domingo, 14 de octubre de 2018

Vende todo y sígueme

«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».
Jesús le contestó:
«¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios".
A veces creemos que por decirle a alguien que es "bueno" (se dice aquí en España "hacer la pelota", en argentina sería un adulador o "chupamedias") podemos llegar a obtener de ese alguien las respuestas que queremos o que haga lo que queremos. Quizás esa no haya sido la intención del este muchacho del evangelio, pero... me parece una apreciación acertad, no por la pregunta sino por la próxima respuesta.
"Ya sabes lo que tienes que hacer... Maestro todo eso lo he cumplido desde mi juventud"... respondió con el corazón henchido, quizás, de vanidad por ser un buen cumplidor de los mandamientos.
Y fijáos lo que dice el evangelio, sobre Jesús:
"Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo..."
Para exigirle algo más ya que él quería algo más para su vida, primero lo amó. Y con todo su amor le dijo:
«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven sígueme»
Sí, el amor es exigente. Y nuestra vida cristiana está fundada y fundamentada en el Amor Total de un Dios que se entregó por nosotros, aún cuando éramos pecadores. ¿No puede acaso ese Amor exigirnos, cada día, una mayor entrega de nuestra vida? ¿Que tenemos que vender, todavía, de nuestros bienes para dejarnos llenar por el Señor?
"A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste, porque era muy rico".
No son pocos los que han comenzado una vida cristiana teniendo a Jesús por "Bueno", pero cuando el Jesús Bueno se puso "exigente en el Amor", dieron media vuelta y se fueron a buscar otros Jesuses que resultaran más "favorables" a sus propios intereses.
Es ahí cuando descubrimos que el decirle a Jesús "Mastro Bueno" no es por su bondad, sino porque queremos sacar partido de nuestra relación con Él. Pero Él sabe lo que piensa nuestro corazón y sabe que, seguramente, cuando nos exija algo más dejaremos de pensar en Él como el Bueno.
Y esto es lo que nos pasa, también, entre nosotros. Muchas veces nos hemos encontrado con gente que nos dice lo buenos y lo bárbaros que somos, lo geniales y bla, bla, bla... pero cuando nuestros consejos o nuestras palabras no les gustan ya dejamos de ser "tan buenos" y "tan geniales" y por eso van en busca de otros que digan lo que quieren escuchar.
Es en ese momento cuando Jesús nos dice: "vende todos tus bienes y sígueme". Deja de lado tus criterios humanos y descubre que en esa exigencia está la fuerza del Amor para que alcances la plenitud de la santidad que el Espíritu Santo quiere construir en tí. Deja de lado los criterios del mundo que te llevan por caminos que no son santos ni cristianos, vende esa forma de actuar y actúa como verdadero hijo de Dios que quiere seguir en fidelidad el Evangelio. Vende tu propio Yo al auténtico creador de tu vida y verás cómo, con su Gracia, puedes alcanzar a vivir lo que el Señor, con su Amor, te invita a vivir, pues Él mismo nos lo dijo:
«Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando. y les dijo:
«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».

