viernes, 28 de febrero de 2025

Un valiioso tesoro

"Un amigo fiel es un refugio seguro, y quien lo encuentra ha encontrado un tesoro.
Un amigo fiel no tiene precio y su valor es incalculable.
Un amigo fiel es medicina de vida, y los que ten al Señor lo encontrarán.
El que teme al Señor afianza su amistad, porque, según sea él, así será su amigo".
Hermosos renglones dedicados a la amistad, con consejos a tener en cuenta y para saber por dónde buscar y a en quien confiar.
En el largo camino de la vida podemos encontrarnos con mucha gente que nos acompañe, pero serán pocos los que compartan tantos valores que sean parte esencial de nuestras vidas, esos son los amigos verdaderos. Estarán siempre a nuestro lado aunque estén lejos en la distancia, pero siempre los sentirás tan cerca que nunca te sentirás solo en el camino de la vida.
También es cierto que una buena amistad hay que cultivarla y conservarla por lo cual se necesita corazones que sepan compartir, corazones abiertos a conocerse y dejarse conocerse por el otro para que las raíces de la amistad, las raíces del amor de amigos, se vayan entretejiendo y haciendo parte uno del otro, para que en todos los momentos, buenos y malos, tristes y alegres, se esté compartiendo lo que Dios nos pide vivir.
Por otro lado, una buena amistad es sincera y vive en la verdad, aunque esta duela y no sea lo que quiero escuchar, pero no se puede ocultar la verdad pues en el camino siempre habrá momentos que nos sirvan para crecer, madurar y corregir nuestras vidas.
Cuando el compartir nos duela porque la corrección fraterna es sincera, entonces, ahí se verá si había verdadera amistad, verdadera hermandad. Pues, muchas veces, cuando nos dicen lo que no queremos escuchar rompemos amistades, lazos familiares y perdemos la capacidad de aceptar lo que mi hermano, mi amigo me pueda decir para mejorar mi vida, para cambiar el rumbo de mis actos, o para ayudarme a ser fiel a la Voluntad de Dios.
Por eso, una verdadera amistad ha de estar cimentada en la fidelidad a la Voluntad de Dios para que juntos puedan crecer en el camino de la santidad, y, a pesar de las dificultades del camino se puedan ayudar a cargar la cruz de cada día y seguir a Jesús.

miércoles, 26 de febrero de 2025

Un camino arduo

"La sabiduría educa a sus hijos y se cuida de los que la buscan.
El que ama, ama la vida, y los que madrugan por ella se llenarán de gozo.
El que la adquiere heredará la gloria y dondequiera que vaya, el Señor lo bendecirá.
Los que la sirven, sirven al Santo, y a los que la aman, los ama el Señor".
¡Qué falta nos hace hoy alcanzar la Sabiduría divina! No, no es algo imposible, sino que es algo posible, pues Dios la ha puesto a nuestro alcance para que podamos vivir de acuerdo a Su Plan de Salvación. Pasa que nos hemos acostumbrados a vivir según la sabiduría del mundo y nos hemos olvidados de la Sabiduría de Dios.
¿Cuál es la diferencia? La sabiduría humana, se confunde, muchas veces, con la capacidad intelectual de aprender muchas cosas: tenemos muchos títulos, hemos hecho muchos cursos, hemos leído muchos libros, pero todo eso queda en la cabeza sin llegar a crecer en el corazón, y menos a llevarlo a la meditación con el Espíritu.
La Sabiduría divina es la que procede del Espíritu de Dios, y, por eso, se necesita estar en una relación constante y profunda con el Señor, dejar que el Espíritu Santo nos ilumine e instruya, nos ayude como hacía María: a conservar y meditar las cosas en el corazón. Pues es ahí, en el corazón, en el silencio de la oración donde todo se vuelve más luminoso y nos da la Luz del Espíritu para aprender a conocer la Voz de Dios.
La Sabiduría del Espíritu es la que nos ayuda a escuchar y aceptar la Voluntad de Dios, y por eso es tan diferente de la sabiduría humana que sólo nos pide entender y comprender, y en el camino de la santidad hay muchos misterios de fe que no se pueden entender sino que se viven desde el Espíritu e iluminan las oscuridades del camino.
"Porque el principio lo lleva por caminos tortuosos y lo escrutará con cuidado; le infunde miedo y temblor, lo atormenta con su disciplina, hasta que pueda confiar en él, y lo pone a prueba con sus exigencias.
Pero luego vuelve a él por el camino recto, lo colma de alegría y le revela sus secretos, y lo enriquecerá de ciencia y de conocimiento recto.
Si él se desvía,lo abandonará, y lo dejará a merced de su propia ruina".
Es un camino arduo pero el mejor camino por el que podemos andar, pues es el Camino que nos conduce a la Verdad de la Vida, y si lo abandonamos caemos en la ruina del mundo que no nos conduce a la Vida Verdadera.

martes, 25 de febrero de 2025

Hierba mala

"Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó:
«¿De qué discutíais por el camino?».
Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».
Desde siempre hemos querido tener poder, pues el pecado original nos ha dejado esa impronta de que si no tenemos poder no somos nada o no somos nadie. Y así, para poder tener poder hay que poseer bienes y por eso toda una búsqueda constante de tener y poseer, de poseer bienes o de tener el poder sobre ellos o sobre las personas.
Está claro que, muchos, por temperamento, no pueden o no quieren expresar lo que sienten o darse a conocer, pero, en el fondo, muchas veces, se sufre por no poder ser como tal o como cual, pues en el fondo del ser se quiere ser poderoso. Es así como surgen las luchas, las divisiones, los problemas con las amistades, con la familia, en la sociedad.
Y no sólo hablo del poder como forma de esclavizar a los demás, sino como forma de manipular a los demás, o como medio para hacer lo que tengo ganas. Y así vemos cómo, hoy por hoy, en muchas familias son los hijos los que tienen el poder de mandar sobre sus padres. En lo colegios los problemas del bullying, etc.
Vivimos en una sociedad que nos quiere convencer que sólo tenemos derechos que defender, y, por eso hay que defenderlos con uñas y dientes, a pesar de que no siempre se tenga la verdad sobre lo que defiendo, pero a fuerza de exigir creemos que la mentira se puede transformar en verdad.
Y ¿cuál es el problema? Que los cristianos hemos caído en la misma trampa del Príncipe de este mundo y nos dejamos llevar por la corriente del mundo queriendo ser poderosos, queriendo ser los que tenemos el poder y así poder servirnos de todo lo que nos guste, sin ponernos a pensar si lo que estamos haciendo, viviendo o pidiendo es lo que Dios quiere. Hemos dejado de lado el Evangelio para dejarnos conducir por las ideas y el modo de actuar del mundo, donde las exigencias vienen acompañadas de fuerza y mentiras para alcanzar nuestros logros, sin ver que el Evangelio va por otro lado y que nuestra vida ya no es testimonio de verdad.
Cuando nos hemos dejado cautivar por el apetito de poder, aunque sea en una pequeña porción de la vida, se nos vuelve dañino para nuestra salvación y para las relaciones con los demás, porque el pecado no es una semilla que crece de a poco, sino que, como hierba mala, crece sin medida y va dañando todo. Y, sobre todo, no nos deja ver cuál es el Camino que el Señor nos está pidiendo recorrer, porque hemos sido cegados por la soberbia y el orgullo no nos deja reconocer nuestro propio pecado.

