosas y sentidas palabras de San Pablo a los Filipenses, que, al igual que la lectura de Baruc, nos invita a la alegría en la esperanza de saber que ya llega nuestra salvación, a la alegría en la esperanza de sabernos salvados por Cristo, por ese Cristo que va a nacer y que viene a quedarse entre y con nosotros. La alegría de la esperanza es el sentimiento que nos ayuda en los momentos de oscuridad y tristeza, porque no hace mirar hacia más adelante y más afuera de nosotros mismos, sabiendo que la ayuda viene de Dios, que la fortaleza viene de Dios, que la Luz viene de Dios, que la salvación nos la ha dado el Señor por Amor a nosotros.
Que no es fácil en los momentos de dificultad, cruz u oscuridad alzar la cabeza y buscar al Señor en lo alto, seguro; pero si no intentamos buscarlo en lo alto seguiremos cayendo hacia lo más profundo de la tristeza y la desesperación de no encontrar solución a nuestro dolor. En cambio el Señor nos promete sacarnos de nuestra oscuridad, librarnos de nuestro pecado y llevarnos por Caminos de Vida hacia la salvación.
Por eso San Juan Bautista anunciaba, antes de la llegada de Jesús, un bautismo de conversión, les ayuda a las gente de su tiempo a descubrir un camino de cambio para poder "ver" al que iba a venir, pues no se puede ver bien si tenemos la mirada ocupada en nuestros dolores, en nuestros pecados, en nuestros vicios, en nosotros mismos. Cuando nuestro ojos sólo miran nuestro ombligo nunca podrán descubrir lo que hay fuera de nosotros y que nos quiere dar un motivo de esperanza y consuelo.
Por eso, como el Profeta, Juan Bautista era:
«Voz del que grita en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos;
los valles serán rellenados,
los montes y colinas serán rebajados;
lo torcido será enderezado,
lo escabroso será camino llano.
Y toda carne verá la salvación de Dios».
La Voz que suena en nuestros corazones y nos invita a descubrir que aún no estamos en siendo Fieles como pensamos, que aún nos falta para poder entregarnos totalmente al Señor, que aún hay cosas en nuestros corazones a las que no hemos renunciado y que nos impiden recibir la Gracia necesaria para alcanzar la santidad que el Señor quiere de nosotros.
"Preparad el camino", ese camino que lleva de la cabreza al corazón, para que todo lo que decimos saber acerca de nuestra vida, todo lo que decimos que debemos hacer en nuestra vida, todo lo que decimos que tenemos que vivir, lo podamos vivir, lo podamos hacer, lo podamos llevar a plenitud, con la ayuda de la Gracia de Dios, a nuestra vida cotidiana.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Esclava del amor

Siempre me ha sorprendido, y no dejará de hacerlo, la respuesta de María al Ángel:
"He aquí la esclava del Señor".
¿Por qué me sorprende? Porque a ninguno de nosotros nos gustaría ser esclavo de nadie, menos en la vida espiritual, y ni qué hablar en la vida de todos los días en estos tiempos que corremos. Hoy, más que nunca en todos los tiempos, se ha impuesto la Ley de la libertad, pero una libertad tan distorsionada y mal usada que, en algunos casos, da asco ver cómo viven la libertad, pues los que portan la pancarta de la libertad no dejan a los que piensan diferente ser libres.
Y por eso y por tantas otras cosas me sigue sorprendiendo la "esclavitud" de María, porque para decir lo que Ella dijo hay que tener una clara conciencia de lo que eso significa, pero también una confianza enorme del Otro para dejarle mi vida en sus manos. Claro es que nos estamos ovlidando de algo muy especial que para vivir esta esclavitud que María profesa hay que amar como María amó al Señor. Si se conoce a Dios como lo conocía María no hay problemas de entregarle por entero la vida.
Pensamos en "esclavitu" y creemos que perdemos libertad, sin embargo María ha alcanzado la más bella de las libertades, pues su libertad fue purificada por el Espíritu y confirmada por la decisión de ser Fiel a la Vida que había recibido: "hágase en mí según tu palabra", pero no sólo en ese momento y en ese día, sino para toda su vida, porque la esclavitude María era a la Palabra de Dios que buscaba lo mejor para Ella, para que alcanzara el Ideal que tenía en su corazón, porque Ella, como dicen los Padres de la Iglesia, "antes de concebir al Hijo de Dios en su vientre había concebido a la Palabra en su corazón".
Nos eseña así María que ante el temor que tuvo al comienzo del anuncio prevaleció la confianza en el amor que tenía en su Dios y Señor, porque si bien el Ángel le dijo "no temas María" porque Ella se turbó ante sus palabras (como cualquiera lo hubiéramos hecho si viene un ángel a hablarnos) pero mientras se iba produciendo el diálogo y surgían sus dudas, así también se fortalecía su confianza en el Amor del Señor. Y la Gracia que Dios le dispensó la fortaleció para vivir en Fidelidad.
Así María se nos presenta hoy como modelo de disponibilidad ante la Voluntad de Dios, como modelo de mujer libre y Hombre pleno, que nos lleva a cotejar nuestro modo de vida cristiana con el modo de vivir de Ella, nuestra Madre y Modelo, porque no sólo el Señor nos la ha regalado como Madre, sino que el Pueblo entero la ama como Madre y la recuerda como modelo de mujer e imagen del Hombre Nuevo que nació de su vientre y nos dio un Camino a recorrer para alcanzar la plenitud de nuestro ser.