sábado, 13 de octubre de 2018

san Gregorio Magno

San Gregorio Magno
Homilías sobre los evangelios 17,3.14
Escuchemos lo que dice el Señor a los predicadores que envía a sus campos: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies. Por tanto, para una mies abundante son pocos los trabajadores; al escuchar esto, no podemos dejar de sentir una gran tristeza, porque hay que reconocer que, si bien hay personas que desean escuchar cosas buenas, faltan, en cambio, quienes se dediquen a anunciarlas. Mirad cómo el mundo está lleno de sacerdotes, y, sin embargo, es muy difícil encontrar un trabajador para la mies del Señor; porque hemos recibido el ministerio sacerdotal, pero no cumplimos con los deberes de este ministerio.
Pensad, pues, amados hermanos, pensad bien en lo que dice el Evangelio: Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies. Rogad también por nosotros, para que nuestro trabajo en bien vuestro sea fructuoso y para que nuestra voz no deje nunca de exhortaros, no sea que, después de haber recibido el ministerio de la predicación, seamos acusados ante el justo Juez por nuestro silencio. Porque unas veces los predicadores no dejan oír su voz a causa de su propia maldad, otras, en cambio, son los súbditos quienes impiden que la palabra de los que presiden nuestras asambleas llegue al pueblo.
Efectivamente, muchas veces es la propia maldad la que impide a los predicadores levantar su voz, como lo afirma el salmista: Dios dice al pecador: «¿Por qué recitas mispreceptos?» Otras veces, en cambio, son los súbditos quienes impiden que se oiga la voz de los predicadores, como dice el Señor a Ezequiel: Te pegaré la lengua al paladar, te quedarás mudo y no podrás ser su acusador, pues son casa rebelde. Como si claramente dijera: «No quiero que prediques, porque este pueblo, con sus obras, me irrita hasta tal punto que se ha hecho indigno de oír la exhortación para convertirse a la verdad.» Es difícil averiguar por culpa de quién deja de llegar al pueblo la palabra del predicador, pero, en cambio, fácilmente se ve cómo el silencio del predicador perjudica siempre al pueblo y, algunas veces, incluso al mismo predicador.
Y hay aún, amados hermanos, otra cosa, en la vida de los pastores, que me aflige sobremanera; pero, a fin de que lo que voy a decir no parezca injurioso para algunos, empiezo por acusarme yo mismo de que, aun sin desearlo, he caído en este defecto, arrastrado sin duda por el ambiente de este calamitoso tiempo en que vivimos.
Me refiero a que nos vemos como arrastrados a vivir de una manera mundana, buscando el honor del ministerio episcopal y abandonando, en cambio, las obligaciones de este ministerio. Descuidamos, en efecto, fácilmente el ministerio de la predicación y, para vergüenza nuestra, nos continuamos llamando obispos; nos place el prestigio que da este nombre, pero, en cambio, no poseemos la virtud que este nombre exige. Así, contemplamos plácidamente cómo los que están bajo nuestro cuidado abandonan a Dios, y nosotros no decimos nada; se hunden en el pecado, y nosotros nada hacemos para darles la mano y sacarlos del abismo.
Pero, ¿cómo podríamos corregir a nuestros hermanos, nosotros, que descuidamos incluso nuestra propia vida? Entregados a las cosas de este mundo, nos vamos volviendo tanto más insensibles a las realidades del espíritu, cuanto mayor empeño ponemos en interesarnos por las cosas visibles.
Por eso, dice muy bien la Iglesia, refiriéndose a sus miembros enfermos: Me pusieron a guardar sus viñas; y mi viña, la mía, no la supe guardar. Elegidos como guardas de las viñas, no custodiamos ni tan sólo nuestra propia viña, sino que, entregándonos a cosas ajenas a nuestro oficio, descuidamos los deberes de nuestro ministerio

viernes, 12 de octubre de 2018

María, nuestro Pilar

"Jesús le respondió: «Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.»
Y esa fue la gran felicidad de María: saber escuchar la Palabra de Dios y practicarla, no dejarla solamente guardada para algunos momentos, sino "conservarla y meditarla en su corazón" para que esa Palabra se haga vida en Ella, y así, el Verbo pudo hacerne carne en su seno, porque primero había sido la Palabra quien había llenado la vida de María.
Y con esa misma fidelidad que tuvo al Padre, también la tuvo con la Palabra del Hijo, aquella palabra que en el momento culminante de su vida le dirigió: "Mujer, ahí tienes a tu hijo", y desde ese momento María no se separó de ninguno de sus hijos, y en los momentos de mayor adversidad, soledad o dolor, Ella siempre estuvo presente así como estuvo presente en los peores momentos de la Vida de su Hijo, y supo acompañarlo hasta la muerte en Cruz, así lo está con cada uno de nosotros.
Por eso, en Aquél Pilar de Zaragoza Ella vino a acompañar a Santiago, a fortalecer su esperanza y encender, otra vez, su pasión por la predicación, para que ante la frialdad del pueblo no decayera su decisión de seguir anunciando la Buena Noticia.
Y hoy María en el Pilar de Zaragoza nos viene a alentar, como en aquél momento, para que nuestra fe no pierda el fuego del Espíritu Santo, para que nuestra Esperanza de ser constructores de un Hombre Nuevo que sea protagonista de un Mundo Nuevo no decaiga, y, sobre todo, para que nuestro Amor por Dios y por los hombres sea cada día más intenso, para poder, así, entregar como Santiago nuestra vida por anunciar con Amor la Palabra de Dios.
María siempre estará junto a nosotros, quizás no la veamos sobre el Pilar, quizás no la encontremos en ningún lugar, pero como una verdadera Madra Ella siempre estará cerca para sostenernos, como una verdadera Madre Ella siempre mirará nuestro caminar y se alegrará con nuestras alegría y llorará con nuestras tristezas, gozará con nuestra virtud y se dolerá de nuestro pecado, pero nunca rechazará a ninguno de sus hijos, porque en cada uno de nosotros, Ella ve a su Único Hijo.