domingo, 23 de febrero de 2025

No es tan fácil

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian".

El seguir a Jesús por el camino que Él recorrió primero es una tarea no tan fácil para nosotros. Estamos acostumbrados a llevar el nombre de cristianos, pero no estamos tan acostumbrados vivir como cristianos, pues las exigencias que Él nos presenta desde el Evangelio no son tan fáciles como nos las proponemos habitualmente.
El mandamiento del amor que nos pidió vivir desde la mesa de la Última cena es el mandamiento principal de nuestra nueva vida como hijos de Dios, como seguidores y discípulos de Jesús. Claro es que cuando llega la Última Cena Jesús ya había dado las instrucciones de cómo vivir, y el mandamiento del amor es lo que resume todas sus enseñanzas y exigencias de vida. Exigencias, claro está, que Él vivió para que nosotros pudiéramos saber en “qué nos metíamos” cuando decidimos seguirlo.
Hoy nos parece algo imposible vivir lo que en el Evangelio nos pide, y, seguramente, nos sea imposible vivirlo con nuestras propias fuerzas. Y así es, humanamente no podemos amar a los enemigos, ni rezar por los que. nos hacen daño. Pero, si nos ponemos en manos del Espíritu de Jesús, del Espíritu Santo, y dejamos que su Fuego nos encienda en el Amor Divino, entonces podremos comenzar a disponer nuestro corazón para que así sea, pues lo que es “imposible para los hombres no lo es para Dios”.
Y, tenemos la certeza, desde la Fe, que lo que Dios nos pide vivir no es más de lo que podemos entregar, ya sea desde lo pequeño de cada día hasta la cruz más pesada que nos toque llevar, todo lo podremos si nos disponemos para que su Gracia actúe en nosotros. Pues todo lo que el Señor nos exige es en lo que Él mismo se compromete, por eso nos dijo: “si estáis afligidos y agobiados venid a Mí, yo os aliviaré. Cargad con mi yugo que es suave y mi carga ligera”.
Por eso, no rechaces lo que el Señor te pide o permita que vivas, sino que, abraza con amor la Cruz de cada día y pide la fuerza al Espíritu para poder llevarla, pues sólo dejándonos caer en Su Voluntad podremos alcanzar la meta que el Padre ha pensado para nosotros. No es fantasía, es la realidad de nuestra fe saber que tenemos un Padre todopoderoso que está pendiente de nosotros, así como una madre está pendiente de sus hijos pequeños, pero necesita que vayamos a Él para dejarnos conducir.

viernes, 21 de febrero de 2025

Condiciones para seguirlo

"En aquel tiempo, llamando a la gente y a sus discípulos, Jesús les dijo:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla?".
Nunca nos ocultó, Jesús, las condiciones necesarias para seguirlo, para ser sus discípulos. Aunque, igualmente, de las cosas que no nos gustan nos olvidamos fácilmente. En estos breves renglones el Señor pone una condición sin la cual no es posible ser cristiano, ser discípulo de Cristo, seas de la condición que seas, de la edad que seas, no hay distinción de nada: si quieres ser mi discípulo... entonces hay que pensar si estamos dispuestos a:
- negarnos a nosotros mismos
- tomar nuestra cruz de cada día
- seguirlo por donde quiera llevarnos.
Sí, son tres condiciones que van totalmente unidas, pero que si no acepto la primera las otras dos tampoco serán bien vividas.
¿Por qué negarnos a nosotros mismos? Por la misma razón que El se negó a sí mismo, pues siendo de condición divina se anonadó a sí mismo y tomo nuestra condición de hombres en todo, menos en el pecado, para poder así darnos una vida nueva.
¿Por qué tomar nuestra cruz de cada día? Empezando por que tenemos que, al despertar, negarnos a nosotros mismos para ponernos en función de la Voluntad de Dios, eso ya es una cruz, pero, en realidad, porque Jesús aceptando la obediencia al Padre, cargó sobre sus hombres la Cruz de nuestros pecados, para que así, sea, para nosotros, un ejemplo de fidelidad a la Voluntad de Dios, y muriendo en la Cruz destruyera nuestro pecado. Por eso, nosotros, asumiendo nuestra cruz de cada día, nos unimos a sus sufrimientos y continuamos su obra, por el bien de nuestra alma y la salvación de los hombres.
¿Por qué seguirlo por donde quiera llevarnos? Porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y si lo reconocemos y adoramos como el Señor de nuestras vidas, entonces sería muy incoherente no aceptar el camino por el que nos quiera llevar, pues ese será el único Camino que nos de la Vida que esperamos y la que nos alcance la santidad y salvación que el Padre quiere para nosotros.

