"Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose. dijo:
«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».
Respondiendo, le dijo el Señor:
«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
En la vida pastoral de una parroquia, de un colegio, o de un movimiento de iglesia, puede llegar a pasar lo que dice Jesús: nos inquietamos por muchas cosas pero nos olvidamos de los esencial: de estar a los pies del Señor, para escucharlo, para saber qué es lo que Él quiere de nosotros, y, por supuesto, al escucharlo poder obedecerle.
En la vida pastoral y familiar puede ocurrir que nos olvidamos de Quién debe ser el centro de nuestras vidas y tareas, y, buscar junto a Él, cuál es la Voluntad del Padre.
¿Por qué? Porque siempre nos surgen inquietudes, siempre tenemos buenas ideas de cosas por hacer, y siempre, según el temperamento de cada uno, nos metemos a hacer muchas cosas pero sin tener en cuenta si lo que vamos a hacer o lo que queremos programar es de Dios. Porque puede ser, y suele suceder, que, muchas veces, proyectemos cosas y actividades desde nuestros propios gustos para ser más protagonistas de algo, y, sin embargo, no dejamos a Dios ser protagonista de las cosas.
Así con convertimos en profesionales de la pastoral pero no pastores, profesionales de la catequesis pero no testigos de fe, profesionales de esto pero no damos el testimonio suficiente con nuestras vidas, pues no llevamos a Jesús en nuestras actividades, ni tan siquiera hacemos que los demás se encuentren con el Señor.
Por eso es tan necesario recordar que somos cristianos porque llevamos a Cristo y no a nosotros, es Él quien salva y no nosotros, es Él quien tiene la Gracia y el Poder y no nosotros. Nosotros solo somos instrumentos en Sus Manos y debemos buscar, por lo tanto, estar siempre a sus pies para escucharlo, para renovar nuestra relación con Él para no ubicarnos, nosotros mismos, en el centro de una vida pastoral, ya sea en el colegio, la familia, el movimiento o la misma parroquia.
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