jueves, 11 de octubre de 2018

Pedir y se os dará... ¿qué pedimos?

En alguna de sus cartas san Pablo nos dice que no recibimos porque no sabemos pedir, pues si lo dejásemos al Espiritu Santo que mora en nosotros que Él pida al Padre por nosotros sí que recibiríamos más de lo que pedimos. Pero no es así, no siempre dejamos que el Espíritu Santo nos inspire lo que tenemos que pedir, y, muchas veces, ni siquiera pedimos el Espíritu para poder estar en relación con el Padre.
Algo así le debe haber pasado a la comunidad de los Gálatas con quienes san Pablo tiene palabras muy duras:
"¡Oh insensatos Gálatas!
¿Quién os ha fascinado a vosotros, a cuyos ojos se presento a Cristo crucificado?
Solo quiero que me contestéis a esto: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley,o por haber escuchado con fe?
¿Tan insensatos sois? ¿Empezasteis por el espíritu para terminar con la carne?
¿Habéis vivido en vano tantas experiencias? Y si fuera en vano..."
Tantas experiencias de fe hemos tenido junto al Señor, tantos gestos y milagros ha obrado en y con nosotros, que no siempre los tenemos en cuenta porque no estamos pendientes de ellos, sino de lo que nosotros creemos que nos hace falta y no lo tenemos. Vivimos más pendiente de lo que pasa a nuestro alrededor, de lo que nos falta en la vida, y por eso nos olvidamos de los bienes espirituales y del Espiritu que habita en nosotros para que nos ayude a encontar el camino de la paz, el camino del perdón, el camino de la santidad.
Claro que pedimos. Siempre pedimos. Porque siempre tenemos en cuenta lo que nos dijo Jesús: "Pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá", pero siempre nos olvidamos de la última parte de esta parábola:
"¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?"
No pedimos el Espñiritu Santo para que nos ayude a ver, a discernir, a tener fuerzas para llevar la Cruz, para decirle que sí al Padre, para poder perdonar, para saber amar, para atemperar nuestras pasiones, para sanar nuestras heridas... ¡Tantas cosas tiene el Espíritu Santo para nosotros y no se las pedimos! Pedimos lo que vemos con los ojos del cuerpo, pero no lo que nos falta en el alma, y eso es esencial, esa es la parte más importante de nuestra vida: que nuestra alma esté unida al Espíritu Santo para poder no sólo alcanzar para nosotros la santidad, sino para llevar los gozos del Espíritu por donde vayamos.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Cristianos paganos o cristianos verdaderos?