jueves, 20 de febrero de 2025

Predicamos la alegría

Comentario sobre el profeta Isaías de San Cirilo de Alejandría, obispo

Exulta, cielo, porque el Señor consuela a su pueblo Israel. Tocad la trompeta, fundamentos de la tierra. Mientras exultan los cielos por haber el Señor consolado a Israel, no sólo al Israel carnal, sino al llamado Israel espiritual, tocaron la trompeta los fundamentos de la tierra, es decir, los ministros de los evangélicos vaticinios, cuyo clarísimo sonido resonó por todas partes expandiéndose cual sonidos de otras tantas trompetas sagradas, anunciando por doquier la gloria del Salvador, convocando al conocimiento de Cristo tanto a los que proceden de la circuncisión, como a los que en algún tiempo pusieron el culto a la criatura sobre el culto al Creador.
¿Y por qué los llama fundamentos de la tierra? Porque Cristo es la base y el fundamento de todo, que todo lo aglutina y lo sostiene para que esté bien firme. En él efectivamente todos somos edificados como edificio espiritual, erigidos por el Espíritu Santo en templo santo, en morada suya; pues, por la fe, habita en nuestros corazones.
También pueden ser considerados como fundamentos más próximos y cercanos los apóstoles y evangelistas, testigos oculares y ministros de la palabra, con la misión de confirmar la fe. Pues en el momento mismo en que hayamos reconocido la insoslayable necesidad de seguir sus tradiciones, conservaremos una fe recta, sin alteración ni desviación posible. El mismo Cristo -cuando sabia e inculpablemente confesó su fe en él, diciendo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo -dijo a san Pedro -: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Yo creo que al llamarle «piedra», insinúa la inconmovible fe del discípulo.
También dice por boca del salmista: El la ha cimentado sobre el monte santo. Con razón son comparados a los montes santos los apóstoles y evangelistas, cuyo conocimiento tiene la firmeza de un fundamento para la posteridad, sin peligro para quienes se mantienen en su red, de desviarse de la verdadera fe. Admirables y conspicuos fueron los apóstoles, ilustres por sus obras y palabras.
Ahora bien: los admiradores de los vaticinios evangélicos y ministros de los carismas de Cristo, predican al mundo la alegría. En efecto, donde se da la remisión de los pecados, la justificación por la fe, la participación del Espíritu Santo, el esplendor de la adopción, el reino de los cielos y no la vana esperanza de unos bienes que el hombre es incapaz de imaginar, allí se da la alegría y el gozo perennes.

miércoles, 19 de febrero de 2025

Veo árboles que andan

«¿Ves algo?».
Levantando los ojos dijo:
«Veo hombres, me parecen árboles, pero andan».
Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad".
No siempre vemos con claridad cuál es la Voluntad de Dios, cuál es el camino que tenemos que seguir, qué es lo que tenemos que hacer, o, en muchos casos, que es cuando salen esas preguntas: el porqué sucede tal o cual cosa, o qué quiere Dios con esto.
Más, hoy en día, que vivimos con la ansiedad de que todo tiene que ser respondido como en internet o en la wikipedia o la IA, pero con Dios no hay esa rapidez y eso, también, nos produce cierta ansiedad y desconsuelo.
La serenidad en el discernimiento y la espera en la respuesta de la Palabra de Dios es lo que necesitamos continuamente, porque cuando resolvemos las cosas con demasiada prontitud, o con ansiedad en el corazón, o con resentimientos o prejuicios, entonces, seguro que resolvemos o respondemos algo que no es lo mejor.
Por eso, en este milagro el Señor nos enseña a esperar: a veces vemos, pero no vemos toda la realidad, "veo hombres, pero parecen árboles, pero andan". Es la realidad pero distorsionada, por eso necesito volver a Jesús para que disipe la distorsión y mi ayude a ver bien la realidad, porque si veo árboles que andan eso me puede llegar a preocupar mucho más, pues pueden ser los monstruos que torturan mi vida.
Volver a Jesús y saber esperar es, quizás, un esfuerzo que debemos hacer, pues en ese diálogo sereno y en esa espera paciente, está, seguramente, la Gracia necesaria para poder discernir con mayor claridad y eficiencia, y, sobre todo, contar con su Gracia que es lo que necesitamos en todo momento para poder hacer Su Voluntad aquí en la tierra como en el cielo.

martes, 18 de febrero de 2025

El peligro de la levadura

"En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan y no tenían más que un pan en la barca.
Y Jesús les ordenaba diciendo:
«Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que o tenían panes.
Dándose cuenta, les dijo Jesús:
«¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis en corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís?".
¿A qué se refiere Jesús con la levadura de los fariseos y Herodes? Por supuesto que no se refiere al pan que no tenían los apóstoles, sino al peligro de que una pequeña cuota de la falsedad e hipocresía de fariseos o de la maldad de Herodes pudiera contagiarlos.
A veces nos contagia más el fariseísmo y la maldad de algunos que la bondad y la verdad de otros, porque, en realidad, es más fácil (pareciera) vivir en la mentira y la falsedad o fariseísmo, que buscar el camino de la Verdad, que, como dice Jesús, es el único que nos hace libres.
Y es cierto, con un poco de mentira frente a corazones que están obstinados en no creer se pueden construir grandes mentiras y crear un gran caos en una sociedad, en una familia, en una comunidad. Es lo que le reprocha Jesús a los apóstoles: andan discutiendo por el pan y Él no se refería al pan, pero estaban preocupados por si se daba cuenta y les reprochaba el no haber traído pan suficiente.
Cuando estamos tan preocupados por las cosas más mundanas nos olvidamos de lo espiritual, y es lo espiritual lo que nos hace madurar como cristianos en la búsqueda de la Voluntad de Dios. Cuando dejamos que la falsedad y la maldad nos emboten el corazón, entonces somos los más indeseables porque no llevamos nada bueno hacia los demás, sino que vamos sembrando cizaña, mentira, y no damos la Vida que el Señor quiere de nosotros.
Por eso el Señor siempre nos muestra el camino mejor, aunque difícil, pero el mejor para construir y mejorar el lugar en el que me ha pedido que viva, que lleve su mensaje. No dejemos que la levadura de los fariseos y de Herodes se meta en nuestro corazón, sino que permanezcamos unidos a la Gracia de la Salvación, para ser siempre instrumentos de Paz.

lunes, 17 de febrero de 2025

Amar a la Iglesia

Sermones de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

Y ahora al escuchar: Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará? no penséis que se refiere a la Iglesia que está oculta, sino a aquella Iglesia que fue hallada por Uno de modo que ya no estuviera oculta para nadie. Y se nos describe para atraer sobre ella las alabanzas y la admiración, para que sea amada por todos nosotros, pues es esposa de un solo marido.
Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Y ¿quién no ve a esta mujer tan hacendosa? Pero es una mujer ya hallada, eminente, conspicua, gloriosa, adornada, lúcida, y -para decirlo de una vez- difundida ya por toda la redondez de la tierra. Esta tal vale mucho más que las perlas. ¿Qué tiene de extraño que una mujer tal valga más que las perlas? Si ahora pensáis en la codicia humana, si atendemos a la calidad de las perlas, ¿qué tiene de extraño que la Iglesia sea considerada más valiosa que las perlas? No hay comparación posible.
Y en ella existen piedras preciosas. Y hasta tal punto son preciosas estas piedras que las llamamos vivas. Existen, pues, piedras preciosas que la adornan, pero la Iglesia misma es más valiosa. Respecto a estas piedras preciosas, quisiera hacer a vuestra caridad una confidencia: lo que yo entiendo, lo que vosotros entendéis, lo que yo temo, lo que vosotros debéis temer.
En la Iglesia existen y existieron siempre piedras preciosas: hombres doctos, llenos de ciencia, de elocuencia y de un profundo conocimiento de la ley. Son realmente preciosas estas piedras. Pero algunos de entre ellos fueron sustraídos del joyero de esta mujer. Por lo que se refiere a la doctrina y a la elocuencia que les da esplendor, piedra preciosa -refulgente en la doctrina del Señor- fue Cipriano, pero permaneció en el joyero de esta mujer. Piedra preciosa fue Donato, pero se sustrajo del ajuar ornamental. Toda piedra preciosa que no figura en el joyero de esta mujer, permanece en las tinieblas. Más le hubiera valido permanecer en el joyero de esta mujer, y así pertenecería a su ajuar. Y añadiría: ¡fielmente!
Se les llama piedras preciosas, porque son caras. Quien ha desertado de la caridad se ha envilecido, se ha depreciado. Ya puede seguir jactándose de su doctrina, ya puede continuar presumiendo de su elocuencia: que escuche la valoración del especialista en determinar la autenticidad de las piedras de esta matrona. Que escuche -repito- el veredicto del experto en joyas. ¿Por qué se jacta de su elocuencia una piedra ya no preciosa, sino vil? Ya podría yo hablar -dice- las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. ¿Qué se ha hecho de aquella piedra? Ya no brilla, aturde. Por tanto, aprended a apreciar las piedras, vosotros que negociáis el reino de los cielos. Que ninguna, piedra os atraiga, si no está en el joyero de esta mujer. Esta, que vale más que las perlas, es el mismo precio de su ornamento.

domingo, 16 de febrero de 2025

Material o espiritual...

«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados… Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados!, porque tendréis hambre!"

Pobreza y riqueza, dos situaciones contrarias en la vida de toda sociedad, en la vida de todo hombre, familia y nación. Siempre se ha batallado contra la pobreza material, y, por otro lado, siempre ha habido sectores que batallan contra las grandes riquezas que dominan el mundo. Pero no se refiere, Jesús, a esas situaciones de la sociedad y de la humanidad, dado que todo es fruto del pecado del hombre, pues los extremos que se viven en el mundo son fruto del egoísmo y del apetito de poder que va ganando las batallas en la sociedad.
Por eso, lo primero que le dice Jesús a los que lo buscan (pecadores, lisiados, prostitutas, y enfermos) es ¡bienaventurados! Pero no porque pasen necesidades, sino porque ese corazón está necesitado de consuelo y lo buscan donde saben que lo encuentran. El corazón de todos los que lo seguían a Jesús escuchaban sus Palabras con hambre, con sed porque Su Palabra los elevaba de su propia situación y les hacía ver otra realidad, y, sobre todo, les daba la dignidad que su condición social les negaba.
No podía ofrecerles algo que no les iba a dar pues no era un político en campaña, sino que Él venía a traernos el Reino del Padre, o, mejor dicho, a mostrarnos el Camino hacia el Reino del Padre, y, viviéndolo aquí en la tierra mejor la condición del hombre, y, darle, por supuesto, la dignidad que el pecado le había robado.
Y, por el otro lado, se lamenta de aquello que, con el corazón rico de sus vicios y enseñanzas se creen los poderosos de este mundo y esclavizan a los demás, quitándoles su dignidad de hijos de Dios. Por eso, cuando se enfrenta a los Sumos Sacerdotes, Escribas y fariseos lo hace con tanta vehemencia porque ve que van a perder el Reino de los Cielos. Ellos, intelectuales de la religión, se ven privados de entrar en el Reino por no querer abrir su corazón a la Buena Noticia que trae Jesús.
Por eso, ni la pobreza es material a la que refiere Jesús, ni la riqueza es material, sino que va más allá: al espíritu y a la forma de ver la vida que nos pide el Padre que vivamos. Si nos encerramos en sólo lo material perdemos de vista lo espiritual, pues lo que creemos está más allá de lo material y humano, pues creemos en Dios que se hizo hombre para que nosotros pudiéramos ser hijos de Dios, y así, hecho hombre como nosotros se entregó, en obediencia, a la muerte y muerte de Cruz, para darnos una Vida Nueva.

sábado, 15 de febrero de 2025

Aceptar mi error sin echar culpas a nadie

"El Señor Dios le replicó:
«¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».
Adán respondió:
«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».
El Señor dijo a la mujer:
«¿Qué has hecho?».
La mujer respondió:
«La serpiente me sedujo y comí».
Desde catequesis tenemos la idea de que el Pecado Original fue comer una manzana (aunque no se habla de manzanas en la Biblia, pero bueno...) y con eso se distrajo la atención de dos cosas esencial, que aún siguen pasando en nuestras vidas: la desobediencia a los mandatos de Dios, y el no hacernos cargo de nuestras propias culpas.
Dios le había prohibido al hombre comer del árbol del medio del jardín, pero seducidos por la tentación de "ser como dios", aceptaron las mentiras del Padre de las Mentiras. Una bella imagen (a pesar del dolor de la imagen) es que después de desobedecer se escondieron de Dios, pues sabían qué era lo que habían hecho. Y así nos pasa, también, a nosotros, nos escondemos detrás de ciertas máscaras para no dar a conocer nuestra desobediencia, máscaras que son argumentos intelectuales que nos hacen quedar bien ante el gran público, pero sabemos que no hemos actuado con honestidad frente a Dios.
Y, por otro lado, siempre culpar a los demás de lo que hemos decidido nosotros mismos: fue la mujer que tú me diste, la serpiente me sedujo... y la pobre serpiente no tuvo a quien culpar. Por eso no siempre tenemos el corazón lleno de la Gracia de Dios porque no dejamos que el Señor purifique nuestra alma de nuestros pecados, nos creemos con todo el derecho de vivir como nos plazca y así y todo llamarnos muy devotos y fieles cristianos.
Mirar más hacia nosotros mismos para descubrir cuál es la verdad de mis actos y actitudes, descubrir que no escucho a Dios y por lo tanto no sólo no hago lo que Él quiere, sino que hago lo contrario, me ayudará a recibir su Gracia sanante y santificante para poder seguir creciendo y madurando en mi vida de fe.