Él les dijo:
«Cuando oréis decid: "Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en la tentación"».
No se puede obviar en estas lecturas la hermosa oración del Padre Nuestro, y no porque sea hermosa sino porque nos abre a lo que realmente queremos vivir: un reino de personas que se aman porque son hermanos y viven la Voluntad de Dios.
Y es este el motivo por el cual San Pablo se enfrentó a San Pedro, según narra la carta a los Gálatas:
"Pero cuando vi que no se comportaban correctamente, según la verdad del Evangelio, le dije a Pedro delante de todos:
«Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?».
La simulación de nuestra forma de vivir es una forma de mentir y de mentirnos, porque hacemos unas cosas cuando estamos delante de tal o cual personas y actuamos de otra manera cuando estamos delante de otros. En un momento somos cristianos porque estamos junto a cristianos pero somos paganos cuando nos vamos de fiesta o estamos con otros que no son cristianos.
Y Pablo no ha tenido pudor en escribirlo a los Gálatas para que ellos también supieran lo exigente de la Palabra, lo exigente de nuestra vida, y que, aunque tuviéramos la jerarquía que tengamos, no nos da derecho a mentir con nuestra vida. Y aquí volvemos a recordar lo que Dios nos dice en el Apocalipsis: "que tu sí sea sí y que tu no sea no, se frio o caliente, pues a los tibios los vomitaré de mi boca".
Porque, aunque no le pensemos o no lo querramos admitir, todos desde el Papa hasta el último de los bautizados, hemos sido llamados a ser Luz del mundo, pero si en un momento iluminamos con la verdad y en el otro nos ocultamos en las tinieblas ¿qué clase de Luz somos? ¿Somos cristianos creíbles? ¿Nuestro testimonio es fiable para aquellos que buscan el camino de la salvación?

martes, 9 de octubre de 2018

Os quiero prevenir como a hijos amadísimos

Comienza la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Tralianos


    Ignacio, por sobrenombre Teóforo, es decir, Portador de Dios, a la amada de Dios, Padre de Jesucristo, la Iglesia santa que habita en Trales del Asia, digna de Dios y escogida, que goza de paz, tanto en el, cuerpo como en el espíritu, a causa de la pasión de Jesucristo, el que nos da una esperanza de resucitar como él; mi mejor saludo apostólico y mis mejores deseos de que viváis en la alegría.
    Sé que tenéis sentimientos irreprochables e inconmovibles, a pesar de vuestros sufrimientos, y ello no sólo por vuestro esfuerzo, sino también por vuestro buen natural: así me lo ha manifestado vuestro obispo Polibio, quien por voluntad de Dios y de Jesucristo ha venido a Esmirna y se ha congratulado conmigo, que estoy encadenado por Cristo Jesús; en él me ha sido dado contemplar a toda vuestra comunidad y por él he recibido una prueba de cómo vuestro amor para conmigo es según Dios, y he dado gracias al Señor, pues de verdad he conocido que, como ya me habían contado, sois auténticos imitadores de Dios.
    En efecto, al vivir sometidos a vuestro obispo como si se tratara del mismo Jesucristo, sois, a mis ojos, como quien anda no según la carne, sino según Cristo Jesús, que por nosotros murió a fin de que, creyendo en su muerte, escapéis de la muerte. Es necesario, por tanto, que, como ya lo venís practicando, no hagáis nada sin el obispo; someteos también a los presbíteros como a los apóstoles de Jesucristo, nuestra esperanza, para que de esta forma nuestra vida esté unida a la de él.
    También es preciso que los diáconos, como ministros que son de los misterios de Jesucristo, procuren, con todo interés, hacerse gratos a todos, pues no son, ministros de los manjares y de las bebidas, sino de la Iglesia de Dios. Es, por tanto, necesario que eviten, como si se tratara de fuego, toda falta que pudiera echárseles en cara.
    De manera semejante, que todos reverencien a los diáconos como a Jesucristo, al obispo como si fuera la imagen del Padre, y a los presbíteros como si fueran el senado de Dios y el colegio apostólico. Sin ellos no existe la Iglesia. Creo que estáis bien persuadidos de todo esto. En vuestro obispo, a quien recibí y a quien tengo aún a mi lado, contemplo como una imagen de vuestra caridad; su misma manera del vivir es una magnífica lección, y su mansedumbre una fuerza.
    Mis pensamientos en Dios son muy elevados, pero me pongo. a raya a mí mismo, no sea que perezca por mi vanagloria. Pues ahora sobre todo tengo motivos para temer y me es necesario no prestar oído a quienes podrían tentarme de orgullo. Porque cuantos me alaban en realidad me dañan. Es cierto que deseo sufrir el martirio, pero ignoro si soy digno de él. Mi impaciencia, en efecto, quizá pasa desapercibida a muchos, pero en cambio a mí me da gran guerra. Por ello necesito adquirir una gran mansedumbre, pues ella desbaratará al príncipe de este mundo.
    Os exhorto, no yo, sino la caridad de Jesucristo, a que uséis solamente el alimento cristiano y a que os abstengáis de toda hierba extraña a vosotros, es decir, de toda herejía.
    Esto lo realizaréis si os alejáis del orgullo y permanecéis íntimamente unidos a nuestro Dios, Jesucristo, y a vuestro obispo, sin apartaros de las enseñanzas de los apóstoles. El que está en el interior del santuario es puro, pero el que está fuera no es puro: quiero decir con ello que el que actúa a espaldas del obispo y de los presbíteros y diáconos no es puro ni tiene limpia su conciencia.
    No os escribo esto porque me haya enterado que tales cosas se den entre vosotros, sino porque os quiero prevenir como a hijos míos amadísimos.