viernes, 14 de febrero de 2025

Predicar y aceptar

En el evangelio de ayer la mujer pagana le decía a Jesús: "pero pero los perros comen de las migajas que caen de la mesa de los hijos", haciendo referencia a que los que no pertenecían al Pueblo de Israel también podían alimentarse de su Palabra, ya que los de su Pueblo no lo hacían, y, en cambio, lo rechazaban.
Hoy en los hechos de los apóstoles, nos narra una situación parecida:
"En aquellos días, Pablo y Bernabé dijeron a los judíos:
«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: "Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra"».
Pablo y Bernabé, como todos los apóstoles y discípulos, también nosotros, somos enviados por Jesús a anunciar la Buena Noticia del Evangelio, pero no todos los que la escuchan la aceptan, y no todos los que queremos que la acepten se alegran de ella, e, incluso, los que la han llegado a aceptar luego la rechazan.
¿Por qué no se acepta la Palabra de Dios?
Para algunos el cristianismo es una religión hipócrita porque muchos que se llaman cristianos no viven como tal, no dan frutos del Espíritu, sino que hacen todo lo contrario a lo que Jesús hubiera hecho.
Otros la rechazan porque para ellos son todas prohibiciones que no van con las ideas del mundo, ni con el modo de vivir en el mundo de hoy, con un libertinaje que deforma la imagen del hombre creado por Dios.
Otros rechazan a los predicadores que no han sabido anunciar con alegría la Buena Noticia, o que, por prejuicios sobre ellos, me hacen rechazar el Mensaje de Salvación.
Y, otros, están tan llenos de sí mismos que son incapaces de abrir el corazón para recibir algo que les cambie la vida para mejor.
Y ¡tantas otras razones! que sería imposible describirlas.
Pero todo esto me hace pensar: ¿cómo recibo la Palabra de Dios? ¿Cómo vivo Su Palabra? ¿Se apreciar todo lo que Dios me da en los sacramentos, en la Palabra?

miércoles, 12 de febrero de 2025

Nuestra lucha

"El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara.
El Señor Dios dio este mandato al hombre:
«Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás, porque el día en que comas de él, tendrás que morir».
Siempre que nos prohíben algo, siempre tenemos ganas de hacer ese algo. Si nos diagnostican tensión alta o azúcar, nos dan una ganas locas de comer con sal o dulces. Es algo que está dentro de nuestra realidad. Pero, a la vez que nos dicen lo que no debemos comer nos dicen cuál es la consecuencia de esa desobediencia.
En este caso Dios le prohíbe al hombre que coma del árbol porque el día que coma de él tendrá que morir. Es una referencia a la desobediencia que, más adelante, el escritor lo va a hacer en función del pecado original. La serpiente tentó a la mujer y ésta al varón, y los dos cayeron en pecado de desobediencia y fueron expulsados del Edén.
De ahí que el pecado original sigue vivo y el tentador siempre estará al acecho, como dice San Pedro, buscando a quien devorar, porque lo que le importa a Satanás no es que el hombre muera, sino poder destruir la Obra de Dios, el Plan de Salvación de los hombres.
Por eso mismo san Pablo habla de una lucha constante en su interior:
"Así, pues, descubro la siguiente ley: yo quiero hacer lo bueno, pero lo que está a mi alcance es hacer el mal. En efecto, según el hombre interior, me complazco en la ley de Dios; pero percibo en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias a Dios, por Jesucristo nuestro Señor! Así pues, yo mismo sirvo con la razón a la ley de Dios y con la carne a la ley del pecado".
Así, cuando más nos unimos a Cristo, por su Palabra y Eucaristía, más fuerza tendremos interiormente para poder actuar de acuerdo a la Voluntad de Dios, pero si no estamos unidos y no maduramos en la Fidelidad a Dios, no siempre haremos lo que Dios nos pide sino que nos dejaremos llevar por nuestros propios deseos y circunstancias, dándole lugar al Tentador para que vaya destrozando la obra que Dios comenzó.

martes, 11 de febrero de 2025

El sacrificio de Abraham

 De las homilías sobre el libro del Génesis de Orígenes.

Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. El hecho de que llevara Isaac la leña de su propio sacrificio era figura de Cristo, que cargó también con la cruz; además, llevar la leña del sacrificio es función propia del sacerdote. Así, pues, Cristo es, a la vez, víctima y sacerdote. Esto mismo significan las palabras que vienen a continuación: Los dos caminaban juntos. En efecto, Abrahán, que era el que había de sacrificar, llevaba el fuego y el cuchillo, pero Isaac no iba detrás de él, sino junto a él, lo que demuestra que él cumplía también una función sacerdotal.

¿Qué es lo que sigue? Isaac –continúa la Escritura– dijo a Abrahán, su padre: «Padre». Esta es la voz que el hijo pronuncia en el momento de la prueba. ¡Cuán fuerte tuvo que ser la conmoción que produjo en el padre esta voz del hijo, a punto de ser inmolado! Y, aunque su fe lo obligaba a ser inflexible, Abrahán, con todo, le responde con palabras de igual afecto: «Aquí estoy, hijo mío». El muchacho dijo: «Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?» Abrahán contestó: «Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío».

Resulta conmovedora la cuidadosa y cauta respuesta de Abrahán. Algo debía prever en espíritu, ya que dice, no en presente, sino en futuro: Dios proveerá el cordero; al hijo que le pregunta acerca del presente le responde con palabras que miran al futuro. Es que el Señor debía proveerse de cordero en la persona de Cristo.

Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: ¡Abrahán, Abrahán!» Él contestó: «Aquí me tienes». El ángel le ordenó: «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios». Comparemos estas palabras con aquellas otras del Apóstol, cuando dice que Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. Ved cómo Dios rivaliza con los hombres en magnanimidad y generosidad. Abrahán ofreció a Dios un hijo mortal, sin que de hecho llegara a morir; Dios entregó a la muerte por todos al Hijo inmortal.

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Creo que ya hemos dicho antes que Isaac era figura de Cristo, mas también parece serlo este carnero. Vale la pena saber en qué se parecen a Cristo uno y otro: Isaac, que no fue degollado, y el carnero, que sí fue degollado. Cristo es la Palabra de Dios, pero la Palabra se hizo carne.

Cristo padeció, pero en la carne; sufrió la muerte, pero quien la sufrió fue su carne, de la que era figura este carnero, de acuerdo con lo que decía Juan: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. La Palabra permaneció en la incorrupción, por lo que Isaac es figura de Cristo según el espíritu. Por esto, Cristo es, a la vez, víctima y pontífice según el espíritu. Pues el que ofrece el sacrificio al Padre en el altar de la cruz es el mismo que se ofrece en su propio cuerpo como víctima.

lunes, 10 de febrero de 2025

Pudo más porque amó más

De los libros de los Diálogos de san Gregorio Magno, papa

Escolástica, hermana de Benito, dedicada desde su infancia al Señor todopoderoso, solía visitar a su hermano una vez al año. El varón de Dios se encontraba con ella fuera de las puertas del convento, en las posesiones del monasterio. Cierto día vino Escolástica, como de costumbre, y su venerable hermano bajó a verla con algunos discípulos, y pasaron el día entero entonando las alabanzas de Dios y entretenidos en santas conversaciones. Al anochecer, cenaron juntos.
Con el interés de la conversación se hizo tarde y entonces aquella santa mujer le dijo: «Te ruego que no me dejes esta noche y que sigamos hablando de las delicias del cielo hasta mañana.»
A lo que respondió Benito: «¿Qué es lo que dices, hermana? No me está permitido permanecer fuera del convento.» Pero aquella santa, al oír la negativa de su hermano, cruzando sus manos, las puso sobre la mesa y, apoyando en ellas la cabeza, oró al Dios todopoderoso.
Al levantar la cabeza, comenzó a relampaguear, tronar y diluviar de tal modo, que ni Benito ni los hermanos que le acompañaban pudieron salir de aquel lugar.
Comenzó entonces el varón de Dios a lamentarse y entristecerse, diciendo: «Que Dios te perdone, hermana. ¿Qué es lo que acabas de hacer?»
Respondió ella: «Te lo pedí, y no quisiste escucharme; rogué a mi Dios, escuchó. Ahora sal, si puedes, despídeme y vuelve al monasterio.»
Benito, que no había querido quedarse voluntariamente, no tuvo, al fin, más remedio que quedarse allí. Así pudieron pasar toda la noche en vela, en santas conversaciones sobre la vida espiritual, quedando cada uno gozoso de las palabras que escuchaba a su hermano.
No es de extrañar que al fin la mujer fuera más poderosa que el varón, ya que, como dice Juan: Dios es amor, y, por esto, pudo más porque amó más.
A los tres días, Benito, mirando al cielo, vio cómo el alma de su hermana salía de su cuerpo en figura de paloma y penetraba en el cielo. Él, congratulándose de su gran gloria, dio gracias al Dios todopoderoso con himnos y cánticos, y envió a unos hermanos a que trajeran su cuerpo al monasterio y lo depositaran en el sepulcro que había preparado para sí.
Así ocurrió que estas dos almas, siempre unidas en Dios, no vieron tampoco sus cuerpos separados ni siquiera en la sepultura.

domingo, 9 de febrero de 2025

Echa las redes

 «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

Pedro era un experimentado pescador. Desde pequeño acompañaba a su padre a pescar y sabía lo que hacía, sus años de experiencia le habían dado la sabiduría de saber cuándo y dónde debían pescar, y, también cuando dejar la faena pues ya no podrían sacar nada. Tenía enfrente a Jesús, un predicador, que hablaba muy bien y la gente lo seguía, pero ¿sabría de pesca? Por eso la respuesta de Pedro: “maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada”. Era como decir ¿qué me viene a decir a mí?, sé que no sacaremos más nada.
Pero, por alguna razón confió en la palabra de Jesús, por eso sigue respondiendo: “pero, por tu palabra, echaré las redes”. Y ocurrió el milagro no sólo de la pesca milagrosa, sino de la conversión de Pedro y el posterior llamado de Jesús a seguirlo.
A veces no entendemos lo que Dios nos quiere pedir, creemos que no podremos hacer o aceptar o que no tenemos fuerza para vivir lo que nos toca. Y es cierto, Pedro no podía seguir pescando porque según su experiencia no era la hora y ya, seguramente, estarían cansados de estar toda la noche. Pero creyó en la palabra de Jesús, abrió su corazón a Jesús y se operaron los milagros.
Así nos pasa, a nosotros, en nuestra vida. No siempre entenderemos lo que Dios quiere o nos pide, pero debemos confiar en Su Providencia, en Su Amor, pues la Gracia y la Fuerza vienen de Él, no de nosotros. Los milagros los hace Dios, no nosotros. Por eso necesitamos prestar buen oído a la Palabra del Señor y saber qué nos pide, pero, también, saber discernir si lo que siento es de Dios o no, porque no todo lo que siento, muchas veces viene de Dios, sino que las tentaciones, el orgullo, los deseos de poder, las voces del mundo pueden hacerme equivocar, y en lugar de obedecer a Dios me estoy obedeciendo a mí mismo, al mundo o a quién sabe.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Jesús dijo a Simón: No temas, desde ahora serás pescador de hombres”.
La conversión de Pedro, su respuesta humilde, al Señor, le permitieron abrir su corazón de par en par a Jesús, y llegar así, a ser la Piedra sobre la que se edificó y sostiene nuestra Iglesia.

jueves, 6 de febrero de 2025

Ser luz

 San Sofronio, obispo

Sermón 3, sobre el Hypapanté,

Corramos todos al encuentro del Señor, los que con fe celebramos y veneramos su misterio, vayamos todos con alma bien dispuesta. Nadie deje de participar en este encuentro, nadie deje de llevar su luz.

Llevamos en nuestras manos cirios encendidos, ya para significar el resplandor divino de aquel que viene a nosotros -el cual hace que todo resplandezca y, expulsando las negras tinieblas, lo ilumina todo con la abundancia de la luz eterna-, ya, sobre todo, para manifestar el resplandor con que nuestras almas han de salir al encuentro de Cristo.