lunes, 8 de octubre de 2018

Solo Tú tienes Palabras de vida Eterna

"Hermanos:
Me maravilla que hayáis abandonado tan pronto al que os llamó por la gracia de Cristo, y os hayáis pasado a otro evangelio. No es que haya otro evangelio; lo que pasa es que algunos os están turbando y quieren deformar el Evangelio de Cristo".
Fijaos que no es nuevo que haya cristianos que quieran modificar el Evangeliio de Cristo a su antojo, pues ya, en la época de san Pablo, cuando recién comenzaba a vivirse también lo habían modificado. Como decía el Eclesiástico: "no hay nada nuevo bajo el sol".
Es que normal que querramos que el Evangelio se adecue a nosotros y no nosotros al Evangelio, ¿por qué? Porque no nos gustan las cosas difíciles para alcanzar la vida eterna. Las cosas difíciles las dejamos para obtener más ganancias, o para obtener más renombre... pero para ser más santos? Eso ya es otra cosa.
"Pues bien, aunque nosotros o un ángel del cielo os predicara un evangelio distinto del que os hemos predicado, ¡ sea anatema! Lo he dicho y lo repito: Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis, ¡sea anatema!"
¿Qué significa anatema? Significa que estás fuera de la Iglesia, que ya no crees en el Evangelio que la Iglesia predica y por eso ya no perteneces a ella. No puedo querer estar dentro de una institución y hacer que la institución se amolde a mis gustos. Si tus gustos son otros, busca otra institución que viva de acuerdo a lo que queras, pero no quieras modificarla de acuerdo a tus antojos. Piensa que, si cada uno pudiera modificar el Evangelio a su gusto: ¿en qué Evangelio o Iglesia creeríamos?
"Cuando digo esto, ¿busco la aprobación de los hombres, o la de Dios?; ¿o trato de agradar a los hombres? Si siguiera todavía agradando a los hombres, no sería siervo de Cristo".
Y aquí lo deja muy claro san Pablo: "no buscamos la aprobación de los hombres", buscamos la aprobación de Dios. Los hombres no nos dan la Vida Eterna, sino el Padre que está en los Cielos es quien nos da la Vida Eterna, por eso si sólo buscáramos la aprobación de los hombres seríamos demasiado infelices, pues la verdadera Felicidad no está en el hombre sino en la Palabra de Dios, que es viva y eficaz. Y como le dijo Pedro a Jesús: "¿a quién vamos a ir si sólo Tú tienes Palabras de Vida Eterna?" Son esas Palabras las que están en el Evangelio, y si las modifico o las cambio por palabras o deseos humanos no alcanzaremos el fin que el Señor nos prometió, sino que sólo alcanzaremos lo que nuestros deseos humanos buscan.