En efecto, del mismo modo que la Virgen Madre de Dios tomó en sus brazos la luz verdadera y la comunicó a los que yacían en tinieblas, así también nosotros, iluminados por él y llevando en nuestras manos una luz visible para todos, apresurémonos a salir al encuentro de aquel que es la luz verdadera.

Sí, ciertamente, porque la luz ha venido al mundo, para liberarlo de las tinieblas en que estaba envuelto y llenarlo de resplandor, y nos ha visitado el sol que nace de lo alto, llenando de su luz a los que vivían en tinieblas: esto es lo que nosotros queremos significar. Por esto, avanzamos en procesión con cirios en las manos; por esto acudimos llevando luces, queriendo representar la luz que ha brillado para nosotros, así como el futuro resplandor que, procedente de ella, ha de inundarnos. Por tanto, corramos todos a una, salgamos al encuentro de Dios.

Ha llegado ya aquella luz verdadera que viniendo a este mundo alumbra a todo hombre. Dejemos, hermanos que esta luz nos penetre y nos transforme.

Ninguno de nosotros ponga obstáculos a esta luz y se resigne a permanecer en la noche; al contrario, avancemos todos llenos de resplandor; todos juntos, iluminados, salgamos a su encuentro y, con el anciano Simeón, acojamos aquella luz clara y eterna; imitemos la alegría de Simeón y, como él, cantemos un himno de acción de gracias al Engendrador y Padre de la luz, que ha arrojado de nosotros las tinieblas y nos ha hecho partícipes de la luz verdadera.

También nosotros, representados por Simeón, hemos visto la salvación de Dios, que él ha presentado ante todos los pueblos y que ha manifestado para gloria de nosotros, los que formamos el nuevo Israel; y, así como Simeón, al ver a Cristo, quedó libre de las ataduras de la vida presente, así también nosotros hemos sido liberados del antiguo y tenebroso pecado.

También nosotros, acogiendo en los brazos de nuestra fe a Cristo, que viene desde Belén hasta nosotros, nos hemos convertido de gentiles en pueblo de Dios (Cristo es, en efecto, la salvación de Dios Padre) y hemos visto, con nuestros ojos, al Dios hecho hombre; y, de este modo, habiendo visto la presencia de Dios y habiéndola aceptado, por decirlo así, en los brazos de nuestra mente, somos llamados el nuevo Israel. Esto es lo que vamos celebrando año tras año, porque no queremos olvidarlo.

miércoles, 5 de febrero de 2025

No me gustan las correcciones

"Hermanos:
Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado, y habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron:
«Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos».
Soportáis la prueba para vuestra corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos?
Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero, luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella".
Desde siempre nos ha costado que nuestros padres nos corrijan, más aún cuando nos creemos los mejores y los más listos, que es cuando comenzamos a tener mayor capacidad de respuesta. Los berrinches que nos pillamos por las correcciones son geniales, y, hasta, en muchos momentos, somos capaces de abandonar la casa paterna porque, como hemos dicho o decimos: "no nos entienden".
Está claro que siempre y en todo momento, aunque no lo expresemos, las correcciones, vengan de quien venga, nos cuestan, porque nos toca el orgullo, pareciera que nos quieren hacer sentir menos o más mal de lo que parecemos. Sin embargo, las correcciones, como bien dice el escritor de la carta a los Hebreos, es por nuestro bien.
Por eso, al herir nuestro orgullo y nuestro yo tenemos dos alternativas: aceptamos la corrección y crecemos y maduramos, o la rechazamos y rechazamos a quien nos las hace, y, así perdemos la oportunidad de crecer y madurar.
Esto nos pasa en el plano natural, y, también en el sobrenatural. Con diferencia que, cuando, nos corrigen para vivir en la Voluntad de Dios, es Dios quien nos da la Gracia para poder alcanzar la meta y, si no aceptamos la corrección, no tendremos Su Gracia para continuar, y, aunque lo que haga sea bueno, no será del agrado del Señor, porque sólo bendice lo que es para el Bien del Reino.
Por lo tanto, no hagamos como hicieron los paisanos de Jesús que por saber de dónde venía, cuál era su familia, y tener tantos prejuicios sobre Él no pudieron recibir su Gracia por no apreciar Sus Palabras.
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». Y se escandalizaban a cuenta de él.
Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe".

martes, 4 de febrero de 2025

No quiero agradar a los hombres sino a Dios

Carta a los Romanos de San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir

Ignacio, por sobrenombre Teóforo, es decir, Portador de Dios, a la Iglesia que ha alcanzado misericordia por la majestad del Padre altísimo y de Jesucristo, su Hijo único; a la Iglesia amada e iluminada por la voluntad de aquel que ha querido todo lo que existe, según la caridad de Jesucristo, nuestro Dios; Iglesia, además, que preside en el territorio de los romanos, digna de Dios, digna de honor, digna de ser llamada dichosa, digna de alabanza, digna de alcanzar sus deseos, de una loable integridad, y que preside a todos los congregados en la caridad, que guarda la ley de Cristo, que está adornada con el nombre del Padre: para ella mi saludo en el nombre de Jesucristo, Hijo del Padre. Y a los que están adheridos en cuerpo y alma a todos sus preceptos, constantemente llenos de la gracia de Dios y exentos de cualquier tinte extraño, les deseo una grande y completa felicidad en Jesucristo, nuestro Dios.
Por fin, después de tanto pedirlo al Señor, insistiendo una y otra vez, he alcanzado la gracia de ir a contemplar vuestro rostro, digno de Dios; ahora, en efecto, encadenado por Cristo Jesús, espero poder saludaros, si es que Dios me concede la gracia de llegar hasta el fin. Los comienzos por ahora son buenos; sólo falta que no halle obstáculos en llegar a la gracia final de la herencia que me está reservada. Porque temo que vuestro amor me perjudique. Pues a vosotros os es fácil obtener lo que queráis, pero a mí me sería difícil alcanzar a Dios, si vosotros no me tenéis consideración.
No quiero que agradéis a los hombres, sino a Dios, como ya lo hacéis. El hecho es que a mí no se me presentará ocasión mejor de llegar hasta Dios, ni vosotros, con sólo que calléis, podréis poner vuestra firma en obra más bella. En efecto, si no hacéis valer vuestra influencia, ya me convertiré en palabra de Dios; pero, si os dejáis llevar del amor a mi carne mortal, volveré a ser sólo un simple eco. El mejor favor que podéis hacerme es dejar que sea inmolado para Dios, mientras el altar está aún preparado; así, unidos por la caridad en un solo coro, podréis cantar al Padre por Cristo Jesús, porque Dios se ha dignado hacer venir al obispo de Siria desde oriente hasta occidente. ¡Qué hermoso es que el sol de mi vida se ponga para el mundo y vuelva a salir para Dios!

lunes, 3 de febrero de 2025

Sufre por mis ovejas

Sermón sobre la ordenación episcopal de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia.

El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Tal es el modo como el Señor se puso a nuestro servicio, y como quiere que nosotros nos pongamos al servicio de los demás. Dio su vida en rescate por muchos: así es como nos redimió.
¿Quién de nosotros es capaz de redimir a otro? Fue su sangre y su muerte lo que nos redimió de la muerte, fue su abajamiento lo que nos levantó de nuestra postración; pero también nosotros debemos poner nuestra pequeña parte en favor de sus miembros, ya que hemos sido hechos miembros suyos: él es la cabeza, nosotros su cuerpo.
El Señor había dicho: El que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Por esto, el apóstol Juan nos exhorta a imitar su ejemplo, con estas palabras: Cristo dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.
Y el mismo Señor, después de su resurrección, dijo a Pedro: ¿Me quieres? Él respondió: Te quiero. Por tres veces se repitió la misma pregunta y respuesta, y las tres veces dijo el Señor: Apacienta mis ovejas. «¿Cómo podrás demostrar que me quieres, sino apacentando mis ovejas? ¿Qué vas a darme con tu amor, si todo lo esperas de mí? Aquí tienes lo que has de hacer para quererme: apacienta mis ovejas.» Por tres veces se repiten las mismas palabras: «¿Me quieres?» «Te quiero.» «Apacienta mis ovejas.» Tres veces lo había negado por temor; tres veces le hace profesión de amor.
Finalmente, después que el Señor ha encomendado por tercera vez sus ovejas a Pedro, al responderle éste con su profesión de amor, con la que condenaba y borraba su pasado temor, añade el Señor a continuación: «Cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba dar gloria a Dios. Le anunciaba por adelantado la cruz, le predecía su martirio.
El Señor, pues, va más allá de lo que había dicho: Apacienta mis ovejas, ya que añade equivalentemente «Sufre por mis ovejas».

domingo, 2 de febrero de 2025

Luz para las naciones

"Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».

“Luz para alumbrar a las naciones”, por eso, en este día, se bendicen las candelas (velas o cirios) y se lo denomina el día de la Candelaria. También es el día que se dedica a la Acción de Gracias y oración por la Vida Consagrada, pues hace referencia a la Presentación del Niño Jesús en el Templo, es decir, a la consagración del Niño a su Padre Dios.
Por eso, a este día en particular, podríamos añadirle varias cosas que nos ha dicho el Señor por su Palabra:
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
Somos nosotros, todos los bautizados, los que llevamos a Luz de Dios al mundo, la luz de la verdad, del amor, de la paz, y por medio de nuestras vidas iluminamos a todos los que nos rodean: nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra sociedad. Somos cada uno de nosotros misioneros de la Vida de Dios que hay en nosotros para que, también, pueda transformar otras vidas.
Por eso la misión no es sólo de unos pocos, sino que es de todos, pues todos hemos sido enviados, el día de nuestro bautismo, al mundo para llevar el mensaje de Jesús.
Y, también, todos los bautizados hemos sido consagrados a Dios por medio del Espíritu Santo, pues, después de que recibiéramos el agua bautismal se nos ungió con el Santo Crisma para consagrarnos a Dios como sacerdotes, profetas y reyes, y se nos dio la filiación divina gracias al Unigénito de Dios que se entregó por nosotros para darnos una Vida Nueva.
Aunque hoy rezamos por aquellos a quienes Dios ha llamado a una consagración especial como religiosos, también pedimos para que sean muchos los que puedan escuchar ese especial llamado de Dios y, sin miedo, puedan entregar su vida.
También pediremos por todos nosotros, para que, fieles a nuestra vocación a la santidad y a nuestra consagración bautismal, podamos llevar la Luz de la Fe a quienes necesiten, esperanza y amor, para tener un sentido en su vida y encuentren en el Señor la fortaleza para seguir viviendo en Fidelidad.

sábado, 1 de febrero de 2025

Solo por la Fe

"Hermanos:
La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve.
Por ella son recordados los antiguos.
Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba".
Así es nuestra vida. Dios nos llama a salir de nuestra vida para llegar a la Vida, salir de nuestro YO para dejarnos modelar por el Espíritu. El llamado de Dios es un llamado único para cada uno porque, cada uno de nosotros, somos únicos: irrepetibles y creados para una vocación particular. Claro que, para ello, tenemos que encontrarnos con el Señor, por medio de la oración y Su Palabra, para poder descubrir el sentido de nuestra vida, desde Dios.
Muchos buscan el sentido desde lo mundano, desde lo terranal, se dejan llevar por los ídolos o por lo comercial del momento, y, por eso, no encuentran el verdadero sentido, ese sentido que les llama desde el interior profundo del ser. Y, en otros casos, muchos saben cuál es el sentido de la vida que Dios les está mostrando pero no quieren dejar de lado las apariencias del mundo, ni los lujos del mundo, y se dejan convencer por los "cantos de sirena", y, aunque siguen sintiendo el vacío del alma, hacen callar los gritos del corazón.
Pero, cuando se escucha a Dios y nos dejamos llevar por su Voz, es entonces, cuando, como Abrán dejamos nuestra casa, nuestra tierra y salimos detrás de la Voz que nos invita a vivir la mejor de las aventuras: encontrar el Camino de la Vida.
"Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios".
Es claro que en este caminar, muchas veces, nos vamos a encontrar en medio de una tempestad, y nos va a parecer que estamos solos, que Dios se fue de nuestro lado o que se durmió, como en el Evangelio, y, sin embargo, Él siempre está atento a nuestra vida, pero deja que nos acostumbremos a tomar decisiones, aún en medio de las tormentas, pues así es como se forman mejor los mejores capitanes.
"Él les dijo:
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».
Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:
«¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»
Y así nos lo dijo: "no temáis Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Solo basta que lo creamos para poder aceptar su Voluntad, aquí en la tierra como en el Cielo.